Melodía Eterna - Capítulo 169
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169: ¿2 Reinas?
169: ¿2 Reinas?
Ante ese comentario, notó que una extraña expresión apareció en el rostro de Shin.
—Una de las nuevas versiones del cuento dice que existe una Reina blanca y una negra.
Hay dos países de las maravillas, un mundo que es negro y otro que es blanco.
—¿Dos Reinas?
—O tal vez es solo una Reina.
Después de todo, sin oscuridad no hay luz, y viceversa.
Los seguidores están divididos porque creen que hay dos Reinas.
Pero me pregunto cómo reaccionarían si se dieran cuenta de que la Reina que buscan es una sola persona.
Todas sus luchas…
—Sumire cerró los ojos brevemente—.
…
y todo su dolor.
¿Fue todo para nada?
Shin desvió la mirada y luego suspiró.
—Siento que sabes más de lo que aparentas.
—Bueno, tuve mucho tiempo.
No trabajé ni fui a la escuela después del accidente.
—Así que tú…
—Tengo una idea vaga.
Sigo pensando que esto de los poderes sobrenaturales es extraño.
Pero no es que no sepa nada.
Además, esa persona también era un usuario de habilidades.
Shin se frotó la nuca.
—Así que básicamente lo delató.
Entonces, supongo que eso facilita las cosas.
Su mirada se desvió hacia las bolsas en las manos de ella.
—Déjame eso.
—¿Eh?
Ah, no, estoy bien.
Estoy sana, así que soy lo bastante fuerte.
Al ver su expresión inquebrantable, ella levantó un lado.
—La mitad.
Shin asintió en señal de comprensión y se colgó su propia bolsa del hombro con la mano libre, mientras ambos sujetaban la otra bolsa y salían del aparcamiento de la tienda.
Cuando la chica de pelo castaño miró hacia arriba, algo llamó su atención.
Oh, eso es…
«Una señal de que se acerca una aurora».
¿Una aurora, eh?
Ahora que lo pienso, ella y Shin ya habían hablado de esto antes.
«Dicen que puedes ver la aurora en el cielo cuando estás con la persona que más amas».
En aquel entonces, dijo esas palabras por impulso.
Pero en ese momento, Shin miró fijamente al cielo, como si estuviera sorprendido.
Le dijo que no veía nada entonces; sin embargo, tal vez sí la vio.
Las luces de colores del arcoíris son como estrellas titilando en la oscuridad.
El tren, cuyo destino es desconocido, parece cruzar bajo el cielo nocturno.
Sí, le recuerda a esa historia.
El tren que se dirige a los cielos, lleva a Givonnai y a Campanella a la Vía Láctea, y al final les espera una partida que entristece los corazones de la gente.
Tras unos minutos de caminar en silencio, Shin habló.
—Sumire.
—¿Qué pasa?
—Tú…
deberías empezar a usar una bufanda.
Esos chupetones están a la vista.
Chupet…
tardó un momento en darse cuenta de a qué se refería.
Sintió que sus mejillas se ponían al rojo vivo, avergonzada por las palabras de Shin.
Sumire metió la mano en su bolso y rebuscó dentro.
Pronto encontró una tela negra.
Oh, esto es…
Su mirada se suavizó.
Ese tonto, si estaba despierto, debería haberlo dicho.
Aunque, parece que últimamente se está esforzando por ser dulce con ella.
Debería hacer algo por él.
—Oye, ¿esa no es de Yuhi?
—Agg.
¿Cómo demonios sabes eso?
—¿Será porque la lleva siempre puesta?
Un profundo suspiro escapó de sus labios cuando escuchó esas palabras.
—Bueno, si tu relación sigue yendo bien a pesar de tu compromiso con Makoto, entonces supongo que no tenía por qué preocuparme.
—Es un compromiso «falso».
Así que, obviamente, no pasaría nada.
Además, Soujiro ya lo ha aceptado: al fin y al cabo, a quien elegiré es a Yuhi.
—Suenas muy segura de ti misma.
Pero ¿qué harías si Yuhi te engañara con otra belleza de pechos grandes?
—Sumire le pisa el pie entonces, haciendo que él dé un quejido—.
¡Ay, solo estaba bromeando!
Siempre eres tan seria.
—No me gustan las bromas que insultan mi relación con Yuhi.
Además, ¿por qué llamas a esa mujer «belleza de pechos grandes» ahora?
La última vez dijiste que era sosa.
Shin asintió.
—Sí, es sosa en comparación contigo.
Pero a ojos de la mayoría de la gente se la puede considerar una belleza, y bueno, su figura no está nada mal.
—Me dan ganas de pegarte.
—Bueno, en cualquier caso, si tu relación va bien, entonces todo está bien.
Al oír su tono, Sumire decidió simplemente decirlo.
—Shin, dime…, ¿aún te gusto?
Shin se detiene en seco.
—¿Me vas a preguntar eso?
No tienes ningún tacto, ¿verdad?
—No quiero oírlo de ti.
—Qué personalidad tan podrida.
En serio, es un milagro que seas tan popular con los chicos.
—No es como si alguna vez hubiera pedido ser popular.
Si fuera posible, me habría gustado no serlo.
De esa manera, mucha gente no habría salido herida.
Shin se acercó y le dio un papirotazo en la frente.
—Tontaaaa.
Eso es como pedirte que dejes de ser tú misma.
—¡Si intentas consolarme, no tienes por qué pegarme!
—exclamó ella.
—Como diría esa gente, ¿por qué tengo que molestarme en consolarte?
Pero sí, es como acabo de decir.
Al decir que quieres dejar de ser popular, es como si te despojaran de tu personalidad.
Estoy seguro de que todos esos tíos han dicho frases sensibleras como: «la razón por la que me enamoré de ti fue por tu música» y cosas así.
Pero si lees entre líneas, lo que están diciendo es que la razón por la que se enamoraron de ti fue por tu personalidad.
Oh…
Shin la miró y suspiró.
—¿Nunca te diste cuenta?
—Más bien, cuando me di cuenta de que le gustaba a todos, le consulté a Siena y ella me plantó delante todos sus juegos otome, y nos dimos un maratón de siete días buscando el porqué.
Nase Siena era una de sus amigas más queridas.
Alguien en quien podía confiar en sus peores momentos.
Ahora mismo la chica está en el extranjero, «viendo mundo».
El rostro de Shin palideció.
—¿Oye, oye, cómo te ayuda consultar juegos a encontrar la respuesta?
—Eh, pero en ese momento, parecía la forma más lógica.
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