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Me volví un Héroe con Falda - Capítulo 18

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  4. Capítulo 18 - 18 Capítulo 18 — Despertar
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18: Capítulo 18 — Despertar 18: Capítulo 18 — Despertar En este mundo fracturado, el internet, los celulares, los automóviles y la energía eléctrica se han convertido en lujos administrados con cuentagotas.

No porque la tecnología haya desaparecido, sino porque la guerra continua en contra de las Impurezas ha devorado todos los recursos, toda la calma, toda posibilidad de normalidad.

Los humanoides con raciocinio aún resisten, pero están al borde del colapso.

Para evitar que la población se quiebre, el Consejo restringió deliberadamente el uso del internet: solo lo reciben los trabajadores esenciales, militares especializados, los altos cargos del gobierno y por su puesto la gente muy adinerada.

El resto vive con versiones primitivas de comunicación, intentando sobrevivir en sistemas que ya no pueden sostenerse.

Quien no trabaja, no come.

Quien no produce, no permanece.

Y la vida, por muy mecanizada que sea, se ha vuelto más pequeña.

Los círculos sociales se redujeron hasta casi desaparecer; los viajes espontáneos son cosa del pasado.

Desde la aparición de las Impurezas, monstruos nacidos, dicen, del caos y del rencor humano, la nueva humanidad se ha resignado a solo desplazarse cuando es estrictamente necesario.

Pero, en realidad, nadie sabe de dónde provienen.

Nadie entiende por qué siguen multiplicándose.

Esa ignorancia es precisamente lo que ha vuelto al Consejo cada vez más… desesperado.

Necesitan Anyelicas.

Más Anyelicas.

Aunque eso implique medidas extremas, experimentos arriesgados, decisiones que rozan lo inhumano.

Y en medio de esas decisiones está Cyril, quien despertó después de tres días de coma.

Su conciencia emergió como si rompiera una superficie congelada de un lago.

De inmediato, el terror regresó.

—“¿Dónde… estoy?” La pregunta retumbó en su mente con voz temblorosa.

Lo último que recordaba era huir.

El osque.

La oscuridad al caer inconsciente.

La sangre que salía de su cuerpo.

La sensación de que la muerte le respiraba en la nuca.

Tragó saliva y parpadeó, sintiendo cómo el cuarto giraba un poco.

Al enfocar la mirada, lo primero que vio fueron sus manos: humanas.

Ya no es un montón de pétalos.

Su pecho se sacudió en un sollozo que no salió.

Estoy vivo.

Miró alrededor.

La habitación era sencilla.

Una cama individual que es donde duerme, una mesita de noche con una lámpara apagada y una pila de ropa doblada meticulosamente sobre la mesa.

Las paredes eran de un gris apagado, sin ventanas.

Demasiado limpio.

Demasiado silencioso.

Entonces escuchó pasos acercándose desde el exterior.

Pasos firmes.

No apresurados.

No hostiles.

Pero… pasos.

El miedo comprimió su pecho.

¿Debo huir?

¿Por dónde?

Este cuarto no tiene ventanas… Se sentó temblando.

Su respiración se aceleró.

La puerta se abrió antes de que pudiera decidir si esconderse debajo de la cama.

La figura que entró era una mujer joven con cabello negro y ojos plateados.

Cyril la reconoció de inmediato: la había visto una vez, en el Valle de las Flores.

Pero lo que más llamaba la atención era la marca de nacimiento que cruzaba la mitad de su rostro: líneas oscuras, gruesas, entrelazadas formando la silueta de un árbol.

Un árbol distorsionado, como un árbol quemado y sin follaje.

Ella lo miró sin parpadear.

—“Cyril, felicidades por despertar” —dijo con voz monótona, como si recitara un guion aprendido— “Dúchate primero; ya te hemos dejado la ropa nueva en la mesa.

Mi nombre es Iltsed.

Seré tu mentora de ahora en adelante… por así decirlo.

Te acompañaré a tu primera comida del día y te ayudaré con los trámites de incorporación.

Eres la primera Anyelica que entreno, no me hago responsable de los inconvenientes.

Me alegra que hayas despertado.” Cyril apenas escuchó el tono mecánico que usaba al hablar.

Pero la frase “me alegra que hayas despertado” resonó dentro de él como un eco lejano, suave, casi irreal.

Ha sobrevivido.

Estoy vivo… Eso es lo único en lo que podía pensar.

Todo lo demás es secundario.

Esa felicidad cruda, brutal y primitiva de seguir respirando lo envolvió como un abrazo tibio.

Cuando terminó de bañarse, se vistió lentamente, sintiendo cada prenda como una prueba de que está vivo.

La sudadera gris con capucha, la camiseta blanca, el pantalón negro.

Todo limpio.

Todo nuevo.

Como si su cuerpo, aunque cansado, ya no llevara encima el peso de las puñaladas que recibió en el bosque.

Y sin decir nada, siguió a Iltsed por un largo pasillo con paredes blancas.

—“¿No tienes preguntas que hacerme?” —preguntó ella sin detenerse.

—“¿Cómo cuáles?” —respondió él, aún desorientado.

—“Como por ejemplo… ¿por qué sigues con vida?

¿O por qué te atacaron esos Cases protectores?” Cyril bajó la mirada.

—“Me trajiste de vuelta… No quiero pensar en nada.

Solo quiero disfrutar el hecho de que estoy vivo.” Iltsed lo observó unos segundos.

Muy pocos.

—“Está bien.

Si eso es lo que realmente piensas, no tengo problemas.” Su tono era plano.

Ni compasivo ni frío.

Solo… plano.

Al llegar al ascensor, Cyril se vio reflejado en el metal pulido de la puerta.

Su cabello plateado caía por debajo de los hombros.

Se rostro se ve cansado y parece que esta más delgado.

—“Para cortarte el cabello necesitas permiso” —murmuró Iltsed, como si leyera su mente— “Y procedimientos especiales.

El ADN que se desprende podría ser peligroso si las Impurezas lo obtienen.” Cyril suspiró.

—“Así que… por eso todas las Anyelicas tienen el cabello tan largo.” —“Correcto.” Las puertas se abrieron frente a ellos.

Cuando el ascensor llego al piso que es el comedor, Cyril se sorprendió por el ambiente.

El comedor está lleno de luz blanca, este lugar no tiene ventanas.

Varias mesas están ocupadas por soldados, soporte técnico, personal médico, analistas… todo tipo de personas que, a simple vista, parecían comunes.

Pero Iltsed le había dicho lo contrario mientras estaban en el ascensor: nadie aquí es realmente común.

Al acercarse, cuatro personas se levantaron de sus asientos.

Los ojos de Cyril se clavaron en ellos por inercia: un hombre alto con expresión severa; otro más joven y delgado; una mujer de cabello castaño; y un hombre robusto de mirada tranquila.

—“Cyril”—dijo Iltsed— “ellos son el oficial Rene Arístides, el instructor Amart Hasan, el oficial Everal Camalen y la oficial Evelyn Mejía.

Todos miembros del Tercer Escuadrón de Cases de Soporte.

Conocerás sus habilidades más adelante.” Los cuatro lo miraron con una mezcla de curiosidad y cautela.

Se notaba que la presencia de una Anyelica masculina no pasaba desapercibida.

Cyril, por lo general, habría evitado el contacto.

Su personalidad era retraída, silenciosa, observadora.

No sabía iniciar conversaciones ni quería intentarlo.

Pero algo dentro de él, tal vez el alivio de seguir respirando, lo impulsó a dar un paso adelante.

Estrechar una mano.

Luego otra y sonreír un poco.

—“Espero que podamos llevarnos bien” —dijo con voz suave— “Estaré bajo su cuidado.” Los cuatro parecieron sorprendidos.

Quizás esperaban que él como miembro de las Anyelicas fuera arrogante o distante.

Pero él no lo era.

Y eso generó una impresión inmediata en sus mentes: este chico es fácil de tratar.

Iltsed lo llevó a una de las mesas y se sentó frente a él mientras Cyril probaba felizmente, por primera vez en días, un plato caliente común y corriente.

—“Escucha con atención” —dijo ella mientras él comía— “Este Instituto de Cases de Soporte es enorme.

Casi la mitad de los case de soporte viven aquí.

Pero no está compuesto solo por gente con habilidades.

La limpieza, la logística, el manejo de documentos, la información, el mantenimiento, la medicina, los laboratorios… casi todo está a cargo de personas “comunes”.

Pero esas personas “comunes” son soldados entrenados o muchos son expertos en sus respectivos campos, son genios, doctores o científicos.” Cyril la miró en silencio.

—“Mi primer consejo es: no pienses que por ser una Anyelica eres superior” —continuó ella— “Aquí cualquiera podría ser alguien de quien necesites ayuda.

Sé humilde.” Él asintió lentamente.

—“Segundo consejo: no te dejes intimidar.

Si alguien intenta pisarte, sin importar su rango o habilidades, levanta el puño y golpea.

No permitas que te reduzcan.

Aquí, nuestra regla es simple: ‘No ofenderé a los demás, a menos que me ofendan primero’.

No buscamos problemas, pero tampoco los evitamos si aparecen.

Ser cobarde no salvará tu vida.

En todo momento, tu salud y tu vida son primordiales.” Cyril tragó saliva.

—“Entiendo…” —“Bien” —dijo Iltsed, bajando ligeramente la voz— “Y ahora, come.

Te queda un largo día por delante.” Mientras masticaba lentamente, Cyril sintió que su mundo interior comenzaba a moverse.

No sabía si estaba a salvo.

No sabía por qué estaba en este lugar ahora.

Y tampoco sabía qué esperaban de él.

Pero por primera vez desde que fue arrojado al frente de batalla… desde que corrió por el bosque con la muerte respirándole en la nuca… Por primera vez en mucho tiempo, Cyril se permite simplemente respirar.

Y eso, por ahora, es suficiente.

Compartieron el resto del almuerzo en silencio —un silencio cómodo, extraño para él— y luego se dirigieron juntos a la sede de Nuevos Reclutas del Instituto de Cases de Soporte para completar el proceso de registro.

Al llegar al mostrador de información, un asistente les entregó una pequeña caja metálica y un dispositivo.

Dentro de la caja reposaban varias pociones de Almencia concentrada, su suplemento indispensable como Anyelica.

Y en sus manos quedó un teléfono celular completamente nuevo.

—“Una vez que lo enciendas” —explicó Iltsed con su tono calmado y neutral— “encontrarás instalado un sistema dedicado para novatos del internet.

Es, básicamente, el sistema más utilizado aquí.

Con él aprenderás a acceder a tu cuenta bancaria y al resto de funciones esenciales.” Ella se inclinó un poco para señalar la pantalla, demasiado cerca para que Cyril no sintiera su presencia.

Aun así, él se esforzó por poner su atención en el teléfono.

—“Este sistema” —continuó Iltsed— “fue desarrollado durante cinco años por los mejores científicos del instituto.

Contiene toda nuestra base de datos interna: información personal, registros, censos… incluida la cifra completa de la población en la Confederación, que supera los ochenta millones.” Cyril abrió los ojos, sorprendido.

—“Evidentemente” —añadió ella— “no tendrás acceso a todo.

Cada departamento tiene niveles distintos.

Por ahora, solo podrás contactar a las personas y oficinas marcadas en verde.

Las que ves en gris… se activarán gradualmente conforme mejore tu estatus dentro del instituto.” Cyril deslizó un dedo sobre la pantalla, examinando los iconos, las interfaces simplificadas, los menús.

Pese a la simplicidad del sistema, para él, acostumbrado a vivir lejos de la tecnología por casi toda su vida, es casi un objeto extraño, pero extremadamente fascinante gracias a la explicación de Iltsed.

Iltsed observó cómo él exploraba cada icono con verdadera curiosidad.

Algo en su forma de inclinar la cabeza o fruncir el ceño le recordó a un cachorro tratando de entender un mundo nuevo.

Por primera vez en horas, los ojos de Cyril mostraban algo más que cansancio.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Estefany_J_A Auu~ Cyril ya se reencontro con su amorcito~

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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