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Melodía Eterna - Capítulo 26

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26: Todo ha cambiado 26: Todo ha cambiado Calles Principales de Tokio – 4:45 p.

m.

Yuhi le echó un vistazo a la chica con la que caminaba.

Los días parecían pasar muy rápido desde que ella había aparecido de nuevo en su vida.

Antes de que llegara, cada día era muy lento y parecía alargarse eternamente.

¿Pero ahora?

Ahora todo había cambiado.

—¿Yuhi?

¿Por qué me estás mirando?

—cuestionó Sumire.

—Dame un poco —dijo, señalando el helado que tenía en las manos.

Sumire se rio.

—Vale.

—Miró el cono y a él durante unos instantes antes de extendérselo.

Yuhi se agachó y comió un poco.

Estaba claro que Sumire no se lo esperaba, ya que vio cómo se le sonrojaban las mejillas.

—Uh….

Sus labios se curvaron en una sonrisa.

—¿Pasa algo?

—N-no.

¿Que no, eh?

Pero se está sonrojando.

Desde luego, ese intenso color rojo le llamó la atención.

Ahora mismo, Sumire solo ama a Tsueno Mamoru.

Pero antes de conocer a Mamoru, Yuhi estaba seguro de que Sumire estaba enamorada de él.

Aunque, por otro lado, podría estarle dando demasiadas vueltas.

Sumire nunca le dijo esas palabras, e incluso lo había rechazado antes.

Sin embargo, solo fue porque apareció Tsueno.

Si no lo hubiera conocido, quizá ya habría pasado algo.

—¿Quieres más?

—preguntó Sumire de repente.

Yuhi asintió.

—Sí.

—Volvió a agacharse y esta vez acercó sus labios a la punta de los dedos de ella.

Lamió las gotas de helado que se habían derramado.

—Dulce.

—¡Qué desagradable!

—Dice la que se está poniendo roja.

—Ah, no te entiendo —exclamó Sumire—.

¿Por qué eres así?

—Porque me gustas.

Es cierto que ahora no espera nada de la chica.

¿Pero quién dijo que no se le declararía cada vez que tuviera la oportunidad?

Además, últimamente, parece que Sumire se está sintiendo demasiado cómoda a su lado.

Quiere recordárselo para que deje de acercarse tanto.

Para su sorpresa, Sumire no se avergonzó y simplemente caminó unos pasos por delante de él.

También tiene que tener cuidado con eso.

«Puedo ser atrevido, pero sin pasarme».

Ahora mismo, las emociones de Sumire son como una bomba de tiempo que puede explotar en cualquier momento.

—Oye —la llamó Yuhi.

—¿Mmm?

—Necesito algunos materiales, ¿podrías venir conmigo?

—Ya se te han acabado.

—Necesito algunos colores —murmuró Yuhi—.

Ya sabes, cuando usas más unos colores que otros.

—Ah, entiendo.

Creo que yo también necesito algunas cosas.

—Entonces, ven conmigo.

Sumire asintió.

—Vale —aceptó, para después añadir—: Yuhi, siempre me llevas contigo.

Él enarcó las cejas ante ese comentario.

—¿No quieres que te invite?

—No —dijo ella, negando con la cabeza—.

Me gusta, pero me pregunto si está bien.

Quiero decir, tú eres muy popular.

—Tú también lo eres —replicó Yuhi.

Ambos llevaban los artículos de disfraz habituales: sombrero, gafas y una mascarilla.

Sumire insistió en que no necesitaba una.

Pero Yuhi no quería arriesgarse.

¿Y si alguien la reconocía?

A él no le importa que la gente lo vea con Sumire.

De hecho, se sentiría más aliviado si pudiera hacerlo.

Pero está teniendo en cuenta los sentimientos de ella.

La agarró de la mano.

—No te preocupes.

Estoy aquí, a tu lado.

—Entonces supongo que tendré que confiar en ti.

—Sabes que soy bastante fiable.

—¿Ah, sí?

Me parece haber oído otros rumores.

La gente dice que eres muy vago, así que prefieren hacer las tareas ellos mismos antes que pedírtelas a ti.

Yuhi chasqueó la lengua, molesto.

¿Cómo podían decir algo así de él?

¿Cómo iba a impresionarla ahora?

Sumire se rio.

—Pero, sabes, cuando estamos juntos, puedo confiar en ti.

Cuando estuve enferma hace poco, cocinaste y limpiaste para mí.

«Solo hago eso por ti».

Pero bueno, supone que no había necesidad de contarle esa parte.

Dejaría que la impresión que Sumire tenía de él mejorara.

—¿Tienes frío?

—preguntó Yuhi.

—Un poco.

Yuhi le soltó la mano por un momento y se quitó la bufanda.

Se la envolvió alrededor del cuello.

—Ten cuidado; te pones enferma con facilidad.

—Yuhi, ¿no es esta la bufanda que te compré?

—….

Yuhi apartó la vista, incómodo.

¿Por qué se había puesto esa bufanda precisamente ahora?

Aunque, por otro lado, es la única que tiene.

Así que no es como si tuviera muchas opciones.

Pero ¿qué le dice?

Cuanto más se devanaba los sesos Yuhi buscando una respuesta, más perplejo se quedaba.

No se dio cuenta de que la expresión del rostro de Sumire había cambiado.

No hasta que ella se detuvo.

—¿Sumire?

—la llamó, preocupado.

—Oye, Yuhi, me pediste que hablara contigo sobre las re…, ¿recuerdas?

—Lo hice —admitió Yuhi.

¿Por qué saca ese tema ahora?

A menos que…
Yuhi suspiró.

—Culpa mía, en serio.

Dime si me paso, es verdad que guardé esta bufanda por mis sentimientos.

Pero no te sientas incómoda.

Quiero decir… ahora no espero nada de ti, Sumire.

Soy feliz con lo que tenemos ahora.

Suena estúpido e insensato.

Pero Yuhi sentía de verdad que esto era mejor.

Si salieran oficialmente, causaría más problemas.

Sin duda, más gente hablaría y muchos la criticarían.

En términos de estatus, Sumire sería más rica que él.

Así que, normalmente, la gente no tendría ningún problema con ello, y, sin embargo, como la otra persona es Sumire, la gente hablará.

La criticaron duramente por salir con alguien que no es una celebridad, y mucha gente le tiene celos como ídolo.

La razón principal de esto es la senpai de Sumire, Takashi Yumi.

La ídolo número uno que la gente más respeta, una figura legendaria en la industria de la música.

—Yuhi, mira —dijo Sumire, tirando de su manga.

Él miró en la dirección que ella señalaba y vio varios puestos de comida.

Le cayó una gota de sudor.

¿No estaban hablando de algo serio?

Aunque, por otro lado, debería alegrarse de que ella cambiara de tema con tanta naturalidad.

Un profundo suspiro se escapó de sus labios.

—No comas demasiado.

—¿Prefieres a las chicas delgadas?

¿Eh?

—¿Cuál es tu tipo, Yuhi?

Le está volviendo a preguntar algo ridículo.

¿Tipo?

Bueno, ya que tiene tanta curiosidad, debería decírselo.

Un tipo, ¿eh?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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