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Me volví un Héroe con Falda - Capítulo 20

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  4. Capítulo 20 - 20 Capítulo 20 — El héroe con falda
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20: Capítulo 20 — El héroe con falda 20: Capítulo 20 — El héroe con falda Cuando el automóvil se detuvo en la zona donde se encontraba el restaurante de Morato, Cyril no esperó ninguna indicación.

Apenas el auto se detuvo, abrió la puerta y salió corriendo.

Entró al restaurante justo cuando aún lo estaban limpiando y preparando para abrir dentro de unas horas.

El olor familiar, las mesas alineadas, el ruido de las escobas rosando el suelo… todo viajo a lo más profundo de su pecho de una sola vez.

La incomodidad que lo había acompañado durante todo el viaje se disipó en un instante.

Ahí están.

Morato, inclinado sobre una mesa limpiándola, y varios de sus antiguos compañeros de trabajo, personas con las que había vivido y trabajado durante años, personas que habían compartido con él turnos largos, comidas simples y silencios cómodos.

—“¡¡Morato!!” —gritó Cyril sin pensarlo.

Morato alzó la cabeza, tardó apenas un segundo en procesar lo que veía… y luego sus ojos se abrieron de par en par.

—“¡¡Ah… Cyril!!” —“¡¡Cyril!!” —“¡¡Cyril ha vuelto!!” —“¡¡Cyril!!… ¡¡¿Dónde te habías metido?!!” Las voces se superpusieron.

Las escobas se detuvieron.

Los trapos cayeron al suelo.

Dos hombres sin lazos de sangre, que siempre se habían cuidado el uno al otro de forma torpe pero sincera, corrieron el uno hacia el otro y se abrazaron con fuerza, como si temieran que, si soltaban, el otro pudiera desaparecer de nuevo.

—“Pensé que…” —empezó Morato con la voz quebrada.

—“Estoy aquí” —respondió Cyril apretándolo con sus brazos aún más— “De verdad estoy aquí.” Los demás trabajadores se acercaron, riendo, hablando todos a la vez.

Algunos le dieron palmadas en la espalda, otros simplemente lo miraron como si quisieran asegurarse de que no era una ilusión.

Los vecinos del edificio, al enterarse del regreso del desaparecido Cyril, salieron también, y la pequeña celebración se extendió más allá del restaurante.

Durante esas horas, Cyril volvió a sentirse… normal.

Bajo la mirada atenta y silenciosa de Iltsed, que observaba todo desde cierta distancia, Cyril solo pudo quedarse unas tres horas en la ciudad.

Aun así, las aprovechó al máximo.

Antes de irse, dejó discretamente un sobre en manos de Morato.

—“Es para el restaurante” —dijo— “Para que no tengan que preocuparse por un tiempo.” Morato lo miró, comprendiendo demasiado bien.

—“¿Por qué siempre eres así?

…” —murmuró.

Cyril sonrió, pero no le respondió.

De regreso al Instituto de Cases de Soporte, el silencio llenó el automóvil durante varios minutos.

—“A partir de mañana” —dijo Iltsed finalmente— “correrás y entrenarás conmigo.” Cyril giró la cabeza hacia ella.

—“¿Tan pronto?” —“Tus habilidades ya despertaron por completo” —continuó, imperturbable— “Pero eso no basta.

Tu cuerpo también debe estar a la altura.” Cyril cerró los ojos y apoyó la cabeza contra el asiento.

—“Está bien” —respondió mientras una leve sonrisa se dibujó en su rostro— “Confiare en ti… entrenadora”.

Al día siguiente, Iltsed notó algo que le llamó la atención: Cyril no parecía afectado por la despedida del día anterior.

No había nostalgia paralizante ni arrepentimiento visible.

Eso hizo que ella se decidiera por completo.

Ideó para él un plan de entrenamiento exhaustivo, meticuloso y cruelmente efectivo.

Así comenzó el verdadero entrenamiento de Cyril como Anyelica.

Y así fue como se unieron Iltsed y Cyril.

Desde este momento, ella y él no volvieron a separarse jamás.

Con el paso del tiempo, a través de sacrificios que nunca fueron registrados oficialmente y esfuerzos que el Consejo jamás reconoció públicamente, ambos lograron algo impensable: devolverles a las masas el acceso a la información, romper el cerco del control absoluto y permitir que el internet dejara de ser un privilegio.

Ellos no vieron el final de la revolución que iniciaron.

Pero fueron el inicio.

Mucho tiempo después de su muerte, cuando el mundo ya había cambiado, sus nombres fueron recordados como los de aquellos que, desde las sombras, empujaron la historia hacia una nueva era.

La era en la que todas las razas humanoides comenzaron, por fin, a liberarse del dominio del Consejo.

Y entre los relatos populares creados por las masas siempre se repite el mismo nombre con una sonrisa entrañable: El héroe con falda.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Estefany_J_A Llegar al final de El héroe con falda me llena de una alegría inmensa.

≧(´▽`)≦ Esta historia nació pequeña, casi como un susurro durante mis sueños, y terminó convirtiéndose en un puente hacia algo mucho más grande.

Gracias por acompañar a Cyril e Iltsed hasta aquí ~ (⌒▽⌒ゞ

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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