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Me volví un Héroe con Falda - Capítulo 16

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  4. Capítulo 16 - 16 Capítulo 16 – El frente de batalla 1
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16: Capítulo 16 – El frente de batalla (1) 16: Capítulo 16 – El frente de batalla (1) Estaba equivocado.

Esto es asfixiante.

Respiro hondo y suelto lentamente el aire en mi pulmones.

Hacer esto me calma un poco.

Aun así, me obligo a mantener el rostro sereno, no quiero darles a esa gente de afuera de la tienda mas cosas para que se burlen de mí.

—“Anyelica Cocodrilo, es su turno” —anuncia un Case de soporte al entrar, con una voz neutra que me eriza los vellos de mi cuerpo.

Las palabras caen sobre mi ser como si fueran grandes rocas que lo aplastan.

¿Mi turno para qué?

Pues… ¡estoy en el frente de batalla oriental!

Se que en seis meses no pude conectar con mi poder, solo solicite que me transfirieran a un nuevo lugar, porque un cambio de ambiente podría ayudarme a conectar con mi poder, pero no pedí que me lanzaran a este lugar.

Ayer me dejaron aquí, tirado entre este montón de tiendas, y desde entonces la sensación de desamparo y desesperación no ha hecho más que crecer en mi interior.

Lo que me tiene mal no son solo los estruendos cercanos, ni los gritos.

Son las miradas.

Ojos que me miden, comparan, sospechan e incluso se burlan.

En veinte horas, este campamento ha recibido al menos seis ataques de impurezas.

Cada alarma es como miles de agujas que se me clavan en la nuca.

Lo peor es que en esas veinte horas solo me dejaron tirado en esta pequeña tienda y no me han dejado salir hasta ahora.

Lo único que me consuela, por absurdo que suene, es este maldito traje.

Porque es indestructible.

Este traje que no me puedo quitar es como una coraza indestructible que me protege, aunque odio la falda de este traje, no puedo negar que en este lugar tan peligroso este traje aumenta mis posibilidades de sobrevivir.

Mi cabeza hierve en un revoltijo de pensamientos pero aun así me levanto, me quito la bufanda que me regalo Abelarda, la dejo doblada a una lado de la pequeña cama de la tienda y sigo al Case de soporte sin siquiera saber adónde voy.

Al llegar al punto al que me estuvo guiando el case de soporte, un grupo de Cases protectores me espera, sus rostros son serios, todos están tan ordenadamente formados en filas.

Los cuento y son diez case protectores, nuca había visto tantos reunidos en un mismo punto sin una Anyelica a la que deban proteger.

En la ciudad flotante Imeya, pude ver Anyelicas con case protectores, pero estas solo tenían entre tres o cuatro case, nunca las vi con tantos… —“¿Qué se supone que tengo que hacer?” —pregunto, buscando una forma de aplacar esta inquietud desesperante que se esta apoderando de mi interior.

—“Usted, Anyelica Cocodrilo, tiene una misión asignada por los de arriba” —responde el que parece ser el líder con voz cortante— “Haremos una incursión en el bosque del este.

Usted nos acompañara.” Un Case rubio, con una especie de sonrisa mecánica pero irónica, añade: —“No se preocupe, esta misión será mucho más sencilla para usted que el turno que hacen las otras Anyelicas.

Después de todo usted no ha podido despertar su poder.” Asiento y devuelvo la sonrisa por pura educación.

Aunque en mi interior deseo retroceder el tiempo para volver al día en que caminé por aquel parque y ¡no salir de mi casa!

Estoy incómodo.

Muy incómodo.

Partimos hacia el bosque.

Al principio mi avance fue torpe, mis pasos no encajaban con los pasos firmes y rápidos del equipo de case protectores.

Pero ahora ya llevamos dos horas adentrándonos más y más.

El follaje se cierne a mi alrededor, siento como si miles de bestias asecharan en cada rincón.

El aire pesa, huele a humedad rancia y a madera muerta.

Hay una especie de atmosfera que me eriza la piel.

Los miembros del consejo… Nunca había creído que fueran santos, pero esto… esto supera cualquier lógica.

Aceptaron mi solicitud de transferencia al Valle de las Flores con una rapidez sospechosa, como si quisieran deshacerse de mí de inmediato.

Por un momento pensé que era buena señal, que por fin estaban dispuestos a darme una oportunidad lejos de Imeya… Pero no.

El jinete draconiano no me llevó al valle.

Me arrojó aquí, en medio de este frente de batalla, como si fuera un saco de provisiones inútiles.

Y él no habría hecho algo así por iniciativa propia.

No con esa expresión rígida, ni con la forma en que evitó mirarme a los ojos al dejarme en este lugar.

Ese fue el consejo.

Tuvo que ser el consejo.

Pero… ¿por qué?

¿Qué demonios quieren conmigo al dejarme en este lugar?

No logro entenderlos.

No entiendo qué esperan que haga aquí, donde los gritos, el olor a sangre y la tierra temblando por la lucha contra las impurezas me paralizan.

¡No estoy preparado para esto!

¡Ni siquiera he logrado conectar con mi poder!

Aprieto los puños con rabia y desesperación, sintiendo el temblor en mis dedos.

Si ya decidieron que no puedo vivir una vida normal… si ya aceptaron que no encajo entre las otras Anyelicas… ¡¿qué les cuesta darme un puesto lejos de todo esto?!

Puedo estudiar, puedo trabajar, puedo ser útil de mil formas sin terminar hecho trizas en un campo de batalla.

¡¿Por qué mandarme aquí?!

¿Por qué arrinconarme en el único lugar donde es seguro que voy a morir?!

La impotencia me quema por dentro, mezclada con un miedo tan profundo que apenas puedo respirar.

—“¿Qué quieren de mí…?” —murmuro al vacío, sintiendo cómo mi voz se quiebra— “¿Qué hice para merecer esto?” ¡¿Por qué?!

¡Nunca quise estar en el frente!

Solo quería una oportunidad para mejorar mi vida sin tener que arriesgarla por completo.

De pronto, un fuerte dolor y escalofrío me atraviesa.

—“Cof… Cof… cof…cof”.

Empiezo a toser, primero suave, luego con bastante fuerza.

Me falta el aire.

¿Por qué me cuesta respirar?

¿Por qué arde mi espalda?

Veo, por el rabillo del ojo, una mano que se mueve.

Una daga se hunde más profundo en mi cuerpo.

Veo como esa mano saca la daga de mi cuerpo, la hoja de la daga manchada con mi sangre brilla como si fuera hecha de un cristal multicolor.

El frío penetrante recorre mi espalda.

Intento girarme o correr, pero los demás Cases me sujetan, sus manos se sienten como anclas que me quieren llevar hasta las profundidades del pozo sin salida que es la muerte.

—“¡AAAGGG!” —grito.

Me vuelven a clavar la daga… El mundo ante mis ojos se está volviendo opaco.

—“Cof… Cof… cof…cof”.

Toso sin parar y esta vez escupo bastante sangre.

La visión se me empaña.

¡No quiero morir!

En medio del pánico, una frase, una lección al parecer insignificante de las clases que me dio la profesora Abelarda en Imeya, regresa a mi memoria, la voz de la instructora, una ex-Anyelica que manipulaba la tierra como si fuera una extensión de ella solo diciendo:  — “Tierra que me diste a luz, tierra que me diste alimento, tierra préstame tu poder, tierra dame fuerza” — repetía, como una oración de hierro.

Ese era el mantra que la profesora encontró para conectar con su poder.

Lo intenté antes y nada respondió: probé con el agua, el fuego, la luz, las sombras, las plantas, el hierro… todos los elementos se mantuvieron mudos.

Sabía que había algo raro cuando me mandaron al frente de batalla cuando aún no he encontrado mis poderes.

Pero no creí que quisieran matarme.

¡¿Por qué?!

¡¿Por qué quieren que muera?!

¡No voy a morir!

¡Voy a vivir.!

¡¡¡Como las flores que resurgen después del invierno, así soy yo!!!

De repente siento como una sensación extraña envuelve todo mi cuerpo.

Mis sentidos se expanden.

El dolor se disipa y dejo de tener forma humana.

Me he convertido en un montón de pétalos de flores.

Pétalos de rojo intenso, que flotan libremente en el aire.

¡¡Esta es mi oportunidad!!

Entrego a cada pétalo en los que se convirtió mi cuerpo al viento: todos los pétalos se elevan, se vuelven un remolino de pétalos rojos que asciende sobre las copas de los árboles que forman el bosque.

Arriba, en lo alto del cielo, el equipo de Cases protectores no podrá alcanzarme con sus dagas ni con sus superpoderes.

La distancia me da tiempo, y el tiempo, ahora, es lo que más necesito.

~ * ~ El case de cabello rubio, aún agitado por lo ocurrido, limpió con cuidado la sangre de Cyril de la daga.

Observó la mancha roja un momento, frunciendo el ceño, y luego alzó la vista hacia su líder.

—“Líder… ¿no deberíamos perseguirlo?” —preguntó en voz baja, aunque la tensión se le escapaba por los bordes— “Si se lastima mucho más, sí estaremos en serios problemas.” El líder del escuadrón soltó un suspiro largo, como si el peso de la situación cayera por completo sobre sus hombros.

Su uniforme incluso esta manchado de polvo por el forcejeo que hizo Cyril al tratar de escapar.

—“Si lo seguimos ahora, el chico solo seguirá huyendo” —respondió con voz grave y ligeramente ronca— “Ya está en pánico, y somos lo último que quiere ver.” El rubio bajó la mirada, apretando la daga ya limpia entre sus manos.

El líder continuó, esta vez con un tono más firme, recordándole la responsabilidad del escuadrón: —“Nuestro grupo ya cumplió su misión.

A otro equipo de cases se le asignó rastrearlo y traerlo de vuelta para que continúe su formación como Anyelica.

No debemos interferir.” Se hizo un breve silencio.

El viento movió las hojas de los árboles cercanos, y todos los miembros del escuadrón entero de cases se sintieron consternados por lo que acaban de hacer, por lo que el consejo les ordeno que hicieran… El rubio tragó saliva.

—“Pero, líder… ¿cree que el chico estará bien?” El líder respondió después de unos segundos, más con un tono honesto que autoritario: —“No lo sé.

Pero confío en que lo recuperarán.

Y cuando vuelva… ojalá alguien por fin lo trate como lo merece.”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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