Melodía Eterna - Capítulo 78
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78: Amatista (Conclusión) 78: Amatista (Conclusión) Hino vio la expresión de sus ojos y se detuvo.
«Supongo que también está preocupada, pero no lo demuestra».
Qué chica tan fuerte.
…
Sábado, 23 de marzo de 2015
Desde ese día, su relación con la joven llamada Ibuki Sumire ha cambiado un tanto.
Se la encuentra por casualidad y habla con ella.
Pero, aparte de esas breves conversaciones, Hino no ha tenido muchas oportunidades de conocerla mejor.
Yuhi es demasiado sobreprotector con ella.
Durante esas breves conversaciones, Yuhi vigila cada uno de sus movimientos.
Mientras todo el mundo probablemente seguía profundamente dormido, Hino corría por la ciudad con bolsas pesadas en las manos.
En ese momento estaba en la ciudad haciendo unos recados.
¿Cómo podían hacer que el presidente hiciera semejantes cosas?
Un profundo suspiro se le escapó mientras comprobaba qué más quedaba en la lista.
Materiales para el vestuario del departamento de atrezo, provisiones para la cocina.
Hino fruncía el ceño cuanto más leía.
Nada de esto tenía que ver con la música, por Dios.
Decidió pasar por el parque para tomarse un descanso.
Sus pensamientos se interrumpieron al oír una voz familiar.
¿Eh?
Esa voz es…
Hino siguió el sonido hasta su origen y la encontró: era Ibuki.
La chica llevaba un vestido blanco con los hombros al descubierto, medias negras y una gorra negra ladeada.
A juzgar por el entorno, no había nadie cerca.
¿Será por eso que puede cantar?
Su voz era muy buena, exactamente como la recordaba.
—¿Quién anda ahí?
—La chica parecía asustada.
Hino salió de inmediato de su escondite.
—Tranquila, solo soy yo.
—Hino-san…
—Sí, buenos días.
La mirada de Sumire se suavizó.
—Sí, buenos días.
Al final, se sentó en el banco donde Sumire había dejado sus cosas.
Echó un vistazo a la mesa y vio las partituras y una guitarra.
Enarcó una ceja.
—Pensé que tú…
Sumire suspiró.
—Es difícil cuando estoy rodeada de gente.
Pero, cuando estoy sola, me las arreglo.
—Ya veo.
¿Entonces no te importa que esté yo?
—preguntó Hino.
Quería volver a oírla cantar, pero si no podía, verla componer algo también estaría bien.
—Supongo que sí.
—Su mirada se posó en las bolsas—.
Parecen pesadas.
Hino suspiró.
—Ni que lo digas…
—Entonces le explicó cómo había acabado en esa situación.
Para su sorpresa, ella no se rio.
La expresión de su rostro era tierna y eso le hizo sentirse un poco extraño.
—Eres una buena persona —concluyó Sumire—.
Si hubiera sido cualquier otro, estoy segura de que las cosas habrían acabado de forma diferente.
—Bueno, no sé si es bondad o no, pero trato a la gente de la agencia como a mi familia.
Aunque allí había mucha gente mayor que él, Hino se sentía como el padre que cuida de un montón de niños pequeños.
—Ya veo.
—¿Dónde está Yuhi?
—preguntó Hino.
No era propio de él dejarla sola, sobre todo en fin de semana.
—Ah, dijo que había visto a un amigo y fue a saludarlo.
«¿Un amigo?
Más bien una mujer…».
Hino sabía que Yuhi estaba en proceso de romper con todas ellas, pero a ese ritmo nunca lo conseguiría.
—¿Sabes lo que está haciendo?
—Lo sé —asintió Sumire—.
Incluso ahora, todavía me sorprende.
Yuhi no parece el tipo de persona que va por ahí tonteando.
—Sí, eso también lo entiendo.
Pero cuando estás solo y sientes que no eres nadie, empiezas a anhelar el calor humano.
No importa de quién se trate, con tal de que esa sensación de vacío desaparezca, aunque solo sea por un instante.
—¿Tú también eres así?
—preguntó Sumire.
—Supongo.
Durante los siguientes minutos nadie habló, y él la observó mientras ella volvía a componer.
La chica no solo cantaba bien, sino que también tocaba la guitarra de maravilla.
Parecía que tenía talento para todo lo que hacía.
Pero a pesar de ser tan talentosa, Sumire no alardeaba.
Una mujer extraña; nunca antes había conocido a nadie como ella.
Todas las personas que había conocido hasta entonces, sobre todo las del sexo opuesto, eran volubles y superficiales.
Pero Ibuki Sumire no era así en absoluto.
Era honesta y bondadosa.
Había muchas personas en el mundo con esas cualidades, pero en ella, ciertamente, había algo diferente.
—Oye, Hino-san, tú también sabes leer partituras, ¿verdad?
Hino asintió.
—Sí, ¿quieres que le eche un vistazo a algo?
—Si no es molestia.
—Sumire le pasó unas partituras y Hino las examinó.
Solo tardó unos minutos en formarse una opinión.
¿Por qué querría que le echara un vistazo?
No tenía nada de malo.
Era increíble que pudiera componer una canción tan buena a pesar de estar en un bache.
Según los resultados de su investigación, Sumire estaba traumatizada con todo lo relacionado con la música.
Después de aquello, intentó volver al escenario, pero se quedó paralizada y no pudo cantar en absoluto.
Nadie que lo viera podría culparla.
Todos los asistentes a aquel evento sintieron mucha pena por ella.
Pero que hubiera gente que simpatizara con ella no significaba que todo el mundo fuera igual.
La mayoría aprovechó la oportunidad para atacarla e insultarla aún más.
Algunos incluso decían que esa era su verdadera habilidad, que simplemente había usado una doble o que su anterior concierto había sido pregrabado.
La industria del entretenimiento es un lugar despiadado, sobre todo para los que tienen talento.
Aunque una persona tenga talento, los envidiosos lo tergiversarán hasta convertirlo en algo malo.
El debut de Ibuki Sumire fue realmente asombroso.
Agotó las entradas en cuestión de segundos.
Hino recordaba haber sido uno de los primeros en comprarlas.
Su compañía no le dio mucha publicidad y él solo había oído algunos fragmentos en la radio.
Pero fue suficiente para que el mensaje calara.
La falta de publicidad despertó la curiosidad de la gente sobre por qué el éxito final fue tan grande.
Incluso ahora, Hino no podía olvidar lo que sintió cuando la oyó cantar por primera vez.
—Oye, Ibuki…
—Hino se interrumpió al ver que la chica se estaba quedando dormida.
Dudó un instante, pero pasó el brazo por sus hombros, y ella apoyó la cabeza en el suyo.
«Parece que me estoy encariñando demasiado con ella».
Pero era normal.
En todos sus años en la industria, solo había una persona a la que hubiera respetado tanto, y esa era Ibuki Sumire.
Pasara lo que pasara, tenía que encontrar la forma de devolverla al escenario.
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