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Me volví un Héroe con Falda - Capítulo 15

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15: Capítulo 15 – Aprendizaje 15: Capítulo 15 – Aprendizaje De los cuatro profesores, la mujer con capa blanca dio un paso adelante.

Su presencia era firme pero tranquila; su capa blanca tenía un tono perlado que parecía absorber la luz.

El pasillo estaba silencioso, iluminado por lámparas flotantes que se movían suavemente como si tuvieran vida propia, creando un ambiente casi ceremonial.

La profesora habló con una voz clara, equilibrada y suave: —“Las Anyelicas solo necesitan formarse en cuatro aspectos fundamentales” —dijo, levantando un dedo por cada punto: — “Primero, aprender a conectar con el poder que yace dormido dentro de su cuerpo.” — “Segundo, aprender a destruir a las Impurezas utilizando la energía despierta.” — “Tercero, aprender a usar su poder despertado para protegerse.” — “Y cuarto, aprender a emplear su poder para curar a sus Cases protectores.” Después apoyó una mano en su pecho y añadió con una inclinación elegante: —“Soy la profesora Abelarda, y tendré el honor de guiarte en tu proceso de conexión con tu poder.” Cyril tragó saliva.

La presencia de Abelarda lo intimidaba… pero a la vez lo tranquilizaba un poco.

Algo muy confuso para él.

El profesor con la capa roja, imponente y de mirada aguda, dio un paso al frente.

—“Yo soy Leonardo” —dijo con una voz grave y algo monótona— “Seré quien te enseñe a usar tu poder para destruir a las Impurezas.

No te preocupes, no empezaremos hasta que estés listo.” El profesor con capa negra, serio y de expresión difícil de leer, inclinó la cabeza.

—“Mi nombre es Austin.

Yo te guiaré para que aprendas a usar tu poder para protegerte.

Disciplina y autocontrol serán esenciales.” Finalmente, la profesora con capa verde, cuyo rostro sereno transmitía una energía amable y sanadora, se presentó.

—“Mi nombre es Renata” —dijo con una sonrisa suave— “Yo te instruiré en el uso de tus poderes para curar a tus Cases protectores.

Aunque…” —elevó una mano y se la coloco en el rostro de manera apacible mientras pone una mirada de decepción— “solo nos verás a Leonardo, Austin y a mí una vez que logres conectar con tu poder.” Leonardo añadió: —“Por eso, el día de hoy Austin, Renata y yo solo vinimos a presentarnos.

A partir de este punto, quedarás en manos de la profesora Abelarda.” Los tres profesores dieron una breve inclinación y se marcharon por el pasillo, sus capas moviéndose como pinceladas de color que desaparecieron lentamente entre las luces flotantes.

Cyril quedó solo con la profesora Abelarda.

Ella le dedicó una sonrisa pequeña pero sincera.

—“Ven, Cyril.

Tu formación empieza por aquí.” Lo guio por un corredor silencioso hasta llegar a una habitación amplia, iluminada con una luz cálida.

Una melodía suave, algo entre música instrumental y sonidos naturales, llenaba el lugar con un ambiente relajante.

En el suelo había un tatami de color crema, tan esponjoso que parecía una nube sólida.

—“Wow…” —susurró Cyril al pisarlo— “¿Esto… esto siempre es así de suave?” —“Es un material especial” — le respondió Abelarda— “Diseñado para que los estudiantes puedan relajarse más fácilmente.

La conexión es más sencilla cuando el cuerpo está en armonía.” La profesora se sentó en un cojín circular perfectamente alineado en el centro de la sala y le indicó a Cyril que se colocara frente a ella.

Él obedeció, aunque un poco torpe, intentando sentarse de manera elegante como lo hizo la profesora Abelarda y fracasando en el primer intento.

Abelarda dejó escapar una risita suave, sin burla.

—“Puedes sentarte como estés más cómodo.

La postura no es importante.” Cyril asintió, ya sintiendo las palmas algo sudorosas.

La profesora cerró los ojos un momento, respiró hondo y comenzó la clase: —“Nuestro cuerpo” —dijo con voz pausada— “es a la vez material e inmaterial.

Aunque veas tu forma física como un conjunto de huesos y carne, también puedes optar por verla como una red de energía en constante movimiento.” Abrió los ojos lentamente; parecían brillar con un reflejo dorado.

—“Todo aquello que experimentamos como realidad material nace en un reino invisible, más allá del espacio y del tiempo.

Ese reino es simbiótico con este” —hizo un gesto amplio con la mano, señalando la sala, el mundo, la vida— “De ese reino proviene nuestra energía.

De ese reino proviene tu poder.” Cyril tragó saliva.

—“¿Y… y puedo sentirlo de verdad?” —preguntó en voz baja.

Abelarda sonrió, amable y segura.

—“Claro que sí.

Por eso estoy aquí: para enseñarte a conectar realmente con ese poder que ya tienes en tu interior.” ~ * ~ Los meses pasaron tan rápido que, cuando Cyril se dio cuenta, ya llevaba medio año sentado en la misma sala, ha respirado todo tipo de fragancias de hierbas y escuchado diferentes tipos de melodías que podrían ayudar a estimularlo a conectar de manera consiente con su poder.

Pero aunque repetía los ejercicios una y otra vez, no logra conectar con su poder.

La profesora Abelarda, una ex-Anyelica famosa por su paciencia y métodos poco convencionales esta tan desconcertada como él.

A veces, Cyril encontraba a la profesora mirando al aire con una expresión perdida, como si buscara en sus recuerdos a alguna alumna similar para compararlo… pero no había nadie.

Ninguna Anyelica anterior había tardado tanto.

La que más se demoró había completado la conexión en tres meses.

Él ya iba por seis.

—“Profesora Abelarda…” —murmuró un día Cyril, después de otro intento fallido— “¿Estoy haciendo algo mal?” La ex-Anyelica lo observó con seriedad.

No con dureza, sino con una preocupación real.

—“No, Cyril.” —Se acercó y le tomó las manos— “Has seguido cada indicación al pie de la letra.

Tu respiración es correcta.

Tu enfoque es estable.

Tu energía…” —hizo una pausa, buscando palabras— “Tu energía está ahí.

Lo sé porque puedo sentirla.

El problema es que no responde a los estímulos.” Cyril tragó saliva.

—“¿Entonces… soy defectuoso?” —“¡No!” —respondió ella con una firmeza que lo sorprendió— “Eres diferente.

Eso no es un defecto.” Pero, por dentro, tanto él como ella sabían que ser “diferente” no es una palabra permitida en Imeya.

Porque, mientras él entrenaba sin éxito, el resto de Anyelicas lo han tratado como si fuera una plaga.

Susurraban de manera que el pudiera escuchar claramente lo que estaban diciendo de él.

—“No quiero contagiarme de su falta de poder.” —“El que sea un hombre debe tener algo que ver.

—“¿Y si es una impureza… disfrazada?” Cyril alcanzó a escuchar comentarios como esos más de una vez.

En seis meses, la única persona con la que había tenido conversaciones reales era la profesora Abelarda.

No había podido comenzar las clases con los otros tres profesores porque primero debía conectar con su poder, y aparentemente, eso nunca ocurriría… La ciudad de Imeya, tan esplendorosa y extravagante, se ha convertido en una prisión.

Esta en un aislamiento silencioso que lo está desgastando por dentro.

Una tarde, mientras practicaba por enésima vez el ejercicio de visualizar su energía como un río, Cyril abrió los ojos con una sensación súbita en el pecho.

No era iluminación.

Era nostalgia.

—“Profesora…” —dijo lentamente— “Hay un lugar donde sí sentí algo.

Algo… vivo.

Una conexión, no sé si fue con mi poder pero sentí que me conectaba con algo, no como aquí.” Abelarda ladeó la cabeza con curiosidad.

—“¿Dónde?” —“En Neres.

En el Valle de las Flores.” —Su voz se volvió firme— “Ese lugar… ese lugar me hablaba, de alguna forma.

Me sentía conectado.

Me sentía yo.

Quizás… quizás allí pueda despertar mi poder.” Abelarda lo observó en silencio, evaluándolo.

—“¿Quieres pedir una transferencia de lugar?” —preguntó finalmente.

—“Quiero exigirla.” —Cyril respiró hondo— “Ya no puedo seguir aquí.

Siento que en Imeya me estoy… asfixiando.” La profesora suspiró.

Su capa blanca se movió con un suave temblor.

—“La decisión no es mía, pero apoyaré tu petición.

No puedo permitir que sigas deteriorándote emocionalmente.” Por primera vez en días, Cyril sintió un rastro de esperanza.

Esa misma noche, sentado en el escritorio de una de las lujosas habitaciones de la casa que le fue asignada, redactó una carta dirigida al Consejo.

La releyó varias veces, ajustando cada palabra.

—“Solicitud de transferencia de lugar de entrenamiento y residencia…” —“Con el fin de poder intentar nuevamente conectar con mi poder…” —“Considero que el ambiente actual afecta negativamente mi progreso por motivos ajenos a la instrucción formal…” Cuando la selló con su sangre, dijo en voz alta: —“Si no lo pido ahora… me voy a quedar atrapado aquí para siempre.” Y con un último toque sobre la huella digital hecha con su sangre, guardo la carta en un sobre y envió la petición al Consejo.

Después de enviar la carta al consejo mediante un asistente, Cyril regreso a su dormitorio y se tiró a la cama.

Un silencio pesado, expectante, lo rodea.

—“Por favor…” —murmuró, recostado en la cama— “Valle de las Flores… déjenme ir a ese lugar.” Contra todo pronóstico, y para absoluta sorpresa de Cyril, su solicitud fue aprobada apenas tres días después de haberla enviado.

Ni él ni la profesora Abelarda esperaban una respuesta tan rápida del Consejo, famoso por demorarse semanas en siquiera leer un documento.

Y ahora… ha llegado el día.

La fría bruma matutina cubre la plataforma de aterrizaje de Imeya, donde Cyril espera solo, abrazando la bufanda que Abelarda le había regalado como despedida.

Sus maletas y pertenencias ya han sido enviadas con anticipación al Valle de las Flores; lo único que queda es él.

Cada pocos segundos, Cyril se pone de puntas para divisar el horizonte.

—“Vamos, vamos… ¿dónde estás, jinete draconiano?” —murmura con un cosquilleo en el estómago.

No puede evitarlo: esta emocionado.

Aunque más que emocionado… esperanzado.

En Neres, y especialmente en el Valle de las Flores, podrá volver a ver a esa case femenina, Cyril escucho que es la única case femenina, es alguien en las mismas circunstancias que él.

Además, quizá los case de soporte allá no lo trataran tan mal como las Anyelicas de Imeya, que siempre lo miran como si fuese un error viviente.

Desde el cielo se emitió un eco profundo, una especie de rugido que hizo vibrar el aire.

Cyril levantó la mirada justo a tiempo para ver cómo un wyvern azul cobalto rompía las nubes en un descenso elegante, con sus alas extendidas como telas de cristal.

Sobre su lomo venía el jinete draconiano, una figura cubierta de una armadura ligera que brillaba con tonos dorados.

El corazón de Cyril dio un salto.

—“Ahí estás” —susurró, incapaz de contener una sonrisa— “Finalmente me voy al valle.” El wyvern aterrizó con un golpe seco y majestuoso, plegando las alas.

El jinete desmontó con agilidad y avanzó hacia Cyril con paso firme.

Todo está punto de cambiar.

Y por primera vez en mucho tiempo, Cyril siente que el cambio podía ser para bien.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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