Melodía Eterna - Capítulo 159
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159: La verdad es 159: La verdad es Ante ese comentario, Yuhi frunció el ceño y Sumire lo entendió de inmediato.
Iba a sermonearla por menospreciarse de nuevo.
Para su sorpresa, él no dijo nada y continuó acariciándole el rostro.
Se mordió el labio.
Preferiría que la sermoneara ahora mismo a que la tratara tan bien.
Yuhi es muy bueno con ella, pero ¿cuánto duraría eso?
¿Cuánto tiempo más le quedaba hasta que él también se fuera?
Por muy bueno que fuera con ella, Sumire comprendía que él también la abandonaría.
¿Por qué se molestaría en quedarse con alguien tan rota como ella?
Yuhi-san es una persona amable y la comprende.
La comprende porque pasó por el mismo dolor que ella.
Pero las cosas eran diferentes ahora; él le había dado un giro a su estilo de vida.
Todo había cambiado a mejor para él.
Cuando Yuhi se diera cuenta de la gran carga que era, Sumire sabía que él también la abandonaría.
Pero hasta que llegara ese día, saborearía su amabilidad.
—Sabes, cuando estábamos separados, sentía que me volvía loco cada día que no te veía.
A veces encontraba cosas que te gustaban, como esos caramelos de sorbete, y las acaparaba todas para mí.
Los otros chicos siempre se quejaban, sabían que no me gustaban las cosas dulces.
Nunca me comí esos dulces, pero los guardaba de todos modos —rio Yuhi—.
Tampoco ayudaba la de veces que alucinaba que estabas justo delante de mí.
Sumire se inclinó hacia delante y lo besó suavemente.
—Yuhi-san, por favor, deja de confesarte así.
Vas a hacer que me sienta mal —su voz se apagó—.
La verdad es que quise ir a tu lado hace mucho tiempo.
Pero todavía tenía muchas inseguridades y preocupaciones.
Tenía miedo de causarte más problemas en lugar de ayudar.
Parecía estúpido hablar de estas cosas ahora, pero daba la impresión de que Yuhi quería hablar del pasado.
Ella observó cómo se acentuaba el ceño fruncido de él.
Parecía que había algo más de lo que estaba diciendo en ese momento.
Sumire, sin embargo, sabía que era mejor no indagar.
No es bueno presionar a alguien de esa manera con respecto a sus emociones.
Los humanos pueden ser criaturas tan crueles.
Criaturas tan crueles.
Para ellos es fácil herir a los demás, con o sin intención.
Solo porque no tuvieran la intención de herir a la otra persona, ¿significa que se les puede perdonar?
De hecho, las personas más crueles son esas, las que no tienen la intención de herir pero acaban haciéndolo repetidamente.
Personas que no se ven a sí mismas como las equivocadas ni intentan verlo desde otra perspectiva.
A sus ojos, los que se equivocan no son ellos.
—Yuhi-san, ¿estoy actuando de forma extraña?
Yuhi negó con la cabeza.
—No, pero ¿puedo hacer esa cosa mala?
Su mirada se suavizó al oír sus palabras.
—De acuerdo.
Si había una forma de llenar ese agujero en su corazón, la aceptaría cualquier día.
…
Ese momento fue muy dulce, pero a Sumire le tembló un párpado, molesta, mientras apartaba la mano de él.
Caminó unos pasos por delante y dijo, enfadada: —¡Te dije que no dejaras marca!
Yuhi se frotó la cabeza con aire avergonzado.
—Bueno, es que eres demasiado guapa.
¿Acaso pensaba que ese tipo de excusa funcionaría?
Sus pensamientos se interrumpieron cuando él la abrazó por la espalda.
—Venga, no te enfurruñes tanto.
Entiendo que te dé vergüenza, pero todo el mundo sabe que somos pareja.
No somos niños, estas cosas son normales.
—Yuhi…
Él le dio la vuelta y la besó en los labios.
—Ves a gente liándose por el campus todo el tiempo.
No te pongas nerviosa ni entres en pánico.
Respira hondo y cálmate.
¿De verdad era normal?
Sumire aún no estaba segura, pero sabía que sería una estupidez por su parte enfurruñarse así.
—Sí, es norm…
—Normal, dice.
El profesor no piensa lo mismo —dijo una voz familiar.
Sumire levantó la vista y vio a Shin acercándose.
—Ah…
—se detuvo antes de pronunciar las siguientes palabras—.
¿Podría hablar contigo un momento?
Yuhi suspiró profundamente y le besó las mejillas.
—De acuerdo, los dejaré a solas un rato, entonces.
Avísame cuando termines.
Sumire asintió y observó cómo Yuhi se alejaba.
Se giró hacia Shin y él se apoyó contra la pared.
—Ya sé lo que quieres preguntar.
—No quiero que Yuhi-san se involucre.
¿Por qué le diste tantas pistas?
Shin suspiró.
—No seas tonta.
Es más listo que nosotros dos.
¿Crees que podríamos ocultárselo durante mucho tiempo?
—Lo sé…, no podemos, pero…
—Sumire recordó lo que él le había preguntado antes—.
¿No es peligroso para él?
Ya no está involucrado en la sociedad del inframundo.
Si esa gente se da cuenta de que Yuhi también está ayudando, ¿no irán a por él?
—En efecto, pero esto es lo que él eligió.
—¿No hay nada que puedas hacer?
Parece que a ti te escucha.
Shin negó con la cabeza.
—Eso debería preguntártelo yo a ti.
—No me hará caso en esto —Sumire recordó la expresión de él de antes—.
¿Crees que Yuhi-san también es como Ru?
¿Que tiene una habilidad especial y por eso quiere involucrarse?
—¿Qué te hace decir eso?
—Dicen que quienes tienen poder suelen tener un sentido de la justicia más fuerte.
—Bueno, no puedo discutir eso.
Es porque quienes tienen poder se dan cuenta de que tienen el deber de ayudar a los necesitados.
—Es un pecado no ayudar cuando se tiene poder, ¿verdad?
Shin asintió.
—Estoy de acuerdo.
No creo que debas preocuparte demasiado, nada debería surtir efecto tan pronto.
Pero incluso si algo pasara, Yuhi es una figura pública; no lo atacarán tan fácilmente.
—Entonces, ¿a mí sí pueden atacarme?
—No, por eso voy a protegerte yo.
Ella parpadeó una vez, y luego otra.
—¿Tú me protegerás, Shin?
—¿Hay algún problema?
No era un problema.
Pero, ¿eh?
Se llevó la mano al corazón.
¿Por qué sentía como si algo así ya hubiera pasado antes?
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