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Me volví un Héroe con Falda - Capítulo 17

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17: Capítulo 17– El frente de batalla (2) 17: Capítulo 17– El frente de batalla (2) Estoy cansado.

No… la palabra cansado no me alcanza para describir como me siento.

Es un agotamiento que se siente antiguo, como algo que esta hay incluso antes de que yo naciera.

Un cansancio que traspasa la carne, si es que aún tengo carne, y me aprieta directamente mi espíritu.

Como una cuerda que está apretando constantemente mi resistencia, haciendo que esta se vuelva más fina con cada instante.

Mi forma actual es extraña.

Y decir “extraña” también es una palabra insuficiente.

No tengo manos… no tengo pies… no tengo ojos… Este es un sentimiento muy extraño, me siento disperso, siento que soy llevado por el viento pero a la vez yo soy quien controla el viento.

Soy un enjambre de pétalos rojos: livianos, casi ingrávidos.

Me esparzo y floto entre corrientes de aire cálido.

Siento que me fragmento, como si existiera sólo por la inercia de una magia que pronto se disipará.

¿Esto es volar?

¿O es simplemente dejarse llevar por el viento?

He estado en el cielo por tanto tiempo… que ya no recuerdo, ni la dirección por donde vine.

No sé cuánto tiempo ha pasado desde que escapé.

Tal vez minutos.

Tal vez horas.

Tal vez días, no lo sé… solo siento que mi cordura se desvanece.

Todo lo que sé es que huía.

Hui sin rumbo, sin mirar atrás, sin pensar en dirección, destino o la consecuencia de correr sin rumbo fijo estando tan cerca el frente de batalla… Solo huía de ellos… de los Cases protectores que intentaron matarme.

Sé que esto no es un malentendido o un accidente.

Ellos iban a matarme.

A dejarme tirado como basura defectuosa en medio del bosque.

El miedo que sentí y que siento es tan enorme que no cabía dentro de mi cuerpo físico.

Quizás por eso… lo dejé atrás.

Mi piel, mi sangre, mis huesos… todo.

Me deshice de mi forma humana como quien se quita un abrigo que está ardiendo en llamas.

Acá arriba en el cielo, no hay diferencias.

No hay norte ni sur.

No hay horizonte.

Solo un vacío pálido, infinito, que se parece demasiado al olvido.

Volar así es como no existir.

Pero poco a poco, empiezo a caer.

A descender.

Abajo… un bosque inmenso me abre sus fauces.

Árboles altos como torres, sus copas tan densas que apenas dejan ver el suelo.

Entre ellos, un río serpentea: su reflejo plateado titila con la luz de la tarde.

El agua… Hay algo… algo instintivo que en mi interior grita para que me acerque: —“Agua… ahí… agua…” Me dejo llevar por ese sentimiento instintivo.

Mi forma de pétalos se precipita suavemente, como una lluvia floral.

Y cuando finalmente toco tierra, no soy más que una pequeña montaña de flores rojas dispersas junto a la orilla del río.

La brisa mueve cada pétalo suavemente.

Se deslizan los pétalos que forman mi cuerpo unos sobre otros.

Yo siento cómo eso soy yo… mi consciencia dividida en más de cien fragmentos.

Me siento frágil.

Demasiado frágil.

Como si el mundo pudiera deshacerme con un soplido.

¿Cómo vuelvo a mi forma humana?

¿Puedo hacerlo?

¿O ya crucé un punto sin retorno?

Tengo miedo.

Un miedo mudo y abrumador.

Si regreso… si recupero mi cuerpo… ¿No sangraré de nuevo?

¿No se abrirán todas mis heridas?

¿No moriré en el acto?

Quiero llorar… Pero los pétalos no tienen lágrimas.

Mi mente ya no puede sostenerse más.

Y me hundo en una inconsciencia profunda.

Si… quedo inconsciente.

~ * ~ — “Ufff… seguirle el ritmo a este chico no fue fácil.” — La voz femenina resonó entre los árboles con una exhalación fatigada y a la vez se siente un tono como si estuviera algo divertida por la situación.

Iltsed, la Case protectora que oficialmente se desempeña como si fuera de soporte, se detuvo finalmente junto al río.

Su ropa estaba cubierta de polvo, algunos mechones de su cabellera negra están sueltos escapándose de su trenza, y su respiración agitada mueve de arriba abajo su pecho rápidamente, aunque ella trata de aparentar calma.

Frente a ella, los pétalos comenzaron a aglomerarse.

Primero como una duna roja… luego como un borrón denso… y finalmente, como un cuerpo.

Como el cuerpo de Cyril.

—“Encontrarte fue…” —murmuró, agachándose junto a Cyril— “mi dolor de cabeza más épico hasta ahora.” En su tono voz había algo casi como fastidio, aunque su rostro no muestra alguna emoción evidente.

Cyril ha vuelto a su forma humana.

Pero esta pálido, débil, con sangre saliendo de las heridas producidas por la daga de luz en su piel.

Su respiración es superficial, y su pulso débil como un susurro.

—“Vamos, chico… no te mueras ahora.

Será tremendamente inconveniente.” — Su humor es extraño.

Es una mezcla de sarcasmo y profesionalismo, aunque en contraste su rostro parece imperturbable, a pesar de que en su interior no puede evitar tener ganas de reírse al ver la falda tan linda que lleva puesta Cyril.

Ella rápidamente sacó de un compartimiento lateral de su cinturón dos frascos minúsculos: uno con un líquido algo translúcido con toques azules, y otro con un líquido ámbar intenso.

—“El concentrado de poción de Almencia… se mezcla con el concentrado de poción curativa.” —dice en voz baja para repasar el procedimiento médico.

Al combinar las dos sustancias en una pequeña jeringa de cristal, el líquido resultante brilló ligeramente.

—“Esto va a doler… bueno, eso es lo que me dijeron.

Aunque estás inconsciente, así que…” —se encogió de hombros.

Le inyectó la mezcla en la vena del brazo.

El efecto fue inmediato.

Las heridas que habían estado sangrando comenzaron a cerrarse rápidamente, como si la carne recordara cómo debía regresar a su estado original.

La piel se juntó y suavizó, y en apenas segundos, no quedó más que un tenue rastro rosado.

Pero… También ocurrió lo otro.

El traje de Anyelica de Cyril desapareció.

Cyril quedó totalmente desnudo frente a ella.

Iltsed parpadeó impasible.

Si hubiera sido una chica normal, tal vez se habría sonrojado, apartado la mirada o sentido algún tipo de pudor forzado.

Pero Iltsed no es normal.

Ni emocional, ni socialmente.

Ni siquiera en términos de los seres humanoides de este mundo.

Su corazón no reaccionó.

Ni un sobresalto.

Ni una alzada de ceja típica de ella.

Ni siquiera una risa en su interior.

—“Ha… los efectos secundarios…” —comentó casualmente como si acabara de recordarlo mientras busca algo en su pequeño morral.

Sacó una manta negra, ligera pero térmica, y con movimientos precisos, envolvió cuidadosamente el cuerpo de Cyril.

Luego lo cargó, con sorprendente facilidad puso a Cyril sobre su hombro como si estuviera cargando un costal de papas.

El bosque alrededor está silencioso.

Los árboles son altos, con hojas verdes y frondosas.

El viento viaja entre las hojas como un murmullo lejano.

A veces, se escucha el rugido distante de criaturas desconocidas.

Iltsed sigue caminando a paso constante mientras ella mira distraídamente los árboles que les rodean.

—“Sabes… eres una pieza que les fue difícil de conseguir su tablero de ajedrez” —murmuró— “Una pieza molesta, pero necesaria, aunque saliste siendo una pieza bastante delicada, eres muy valioso para ellos”.

Caminó entre los árboles mientras hablaba consigo misma en voz baja, como si Cyril pudiera escucharla estando inconsciente.

—“El consejo te ve como un comodín.

Algo que será útil, pero que aún no saben cómo utilizar… y mientras tanto te mueven de un lado a otro”.

—su tono se volvió más pensativo— “Aunque… ellos mismos tampoco están en buena posición.

Demasiados frentes de batalla hay en la actualidad, menos terreno tenemos cada dia.

Demasiados enemigos.

Demasiadas variables impredecibles.” Se detuvo un momento para ajustar el peso de Cyril en su espalda.

—“Y tú… ay, tú… eres impredecible.

No conectaste con tu poder como deberías, por eso, ellos recurrieron a esta técnica de despertar tan extrema.

Por eso, no les obedezcas como ellos esperan.

No te rompas como ellos quieren.

Eso te hará peligroso… y muy valioso.” Reanudó el paso, con pasos calculados, esquivando raíces e incluso al pisar hojas secas ella no produjo ruido alguno.

Más adelante, entre los árboles, la luz del atardecer comenzaba a filtrarse entre las ramas, pintando destellos dorados sobre la hojas verdes del follaje.

—“Si yo fuera una chica común…” —murmuró Iltsed con un tinte irónico apenas detectable— “suspiraría por este momento tan romántico en el bosque, cargando al pobre héroe herido… después de rescatarlo.” Su mirada se volvió dura, incisiva.

—“Pero yo no soy común.

Y tú no eres un héroe.” Caminó otros metros más, hasta alcanzar una elevación donde el río se veía a distancia y el bosque parecía expandirse como un mar verde infinito.

—“Solo eres…” —dijo finalmente— “una simple incógnita.” Y el consejo… El consejo es un maldito jugador impaciente.

Iltsed, gracias a las conexiones que posee, sabe cosas que Cyril ni imagina: las facciones internas del consejo, las tensiones políticas, los intereses ocultos, la vigilancia constante, y sobre todo… La frase favorita del consejo: “Si no lo dominas… destrúyelo y reármalo” —“Vas a necesitar bastante suerte Cyril.” Y con esa frase murmurada… ella finalizo su diatriba desapareciendo entre los árboles, cargando al inconsciente Cyril, quien se volvió parte de las Anyelicas, un pobre chico que se dirige hacia un destino que él aún no puede siquiera imaginar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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