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Melodía Eterna - Capítulo 116

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116: ¿Deberíamos probarlo?

116: ¿Deberíamos probarlo?

Los pensamientos de Sumire se interrumpieron al ver que, en efecto, la tortilla que estaba cocinando ya estaba lista.

Pero no fue eso lo que la sobresaltó, sino lo cerca que estaba Yuhi de repente.

—C-cierto.

—Vaya, ¿por qué estás tan distraída?

O más bien, ¿cuándo se había acercado tanto?

Esta distancia no es nada buena para el corazón.

Soltó un suspiro de alivio cuando él se alejó para coger una bebida de la nevera.

Respira hondo…
Había oído que las enfermeras que cuidaban de los pacientes del ala privada no volverían hasta el anochecer por una emergencia en otro lugar.

Cuando se enteró, vino para acá sin siquiera pensárselo dos veces.

La verdad es que le quedaba trabajo por hacer.

Pero cuando se dio cuenta de que no habría nadie más, la chica de pelo castaño no quiso dejar a Yuhi solo.

Aunque él probablemente sabe cocinar…, al fin y al cabo, le preparó gachas cuando estuvo enferma.

Sabía que, si lo dejaba solo, probablemente no comería como es debido.

Después de todo, en su habitación solo había bebidas.

No come mucho.

Sumire le dio la vuelta a la sartén y la tortilla aterrizó sobre el plato.

Colocó las demás cosas en la bandeja, se dirigió a la mesa y dispuso la comida.

Solo le faltaba coger las bebidas.

—¿También sándwiches?

—dijo Yuhi a su lado.

Esta vez, Sumire consiguió mantener la calma lo suficiente como para responder.

—Sí, nos quedamos sin arroz.

¿No te gustan?

Acabó trayendo provisiones de casa.

Yuhi se sentó frente a ella.

—No, está bien.

—Hizo una pausa—.

¿De qué son?

—A ver, este es de ensalada de huevo y este de croquetas…
—Parece que te esforzaste mucho.

Se estremeció ligeramente ante sus palabras.

«¿Lo ha descubierto?

No, no puede ser.

Mantén la calma…

Calma».

—Es que justo teníamos algunas sobras por ahí —dijo Sumire con una risa tímida.

Sí, claro, de ninguna manera iba a admitir que lo había planeado desde el principio.

Compró los ingredientes en cuanto abrió el supermercado para que estuvieran frescos.

Se había despertado antes que nadie, e incluso Atushi le preguntó por qué se había levantado tan temprano.

Uwaa, seguro que se dio cuenta.

Es muy vergonzoso hacer algo así.

Y hasta se había tomado la molestia de freír las croquetas…
Desde hacía un tiempo quería hacer algo por él.

Poder expresarle su gratitud de alguna manera.

Sabía que esta era una forma bastante sencilla de hacerlo, pero desde luego era mejor que nada.

—¿Por qué no comes?

—Oh, este… me siento llena solo con mirarlos —mintió Sumire.

Era una mentira obvia.

Desde hacía un rato se sentía un poco extraña cerca de Yuhi.

Ya sabía por qué.

Antes había mantenido la calma, pero se sentía avergonzada de que alguien la hubiera pillado así con Yuhi.

No, dejando a un lado los besos, el estado de la habitación.

Debería limpiar cada vez que salieran de esta habitación por un momento.

Si Hino lo vio, ¿qué pensarían las enfermeras que pasaron por allí?

No, no, no, contrólate.

—Arroz.

—Yuhi no la miraba mientras hablaba, tenía la vista fija en el periódico mientras comía—.

Supongo que podríamos comprar más hoy.

—¿Eh?

—parpadeó Sumire al oír esas palabras.

¿Acababa de decir «nosotros»?

—Tengo que volver al instituto a ayudar.

Yuhi se rio entre dientes al oírla.

Era casi como si supiera que intentaba evitar quedarse a solas con él.

—¿Pero en el instituto no te dejarán estar fuera mucho tiempo.

¿Cuál es la hora máxima?

—A las seis, pero…
—Entendido.

Estaré en la puerta a las seis y media —dijo Yuhi mientras se lamía la salsa de un dedo.

Ella no pudo evitar desviar la mirada.

—Deberías descansar.

—Lo haría, pero esta es una oportunidad demasiado buena.

¿Por qué iba a perderme la ocasión de tener una cita contigo?

—Pero tus piernas… —la voz de Sumire se apagó—.

Aunque el médico haya dicho eso, sigo preocupada.

De repente, Yuhi se levantó y ella observó cómo se acercaba a ella con torpeza.

Era solo una corta distancia, así que no pudo saber si afectaba a su movimiento o no.

La rodeó con sus brazos y la estrechó contra él.

Le rozó los labios contra la oreja.

—¿Lo probamos?

¿Si mis piernas están sanas o no?

Ante sus palabras, Sumire se sonrojó y le ardieron las mejillas.

Se sentía tan estúpida.

¿Por qué se alteraba por todo lo que él decía?

Normalmente, era ella quien tenía el control.

Desde que su relación con Sano fracasó estrepitosamente, Sumire se dio cuenta de una cosa sobre los chicos: a pesar de lo que dijeran, no les gustaban las chicas sumisas y débiles.

Tampoco les gustaban las que fingían ser fuertes.

Nunca antes se había quejado delante de Sano; siempre se guardaba sus problemas para sí misma.

Pero las pocas veces que se sinceró con él, le dejó claro que el problema era ella.

Hizo que todas sus preocupaciones y miedos parecieran insignificantes y pequeños en contraste con las necesidades de él.

Yuhi le besó suavemente el lóbulo de la oreja, y un suspiro de satisfacción se escapó de sus labios.

—Yuhi…
—Quiero pasar tiempo contigo, por favor, déjame hacerlo.

—Pero yo…
Él la silenció con un beso suave.

—¿No quieres estar conmigo?

Qué astuto e injusto por su parte.

Si lo decía así, ¿cómo podría ella decir otra cosa?

Sumire no dijo ni una palabra y apoyó la cabeza en su pecho, y sintió cómo Yuhi le acariciaba la espalda con las manos.

Parece que poco a poco se está obsesionando más con esta persona.

Cuando empezaron a salir, Sumire no estaba segura de si lo suyo funcionaría.

Después de todo, Terashima Yuhi era completamente diferente a todos los demás chicos.

En realidad, es el tipo de chico con el que normalmente no saldría.

Antes, su tipo eran chicos como Sano, el perfecto y típico príncipe azul.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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