Me volví un Héroe con Falda - Capítulo 6
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- Capítulo 6 - 6 Capítulo 6 – Invernadero 3
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6: Capítulo 6 – Invernadero (3) 6: Capítulo 6 – Invernadero (3) —“Oye… despierta… oye” —la voz le llega lejana a la mente de Cyril, pero esta voz es acompañada de un sacudón que amenaza con desencajarle el hombro.
Cyril, entre gruñidos y una mueca de incomodidad, abre un ojo primero… luego el otro.
—“¿Eh…?
¿Qué?
¿Qué pasa?
Ya estoy despierto… creo.” Le toma un par de segundos procesar que hay alguien inclinándose sobre él.
Y le toma otro par aceptar que, efectivamente, lo están despertando.
No recuerda claramente cuando fue la última vez que alguien lo había hecho.
¿Quizá cuando era niño?
Cuando su madre lo sacaba de la cama con voz suave y olor a pan de sartén recién hecho.
Ahora, en cambio, esta manera brusca se parece más a la forma en que uno despierta a un borracho que se quedó dormido en el umbral de la puerta de la casa equivocada.
—“¿Quién eres tú?” —suelta Cyril mientras bosteza, aún con la voz pastosa de sueño.
Pero entonces… su cerebro se pone en marcha como un engranaje oxidado de un motor que, de repente, después de llevar años sin usar lo obligan a encender.
Sus manos se mueven solas y palpan el suelo a su alrededor, buscando algo.
Hasta que lo ve a un costado por el rabillo del ojo: su abrigo.
En un acto casi reflejo, se lanza a por él como si fuera un salvavidas en medio del mar.
Iltsed lo observa con la cabeza inclinada por la dudas que recorren su mente por la forma en que se trata de cubrir con el abrigo, y se le escapa una carcajada.
—“¿Por qué te cubres?
Ya lo vi todo.” La risa le retumba en el pecho y resuena por el lugar, mientras Cyril se envuelve en el abrigo como si así pudiera borrar de la vista y mente de Iltsed la ropa que está vistiendo.
Su cara pasa del tono pálido natural que tiene la piel de su rostro a un rojo tan intenso que cualquiera juraría que en cualquier momento empezará a gotear sangre por los poros.
Maldito dragón… Esto me está pasando por tu culpa.
El enojo le hace apretar la mandíbula.
¿Tanto te costaba darme el poder de un Case como lo has hecho con las demás personas?
Pero, no… ¡Tenías que “bendecirme” con los poderes de una Anyelica.!
Sin embargo, la urgencia que siente por la situación en la que se encuentra le hace dejar de lado la vergüenza que siente.
Pone a trabajar rápidamente su cerebro, observa con más atención a esa mujer que le despertó: cabello negro, ojos negros, un color de cabello y ojos inusual entre los humanos del bosque.
El uniforme de Case le sienta perfecto, realzando un cuerpo tonificado que a Cyril le provoca una punzada de envidia, porque incluso una mujer está en mejores condiciones físicas que él.
Si yo tuviera mi cuerpo tan tonificado… Pero claro, con la dieta de comida instantánea y pan duro que llevo, bueno que más da, al menos puedo comer tres comidas al día, tengo que ser agradecido por eso.
Espera… ¿uniforme de Case?
¡Es un Case!
¡Una mujer Case!
Nunca había oído hablar de una mujer Case… Decide olvidar por un momento sus pensamientos aleatorios y centrarse en la oportunidad que representa esta mujer frente a él.
—“Este… disculpa, pero… ¿tú sabes cómo llegar al invernadero?
Tenía que reunirme con el doctor Marius a las ocho de la mañana en el invernadero de este valle, pero este sitio es tan grande que me perdí…” —las palabras se le escapan, como si fueran un montón de canicas rodando por una mesa.
Iltsed lo mira sin decir nada, lo que hace que Cyril se sienta aún más ridículo.
—“Perdón, qué cosas digo… claro que sabes cómo llegar, eres una Case.
¿Me podrías hacer el favor de llevarme?” Ya no le importa que esa mujer se haya burlado de su atuendo, porque la única meta que tiene Cyril es el lograr llegar a el invernadero a través de esta mujer.
Porque en el invernadero quizá esté la única persona capaz de responder las preguntas que lo están devorando por dentro.
Pero el silencio se alarga.
Iltsed sigue mirándolo, con la vista ligeramente perdida.
Cyril siente cómo la ansiedad empieza a hervirle desde el estómago y se empieza a regar por cada parte de su cuerpo.
—“¡Oye!
¿¡Me estás escuchando!?”—le grita incapaz de contenerse por la ansiedad que siente.
Y eso parece arrancar a Iltsed de su trance.
—“Ah… disculpa, sí, te estaba escuchando… Vas al invernadero, ¿cierto?
Sígueme” —responde con un tono tan monótono que parece que quien le está hablando no es una persona sino alguna especie de robot.
En realidad, Iltsed por dentro se siente como si su alma hubiera abandonado su cuerpo.
¿Este joven con falda es la persona que Feriel dijo que debía proteger?
¿cierto?
¿En serio?
Nunca ha habido una Anyelica masculina…
¿será posible que me elija?
Mientras caminan, Iltsed le echa una mirada de reojo a Cyril.
Cyril se ajusta el abrigo con determinación para ocultar su ropa, pero no hace nada por disimular la corona de flores que lleva en la cabeza, ni los mocasines decorados con encajes y piedras brillantes.
Sí… muy discreto.
Nadie sospechará nada.
Seguro que paso muy desapercibido… — se quejo para sus adentros Cyril.
Por todo el camino hasta el invernadero, ninguna de las dos personas pronunció una sola palabra.
El silencio es tan espeso que hasta el sonido de sus pasos al pisar las flores parece ser tragado por este silencio.
Iltsed, por su parte, camina con la mirada fija al frente, pero está sumergida en un mar de pesimismo y autoculpa.
Se recrimina constantemente por haberse permitido, aunque fuera por un instante, soñar con ir al frente de batalla y enfrentarse por fin a las Impurezas.
Pero lo que más le molesta es el albergar esas esperanzas todavía.
Cyril, en cambio, es un carro super lleno de ansiedad.
Su cabeza parece un trompo que gira cada vez más rápido: ¿Cómo será el doctor Marius?
¿Tendrá respuestas para todas mis dudas?
¿Podré dejar de ser una Anyelica?
Bueno, en realidad ni siquiera estoy seguro de ser una Anyelica “de verdad”.
Aún no he descubierto si tengo algún tipo de superpoder o si todo se reduce a usar este maldito traje, que para colmo no me cubre bien el cuerpo.
Pero… ¿Podre salir con este traje en invierno?
¿no me congelare?
Después, su mente dio un giro brusco hacia territorios más alarmantes: ¿Y si me obligan a luchar?
¿Y si me mandan al frente con solo este vestido y el maldito ramo de flores que tengo en la cabeza?
si es así… ¡moriré a los primeros cinco minutos!
¡No quiero morir!
La espiral mental de pensamientos va tan rápido que Cyril ni siquiera se ha dado cuenta de que el invernadero ya se está empezando a ver en su campo de visión.
Sus pensamientos lo tienen tan atrapado que él podría haberse cruzado con un dragón haciendo malabares y ni lo habría notado.
La verdad es que, cuando la ansiedad toma el volante, el paisaje pasa a segundo plano.
Podrías estar caminando junto a un acantilado, atravesando un puente colgante o siguiendo a un tipo con orejas de conejo por una calle donde se realizan negocios de dudosa procedencia, y aun así, tu mente estaría demasiado ocupada imaginando todos los peores escenarios posibles que tu ansiedad te dice como para prestar atención a tu alrededor.
Y Cyril… bueno, él está atrapado en esa situación en este momento… REFLEXIONES DE LOS CREADORES Estefany_J_A ¡Genial!
¡Ya casi!
¡Ya esta muy cerca el primer encuentro de Cyril con su amorcito!
Ha~ esos primeros ecuentros~ ٩(^ᴗ^)۶
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