Me volví un Héroe con Falda - Capítulo 10
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- Capítulo 10 - 10 Capítulo 10 – Partiendo a Imeya
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10: Capítulo 10 – Partiendo a Imeya 10: Capítulo 10 – Partiendo a Imeya Al salir del edificio donde estaba el dormitorio donde dormí veo al director que me esperade pie al borde del gran patio de la academia, con las manos a la espalda y esa expresión seria que parece de una escultura tallada en piedra.
—“Cyril, ¿Dormiste bien?” —preguntó sin preámbulos.
— “Si, gracias.” — “¿Estás listo?” —“¿Listo… para qué exactamente?” —respondí, ladeando la cabeza.
—“Para tu primer vuelo en wyvern.” —Sus labios esbozan una leve curva, casi imperceptible— “No es una experiencia que cualquiera puede tener.” — “Tal vez… ¿Puedo tomar un vaso de agua para ayudar a calmar mis nervios y prepararme mentalmente.” — Parpadeo varias veces al sentir la incomodidad en mi interior.
El director suelta una leve risa nasal.
—“Mejor no bebas nada por ahora.
Ni agua.
No quiero que termines arrojando vomito por el aire.
Y el jinete que viene por ti… es uno de los mejores.” —“Eso suena tranquilizador y aterrador al mismo tiempo” —murmuro mientras me cruzo de brazos.
—“Ese jinete es de confiar, te lo aseguro.” —dijo el director, acercándose un paso— “Y confía en ti porque sé que por tus venas corre sangre que tiene una fuerte conexión con los animales y la naturaleza, aprovecha el momento.
—“¿Aprovecharlo para qué?” —pregunté con un hilo de voz.
—“Para probarte a ti mismo que si has heredado las características de tus antepasados.
Investigue un poco sobre ti.” —contestó, sin dar más explicaciones.
Porque un rugido cercano interrumpió cualquier pregunta o réplica que pudiera hacer.
El aire pareció vibrar y, al alzar la vista, una sombra enorme se posó sobre el patio.
—“Ah… supongo que ese es mi transporte” —no puedo evitar tragar saliva al ver lo imponente que es un wyvern real.
El director asintió, y con un gesto me indica que me acerque al wyvern cuando este aterriza.
¡Esto es increíble!
¡Estoy viendo con mis propios ojos un wyvern!
Su silueta imponente hace contraste con el ilimitado cielo, como si fuera una criatura salida de los cuentos que se inventaba mi madre para hacerme dormir.
Sus escamas, de un tono azul profundo y metálico, parecen reflejar la luz del sol con unos destellos casi hipnóticos.
Qué magnífico animal… De su cuerpo emana una energía fresca, como una brisa que acaricia y despeja mi alma.
Siento que cada respiración que doy junto a el wyvern me llena de una calma extraña pero poderosamente abrumadora.
No puedo evitar quedarme maravillado con esta vista.
Mis ojos recorren cada curva de sus alas, cada movimiento lento pero seguro de su largo cuello.
Y el cómo se siente tocarlo… lo que siento al tocarlo es algo que no voy a olvidar jamás: la piel tibia bajo mis manos, la textura firme pero que me permite sentir como la vida circula en su dura piel.
Salgo de mi embelesamiento con el wyvern cuando el jinete draconiano me extiende su mano y, con una seguridad que yo no tengo, me ayuda a subir.
Mi corazón late con fuerza, pero la emoción de estar sobre un wyvern elimina mi miedo por completo.
—“¡Esto es increíble!” —grito emocionado como un niño pequeño cuando estoy sentado firmemente sobre el wyvern— “¡Estoy viendo con mis propios ojos un wyvern!” El jinete draconiano que vino sonrió bajo su yelmo plateado, echando una mirada de orgullo a la criatura.
—“Impresionante, ¿verdad?
—su voz es grave, pero cuando el habla emite una inexplicable calidez— “No todos tienen el privilegio de ser llevados a volar por uno.” —“Su silueta… es asombrosa.
Y estas escamas…” —mis ojos no pueden dejar de seguir cada destello metálico que el sol arranca de la piel de este magnífico animal.
—“Te sientes así porque este chico es asombros por completo”—responde el jinete palmeando suavemente el cuello del wyvern— “Siente su energía.
Es magnifico” Noto que además de la calidez de la piel del wyvern bajo mis manos, los músculos del wyvern empiezan a tensarse y sus alas se empiezan a extender por completo.
—“Agárrate bien, muchacho.
Lo que viene ahora no es para débiles de corazón.” — me dice burlonamente el jinete draconiano.
—“¿Qué cosa?” —pregunto intentando sonreír.
¿Va a pasar algo malo?
El wyvern empieza a batir sus alas con una fuerza tan brutal que el suelo que estaba a solo unos cuantos metros de nosotros, de repente se ve tan lejano que las pocas personas que deambulaban por el patio se ven como unas pequeñas hormigas.
El aire me golpea el rostro como un torrente de cachetadas.
Un escalofrío sube por mi espalda, y el vértigo me hace apretar los brazos alrededor del jinete con desesperación.
—“¡Si me caigo, será tu culpa!” —grité, medio en broma, medio en serio.
Él soltó una carcajada.
—“Si te caes, solo tengo que molestarme en buscarte… ¡pero confío en que no pasará nada!” Si, todo fue fascinante… hasta que el wyvern se elevó por los aires.
El momento en que sus poderosas alas se baten y el suelo se aleja rápidamente, mi emoción inicial se mezcla rápidamente con un miedo que me empieza a recorrer cada parte de mi cuerpo.
El viento golpea con fuerza en mi rostro, tan intenso que por un segundo temo que pueda arrancarme de la espalda del wyvern y lanzarme al vacío.
Me aferro instintivamente a la espalda del jinete draconiano con mucha más fuerza, sintiendo la tensión en mis brazos provocada por lo fuerte que me golpea el viento y la urgencia de no querer caerme o desestabilizarme ni por un segundo.
El rugido del aire, el latido acelerado de mi corazón, la vibración de la respiración del wyvern… todo se mezcla en una sinfonía de sensaciones que nunca imaginé experimentar.
Cyril, con los ojos cerrados y los dedos de sus manos entumecidos de tanto aferrarse al jinete, sintió por fin que el batir de alas disminuía.
El viento dejó de rugir en sus oídos, reemplazado por un silencio que Cyril estuvo añorando.
El wyvern descendió con una gracia que por las leyes de la física del planeta tierra sería imposible para su tamaño, y el golpe sordo de sus garras al chocar contra el suelo resonó en toda la plataforma, parecía que lo que estaba chocando contra el suelo era algo metálico.
—“Ya puedes abrir los ojos, muchacho” —dijo el jinete draconiano, con una voz cargada de satisfacción.
Cyril soltó un suspiro tembloroso antes de atreverse a mirar.
Sus piernas parecen hechas de gelatina cuando el jinete le tendió la mano para ayudarlo a bajar después de que el bajo del wyvern.
Después de bajar del wyvern el calor residual de las escamas del wyvern aún se aferra a sus palmas.
—“No sé si agradecerte por traerme… o jurar que nunca volveré a subir ahí” —murmuró Cyril con una media sonrisa nerviosa plasmada en su rostro, pero el pobre siente que su alma esta por salirse.
—“Te acostumbrarás” —replica el jinete, dándole una palmada en el hombro— “O eso espero que pase para el futuro.” Al poner los pies sobre la sólida superficie de la plataforma, Cyril alzó la vista y quedó sin palabras.
Frente a él, la ciudad flotante de Imeya se extiende como un sueño imposible: torres de cristal flotantes y pasarelas que brillan como espejos no alcanzan a describir todas las edificaciones magnificas que hay en esta ciudad.
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