Melodía Eterna - Capítulo 45
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45: Voz de Ángel Parte 2 45: Voz de Ángel Parte 2 Eso también explicaría por qué está sentado aquí con ella.
Si fuera una fan cualquiera, Yuhi no habría entrado en esta sala.
Sumire estaba tan ocupada pensando en cómo decírselo que no se dio cuenta de lo mucho que Yuhi se le estaba acercando.
No se percató de él hasta que se sentó justo a su lado.
Por alguna razón, la estaba mirando con atención.
—¿P-pasa algo?
—preguntó Sumire mientras desviaba la mirada e intentaba distanciarse de él.
—Estaba pensando…
¿nos conocemos de algo?
¿Eh?
Lo miró sorprendida; era la última pregunta que se esperaba.
Pero, por otro lado, ella también había pensado lo mismo.
Cuando se hizo su fan hacía un año, Sumire sintió que había algo familiar en él.
En aquella época, debutaron muchos otros cantantes y, sin embargo, de entre todos ellos, se hizo fan de Terashima Yuhi.
¿Por qué sería?
—P-probablemente nos hayamos cruzado en el trabajo.
Sumire no tenía intención de mentir; quería decirle que era una persona normal, no una cantante.
Pero quería evitar esa pregunta.
Yuhi asintió.
—Supongo que tiene sentido.
Él seguía pareciendo dubitativo, pero antes de que pudiera decir nada más, oyeron llamar a la puerta.
Yuhi se levantó, pero ella lo detuvo.
—Yo abro —insistió—.
¿Y si hay fans paseando cerca?
¿Y si la persona que atiende es una chica y fan de Yuhi?
Sería malo que nos pillaran en esta situación.
Sumire se acercó a la puerta y la abrió lentamente.
Era el hombre que estaba antes en la recepción; llevaba un carrito.
Empujó la puerta para abrirla del todo y Sumire parpadeó, sorprendida.
Aunque sea un chico, Yuhi es famoso…
—Maldita sea, no abuses de mi amistad.
Yuhi se rio.
—Lo siento.
Pero podrían pillarme si fuera cualquier otra persona.
Los miró a los dos, desconcertada, y Yuhi se percató de su mirada.
—Es un compañero de clase mío.
Ah, así que era algo así.
Claro que no le sería fácil entrar en un sitio como este sin que lo pillaran.
—Kinoshita —se presentó el pelirrojo—.
Eres…
esa chica con una voz muy buena.
¿Eh?
—Trabajo en otros karaokes de esta ciudad y en los de los alrededores.
Ya te he visto antes.
¿De verdad?
Pero ella no lo recor…
Sumire se detuvo cuando algo le vino a la mente.
Una imagen de varios empleados con la misma cara pero con el pelo de distinto color.
Ah.
—El chico al que le echan muchas broncas.
Ante ese comentario, a Yuhi le dio un ataque de risa y Kinoshita puso cara de fastidio.
Sumire estaba a punto de disculparse, pero el pelirrojo negó con la cabeza.
—Bueno, en eso no te puedo quitar la razón —dijo Kinoshita, apagando la voz—.
En fin, ha sido un placer conocerte.
Vuelvo a la recepción.
—Dicho esto, el hombre salió de la sala.
Yuhi también iba al instituto, e incluso tenía amigos normales.
Se preguntó qué se sentiría al ser famoso y, aun así, ir a un instituto normal.
Yuhi señaló el asiento a su lado.
—Ven aquí.
Sumire asintió y regresó a su asiento.
Yuhi sacó varios platos de la bandeja y los colocó sobre la mesa.
Había pedido tanta comida que en la pequeña mesa no cabía todo, así que tuvieron que dejar parte en la bandeja.
Su mirada se posó en los platos que tenía delante y se sorprendió al ver muchos de sus favoritos.
¿Sería coincidencia que a los dos les gustaran las mismas cosas?
Yuhi cogió un trozo de karage y le tendió el plato.
—Esto es lo mejor que tienen, te lo garantizo.
Sumire se rio al oír esas palabras.
¿Acaso venía a menudo a estos sitios?
Sumire cogió un trozo y se lo llevó a la boca.
En efecto, estaba tal y como había dicho Yuhi.
—Qué rico.
—Me alegro —dijo Yuhi, haciendo una pausa—.
Y dime, ¿cómo debería llamarte?
Casi se atragantó con el siguiente trozo de pollo, pero Yuhi le pasó un poco de agua.
—Perdona, sé que quizá prefieras mantener el anonimato, ya que aún no has debutado.
A ver…
—hizo una pausa y la recorrió con la mirada—.
Ange.
Sumire parpadeó al oír ese nombre.
—¿Ange, como una abreviatura de la palabra inglesa para «ángel»?
—Ah, una chica con cerebro.
Sí, pensé que te pegaría.
¿Qué le pasaba a este chico?
¿Cómo podía decir cosas tan cursis con tanta facilidad y con esa cara tan seria?
Sumire no respondió y siguió comiendo.
Qué sensación más extraña, ¿quién habría pensado que esto ocurriría?
Antes se había apresurado a terminar todo su trabajo para llegar a tiempo al concierto, pero hasta el último minuto, su Madre le había estado dando la lata con su forma de bailar.
Madre no paraba de decir que su baile no era lo suficientemente refinado y que carecía de elegancia.
Para una chica nacida en una familia prestigiosa, esas palabras se consideran un grave insulto.
¿Pero para ella?
A Sumire no le importaba en lo más mínimo.
—Oye…
—dijo Sumire—.
¿Podría preguntarte una cosa?
—Claro, adelante.
No seas tan estirada, ambos pertenecemos al mundo del espectáculo.
Aunque sea tu sénior, no me importan las jerarquías.
Además, con una voz como esa, no tardarás en destronarme.
¿Eh, qué?
Sumire no podía creer las palabras que acababan de salir de sus labios.
Seguro que lo decía solo para halagarla; no podía hablar en serio.
—¿Cuándo empezaste a cantar?
—Supongo que a los cinco años.
¿A los c-cinco años?
¿Tan pequeño?
—O quizá antes, es un poco difícil de decir.
Mis circunstancias no eran buenas por aquel entonces.
Ni siquiera se me pasaba por la cabeza debutar.
Pero acabé sustituyendo a un amigo.
—Ah, el concurso de talentos infantiles.
Yuhi asintió.
—Quién iba a decir que acabaría ganando un premio.
Todo empezó para él a partir de ahí.
Una coincidencia, no, un accidente lo llevó a convertirse en un cantante famoso.
Es curioso cómo suceden estas cosas.
Es casi como si Dios les estuviera enviando un mensaje.
—Ya que me estás haciendo preguntas, ahora quiero saber dónde aprendiste tú a cantar.
¿Recibiste algún tipo de entrenamiento especial?
Sumire negó con la cabeza.
—Ah, no —dijo, haciendo una pausa—.
Mi familia es bastante estricta, no aprueban la industria del entretenimiento.
Así que tuve que aprender a cantar por mi cuenta.
Para su sorpresa, él no respondió de inmediato y una expresión turbada apareció en su rostro.
Uhm, ¿había dicho algo malo?
Vio cómo Yuhi rebuscaba en su mochila y finalmente sacaba unas hojas de papel.
Las colocó en sus manos.
—Vale, perdona de antemano.
Dije que no te pondría a prueba, pero primero quiero asegurarme de algo —dijo Yuhi—.
¿Podrías cantar esto para mí?
Sumire echó un vistazo a las partituras.
El título captó su atención.
—¿Voz de Nieve?
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