Melodía Eterna - Capítulo 165
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165: Criaturas crueles 165: Criaturas crueles —Yuhi-san, no te rías de mí.
Yuhi se rio entre dientes.
—Es que me pareces adorable cuando lloras.
—Le dio unas palmaditas en la espalda—.
¿Estás bien?
Sumire suspiró profundamente.
—He vuelto a leer noticias inquietantes en internet.
Sé que los rumores son solo rumores, pero ¿por qué la gente no me deja en paz?
¿Rumores?
Yuhi frunció el ceño.
—Haré que Hino se encargue de eso, no te preocupes por nada.
Tú solo céntrate en tu regreso.
—Bueno, de acuerdo.
—Sacó unos documentos del bolso y se puso a leer.
Yuhi la observó en silencio durante unos minutos.
—¿Hay algo más de lo que quieras hablarme?
—¿Algo más?
—dijo Sumire con voz ausente—.
En realidad, sí.
Si quiero besarte, ¿puedo hacerlo o tengo que crear el ambiente adecuado, verdad?
«¿De qué está hablando ahora?».
Desde ayer, sentía que le estaba tomando más el pelo.
Pero si quería besarlo, ¿por qué se iba a quejar?
A él también le gustaba besar.
Yuhi la rodeó con sus brazos y la empujó hacia abajo hasta que quedó tumbada en la azotea.
Por un momento, se limitó a mirarla.
Hoy había algo en ella que la hacía más bonita.
—¿Te has maquillado?
—se percató Yuhi por fin.
Había pensado que había algo extraño.
Sus labios parecían más carnosos de lo normal.
—Sí, ¿te gusta?
Se la veía más guapa, pero él prefería su aspecto natural.
Yuhi acercó los labios a su oreja y se lo dijo.
Sumire rio suavemente y él apartó la mirada.
—Bueno, pues eso…
así que…
Yuhi presionó sus pulgares sobre los labios de ella.
—Besémonos.
Durante los siguientes minutos, no hicieron otra cosa que besarse o, más bien, liarse apasionadamente.
Yuhi no se dio cuenta de lo apasionado que se había vuelto todo hasta que escuchó un hermoso sonido a través de sus labios.
Parecía que, al final, no sería capaz de contenerse.
Sumire era hermosa…
y cada día que pasaba se ponía más guapa.
Recordó aquella seria conversación que habían tenido y suspiró profundamente.
«¿En qué estaba pensando, haciéndose el caballero?».
Ya la había tocado dos veces, ¿no era demasiado tarde para decir palabras tan rimbombantes?
Aun así, Yuhi comprendió que no sería capaz de hacerlo.
Lo que Sumire necesitaba ahora mismo era alguien que pudiera sanarla.
Alguien que pudiera ayudar a aliviar sus cicatrices mentales y su dolor.
Él no era mejor que ella y, a veces, era emocionalmente débil.
Un murmullo de aprobación escapó de sus labios cuando sintió las manos de ella recorrerle el pecho.
Finalmente, ella separó sus labios de los de él.
—¿Yuhi-san, y la clase?
—Solo ha sido el primer timbre.
—La besó detrás de la oreja.
—Mmm, tampoco creo que estemos tan lejos del aula.
Yuhi se rio entre dientes.
Parece que no era el único que quería saltarse la clase.
Yuhi le besó la frente con delicadeza y le tomó las manos.
—¿Un poco más?
Dime si es demasiado.
La mirada de ella se suavizó.
—De acuerdo.
…
—Oye, Sumire.
—Sí…
—Yuhi se inclinó y le besó las mejillas—.
Yuhi…
—Si cambias de opinión, dímelo —masculló—.
Sé que dije todas esas cosas para hacerme el interesante, pero quiero tenerte.
Lo digo en serio.
Ante ese comentario, una sonrisa dolida apareció en su rostro.
—Claro, mmm.
Me aseguraré de decírtelo.
Deberíamos ir a clase ya.
Llegamos tarde, pero tengo una buena excusa.
—¿Excusa?
—Mmm.
El profesor Nakara me dio este pase.
Dijo que podía usarlo siempre que tuviéramos pistas en la investigación que requirieran que saliera.
Sudó frío.
—¿Así que lo estás utilizando?
Sumire se rio.
—Bueno, fue él quien se ofreció, y no quiero que te metas en problemas, Yuhi-san.
—Mmm, ya veo —dijo Yuhi con voz ausente y le dio las gracias besándola de nuevo en los labios.
Se sentía mal por Shin, pero un rival menos era bueno para él.
Los dos salieron de la escalera y finalmente llegaron al pasillo.
Se preguntó qué estaría pasando por la cabeza de ella en ese momento.
—¡Ah!
¿Eso es un piano?
Yuhi miró en la dirección que ella señalaba y vio una habitación entreabierta.
Era uno de los antiguos almacenes; en efecto, pudo ver un piano en una esquina.
Era un viejo piano vertical, pero un piano al fin y al cabo.
Qué extraño, no lo había visto aquí antes.
Pero, por otro lado, era imposible conocer todas las habitaciones de la escuela.
—¿Quieres que sigamos haciendo pellas?
Sumire se rio.
—Si a ti te parece bien, Yuhi-san.
Yuhi asintió.
Era una pregunta estúpida; por supuesto que le parecía bien saltarse las clases.
No era como si asistir a clase fuera a ayudarle en algo.
Además, hoy quería pasar un poco más de tiempo con ella.
Los dos entraron en la habitación y Yuhi cerró la puerta.
Observó cómo Sumire se acercaba al piano.
—¿Se puede usar?
—Mmm, es viejo, pero está bien cuidado.
¿Un piano bien cuidado en el edificio de arte?
Eso sí que era extraño.
Más tarde debería hablar de esto con el presidente.
—Oye, Yuhi-san, ¿crees que soy cruel?
—¿Cruel?
Sumire asintió.
—Sí, cruel.
Verás, no puedo perdonar cuando alguien me hace daño deliberadamente.
Acabo teniendo pensamientos retorcidos.
Quiero ver a esa gente derrumbarse.
Quiero que sufran lo mismo.
Pero esos pensamientos son demasiado crueles.
Muchas cosas en este mundo ocurren sin querer.
Que una persona te cause dolor no significa que todas las demás vayan a hacer lo mismo.
Pero no puedo perdonar, no puedo.
Yuhi pudo percibir la amargura en su tono.
Después de esto, debería echar un vistazo a esos nuevos rumores en la red.
Por muy fuerte que fuera, las palabras pueden ser un arma de doble filo.
Pueden herir y destrozar a alguien.
¿Qué habría leído?
Tocó ligeramente las teclas del piano, sin llegar a tocar una melodía.
—Creo que los humanos son criaturas crueles.
No importa lo amable que sea una persona en la superficie, al fin y al cabo, hay un monstruo en su interior.
Este monstruo surgirá cuando su mundo normal se ponga patas arriba.
Cuando las cosas que conocen ya no sean las mismas.
Si la sociedad evoluciona y surgen humanos evolucionados con poderes sobrenaturales, ¿qué pasará con la gente normal?
¿Lo aceptarán?
—Sumire suspiró—.
Es obvio lo que ocurrirá.
Un motín, una masacre…
la humanidad, tal y como la conocemos, estará al borde del colapso.
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