Me convertí en un Zompirlobo - Capítulo 73
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73: Problemas en el paraíso (2) 73: Problemas en el paraíso (2) «Es más fácil decirlo que hacerlo», pensó Ashton al ver a la directora venir directa hacia él, «no puedo prometer nada, pero te veré cerca de la cabaña después de medianoche.
Si llego tarde, entonces tendrás que encontrar otra forma de contactarme».
—Entendido.
Cuídate —respondió Rose antes de desconectar su habilidad de telepatía.
Ashton era bueno ocultando sus emociones.
Sin embargo, la comunicación de Rose lo había dejado un poco confuso y preocupado.
Sobre todo, por su voz temblorosa.
Teniendo en cuenta que Rose no era alguien que se alterara o preocupara con facilidad, algo gordo debía de haber pasado.
Algo gordo…
que le concernía a él.
Pero antes de que pudiera pensar en nada más, la directora apareció de repente frente a él, lo agarró del brazo y lo arrastró lejos de la multitud.
Los demás estudiantes, incluso los estudiantes mayores que intentaban mantener el orden allí, se quedaron impactados al verlo.
La directora no era alguien que se mezclara con los estudiantes.
Ni siquiera por la muerte de alguien.
A menos que alguien hubiera despertado su interés, los trataba como simple basura…
al menos para ella.
Por lo tanto, verla llevarse personalmente a uno de los estudiantes debía de ser por dos razones.
O bien el estudiante en cuestión había sido considerado su protegido, o bien había hecho algo terrible.
Aun así, por mucho que todos quisieran saber qué estaba pasando, había un montón de cosas que requerían su atención en ese momento.
Como los caballeros furiosos de los participantes que acababan de ser asesinados dentro.
Obviamente, estos caballeros no sabían a ciencia cierta si sus jóvenes señores habían sido asesinados.
Pero como eran los únicos que no habían salido de la arena, podían adivinar lo que les habría pasado.
—¡Por el derecho de caballería, te ordeno que me dejes entrar!
El caballero de pelo azul de la familia Wring intentó apartar de un empujón al estudiante mayor que le bloqueaba el paso.
Sin embargo, para consternación del caballero, en el momento en que apartó al estudiante, su cara se encontró de lleno con el puño de otro.
—Vosotros, los jodidos caballeros, nunca entendéis nada con palabras.
¡Así que hablaré con vosotros en un idioma que entenderéis!
Ver a uno de los suyos recibir un puñetazo a traición llenó de rabia también a los demás caballeros.
Sin embargo, esa rabia desapareció rápidamente en el momento en que vieron quién había golpeado al caballero.
Era mejor golpearse a sí mismos hasta la inconsciencia que intentar meterse con el «chico» que tenían delante.
Con su 1,95 de altura, el chico de piel acaramelada tenía un cuerpo que claramente eclipsaba al de los caballeros.
Por no hablar del aura agresiva que el chico tenía a su alrededor.
Algunos de los caballeros presentes eran más fuertes que el chico, pero tenían miedo de incurrir en la ira del hermano mayor del chico, que también estaba allí.
—Carlile Jaeger…
¡tsk!
—masculló el caballero que recibió el puñetazo antes de escupir una bocanada de sangre.
Nadie quería meterse con un Jaeger, quienes, aunque no eran nobles de cuna, tenían influencia más que suficiente para derribar a una docena de familias como los Wring en un abrir y cerrar de ojos.
Frente a ellos, ninguna de las familias nobles de bajo rango valía más que la propia basura.
—¿Y bien?
¡¡¡Quién es el siguiente, retrasados!!!
—gritó Carlile, chocando sus guanteletes mientras escrutaba a la multitud frente a él.
Esperaba que los caballeros opusieran más resistencia.
Pero parecía que tenían otros planes.
Con un solo puñetazo, los furiosos caballeros se habían calmado, pero todo era temporal.
La academia tendría que dar la noticia de las muertes tarde o temprano, y cuando eso ocurriera, los caballeros intentarían hacer algo de nuevo sin duda.
—Tsk…
Vaya panda de nenazas —suspiró Carlile con decepción antes de alejarse—.
No se os ocurra volver a hacer ruido, o la próxima vez no me contendré.
***
De vuelta con Ashton…
La Directora no pronunció ni una sola sílaba desde el momento en que empezó a arrastrar a Ashton hasta que estuvieron dentro del despacho de la Directora.
—Siéntate —dijo, señalando la silla frente a Ashton mientras ella se sentaba en la de enfrente.
—Así qu…
—¡Cierra el pico!
—lo interrumpió la directora de inmediato—.
No estoy aquí para escuchar, sino para advertirte.
La mierda que acabas de liar ahí dentro…
no vuelvas a hacerla nunca más mientras estés en los terrenos de la academia.
«¿Lo sabe…?»
De repente, Ashton sintió cómo su corazón latía con fuerza en su pecho.
Su respiración era normal, pero para él, era como si el tiempo a su alrededor se hubiera ralentizado.
Sintió que estaba a punto de sufrir un ataque de pánico.
Ashton se esforzaba por controlar sus expresiones y sus pensamientos.
Pero, para ser sincero, no estaba seguro de estar haciéndolo muy bien.
«El protocolo de apagón debería haberlo desactivado todo…
entonces, ¿cómo demonios sabe ella lo que hice?»
«No…
ella no lo sabe.
Es solo un intento de medir mi reacción y sacar una respuesta de ella».
Ashton se recompuso rápidamente y, momentos después, su pulso volvió a la normalidad.
«Mientras no tenga pruebas, todo debería ir bien».
—No sé de qué me está hablan…
—Ashton no había terminado de hablar cuando la directora golpeó algo sobre la mesa frente a él.
Bajó la vista y se dio cuenta de que la directora lo tenía acorralado.
No estaba adivinando que él pudiera ser el culpable, sino que en realidad tenía las pruebas para respaldar sus afirmaciones.
Frente a él había una tableta que mostraba su ubicación dentro de la arena…
justo al lado de donde había matado a los nobles.
No había forma de que saliera de este lío.
Estaba acabado…
—En serio, ¿así de descuidado puedes ser?
—la directora negó con la cabeza y procedió a borrar las pruebas delante de él—.
Menos mal que me inventé una patraña sobre no querer grabar las batallas de dentro, o ahora mismo estarías muerto.
Ashton estaba confuso.
¿Qué demonios estaba pasando?
Primero, lo había arrastrado hasta allí, luego le había enseñado la prueba de sus crímenes antes de borrarla.
¿Y ahora charlaba con él como si fueran amigos?
¿Qué diablos estaba pasando aquí?
—Sé que estás confuso.
Te lo contaré todo cuando llegue el momento —masculló la directora—.
Pero hasta entonces, intenta no meterte en líos…
al menos por el bien de tus padres.
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