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Me volví un Héroe con Falda - Capítulo 14

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  4. Capítulo 14 - 14 Capítulo 14 – Llegada a Imeya 3
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14: Capítulo 14 – Llegada a Imeya (3) 14: Capítulo 14 – Llegada a Imeya (3) Los dos días pasaron rápidamente.

Hoy es el día en que Cyril empieza sus clases en Imeya.

Es el único nuevo recluta para las Anyelicas, por lo que los profesores de la Escuela de Instrucción fueron convocados casi a última hora para enseñarle exclusivamente a él.

Como sabía que sería un día importante, Cyril se levantó temprano.

Cuando las mujeres encargadas de repartir la comida llegaron, él ya las estaba esperando con la puerta abierta.

Tras desayunar, se colocó la capa que difuminaba un poco el brillo de su traje de Anyelica y bajó por el ascensor exclusivo hasta el primer piso.

Al llegar al lobby del edificio, vio a una Anyelica acompañada por su séquito de Cases protectores.

La mujer también se percató de su presencia.

Detuvo el paso, lo observó de arriba abajo con una expresión burlona y, sin pronunciar una sola palabra, le dedicó un gesto despectivo antes de seguir su camino.

Por alguna razón, Cyril sintió un frío en el pecho.

Creo que… en Imeya no voy a ser muy bien recibido.

Respiró hondo, tratando de espantar la inseguridad que le había dejado el encuentro con la Anyelica veterana.

Luego se acercó al carruaje de pegaso que lo esperaba frente al edificio.

En cuanto subió, la puerta se cerró suavemente detrás de él, como si lo invitara a olvidar todo lo anterior.

El mal sabor de boca se desvaneció al instante, reemplazado por una creciente emoción y una curiosidad imposible de contener.

—“Woah… ¿esto es un carruaje?” —murmuró, mirando a su alrededor como si hubiera entrado en una cápsula de lujo.

El interior era amplio, iluminado por luces suaves que flotaban en el techo como pequeñas luciérnagas.

Los cojines aterciopelados tenían un brillo discreto, y el aroma dulce que impregnaba el aire lo hizo suspirar sin darse cuenta.

Cyril avanzó un paso, y sus dedos ya estaban acariciando un asiento.

—“Esto… esto no es terciopelo, ¿verdad?

Esto debe ser algo más caro… ¿piel de nube?

¿Algodón celestial?” —se rió solo— “Ojalá no lo arrugue.” Su atención saltó rápidamente a un compartimiento pequeño en la pared.

Lo abrió con cuidado y encontró una cajita de dulces perfectamente acomodada.

Encima, una nota escrita con letra elegante: “Puede consumir libremente.” —“¿Libremente?” —repitió, sorprendido— “¿Están seguros?

Yo puedo comer mucho…” Pero aun así tomó uno de los dulces y lo probó.

Sus ojos se abrieron de golpe.

—“¡¿Qué es esto?!

¡Sabe a fresa con miel de agar, que sabor tan mágico!” —agarró otro rápido y se lo metió en la boca, como si alguien fuera a quitárselo.

Continuó investigando.

Por lo que abrió otro compartimiento.

—“A ver, ¿qué tesoro escondido hay aquí?” —dijo con voz teatral.

Había frascos herméticos con frutas en almíbar y, por supuesto, otra nota: “Producto recomendado antes del despegue.” —“¿Despegue?” —miró alrededor, nervioso— “Ah, claro, volamos.

Los Pegasos vuelan.

Aunque ya está volando el carruaje… de todos modos probare uno.” Mientras mastica siguió avanzando en su exploración y encontró una pequeña sección con botellitas de colores claros en tonos pasteles.

Cada una tenía un dibujito y una descripción: “Bebida relajante.” “Bebida energizante.” “Bebida refrescante.” —“¿Y si mezclo todo y me lo tomo de una?

¿Qué pasara?” Se quedó pensándolo unos segundos.

—“No, no, no, eso me suena a desastre.

Vamos a empezar con algo suave.” Tomó un sorbo de la bebida refrescante y suspiró al sentir una frescura que le bajaba hasta el alma.

En otro compartimiento había un pañuelo tan suave como si estuviera hecho de plumas con otra nota: “Para su comodidad durante el trayecto.” —“¿Será para limpiarme las lágrimas que bote al recordar lo pobre que he sido toda mi vida?” —bromeó para sí mismo mientras sonríe con un toque de tristeza.

A medida que explora más y más, su sonrisa se hace más grande.

—“Este carruaje es más amable que la gente” —dijo mientras abría otro compartimiento—“Genial, otra nota… ¿acaso este carruaje quiere adoptarme?” Entre dulces, bebidas y sorpresas, Cyril se sintió acogido, cuidado, casi como si el vehículo mismo lo abrazara.

Cada nota escrita con delicadeza era para Cyril como un recordatorio silencioso: Aquí eres bienvenido.

Y eso, para Cyril, valía más que cualquier lujo.

~ * ~ El carruaje de pegaso descendió suavemente frente al edificio seis de la zona norte de Imeya.

Desde la ventana, Cyril observó la estructura con la boca ligeramente abierta: era altísima, de vidrio y metal pulido, con líneas brillantes que recorrían su superficie como venas de luz.

—“Vaya… esto sí parece una escuela para seres importantes” —murmuró mientras el carruaje tocaba el suelo.

Del edificio salió rápidamente una asistente uniformada, Cyril abrió la puerta del carruaje y bajó con cuidado, casi temiendo ensuciar el suelo impecable de mármol que lo recibía.

Al entrar al lobby, fue recibido por un aire fresco y perfumado que olía a flores que jamás había visto.

Las columnas blancas, la luz cálida y los hologramas informativos lo hicieron sentir como si estuviera entrando a un templo elegante y silencioso.

La asistente uniformada, una mujer de traje azul profundo, le sonrió con una mezcla de profesionalidad y curiosidad.

—“Bienvenido, señorito Anyelica Cocodrilo.

Las clases de instrucción para Anyelicas se encuentran en el piso treinta y cinco.

El ascensor para Anyelicas está al final del pasillo.

Solo coloque la palma sobre el panel y lo reconocerá de inmediato.” Cyril asintió con torpeza.

—“Muchas… muchas gracias.” Al llegar al ascensor exclusivo, lo reconoció al instante: las puertas estaban decoradas con símbolos brillantes y alas talladas en relieve.

Colocó la mano sobre el panel y la puerta se abrió de inmediato, como si lo hubiera estado esperando.

—“Oh… pues esto sí me hace sentir importante” —sonrió nervioso.

El ascensor subió en silencio absoluto.

Cyril tragó saliva cuando vio el número 35 acercarse rápidamente en el panel luminoso.

Al abrirse las puertas, lo recibió un pasillo amplio, cubierto con alfombras finas y lámparas flotantes que se movían lentamente, como si vivieran.

Pero lo que más llamó su atención fueron las cuatro figuras que lo esperaban frente a la entrada principal del piso.

Cuatro profesores: cada uno vestido con diferentes capas de colores que representaban su área de enseñanza.

Sus expresiones eran solemnes, formales… aunque uno de ellos parecía contener una sonrisa curiosa.

Cuando Cyril puso un pie fuera del ascensor, los cuatro inclinaron ligeramente la cabeza y recitaron al unísono, con voces perfectamente sincronizadas: —“Bienvenido, señorito Anyelica Cocodrilo.” Cyril parpadeó tres veces y repitió en un susurro: — “¿En serio me van a seguir llamando así?” El corazón de Cyril late muy rápido, una parte por los nervios, otra parte por la sorpresa y por una pizca de vergüenza.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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