Me volví un Héroe con Falda - Capítulo 19
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- Capítulo 19 - 19 Capítulo 19 — Regreso a Neres
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19: Capítulo 19 — Regreso a Neres 19: Capítulo 19 — Regreso a Neres Iltsed lo guio a Cyril través de los trámites necesarios para quedarse en el instituto de cases de soporte: firma, registro de huellas, verificación de la energía emitida por sus poderes, asignación de dormitorio, permisos básicos y el recuperar sus pertenencias que reunió mientras vivía en la ciudad de Imeya.
Todo se completó con sorprendente rapidez.
Finalmente, ella lo acompañó a recorrer los pasillos del instituto, señalándole cada puerta, cada área a la que podía acceder: —“Este es el comedor principal.
Aquí está el ala médica.
Ese pasillo conduce a la biblioteca interna, puedes acceder a toda la base de datos que está disponible ya que eres miembro de la Anyelicas.
Más adelante están los salones de entrenamiento.
Todo lo demás… por ahora te queda restringido.” Cyril escucha atento en silencio, asimilando cada detalle.
No sabe si debe sentirse seguro o atrapado, pero por primera vez desde que se había vuelto miembro de las Anyelicas… sentía que tenía un lugar al cual, al menos temporalmente pertenecer.
Después de familiarizarse con cada rincón al que tenía permitido acceder, Cyril pidió algo que llevaba días rondándole la cabeza.
—“Iltsed…” —dijo una tarde, mientras caminaban por uno de los pasillos del instituto—“¿Puedo volver a Neres?” Ella se detuvo en seco y lo miró de reojo.
—“¿Es en serio?” —preguntó, como si necesitara confirmar que había escuchado bien.
Cyril asintió.
—“Aunque sea una visita corta.
Necesito… ver como esta mi amigo, él y su familia me cuidaron mucho.” Iltsed lo observó durante unos segundos.
No parecía sorprendida, solo pensativa.
—“Puedo hacer el trámite” —respondió al fin— “Pero debes entender que ya no eres un civil.
Y aunque ahora vives con los cases de soporte, sigues siendo una Anyelica.” Cyril bajó la mirada.
—“Lo sé” —murmuró— “Y eso es lo que más me pesa.” El viaje se autorizó sin demasiados obstáculos.
A pesar de su nuevo lugar entre los cases de apoyo, Cyril seguía recibiendo un trato preferencial: transporte, escolta permanente, permisos especiales, accesos que no estaban disponibles para los demás.
Nada de eso podía evitarse.
No mientras siguiera siendo una Anyelica.
~ * ~ En una ciudad desconocida para casi todos, una que no aparecía en mapas ni registros públicos, se estaba llevando a cabo un juicio.
No había muros visibles ni ventanas.
La sala de audiencias era un espacio vasto y circular, construido con un material oscuro que parecía absorber la luz en lugar de reflejarla.
El aire era pesado, casi sofocante, como si el mismo lugar juzgara a quien respiraba en su interior.
En el centro exacto de la sala, bajo un único haz de luz blanca, se encontraba Feriel.
Para ganar simpatía, Feriel no decidió mostrar su forma majestuosa de dragón, ni siquiera su forma humanoide, sino que se decidió por su apariencia de un cachorro: pequeño, con las alas plegadas y temblorosas, las escamas opacas y los ojos grandes llenos de cansancio.
Aquella forma no era casual.
Era una forma de Feriel de recordarles a los miembros del consejo de manera constante su posición y de recordarse a sí mismo la posición en la que se encuentra ahora, pero que no se encontrara de nuevo en el futuro que ha estado planeando que ocurra.
Alrededor de él, sentados en tronos indistintos que se perdían entre las sombras, estaban ellos.
El Consejo.
Sus figuras apenas se distinguían: siluetas borrosas, algunos humanoides, otras claramente no.
Solo sus voces rompían la oscuridad.
—“Feriel…” —dijo una voz profunda desde algún punto invisible— “¿Cómo le está yendo al chico nuevo?” Feriel tragó saliva.
Alzó un poco la cabeza, obligándose a hablar con firmeza, aunque sus patas temblaban.
—“Sus eminencias… todo está yendo conforme al plan que se tomó en última instancia” —respondió— “No ha habido desviaciones significativas.” Hubo un breve silencio.
Luego, otra voz habló, áspera, cargada de desprecio.
—“No te sientas orgulloso, Feriel” —dijo— “Esto no era lo que debía haber ocurrido.
El hecho de que hayas logrado medio enmendar tus errores no te absuelve.” Una figura femenina, reconocible solo por la cadencia de su voz, intervino de inmediato: —“Lo primero que te dijimos fue claro: nunca debía existir una Case femenina.
Y, aun así, fuiste tú quien convirtió a Iltsed sin consultarnos a nosotros.
Bueno, en primer lugar ni siquiera tenías que haber pensado en convertirla en miembro de los case.” Feriel bajó la mirada.
—“Y lo peor” —añadió otra voz, más joven, con un tono irritado y arrogante— “es que decidiste convertir a un hombre en Anyelica para ‘corregir’ tu error… sin consultarnos.” El cachorro de dragón apretó las garras contra el suelo.
—“La biología de hombres y mujeres es distinta” —intervino una voz gastada, antigua, como si arrastrara siglos de existencia— “Por eso esos límites jamás debieron cruzarse.
Tú lo sabías, Feriel.” —“¿O acaso…” —preguntó otra voz, aguda y claramente molesta— “estás intentando rebelarte contra nosotros?” Feriel alzó la cabeza de golpe.
—“¡No!” —exclamó, antes de contenerse— “Jamás haría eso.” —“Estás subestimando demasiado nuestra misericordia” —volvió a hablar la figura femenina— “Nos obligaste a intervenir personalmente con ese Anyelica masculino.” Una voz infantil, demasiado dulce para lo que decía, se quejó: —“Tuvimos que recurrir a medidas extremas para despertar su poder… ¿y ahora qué?
¿Cómo se supone que vamos a controlarlo a nuestro antojo?” El silencio volvió a caer como una cuerda que se apretaba cada vez más alrededor del cuello de Feriel.
Finalmente, una voz grave, poderosa, cargada de autoridad absoluta, tronó desde las sombras: —“¿Cómo piensas hacerte responsable, Feriel?” El dragón ya no pudo sostener la compostura.
Su cuerpo pequeño tembló con violencia.
—“Yo… yo lo siento…” —dijo, con la voz quebrada— “Asumo toda la culpa…” —“Un “lo siento” no basta” —sentenció una voz que parecía provenir del interior de un anciano milenario— “Tu condena se extenderá por otros mil años.” El mundo de Feriel se desmoronó en ese instante.
—“¡Sus eminencias!” —exclamó, con lágrimas acumulándose en sus ojos— “Yo… ya solo me faltaban diez años para completar mi condena… ¿no es esto demasiado por un error tan pequeño?” La figura femenina respondió sin una pizca de compasión: —“Es para que entiendas que no debes intentar desobedecernos jamás, Feriel.
Recuerda a quienes tenemos en nuestras manos.” Las sombras parecieron cerrarse un poco más alrededor de él.
En ese lugar, no hay espacio para la piedad, solo hay espacio para el control absoluto.
~ * ~ El automóvil avanza a gran velocidad por una carretera casi desierta que conduce a la ciudad de Neres.
No hay tráfico, no hay bocinas, solo el zumbido constante del motor y el viento cortando el aire.
Iltsed conduce con calma, las manos firmes sobre el volante, la mirada fija al frente.
A su lado, en el asiento del copiloto, Cyril intenta verse lo más presentable posible para reencontrarse con Morato, su antiguo jefe y buen amigo.
Se revisa en el espejo retrovisor una vez.
Luego otra.
Y una tercera vez.
Cuando por fin se convence de que no hay nada más que arreglar, deja escapar un suspiro contenido.
Afloja la tensión de los hombros, aprieta con más fuerza el maletín que sostiene contra el pecho y se recuesta en el asiento.
La luz del sol se filtra por la ventana abierta, bañando su rostro y sus brazos.
Con los ojos cerrados, se concentra solo en esa sensación tibia, en el vaivén del auto, en la espera silenciosa de llegar a la casa de Morato.
Por un instante, incluso duda.
¿Cómo puede existir algo tan aterrador como las impurezas en un mundo que se siente así de hermoso y pacífico?
Pero mientras disfruta de la calma inusual y del sol, Cyril sabe que todo es real.
No es un sueño.
No es una ilusión.
Así que, aun con la rígida Case Iltsed sentada a su lado, se permite bajar la guardia.
Cierra los ojos, acomoda mejor la cabeza contra el respaldo y estira perezosamente uno de sus brazos por la ventana.
La brisa pasa entre sus dedos.
El sol le calienta la piel.
La paz, esa que creyó perdida, parece volver a rozarlo.
Iltsed lo observa de reojo.
Al verlo extender el brazo fuera de la ventana, por puro reflejo está a punto de decir algo.
Una advertencia y una orden.
Sin embargo, al notar la carretera despejada y la improbabilidad de que el accidente que se le vino a la mente ocurra, decide callar.
Sabe que este momento es frágil.
Cuando Cyril logre controlar de verdad sus poderes, cuando sus habilidades crezcan y empiece a interactuar con las impurezas durante largos períodos, llegará a comprender algo doloroso: su dificultad para conectar genuinamente con los demás y con lo que le rodea desde el corazón.
Y entonces, estos días despreocupados, este silencio cómodo, este sol en la piel, se convertirán en sus recuerdos preciados.
Más adelante, cuando deje la sede del Instituto de Cases de Soporte y sea asignado a otro lugar, quizá incluso llegue a extrañar este lugar.
Tal vez, con el tiempo, desee volver y trabajar aquí… un deseo que Iltsed sabe que será imposible de cumplir.
Por ahora, este período es bueno para Cyril.
Y por eso Iltsed decide no arruinarlo.
Sin decir una palabra, enciende el sistema de música del coche.
La melodía llena el interior del vehículo, suave, envolvente.
Tras escucharla unos segundos, Cyril empieza a tararear en voz baja, casi sin darse cuenta.
La tranquilidad los acompaña… hasta que llegan a la ciudad.
El cambio es abrupto.
Neres se alza ante ellos con edificios imponentes, calles atestadas y peatones que caminan deprisa, como si nadie se atreviera a detenerse demasiado tiempo en un mismo lugar.
El bullicio sustituye al silencio, y la paz se diluye entre pasos apresurados y miradas tensas.
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