Melodía Eterna - Capítulo 142
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142: Alcance 142: Alcance Desde aquí, puede oírlas mejor de lo que lo haría normalmente: las voces del público.
No tiene que decir nada, ni mirar nada.
Nada.
Absolutamente nada.
Ha pasado bastante tiempo desde la última vez que cantó esta canción.
Pero ¿por qué olvidaría la letra?
La letra que tanto tiempo le llevó escribir.
Su canción de debut, «superstar of tomorrow», recibió muchas reseñas.
Hay opiniones encontradas.
Algunos la vieron como una típica canción de idol.
Pero hubo quienes la analizaron.
«Una estrella cae ante mí al amanecer, eso es porque te echo de menos.
En el momento en que ya no dudo, las palabras que suelto expresan lo que pienso».
Felicidad, tristeza e ira; emociones que no conoce muy bien.
Ella no lo entendía.
Pero «él» fue quien la ayudó a comprender.
Qué hermoso es este mundo por las emociones que siente la gente.
«Tengo un sinfín de palabras que decir.
Sin darme cuenta, mis mejillas se sonrojaron…
Estoy frente a ti».
«Todas las luces se unen en un rayo.
Espero que puedas ser un poco más valiente.
Cada palabra que respondes es tan brillante y deslumbrante.
Eres como una estrella en el cielo nocturno.
Permaneciendo en el horizonte
Brillas para mí…».
…..
Dos horas después – 8:00 p.
m.
—¿Está bien que nos quedemos aquí arriba y no nos unamos a ellos?
—preguntó Sumire.
Todo el mundo parecía animado a pesar de la aburrida canción folk que sonaba en la hoguera.
—Está bien, ¿quieres ir?
—Bueno, vendrán más festivales, así que no me preocupa no disfrutar de la hoguera.
Yuhi se rio entre dientes.
—Esa es una forma positiva de ver las cosas.
—Yuhi, ganamos el primer puesto al mejor evento de hoy.
Estoy feliz, pero al final no hice nada para ayudar.
—Al final, también se había vuelto a quedar dormida después de su reunión con Soujiro.
—¿Estás segura?
Me hiciste compañía.
Sumire puso los ojos en blanco.
—¿Y eso cómo ayuda a todo el mundo?
—Gracias a ti, mantuve a las plagas a raya, y todo el mundo pensó que le di un buen servicio a una chica durante mucho tiempo.
Se siente fatal por engañar a todo el mundo, pero si contribuyó a las buenas ventas, entonces supone que está bien.
Sus pensamientos se interrumpieron cuando Yuhi, de repente, apoyó la cabeza en su regazo.
—¿Estás cansado, Yuhi?
—murmuró Sumire.
—Sí, lo estoy.
—Siento todo esto.
No paro de causarte problemas, sé que me dijiste que estaba bien hacerlo, pero—
Yuhi extendió la mano para acariciarle la cara.
—Fui feliz cuando dijiste que confiarías en mí.
—Yuhi…
—Te amo mucho, Sumire.
Si todavía no te has acostumbrado a mí, está bien.
Pero quiero que entiendas mis sentimientos por ti.
—Lo entiendo, Yuhi.
Sumire bajó el rostro y, con valentía, lo besó.
—Mmmm, bien.
Está bien.
¿Está bien, eh?
Todavía no entiende muy bien este tipo de cosas.
Pero si él está a gusto con esto, entonces a ella no le importa hacerlo así.
Sumire se arrepintió rápidamente de ese pensamiento al darse cuenta de lo apasionado que se estaba volviendo el beso.
Uh, parece que lo ha subestimado.
Pensaba que Yuhi se contendría al besarla, ya que todavía estaban en el recinto escolar.
Pero parece que a este tonto no le importa ni la hora ni el lugar.
—Yuhi-san, me duele el cuello…
Él rompió el beso y se reincorporó.
La empujó contra la barandilla y se inclinó.
—¿Quieres continuar?
¿O deberíamos parar ya?
—C-continuar.
Yuhi le besó suavemente la frente.
—Dime cuándo parar.
Le ahuecó las mejillas y le mordisqueó lentamente el labio inferior.
Sumire consiguió abrir la boca, y él deslizó su lengua dentro de inmediato.
No tardó mucho en que Yuhi explorara su boca de nuevo.
La forma en que la besaba la dejó sintiéndose extraña y aturdida.
Sentía calor por todas partes, con el rostro sonrojado.
¿Cómo es que Yuhi-san puede besar así?
¿No es un estudiante de instituto?
Sintió la mano de él en sus muslos y lo detuvo.
—P-para.
Yuhi se apartó y se pasó las manos por el pelo.
—Maldición… Como pensaba, solo tú puedes ponerme así.
—Uh, claro.
Eso estuvo cerca, ¿qué demonios iba a hacer?
Necesita ser más consciente de sí misma.
—Sabes que he estado con muchas chicas, Sumire.
No te mentiré sobre eso.
Pero ninguna de ellas me ha hecho sentir así.
—¿Sentir?
Yuhi le agarró la mano y la llevó hacia su pecho.
—Sí.
—Yuhi…
Se inclinó y le besó la frente.
—Estás tan roja ahora mismo.
Supongo que puedo parar.
—Se apartó de ella—.
¿Te importa si fumo?
Normalmente le importaría.
Pero todavía se sentía un poco aturdida después de ese beso apasionado.
Asintió lentamente con la cabeza y observó cómo él sacaba un cigarrillo y un mechero.
«Yuhi-san no actúa como un estudiante de instituto normal.
¿Cómo entró en la discoteca tan fácilmente?
¿Un carné falso?
¿Cómo consiguió los medios para hacerse uno…?».
Ah, es la misma escena de antes.
Cada vez que él está pensando en algo, a ella le parece deslumbrante.
La escena perfecta para pintar.
Si pudiera capturar este momento a través de una lente y luego pintarlo.
«¿Qué colores usaría?».
¿Cuál es el mejor color para representar esta escena ahora mismo?
—Tu canto es mejor que antes.
Sumire parpadeó.
—Supongo.
—¿No estás satisfecha?
—Me siento abrumada.
No he cantado así en mucho tiempo, así que no sabría decir si lo hice bien o no.
Lo único que sabía era que, en ese momento, sintió un torrente de emociones diferentes.
—Ya veo.
—… Oye, Yuhi-san, ¿podría acercarme más?
Yuhi asintió.
—Sí.
A pesar de sus respuestas monosilábicas, Sumire vio la forma en que la miraba.
Si la mira así, ¿cómo se supone que va a mantenerse alejada de él?
Sumire se colocó torpemente en su regazo y Yuhi se rio entre dientes.
—Para estar alguien tan roja, a veces haces estas cosas tan valientes.
Sumire suspiró.
—Estoy cansada, eso es todo.
—Ya veo, ¿estás cómoda en mis brazos?
—Sí.
Yuhi parpadeó y, de repente, le dio un golpecito en la frente.
—Sabes, ya que estamos con este tema, déjame decirte algo.
Ahora que sé que no lo haces a propósito, déjame decirte algo.
Sumire rio suavemente.
—Espera, creo que lo entiendo, y lo siento.
Pero no te rías, ¿vale?
—Su voz se fue apagando—.
Cuando estoy cerca de ti, me siento muy cómoda.
Todas las preocupaciones y miedos que tengo se desvanecen.
Aunque solo sea por unos minutos.
Encuentro paz, por eso… —Su frase quedó inconclusa cuando él le rozó los labios con los dedos.
—Yuhi-san…
—Sí, lo pillo.
Por mí está bien.
Me imaginaba que era algo así.
Pero acabo poniéndome tenso cada vez que te acercas a mí…
Maldición, estoy más nervioso de lo que pensaba.
—Yuhi desvió la mirada.
Sumire lo miró extrañada.
¿Por qué está avergonzado?
Esta vez, ella no hizo nada para provocarlo.
Pero su mirada se posó en Yuhi.
Un intenso tono rojo tiñó sus mejillas; no, toda su cara.
Tun, tun.
Sintió cómo los latidos de su corazón se aceleraban.
Parece que esta persona sigue venciéndola.
No tiene ni idea, ¿verdad?
Del efecto que tiene en ella.
Sumire le acarició las mejillas.
—Yuhi-san, quiero hacerte algo malo.
—… hazlo.
Rozó sus labios con los de él y lo besó.
Los sonidos de los fuegos artificiales y las risas de sus compañeros en la hoguera captaron su atención.
Pero solo brevemente, pues sintió la mano de él alrededor de su cintura, atrayéndola más cerca.
No le dirá cómo se le acelera el corazón y le duele el pecho cada vez que están juntos.
Cada vez que la abraza así, siente ganas de llorar por la abrumadora felicidad.
De ahora en adelante, ¿cómo será su futuro?
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