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Melodía Eterna - Capítulo 75

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75: Amatista Parte 2 75: Amatista Parte 2 *SIN EDITAR*
Narasaki Hino era su nombre completo.

Pero la última vez que alguien lo llamó así fue hace siete años.

Aunque ella le había curado las heridas, Hino todavía se sentía perezoso y cojeaba al caminar.

Pero fingió estar bien, ya que cada vez que mostraba debilidad, Ibuki Sumire dejaba de andar e insistía con lo del hospital.

Sinceramente, nunca había conocido a una persona tan tonta e ingenua.

Cuando salieron del callejón, Hino le hizo más preguntas a la chica.

Ella respondió a todas con honestidad.

¿Acaso esta chica no conoce el concepto de la mentira?

¿Cómo podía contárselo todo así sin tapujos?

¿O quizá era porque lo conocía a través de Yuhi?

Era difícil saberlo.

Hino pudo determinar que la chica sentía algo genuino por Yuhi, pero… aun así, algo no cuadraba.

La mirada de Hino se posó en el cielo; no se había dado cuenta de lo oscuro que ya estaba.

—Perdona por hacerte esperar —dijo Sumire de repente mientras salía de la tienda con varias bolsas en las manos.

Hino extendió la mano y le quitó dos bolsas a la chica.

—¿Ah?

—Deja que las lleve yo.

—Pero ahora mismo estás débil.

—No hay diferencia —dijo Hino mientras se giraba para caminar—.

Vámonos.

Sumire asintió y lo siguió.

Se sentía extraño caminar al lado de alguien.

Pensar que siete años atrás, vivía huyendo.

Ahora podía caminar bajo el cielo oscuro sin tener que temer el peligro que tuviera delante.

Sus pensamientos se interrumpieron cuando oyó a la chica tararear.

—Se te da bien.

Sumire se rio.

—¿Puedes saberlo solo con eso?

Por supuesto que podía saberlo, no era un productor musical ejecutivo de pacotilla.

Aun así, estaba interesado.

Estuvo presente durante su debut en directo; esa canción suya de superestrella del mañana fue increíble.

Hino nunca había oído una canción tan hermosamente construida.

Una canción llena de esperanzas y sueños.

¿Qué clase de persona es Ibuki Sumire?

Desde que asistió a su concierto, esa pregunta había permanecido en su mente.

—¿Te gusta cantar?

Sumire asintió.

—Sí.

Me encanta.

Hino parpadeó al oír esas palabras.

Esta chica es demasiado directa.

¿Qué clase de persona usa la palabra «encantar» tan a la ligera?

Parece que en esta chica hay más de lo que se ve a simple vista.

Se preguntó qué sería, si sería capaz de averiguarlo.

¿Acaso quería hacerlo?

Él fue quien advirtió tanto a Yuhi como a Sano.

Pero míralo ahora, haciéndose tantas preguntas.

—Por cierto, ¿podríamos parar en un sitio un minuto?

Todavía hay tiempo, ¿verdad?

—Ah, sí.

Señaló una tienda al otro lado de la calle en la que se leía «Taller de reparación de violines».

Menos mal que ya lo había enviado a reparar antes, de lo contrario la cosa se habría puesto fea.

Cruzaron la calle y entraron en la tienda.

—Viejo, ya estoy aquí.

—Papá ha salido.

Pero solo vienes a por tu violín, ¿no?

—llamó una voz femenina desde la trastienda.

—Sí.

Hino miró a Sumire y la vio observar el lugar con curiosidad.

—¿Nunca has estado en sitios como este?

—preguntó Hino.

—Ajá, es mi primera vez.

Supongo que no.

Ella no toca un instrumento tradicional.

Hino observó cómo la mirada de ella se posaba con curiosidad en el piano.

—¿Quieres tocar?

—¿Está bien si lo hago?

—Sí, pero ¿sabes tocar el piano?

Ella hinchó las mejillas en un puchero.

—Claro que sé tocar.

Diga lo que diga la gente, sigo siendo una dama de alta alcurnia.

Cierto, la Familia Ibuki.

Hino asintió y sacó el taburete.

—Entonces, veamos qué tal se te da.

Parece que Ibuki Sumire no ha abandonado la música por completo.

Le parece bien tocar el piano, pero no cantar en un escenario, ¿eh?

Cuando Hino leyó los informes de la investigación que Sano le hizo hacer, le interesó.

¿Había abandonado la música del todo?

Hay una razón por la que Ibuki Sumire saltó a la fama tan rápido.

Por la que el lugar de su debut fue tan grande.

Una voz como esa merece más que elogios.

Merece más que halagos vacíos y sonrisas falsas.

Hino recordó haber querido reclutarla allí mismo, pero algo lo detuvo.

Oyó por casualidad una conversación entre sus amigos.

Sumire ha debutado, pero seguro que centrará su atención en Mamoru.

Solo necesitó una búsqueda rápida para descubrir la verdad.

Hino volvió a mirar a Sumire, que había empezado a tocar.

La melodía que salía del piano era dulce y delicada.

Qué notas tan suaves… Hino se asomó por encima de su hombro para ver exactamente qué estaba haciendo.

Sumire no tocaba el piano de ninguna manera especial, usaba las mismas técnicas que cualquier pianista promedio.

Sin embargo, no cabía duda de que había algo diferente.

Cuando descubrió la verdad en ese entonces, Hino decidió retirar su oferta.

Quería que ella pasara el tiempo que le quedaba con su ser querido.

Sí, sabía de la enfermedad de su novio.

La información estaba celosamente guardada, pero pudo conseguirla fácilmente gracias a sus habilidades de hackeo.

—Hino-san, por favor, ven aquí un segundo.

Hino miró a Sumire.

—Oye, voy a ir solo un momento allí.

Sumire asintió.

—Vale.

Hino se sintió estúpido por informarle de adónde iba.

No es como si fuera una niña.

Pero si su investigación era correcta, entonces ahora a esta chica le daba miedo que la dejaran sola.

Abrió la puerta de la otra habitación y la dejó abierta.

Mientras Hino examinaba su violín, todavía podía oír a Sumire tocar.

Ahora había cambiado de canción.

Estaba tocando algo familiar.

—¿Esa chica es tu novia?

¿O una nueva artista?

Toca muy bien.

—La novia de Yuhi.

Un «ah» de complicidad se dibujó en los labios de Hanabi.

—Se nota.

—Esto está arreglado, ¿verdad?

—comentó Hino y deslizó el dinero sobre el mostrador—.

Toma.

No llevo la tarjeta encima ahora.

—Sí, sí, señor cliente que no duda en usar dinero en efectivo.

Hino suspiró.

—¿Acaso importa?

—Su mirada se posó en la puerta—.

Oye, nadie usa ese piano vuestro, ¿verdad?

—¿Piensas comprarlo?

Hino asintió.

—Sí, es para ella.

Yuhi tiene un piano en su casa y los dos viven juntos.

Pero no hará daño tener otro, parece que le gusta mucho.

—Envíalo a casa de Yuhi.

—No me importa, pero ¿a Yuhi le hará gracia que le hagas un regalo a su novia?

Ante ese comentario, él puso los ojos en blanco.

—No insinúes tonterías, soy seis años mayor que ella.

—¿Desde cuándo hay un requisito de edad para el amor?

¿Un requisito de edad?

Probablemente no lo haya en absoluto.

Pero… —… es menor de edad.

Cuando Hino se enteró de que la ex a la que Sano quería ver era Ibuki Sumire, no pudo ocultar su asco.

La chica es menor de edad, ¿en qué diablos está pensando?

Pero Hino sabía que no podría hacer nada.

—Si Sano se pasa por aquí, no digas nada.

No puede dejar que ese tipo se entere.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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