Melodía Eterna - Capítulo 229
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229: Cosas locas 229: Cosas locas Ella hundió el rostro en sus brazos y Yuhi rio entre dientes.
—Si me abrazas demasiado, me vas a succionar el alma.
—Cállate, abrazarte tiene un efecto curativo.
Sumire de verdad se sentía curada cada vez que lo abrazaba.
—Esto está bien y todo, pero más tarde deberíamos ponernos más cariñosos.
—Tú fuiste el que me apartó antes.
—Mi amor, ¿te das cuenta de que estamos en la escuela?
Ella puso los ojos en blanco ante ese comentario.
¿Ahora sale con eso?
¿Quién es el que prácticamente la acosa a besos antes de ir a clase?
Yuhi suspiró.
—Sabes que normalmente no me importaría, pero últimamente te pasas.
—¿Ah, sí?
—repitió Sumire con inocencia.
Él extendió la mano y le dio un golpecito en la frente.
—Sí, lo haces.
Deja de provocarme tanto cuando sabes lo peligroso que soy.
¿Peligroso?
Yuhi siempre le advierte que es una mala persona, pero ella no lo ve de esa forma.
Si Yuhi es una mala persona, ¿entonces en qué la convierte eso a ella?
Sus pensamientos se interrumpieron cuando él le rodeó la cintura con los brazos y tiró de ella para sentarla en su regazo.
—Está bien, me rindo, haz lo que quieras.
Sumire se le quedó mirando y le sujetó el rostro con las manos.
—¿Te has vuelto más guapo?
Yuhi rio entre dientes.
—Si me pusiera demasiado guapo, mi querida se enfurecería y se pondría celosísima.
—Esa persona suena poco razonable.
—Recorrió con el dedo los botones del cuello de su camisa—.
Yuhi…
—Mmm, ¿qué?
—Pronto estaré muy ocupada… A diferencia de ti, no sé cómo gestionar mi tiempo y nuestra relación.
Pero no quiero que pienses que te estoy evitando.
—Lo entiendo, esposa.
Por eso he cambiado mi horario para que, casualmente, coincida con el tuyo.
Sumire parpadeó y se rio al oír esas palabras.
—¿Estás seguro de que quieres aceptar menos trabajos por mí?
—bromeó, pero estaba muy contenta.
Se inclinó hacia él y no paró de besarle las mejillas y los labios.
—Mmmmmmm, Sumire.
Deja de atacarme.
Ella hizo un puchero infantil.
—¿Por qué?
—Porque haces que quiera atacarte yo a ti.
—Entonces, ataca.
—Sumire no entendía por qué dudaba tanto—.
Yuhi, te amo…
—Mmm, yo también, Sumire.
Últimamente no lo dice…
No se habrá buscado a otra mujer, ¿verdad?
Sumire negó con la cabeza.
«Soy tan mona y tan adorable.
¿Por qué iba a buscarse a otra?».
Yuhi rio entre dientes.
—¿Qué pasa?
—Te has olvidado de decirlo.
Él le ahuecó las mejillas.
—Quiero guardármelo para ocasiones especiales.
—Pero me gusta oírlo.
—No es que haya dejado de hacerlo.
Es solo que tú no te das cuenta.
¿De verdad era así?
Ya no entendía su propio corazón.
…
Cuatro días después – 8:00 a.
m.
– Residencia Nagawa
La gente hace locuras para escapar del dolor y el sufrimiento; hacen locuras aunque vayan a herir a la única persona a la que le importan.
Pero por mucho que deseara escapar de este dolor, había una línea que no cruzaría.
Nunca más se permitiría caer tan bajo.
Sumire respiró hondo y extendió la mano hacia la persona que se cernía sobre ella.
Lo apartó de un empujón y Sano pareció sorprendido.
—¿Me estás rechazando ahora?
No respondió a esas palabras y desvió la mirada.
—Déjame en paz de una vez.
Da miedo estar sola.
Pero si se queda con esta persona, acabará haciendo una estupidez.
Si hubiera sido en el pasado, lo habría hecho sin dudar.
Pero la situación ha cambiado, a diferencia de entonces.
El rostro de Yuhi siempre le viene a la mente, el dolor en su mirada y en su tono cuando le contó la historia de cómo su novia y su mejor amigo lo traicionaron.
No puede hacerle eso.
Duele y se siente asfixiada, quiere que todo desaparezca.
Quiere que pare.
Sin embargo, no usará este método para sobrellevarlo.
Sano se apartó de repente, sorprendiéndola.
Sumire observó cómo se alejaba de la cama y se apoyaba en la pared junto a la ventana.
Sacó un cigarrillo del bolsillo.
—¿Pensaste en Terashima?
—…
—Sabes, sigues siendo fácil de leer.
Sumire se subió la manta hasta el regazo y se abrazó las rodillas.
—Cállate.
Para empezar, ¿por qué había venido aquí?
¿Qué le había pasado por la cabeza para venir a casa de Sano, de entre todos los sitios posibles?
Debería haber ido a ver a otra persona.
Pero Tokio todavía le resultaba un lugar desconocido.
Aunque había hecho amigos aquí, ninguno de ellos conocía su situación.
No saben lo rota y destrozada que está.
Venir a casa de Sano fue un riesgo, pero al menos está con alguien que lo sabe.
—¿Te encuentras mal?
Asintió lentamente y musitó.
—Yuhi…
—En el trabajo.
Por eso viniste a mí.
—…
Si lo sabías, ¿por qué no me dijiste simplemente que me fuera?
—Bueno, pensé en probar suerte.
Sumire se rio con incomodidad ante esa afirmación.
—¿Es eso todo lo que quieres de mí, después de todo?
—Hino lo sabe, no tenías por qué venir aquí.
—Ya le causo muchos problemas.
Además, sé que está trabajando duro en algo por el bien de Yuhi.
Así que no quería molestarlo demasiado.
—¿La verdadera razón?
—Hino…
él no sabe qué hacer cuando estoy así.
Intenta comprenderlo, pero no puede hacer nada.
Hino es un buen chico, es muy considerado con ella, pero eso no es suficiente.
—Oye, Sano —musitó Sumire—.
¿Puedo preguntarte algo?
—Depende.
¿Vas a volver a criticarme?
—Quién sabe.
—Sabes, no es que te odie de verdad.
Solo estaba dolida.
Cuando me calmé, me di cuenta de que lo nuestro no estaba destinado a ser.
—Hizo una pausa—.
No, me di cuenta de que nunca consideraste nuestra relación como algo serio.
La verdad es que ninguno de los dos estaba preparado para una relación.
—¿Alguna vez consideraste que podríamos tener un futuro juntos?
¿Que yo sería la que estaría a tu lado en todos los momentos dolorosos y difíciles?
Puede que la critique de nuevo.
Puede que intente volver a tergiversar sus palabras.
Sin embargo, esta es la única ocasión que tiene para decirlo.
—Sí, lo hice.
Sumire parpadeó al oír su respuesta.
Antes de que pudiera responder, sintió el crujido de la cama.
Sano le agarró la muñeca.
—¿Me crees?
Pero…
¿qué?
Sumire todavía no podía creer que hubiera dicho eso.
¿No admitió haberla utilizado cuando rompieron?
¿No dijo que no era en serio y que al final la habría desechado?
La gente siempre elogiaba su memoria; era más fuerte que la de la mayoría.
—No mientas.
—¿Acaso miento?
Debía de estar mintiendo y, sin embargo, por alguna razón Sumire evitó su mirada.
Si lo miraba a los ojos ahora mismo y veía algo diferente…
Si veía sinceridad, entonces sería aún más difícil para ella.
Sus pensamientos se interrumpieron cuando Sano le puso de repente la mano en la frente.
—Te ha vuelto a subir la fiebre…
¿Puedes tumbarte?
De alguna manera, asintió y se tumbó en la cama.
Sano ajustó ligeramente las almohadas antes de volver a apartarse.
—¿Te duele la cabeza?
—Un poco.
«Esto es muy extraño.
¿Por qué esta persona es de repente tan atenta?».
Debe de estar engañándola de nuevo.
Todo esto es una mentira, no volverá a caer.
—Sano…
—¿Sí?
—¿Por qué eres tan amable conmigo últimamente?
No hacía mucho, todavía se estaba portando como un idiota.
¿Cómo es que su comportamiento…?
Sus pensamientos se interrumpieron cuando sintió su mirada penetrante sobre ella.
Sumire desvió inmediatamente los ojos y luego oyó un fuerte suspiro.
—Te quejas cuando me porto como un idiota, te quejas cuando te hago regalos y ahora que estoy reflexionando sobre mi comportamiento y me porto bien, tampoco te gusta.
¿Eh?
¿Reflexionando sobre su comportamiento?
—Hablo de cuando te acosé mientras Terashima estaba en el hospital —mencionó Sano de repente.
Parecía incómodo—.
En un principio, no tenía intención alguna de acercarme a ti.
Me conformaba solo con mirar.
Pero eres muy descuidada.
Sumire parpadeó.
¿No iba a disculparse?
¿Por qué de repente la estaba culpando?
No entiende a este hombre en absoluto.
Sin embargo, antes de que pudiera replicar, él sacó de repente el móvil.
Sumire echó un vistazo a la pantalla y vio varias fotografías de distintas personas que trabajaban en su escuela.
Se dio cuenta de que ella siempre salía en la foto.
Tembló ligeramente al darse cuenta del porqué.
Esas personas la estaban vigilando, esperaban a que estuviera sola.
Ahora que lo pensaba, Sano solo se le acercaba cuando había mucha gente.
Nunca intentó acercarse a ella cuando no había nadie.
—Intentaba hacer notar mi presencia para que te dejaran en paz.
—Tu método fue el equivocado —musitó Sumire.
Aunque su intención fuera protegerla, la forma en que la trató como si fuera de su propiedad fue demasiado.
Antes de que pudiera volver a hablar, él le sujetó la barbilla para que lo mirara.
—¿Sabes por qué hasta ahora no te he hecho nada?
¿A qué se refiere con que no ha hecho nada?
¿Acaso no la ha besado ya varias veces?
—¿Porque intentabas descifrarme?
—Correcto, al igual que tú me pones a prueba, yo también te estoy poniendo a prueba.
Eres diferente a como eras antes.
Ya no escuchas obedientemente lo que digo y siempre tienes la guardia alta.
Eres tan precavida con la gente que, cada vez que alguien se te acerca, te estremeces.
Mmm, parece que la ha estado observando de cerca.
¿Que ya no es obediente?
En aquel entonces, solo hacía lo que él decía porque no tenía nada que perder.
No le importaba su orgullo, ni siquiera ella misma.
Todo carecía de sentido para ella.
Con el paso de los años, poco a poco fue tomando más conciencia de su entorno y empezó a tener miedo.
El mundo es un lugar aterrador.
La gente puede apuñalarte por la espalda sin pestañear.
Las personas que han estado a tu lado durante más tiempo pueden hacerte daño sin pensárselo dos veces.
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