Melodía Eterna - Capítulo 119
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119: Rosa Sangrienta, Parte 3 119: Rosa Sangrienta, Parte 3 Hino cierra los ojos.
—Tu forma de pensar y esa reacción no están mal.
Yuhi siempre ha tenido esa mala costumbre, incluso cuando salía con Torii, y por eso Morris se fue cabreando con él poco a poco.
Aunque al principio, apoyaba su relación lo suficiente.
Sin embargo, las acciones de Yuhi hicieron que se molestara, y le puso las manos encima a Torii.
A pesar de todo, aun así pintó ese cuadro de ella para el concurso de arte de la secundaria.
Estaba más claro que el agua que esas acciones no pretendían molestarla.
Ibuki, ¿y tú?
¿Qué has recibido de Yuhi que demuestre que te quiere?
Estoy seguro.
—Yo…
—murmuró Sumire, bajando la mirada.
Lo que ha recibido.
Hay bastantes posesiones y, sin embargo, ahora le vienen a la mente varios recuerdos.
—Escúchame, aunque no sepa mucho de relaciones.
Pero quiero que te tomes mis palabras en serio.
Sobre todo porque se trata de él.
—Hino…
—A partir de ahora, probablemente diré muchas cosas.
Y no estarás de acuerdo con algunas.
Pero esta parte es la más importante.
En el amor, creo que no se puede exponer toda la verdad.
Al final, los únicos que conocen toda la verdad son los implicados en el asunto.
Siempre.
Vosotros sois los únicos que conocéis vuestro propio corazón.
Esa es la verdad inquebrantable, diga lo que diga cualquier otra persona.
Ah, estas palabras, suenan parecidas a algo que ella dijo antes.
Una verdad y una convicción inquebrantables.
Algo que solo puedes tener si mantienes la creencia y la fe.
—Hino, ¿podría tomar prestada tu guitarra…?
—su frase quedó a medias cuando él le apretó las manos.
Sus ojos se abrieron de par en par por el contacto.
—Tengo un piano que puedes usar.
Pero eres increíble…
Su mirada se suavizó ante la amabilidad de sus palabras.
—Al fin y al cabo, sigo siendo una ídolo.
…
Dos días después – XX de abril –
Sumire decidió no molestar a Yuhi, ya que lo más probable es que estuviera en plena rehabilitación.
Pero, ¿quién habría pensado que se toparía con Yuhi?
—¿Ah?
Sus ojos se crisparon con fastidio, mientras extendía la mano y le pellizcaba las mejillas.
—¿Qué pasó con eso de estar ahí para mí?
—Eh, lo siento, pero tu rehabilitación…
Pensé que sería un estorbo.
—Mira —dijo Yuhi con un suspiro—, si no estás conmigo, lo paso mal.
Sumire parpadeó al oír su confesión.
«Yuhi tiene un lado adorable…».
Ambos encontraron unos bancos cercanos.
Ella apoyó la cabeza en su hombro.
Sus manos se entrelazaron.
Un momento de paz.
—Sabes, creo que «Dios» existe de verdad.
—¿Dios?
—Mmm, pero tengo un secreto que ni siquiera puedo contar.
Quiero un deseo…, que un deseo se haga realidad.
Quizá pueda hacerlo realidad contigo.
Pase lo que pase.
Quiero ser feliz, incluso si eso significa ir en contra del destino que otros trazaron para mí —hizo una pausa Sumire—.
Quiero ser feliz.
Nunca pensé que algo así se me pasaría por la cabeza, puesto que ya había aceptado el destino.
Se suponía que era transparente como el cristal.
El futuro y el camino solitarios que tomaría.
Pero cuando te conocí, eso cambió.
El momento en que conoció a Terashima Yuhi.
Los engranajes del destino que habían estado tomando forma comenzaron a evolucionar hacia algo diferente.
Todo el tiempo estuvo sucediendo.
Ella ya era consciente de ello y, sin embargo, decidió quedarse en ese pequeño mundo.
Si se quedaba allí con otra persona, entonces estos sentimientos no se filtrarían.
Pero, después de todo, era imposible.
—No sé nada sobre Dios ni nada de eso.
Pero esos sentimientos tuyos…
deberías habérmelos contado a mí primero.
Yo debería haber sido el primero en saberlo.
Sabes, Sumire, no le dije a nadie que estuve enamorado de ti todo este tiempo.
Incluso cuando rompí con Makino, fui bastante impreciso con todo.
—Ah, pensé que era porque eras torpe expresando tus sentimientos —comentó Sumire.
—Oye.
—¿Me equivoco?
—Esa fue parte de la razón —admitió Yuhi con un profundo suspiro—.
Pero lo que acabo de decir fue la razón principal.
Nunca se lo dije a nadie porque quería que tú fueras la primera persona en saberlo.
Que estaba enamorado de ti, y que nunca consideré a nadie más.
Sus mejillas se tiñeron de rojo.
Oh.
—Ehm…
—¿Avergonzada?
—dijo Yuhi, acariciándole las mejillas suavemente con la mano, a pesar de que ya no había nada inocente en su relación.
Más bien, a estas alturas en que se están confesando sus secretos uno por uno, la palabra «deseo» siempre ha estado ahí para ambos.
Así que, ¿podría alguien decir que había algo inocente en su relación?
La respuesta es no.
—Mmm, y un poco abrumada.
Pero a pesar de esto, él la toca y la colma de palabras de honestidad y afecto.
Ella siempre siente ese aire de inocencia.
Yuhi la atrajo hacia sus brazos, haciendo que sus ojos se abrieran de par en par.
—Sumire.
Estoy seguro de que ya te has dado cuenta de lo que pretendo hacer pronto.
—Sí.
Por eso estoy muy preocupada por ti.
Él va a hacer algo peligroso en un lugar que está muy lejos, sin ella a su lado.
Ese mismo pensamiento la asustaba.
—No puedo decirte que no te preocupes.
Pero puedo tranquilizarte.
¿Sabes lo que me diste cuando nos conocimos?
Esta vez, te protegeré hasta el final.
Incluso sin recuerdos, ese deseo estuvo ahí desde el principio.
Esos fueron los sentimientos que me diste mientras resurgían los recuerdos de mi largo y solitario pasado.
Ese fue el rayo de luz que resurgió y me mostró el camino.
Me perdí en el deseo muchas veces.
Cometí muchos errores.
Pero no pude contenerme.
Para deshacerme de esas contradicciones, te impuse muchas exigencias irrazonables, y te quité la sonrisa que irradiaba desde el fondo de tu corazón.
Sumire negó con la cabeza.
—Te equivocas, Yuhi.
Aunque no puedo decir que tus acciones no me hayan herido nunca, fuiste tú quien me devolvió la sonrisa; no me quitaste nada.
Me has dado mucho.
Yuhi sonríe con dulzura.
—Si tú lo crees, no voy a discutirlo.
Además, eres mía, ¿no?
—Sí.
—Sabes, cuando llegó el momento de dejarte ir, pensé que bastaría con poder cuidarte desde la distancia.
Pero la tú que vivió como una chica normal, la tú que se convirtió en una ídolo, se volvió una existencia aún más radiante para mí.
Cómo intentaste desesperadamente ayudar a un niño que estaba herido.
Cómo te dejaste crecer el pelo para demostrar que tu afecto por mí seguía siendo fuerte.
Amo todo eso.
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