Melodía Eterna - Capítulo 269
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269: ¿Por qué?
269: ¿Por qué?
Yuhi siguió rápidamente el rastro y la encontró en un callejón detrás de la tienda.
Estaba de pie en el centro y, justo a sus pies, yacían varios cuerpos.
Los hombres no estaban muertos, pero Yuhi podía ver la gravedad de sus heridas.
—Sum…
—No te acerques.
La sangre.
Su mirada se posó en las partículas rojas que flotaban en el aire.
Yuhi apretó el puño.
Eran solo cuatro palabras y, sin embargo, pudo sentir la soledad que escondían.
Una vez más, tenía que ver su solitaria espalda.
¿Cuántas veces había visto esta escena en el pasado?
Estaba harto.
¿Por qué tenía que volver a pasar por esto?
El dolor de ser fuerte, de tener una fuerza inhumana.
Un dolor que solo quienes están en la cima pueden comprender.
Al principio, Yuhi pensó que la fuerza inhumana de Sumire probablemente se debía a sus habilidades.
Pero tras investigar un poco, descubrió que no era así.
En algún momento, la joven se había vuelto físicamente más fuerte que una persona promedio.
Si solo fuera eso, no sería una carga tan pesada para ella, pero como se involucró en el inframundo… Yuhi sacudió la cabeza para alejar esos pensamientos y dio un paso al frente.
La sangre aún flotaba en el aire, pero él corrió a su lado y la abrazó con fuerza.
—¿Estás herida?
—Yuhi —musitó Sumire—.
Yo…
—Debería habértelo dicho.
Pero, ¿cuándo te enteraste?
—El día después de que volvimos de nuestro viaje.
¿Tanto tiempo?
Se había dado cuenta de que su comportamiento era extraño, pero no pensó que fuera por esto.
Yuhi le acarició el pelo con suavidad.
—Vámonos a casa.
Sumire miró los cuerpos en el suelo.
—No era mi intención, simplemente empezaron a ligar conmigo de la nada.
Solo pretendía dejarlos inconscientes, pero sacaron un cuchillo.
Su ojo tembló de fastidio.
«¿La dejo sola unos segundos y ya se le acercan las moscas?».
Sumire se rio entre dientes.
—Yuhi-san, ¿en serio ahora no es el momento de ponerse celoso?
—Quiero tenerte cautiva.
—Tonto —a pesar de sus palabras, él sintió lo feliz que estaba—.
Pero, ¿qué deberíamos hacer?
—No pasa nada.
Llamaré a los chicos para que se encarguen.
—Ah, ¿ahora sí usas a tu banda?
—Como ya te dije, esos tíos empezaron a seguirme por su cuenta.
—¿Ah, sí?
—Sumire se apartó de su abrazo—.
Pero, ¿sabes una cosa, Yuhi-san?
Creo que los hombres que dirigen bandas son muy atractivos.
Yuhi sintió que el calor le subía al rostro.
¿Qué locura estaba insinuando ahora?
—Volvamos ya.
…
Hospital – 18:00
Sin embargo, en vez de volver a casa, por alguna razón estaban en el hospital.
Aunque no en uno cualquiera.
Yuhi agarró a Sumire por la muñeca justo cuando terminaba de hablar con la recepcionista.
—¿Por qué estamos aquí?
—¿No debería decírselo a mi médico?
Yuhi suspiró profundamente.
«¿Por qué Sano sigue siendo su médico?».
Pero, en efecto, él debía saberlo.
Sumire tenía que usar su propia sangre al utilizar esa extraña habilidad.
Necesitaban saber si tenía algún efecto secundario extraño.
—¿Disculpe, señorita?
—¿Sí?
—Lo sentimos, pero el doctor Nagawa no está hoy aquí —dijo la recepcionista con cara de preocupación.
—No se preocupe, yo me encargaré de ella —un hombre de pelo negro y ojos color rubí dio un paso al frente.
—Ah.
«Esta persona… es a quien Nagawa le pidió que cuidara de Sumire brevemente».
Yuhi lo recordó de inmediato, ya que el color de sus ojos era inusual.
—Supongo que eres una mejor opción para esto, Razel.
—Vengan por aquí.
¿Lo ha llamado por su nombre de pila?
Parecen tener confianza.
Sumire tiró de su mano, sacándolo de sus pensamientos.
—Era médico en la orden especial de los Caballeros Sagrados.
Probablemente no lo conociste porque te encargabas de misiones diferentes —explicó Sumire.
—Eso lo entiendo, pero… ¿por qué me has cogido la mano de repente?
Sumire ladeó la cabeza con inocencia.
—¿Es lo natural, ir de la mano, no?
Yuhi se quedó sin palabras.
Ya había pasado bastante tiempo desde que empezaron a salir.
Pensaba que a estas alturas ya se habría adaptado a tener una relación, pero por lo visto no era el caso, ¿eh?
—Pensaba que Atsuro era el que estaba a tu cargo.
—Mmm, pero él también era una figura importante en la organización.
A veces estaba en otra parte.
En esos momentos, Razel lo sustituía.
Ahora que lo pensaba, se decía que Sumire había tenido una relación extraña con un médico.
—Oigan, ustedes dos…
—No —pero quien respondió fue Razel, que caminaba delante de ellos.
—Una mujer como ella es demasiado para mí.
Sumire se rio entre dientes.
—Tranquilo, Yuhi-san, ni yo me liaría con un médico.
—He oído rumores extraños.
—Ah, es verdad —asintió Sumire—.
Pasamos mucho tiempo juntos, pero fue porque sentía curiosidad por él.
No es un humano normal… —Justo cuando lo dijo, él oyó un fuerte crujido.
Yuhi bajó la mirada y vio una grieta de tamaño mediano en el suelo.
—¿Eh?
Los labios de Sumire se curvaron en una sonrisa.
—¿Todavía no puedes controlar la fuerza que usas al caminar?
«Qué extraño… Nunca antes había oído hablar de alguien así».
Si fueran del mismo tipo, él podría saberlo.
No tardaron mucho en llegar a un despacho.
En la placa de la puerta se leía «Nagawa», pero el hombre de pelo negro entró sin más.
Bueno, si era el ayudante de Nagawa, no debería haber problema.
—Disculpen.
Tengo que buscar su expediente.
Desconozco su estado actual.
—No se preocupe.
—Creo recordar que el Maestro los dejó por aquí en alguna parte…
¿Está llamando «Maestro» a Sano?
¿Pero por qué?
—¿Cómo acabaste aquí?
—Una misión fallida.
Me enviaron para salvar a esa gente, pero acabé siendo capturado.
Logré escapar, pero estaba en muy mal estado.
El Maestro fue quien me salvó.
¿Sano lo salvó?
Cuanto más sabía sobre ese tipo, más se confundía.
Aunque, pensándolo bien, desde el momento en que Yuhi se dio cuenta de que Sano iba en serio con Sumire, ya nada tenía sentido.
Al principio, el hombre no parecía tomarla en serio y Sumire no ocultaba su aversión hacia él.
Pero la situación había cambiado.
Ahora ella se mostraba cautelosa.
A veces a Yuhi le parecía que ni ella misma sabía lo que estaba haciendo.
—Sumire-san, ¿todavía sigues con ellos?
—Mmm, pero por ahora me estoy tomando un descanso.
—Entiendo.
Pensé que te liberarías si debutabas.
Efectivamente, Yuhi pensaba lo mismo.
O, mejor dicho, ¿no sería lo normal?
Sería malo para su imagen si la gente se enterara.
Entonces, ¿por qué se quedaba?
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