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Melodía Eterna - Capítulo 290

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Capítulo 290: Latido de mi corazón Parte 3

Jun se quedó mirándolo, pensando que cambiaría de opinión y diría que era una broma. Pero en sus ojos solo había seriedad.

—No hay hombre que se alegre de que la chica que le gusta tenga el hijo de otro.

De hecho, pensó que Terashima haría el papel de novio comprensivo y fingiría que no le importaba. Hasta ahora, el hombre no había mostrado ninguna señal de disgusto respecto al niño.

—Pero esto no es culpa suya, y la culpa es mía por haberla dejado sola tanto tiempo. Debería haberme quedado a su lado en vez de volver a Tokio. No, debería haber venido a verla mucho antes.

Jun pudo percibir el arrepentimiento en su tono y la tristeza que asomó a sus ojos, y por un momento, se quedó helado. ¿Así que esta persona también podía poner esa clase de expresión? Siempre que veía a ese hombre en la tele, solo veía a una persona valiente y segura de sí misma. Esa mirada le resultaba muy familiar y se parecía a la de los ojos de Sumire-san.

Por primera vez, comprendió algo de inmediato, sin necesidad de analizarlo mucho.

Esa persona y Sumire-san eran iguales.

—Así que, como ves, no tengo derecho a juzgarla por haberse enamorado de otro hombre.

Sin duda, esta persona era realmente diferente.

Había otra razón por la que había venido a Tokio; en parte fue por Ibuki Sumire, pero la otra mitad fue por esa persona. Jun quería ver con sus propios ojos al hombre llamado Terashima Yuhi.

Cuando oyó decir que Sumire-san estaba cambiando gracias a él y que estaba mejorando, Jun no se lo creyó. ¿Cómo era posible? La última vez que la había visto, ella se encontraba en un estado terrible. Pero cuando salió aquella noticia sobre el festival de su escuela, e incluso los vídeos, Jun lo notó.

De hecho, ahora había algo diferente en ella. Jun quería conocer en persona a Terashima, el principal catalizador de ese cambio. Antes de que pudiera decir otra palabra, Sumire apareció con una bolsa grande en las manos.

—Solo iba a comprar bebidas, pero vi unas rebajas y compré otras cosas también.

—Oye, no corras, que se te va a caer.

Sumire se detuvo un momento antes de tenderle la bolsa. —Entonces, la mitad.

Había algo en la forma en que la chica lo dijo, pero Jun habría jurado que volvió a ver flores a su alrededor.

—Kira, ¿tienes agua?

Jun sacó una botella de su bolsa y se la pasó. De inmediato, Yuhi se volcó la botella sobre la cabeza.

—Es-espera, ¿Yuhi-san?

—Joder, todavía tengo calor.

Ante ese comentario, Jun vio cómo la cara de ella se ponía roja poco a poco. —¿Q-qué? Yo no he hecho nada. ¿Eres tonto?

Yuhi le dio un papirotazo en la frente. —Ahora lo cargas todo tú.

—¡Qué malo eres!

—Kira, ven a comer con nosotros.

—¡Ah, es verdad! Jun-kun, ven con nosotros.

«Esa sonrisa es diferente». Pero ¿qué es esta extraña sensación? Parece tan feliz y, sin embargo, ¿por qué le da mala espina? Quizás se equivoca.

…

En el bar Akagaumi.

Hamano Atushi estaba allí esperando junto a un hombre llamado Jae. Jun no tenía muchos datos sobre este último, pero tenía la intención de empezar a recopilar información. Después de todo, ese hombre era de los pocos a los que Terashima Yuhi llamaba amigo. En ese momento, Sumire-san estaba terminando los últimos preparativos de la comida.

—¿Y qué te parecen nuestro Rey y nuestra Princesa? —preguntó Atushi mientras le ponía una bebida delante.

—Se llevan bien y sus sentimientos son mutuos.

Había muchas cosas que quería decir, pero esa era la mejor forma de simplificar todo lo que había visto. Con solo verlos interactuar un momento, Jun lo comprendió.

—También te empalagan con su PDA —suspiró Atushi.

PDA son las siglas en inglés de «demostración pública de afecto». Por supuesto, él ya sabía lo que era. Jun pensó en cómo se habían saludado. Aunque un grupo de gente le bloqueaba la vista, pudo adivinar lo que hicieron. ¿Hacer algo así en público?

—Rey, ¿no tenías trabajo con esa chica tan guapa?

Ante ese comentario, un aura amenazante envolvió a la chica de pelo castaño. —He notado que ibas algo más arreglado de lo normal, pero ¿qué es eso de una chica?

Si las miradas mataran, Terashima ya estaría muerto. No ayudaba el hecho de que Sumire-san estuviera puliendo un cuchillo con un paño.

—Oye, escucha —dijo Yuhi, quitándole el cuchillo de las manos con calma y abrazándola—. Terminé tan rápido porque me negué.

—¿Te negaste? —lo observó ella con recelo, pero Jun se dio cuenta de que estaba jugando con las manos de Terashima.

—Bueno, ese tipo de cosas implican estar muy cerca, ¿no? Las modelos tienen la mala costumbre de excederse. No quiero que te enfades, y odio la idea de acercarme a otra mujer.

Al oír eso, Sumire se abrazó a Terashima. —Entonces, Yuhi-san, tendré que recompensarte más tarde.

Sumire-san todavía tenía la mala costumbre de tomarle el pelo a la gente, pero esto era diferente. De hecho, parecía que había hecho bien en escuchar a aquella persona.

—Cierto, ¿qué debería pedirte?

—Eh… —rio ella con torpeza—. Pensándolo bien, quizá estoy demasiado cansada.

—Sumire-chan, creo que nos falta algo.

—¡Oh, tienes razón! —Sumire se quitó rápidamente el delantal—. Entonces salgo un momento.

—Yo… —empezó a decir Yuhi, pero se interrumpió—. Mejor que vaya Kira con ella.

La mirada de Sumire se suavizó, se inclinó hacia delante y besó suavemente a Terashima. —No tardaré.

…

Hacía bastante frío cuando salieron del bar. Pero Sumire llevaba varias capas gracias a la insistencia de Terashima y Hamano. Jun se preguntó si este último aún sentiría algo por Sumire. Sin embargo, desde que salieron del bar, la chica había sufrido varios percances.

Aun así, ¿no era bastante temeraria?

A lo de antes se sumó que casi la atropellaron y que también se tropezó. A Jun le resbaló una gota de sudor; sabía que era torpe, pero aquello era otro nivel. Aun así, siempre que estaba con ella, un calor parecía extenderse desde su corazón. Una cálida luz que no comprendía.

Pero él quería ver más y más de ella. Quería ver más de esa luz.

«Gracias por estar a mi lado».

En ese momento, comprendió perfectamente lo que significaban aquellas palabras del guion. Sin embargo, sabía que no habría llegado a tomar una decisión de no haber sido por ella.

—Te vas a caer…

La chica de pelo castaño estaba de pie sobre un muro, con el vasto océano al otro lado.

Sumire rio entre dientes. —No te preocupes, lo hago todo el tiempo.

Jun no dijo nada. A ella le gustaba hacer todo a su propio ritmo. Pero esa chica, de entre todos, era sin duda la que experimentaba una mayor tristeza.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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