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Me volví un Héroe con Falda - Capítulo 7

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7: Capítulo 7 – Invernadero (4) 7: Capítulo 7 – Invernadero (4) Esto es inaudito.

¿Qué demonios están viendo mis ojos?

Me quito los lentes, los limpio con la esquina de mi bata, doble pasada, por si acaso, y me los vuelvo a poner.

Parpadeo.

No… no puede ser, la imagen que veo sigue igual.

Me acerco con paso lento, como si estuviera frente a una criatura que no debería de existir, y tanteo para intentar quitarle esa ridícula ropa que lleva.

Pero nada.

Ni siquiera la corona de flores que tiene sobre la cabeza se mueve un milímetro.

Como si cada parte del atuendo fuera parte del cuerpo del chico.

—“Confirmado… eres parte de las Anyelicas” —me cruzo de brazos, dejando que la frase caiga con todo el peso y dramatismo que merece— “Pero nunca, en toda la historia, ha habido un hombre…” Definitivamente esto es culpa de ese dragón irresponsable, Feriel.

¿Debería poner una queja ante el consejo?

Mmm… no.

Las quejas llevan el proceso de llenar unos largos formularios, reuniones, y luego más formularios… y yo detesto el tiempo que se pierde llenando esos formularios.

Ese tiempo valioso prefiero invertirlo en preparar pociones y en no tener que hablar con esos burócratas.

—“Pero… ¿cómo me puedo quitar este traje?

¿Hay alguna frase mágica que deba decir?

Ese dragoncito no me dijo nada” —pregunta el chico peliblanco, mirándome como si yo fuera su última y única esperanza antes del apocalipsis que se le avecina.

—“Es porque no hay frase.

Prácticamente tú no te puedes quitar el traje.” —le suelto, sin anestesia.

Ese Feriel… tan irresponsable como siempre.

No solo crea un problema, sino que además se asegura de no explicarle a la persona envuelta en que se metió.

—“¿¡Qué?!

¿¡Cómo que no me puedo quitar el traje!?” —El chico parece a punto de llorar, con esa mezcla de horror y resignación que solo se ve en quien ha firmado un contrato sin leer la letra pequeña.

Pobre.

Si me pasara lo mismo, yo también estaría al borde de una crisis existencial.

Con semejante traje yo no podría ni preparar una infusión por mi desequilibrio mental, y eso que me la paso trabajando esta gran bata blanca encima de mi ropa.

—“¡Doctor Marius!

¡Por favor, deme una respuesta!

¡Explíqueme de qué va todo esto!” Me giro hacia mi escritorio, abro un archivador lleno de carpetas etiquetadas con nombres de plantas, brebajes y de un par de pociones.

Paso las hojas con calma de la carpeta con los nombres de las pociones que tengo disponibles en este momento … ahí está.

—“El traje puede desaparecer por dos horas al día si tomas una poción de Almencia que yo preparo, actualmente tengo bastantes disponibles.” Sus ojos brillan como si le hubiera dicho que el fin de su mundo ya no ocurrirá.

—“¿En serio?

Bueno… pero si tomo varias en un día… ¿puede desaparecer más tiempo?” —me pregunta, secándose las lágrimas con la manga como si fuera un niño pequeño al que acaban de intimidar.

—“Eso es posible…” —suspiro y hago un cálculo rápido en mi cabeza de los costos de los ingredientes— “Bien, como tu situación es especial, te dejaré cada frasco a solo cuatro mil dragmas.” A ese precio no gano nada.

Apenas recupero el costo de las materias primas.

Pero bueno… la compasión es un defecto que siempre me sale caro.

Por culpa de ese defecto mío es que prefiero encerrarme en este destartalado invernadero para trabajar.

Cyril se queda pálido.

Estoy casi seguro de que acabo de escuchar cómo su alma se quiebra dentro de su cuerpo.

—“Mi salario mensual es de mil dragmas…” —susurra, en shock.

Apenas medio escucho su susurro, todo por culpa de iltsed: —“¡Lo sabía!

¡Sabía que me estabas estafando!” —interviene Iltsed, que claramente se quedó solo para ver el drama— “¡La poción de Almencia lleva ingredientes más raros que el té que me vendes, y me cobras diez mil dragmas por solo cinco sobres!” —“Obvio” —le respondo, como si fuera lo más evidente del mundo— “Ese té es personalizado.

Lo personalizado cuesta más, tú lo sabes… entonces, ¿por qué te quejas?” Iltsed abre la boca para protestar, pero no le sale nada.

Punto positivo para mí.

—“Doctor… ¿de verdad no puedo quitarme el traje de otra forma?” —insiste Cyril, esta vez con un hilo muy suave de voz.

—“Claro que no.

Feriel creó todos estos mecanismos cuando se estableció el sistema Anyelica, y el consejo lo aprobó.” —“¿Eh?

No puede ser… bueno… ¿y al menos puedo cambiar la forma de mi traje?” —sus ojos brillan con esperanza.

—“Menos.

Solo la propia Anyelica puede decidir su atuendo al activar su poder.” —“Pero yo no quería ir vestido así, ¡con esta falda y todo esto!” —reclama Cyril.

—“En realidad es culpa de tu subconsciente” —interviene Iltsed, encogiéndose de hombros— “Seguramente absorbiste la idea de cómo debían ser los trajes por lo que viste de otras Anyelicas.” — “Y, bueno… al menos no es minifalda” —añado, con una media sonrisa.

Pero Cyril me mira como si ese fuera el consuelo más inútil del planeta.

—“Doctor Marius… ¿puedo trabajar para usted?

No tengo dinero para la poción…” —dice, desesperado.

—“¿Por qué necesitarías trabajar?

A las Anyelicas les pagan desde el momento en que se transforman… ah, espera… ¿Feriel tampoco te dijo eso?

¿Cuándo tiempo llevas transformado?” —“Anoche dije la frase…” —admite Cyril.

—“Perfecto” —resoplo— “Al menos todavía tienes suficiente tiempo.

Mírale lo bueno, ahora tienes poderes, aunque no los controles, aunque eso viene con responsabilidades que cumplir… y alguno que otro contratiempo de salud.

Iltsed, llévalo con el director de la Academia de Cadetes Case.

Apenas vea lo que hay debajo de ese abrigo, sabrá qué hacer.” Me levanto, tomo mis notas y me pongo a trabajar, ignorando por completo a esas dos personas.

Iltsed le hace un gesto a Cyril para que la siga, y el chico obedece como si ya no tuviera alma.

Ahora lo veo claramente: ese pobre muchacho ya está en modo “si me dicen que salte por un acantilado, salto”.

Ser Anyelica, implica mucho más que un traje bonito… y él solo acaba de descubrir la punta del aisberg.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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