Me volví un Héroe con Falda - Capítulo 13
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- Capítulo 13 - 13 Capítulo 13 – Llegada a Imeya 2
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13: Capítulo 13 – Llegada a Imeya (2) 13: Capítulo 13 – Llegada a Imeya (2) —“Uuufff… qué día más agotador” —suspira Cyril mientras está recostado en la cama de la casa que le asignaron.
Ahora, en esta onírica ciudad, Cyril tiene su propia casa.
Algo que jamás imaginó posible.
Vive en el edificio treinta y cuatro, piso quince.
¡Todo un piso para él solo!
Sí, ahora tiene su propia vivienda en la magnífica y exclusiva ciudad de Imeya.
Guau, el trato para las Anyelicas es increíble.
Cyril está más que sorprendido.
Después de que las personas que lo recibieron en la plataforma de aterrizaje lo llevaron a bañarse y le colocaron la capa, también le dieron un recorrido por la ciudad… y luego ¡lo llevaron de compras!
En la zona comercial de Imeya le compraron ropa, zapatos y accesorios para cuando beba la poción de Almencia; además, un montón de comida, pasabocas y bebidas.
Pero lo que más lo dejó sin palabras fueron tres cajas de la poción de Almencia, cada una con sesenta frascos.
Ahora Cyril está acostado en la cama, vistiendo un pijama de seda color azul turquesa.
Poco a poco su cuerpo comenzó a relajarse, hasta que terminó quedándose dormido.
~ * ~ Ring ring ring.
El timbre de la casa en la que vive ahora empezó a sonar.
Ring ring ring.
El sonido logró despertar finalmente a Cyril.
Al levantarse y pasar frente al gran espejo de la habitación, notó que en algún momento durante la noche el efecto de la poción de Almencia se había pasado, por lo que estaba nuevamente vistiendo el traje de Anyelica.
Qué desperdicio… Acabo de perder un pijama tan lindo… Pensó con frustración.
Al abrir la puerta, se sorprendió al ver a varias mujeres de rostro serio cargando bandejas de plata repletas de comida.
—“Hola, Buenos días a todas” — saludo algo incomodo Cyril, pero ninguna de las mujeres le respondió.
Mas bien entraron con familiaridad, se dirigieron al comedor y sirvieron los platos.
Sin embargo, la última mujer se acercó a él y destapó la bandeja que llevaba.
En ella no había comida, sino una carta dirigida a Cyril y un aparato delgado de color negro.
—“Gracias” — dijo amablemente Cyril pero sintiéndose algo incomodo por dentro por la forma tan distante en la que actúan estas mujeres.
Al tomar la carta y leerla, Cyril se quedó sorprendido: aquel aparato negro era un celular de última generación con acceso a internet.
¡Acceso a internet!
¡Podré entrar al legendario internet que tanto mencionaba Morato!
En toda su vida, Cyril jamás había usado internet, pues es un recurso reservado para las personas adineradas… y él siempre estuvo en lo más bajo de la sociedad.
Además de explicarle cómo usarlo, en la carta también se mencionaba que sus clases comenzarían dentro de dos días.
Para ello debía dirigirse a la zona norte, específicamente al edificio seis, piso treinta y cinco.
Incluso le informaban que ese día a las siete de la mañana enviarían un carruaje de Pegaso para recogerlo.
Cyril se sentía como si flotara entre nubes.
Nunca imaginó que algún día podría viajar en un carruaje de Pegaso.
Lo más caro que podía pagar antes era un taxi… Y los taxis ni siquiera eran medios de transporte lujosos; solo eran accesibles para la gente común, junto con los buses públicos.
Pero ahora, en dos días, Cyril viajará en un carruaje de Pegaso: uno de los medios de transporte más exclusivos del mundo, pues alimentar a los Pegasos es extremadamente difícil.
Su comida solo puede obtenerse realizando incursiones en los territorios dominados por las Impurezas.
Después de comer, Cyril se lanzó de inmediato a explorar el internet.
Sin embargo, por más que se esforzó, no tenía idea de qué buscar.
—“A ver… internet, internet… ¿qué se supone que hace la gente aquí?” —murmuró, tocando la pantalla con torpeza.
Abrió una aplicación al azar.
Una ventana llena de videos apareció.
—“¿Qué es esto?
¿Por qué hay un gato golpeando una sandía?
¿Es un hombre bestia gatuno?” —frunció el ceño, confundido— “¿Y que son estos números debajo de este símbolo de ojo?
¿Es alguna clase de ritual…?” Probó tocando varias partes de la pantalla y diferentes cosas le salían.
—“Esto es inútil, no sé ni por dónde empezar… ¿Por qué Morato se lamentaba tanto por no tener internet?
¿Qué se puede hacer con esto?” —“Ah, ya me cansé” — dijo frustrado.
Finalmente, dejó caer el nuevo celular a un lado de la cama, sin mucha delicadeza.
—“Luego le pregunto a alguien cómo se usa…” Con un suspiro largo, decidió dedicarse a algo que sí podía entender: explorar su nueva casa.
Cyril caminó con los ojos muy abiertos, como un niño entrando a un castillo encantado.
—“Bueno, nuevo hogar” —dijo dando una vuelta sobre sí mismo y con una gran sonrisa— “¡muéstrame tus secretos!” Empezó por la sala principal.
Había muebles elegantes, tan suaves al tacto que retiró la mano de inmediato, temiendo dañarlos.
—“Esto debe costar lo mismo que mi antiguo edificio entero…” —susurró.
Sobre una mesa de cristal vio un objeto rectangular con botones.
—“¿Será un arma?” —lo levantó con cuidado— “No pesa mucho… ¿Qué es esto?”—miró alrededor buscando algo que le indicara para que servía — “Bueno, sin instrucciones no pienso tocarlo dos veces.” En una repisa había una especie de adorno con forma de esfera.
La tocó apenas, y la esfera se encendió, proyectando pequeños puntos de luz por toda la sala.
—“¡Ah!” —dio un brinco— “¡Magia!” Se quedó mirando fascinado un instante.
—“O tecnología… Supongo que aquí todo es tan avanzado que ya no sé qué es qué.” Se acercó a una puerta corrediza y la abrió.
Parece ser la cocina.
Cyril a duras penas logro reconocer lo que es aparentemente un estufa.
Y algunos platos con algunos cubiertos apilados en unas alacenas.
—“¡Uff!
Aquí sí que no entiendo nada” —admitió para sí mismo al ver aparatos metálicos de formas diferentes sobre lo que aparenta ser el mesón.
Tocó un panel.
Este emitió un pitido y una voz suave pero mecánica respondió: —Temperatura ajustada.
Cyril dio un salto hacia atrás.
—“¡¿Temperatura de qué?!
¡No he pedido nada!” —miró el panel como si fuera un espíritu travieso.
Luego abrió, sin querer, un cajón donde encontró utensilios brillantes con formas desconocidas.
—“¿Esto es…?” —tomó uno y lo giró en la mano— “¿Una cuchara?
No, no parece serlo…” —suspiró— “Mejor lo dejo donde estaba.” Siguió caminando, entrando a otra habitación, esta habitación es amplia, en la habitación hay un sofá enorme y frente al sofá había una gran cosa cuadrada de color negro.
—“Guau… ¿Esto es una sala secundaria?
¿Por qué alguien necesita más de una sala?
Yo con una silla era feliz…” Entró al baño, donde casi queda paralizado al ver el tamaño de la bañera.
—“¡Esto es un mini lago!” —exclamó— “¡¿para qué necesita una persona algo tan grande para bañarse?!” Finalmente llegó a una habitación llena de aparatos que nunca había visto, especialmente había unas especies de paneles flotantes.
—“Oh, no, aquí sí que no entro” —dijo retrocediendo lentamente, los paneles flotantes le asustaron un poco.
Después de volver a cerrar la puerta de esa habitación con paneles flotantes, Cyril respiró hondo, y una mezcla de emoción y nervios se apodero de su interior.
—“Supongo que… vivir en Imeya será toda una aventura” —sonrió para sí mismo con algo de escepticismo.
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