Melodía Eterna - Capítulo 87
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87: No quiero perderte 87: No quiero perderte Al salir, para su mala suerte, el profesor los pilló y les dio un formulario de orientación profesional
para que lo rellenaran.
Sumire no entendía por qué Yuhi se había molestado en llevarla de vuelta al aula, pero ahora lo sabía.
Observó cómo sacaba su cuaderno de bocetos y se ponía a dibujar.
Le cayó una gota de sudor por la frente al ver el pobre formulario sobre el escritorio que él tenía delante.
Parece que no tiene ninguna intención de rellenarlo hoy.
¿La graduación, eh?
Parecía que fue ayer cuando entró en la secundaria; y pensar que ya habían pasado dos años.
Cuando entró por primera vez, estaba llena de dudas e incertidumbre.
No tenía confianza en sí misma y a menudo intentaba huir de sus problemas.
Cuando salió con Sano, estaba en su primer año de secundaria.
En aquel entonces pensaba que los hombres mayores eran mejores.
Si era alguien mayor, seguro que la trataría mejor y tendría una mejor visión de la vida.
Fue la mayor estupidez que pensó jamás.
Solo porque la otra persona sea mayor y más madura no significa que sea mejor que cualquier otro chico.
Todos los chicos son iguales, sin importar la edad que tengan.
Los mayores simplemente son mejores ocultando su verdadera naturaleza.
Fue una tonta, pero como todo el mundo a su alrededor lo aceptaba, ella no sospechó de él.
Por otro lado, Atushi y Asuka no dudaron en mostrar su desagrado.
Ambos le lanzaban sutiles indirectas siempre que podían, pero para ella era difícil captarlas, ya que Sano estaba pegado a ella como una lapa.
Sumire recordó una época en la que pensó que Sano lo hacía porque se preocupaba por ella, porque quería protegerla.
Pero fue una ingenua; fue una ingenuidad por su parte pensar que podría tener una historia de amor normal.
—Oye, has dejado de mover el bolígrafo.
Ante ese comentario, Sumire suspiró.
—Tú ni siquiera estás rellenando el tuyo.
—Es porque no me he decidido.
—¿Y tú crees que yo sí?
—replicó Sumire.
Yuhi se rio entre dientes.
—Pues no, no lo creo —dijo, y tomó el formulario de ella—.
¿Qué es esto?
¿No quieres dedicarte al arte en el futuro?
—Yuhi-san, por favor, sé más realista…
¿Qué porcentaje de la población llega a ser artista?
¿Cuántos siguen dedicándose al arte?
—Negó con la cabeza y respondió a su propia pregunta—.
Solo un cinco por ciento.
Un porcentaje diminuto de la población.
No pudo terminar la frase, pues él le acarició los labios con los dedos.
—Tú estás en ese pequeño porcentaje.
Fue lo único que dijo, pero para ella fue suficiente.
…..
Escuela Secundaria Iro Road – Dos días después –
Desde que llegó a esta escuela, siente que los días pasan muy deprisa.
Sus pensamientos se interrumpieron cuando sintió que alguien le quitaba los auriculares.
—Solo tú eres capaz de pintar tan bien con la música puesta —dijo una voz masculina.
Se sonrojó al levantar la vista y ver al dueño de la voz.
No era otro que Terashima Yuhi.
Ese día llevaba una sencilla camisa blanca y unos pantalones negros.
Pero ella no podía apartar la mirada.
La distancia entre ellos era escasa.
—Y bien, ¿qué pintas?
¡¿Y-Yuhi?!
Realmente era él, pero recordó lo que se había dicho sobre la novia de Yuhi durante la fiesta.
Si todavía le gustaba alguien, entonces no debería haber hecho nada de eso con ella.
Por lo que habían hablado del tema, Sumire había asumido que ya no tenía novia.
Sin embargo, los demás le dijeron que no era así.
—No es asunto tuyo —respondió Sumire con frialdad.
Quiere confirmarlo con él, pero una parte de ella teme hacerlo.
Yuhi le quitó el cuaderno de bocetos.
—¿Eh?
¿Qué es eso?
A ver.
Al ver que no se iba a marchar, Sumire supo que no podría tratarlo con frialdad por mucho tiempo.
—Es Torika.
—No haces más que dibujar…
—dijo mientras Sumire lo observaba examinar el dibujo—.
Oye, Torika, ven aquí.
El pájaro, posado en la ventana, miró a Yuhi antes de entrar volando en la habitación.
—Tu dibujo no está mal, pero cuando se trata de animales, parece que no puedes dibujarlos con tanto detalle, ¿eh?
Mira, si quieres que el pájaro parezca más real, tienes que hacer esto.
Sumire lo observó y, en pocos segundos, él transformó su dibujo en algo asombroso.
—¿Ves?
Sus ojos violetas brillaron.
—¡Guau!
¿Cómo has hecho eso?
Yuhi se lo acercó.
—Examina este dibujo de nuevo y vuelve a intentarlo.
Arrancó la hoja y la colocó frente a ella mientras sacaba una nueva en blanco.
«Vale, esta vez debería poder hacerlo».
Aunque Yuhi había dibujado muy rápido, Sumire había estado completamente hipnotizada todo el tiempo.
Se encontró tan absorta en el dibujo que no se dio cuenta de lo cerca que estaba el chico de pelo negro hasta ese momento.
Yuhi se rio.
—Eres demasiado seria, tonta.
Este chico…
Se suponía que iba a golpearlo con todas sus fuerzas, pero ahora no se sentía capaz de hacerlo.
Por alguna razón, el corazón le latía con fuerza, aunque no quisiera, y, como resultado, soltó el lápiz.
—¿Sumire?
—la llamó Yuhi.
Qué sensación más extraña.
Era bastante ilógico, sobre todo cuando se enteró de que él y su novia en realidad no habían roto.
Por alguna razón, aquello le molestó, aunque no sabía exactamente por qué.
—Tienes la cara roja.
¿Estás bien?
Este chico es muy astuto.
¿Acaso tiene idea del efecto que provoca en ella?
—E-estoy bien —atinó a decir.
Yuhi se le quedó mirando unos instantes.
—Bueno, si tú lo dices.
Tienes el baile esta noche, no podemos permitir que te desmayes ahora, ¿verdad?
Al oír ese comentario, su expresión se agrió.
Sin darse cuenta, infló las mejillas.
Así que esa era la única razón por la que había venido: para recordarle el dichoso baile.
El baile prematrimonial, eso es.
Ya estaba en edad de casarse y pronto la casarían con Soujiro.
Los preparativos ya habían comenzado, pero como él acababa de…
—Si solo vas a preocuparte por eso, entonces no deberías haber dicho nada —dijo Sumire, molesta, mientras se apartaba de él.
—¿Eh?
¿Por qué estás tan enfadada?
Vaya, y encima no se entera de nada.
Para ser un genio, a veces puede ser un verdadero idiota.
¿Acaso Yuhi comprende sus sentimientos?
Sumire desvió la mirada y no dijo nada más durante el resto del tiempo.
«Así es, ya no hay necesidad de decir nada».
Porque, al final, se casaría oficialmente con esa persona, y cuando llegara ese momento, ya no podría dar marcha atrás ni huir.
No, huir nunca había sido una opción desde el principio.
Sin embargo, incluso ahora, cuando cerraba los ojos, podía ver la radiante figura de él y los colores que lo rodeaban.
«Ah, ¿qué color era?».
No obstante, Sumire no pudo reflexionar sobre ello por mucho tiempo, ya que Yuhi de repente desplomó la cabeza sobre su pecho.
—Ah, después de todo, tengo sueño.
—Yuh…
—Sumire, oye, dame un beso.
Al oírlo, abrió los ojos como platos.
—¿Qué estás insinuando?
—murmuró Sumire y apartó la vista de él—.
Pensé que querías que asistiera al baile de esta noche.
Yuhi levantó la cabeza y le tomó el rostro entre las manos.
—¿Estás enfadada?
—Claro que lo estoy.
¿Es que no te importa?
Yuhi suspiró.
—Claro que me importa.
Pero tienes que verte con él en algún momento.
Desde que llegaste, has evitado reunirte con él, ¿verdad?
Sumire ya no veía la necesidad de reunirse con Soujiro desde que empezó a salir con Yuhi.
Si siguiera soltera, se habría reunido con él.
Un matrimonio de conveniencia.
Pero ahora era diferente.
—No quiero perderte.
Vio cómo un ligero rubor aparecía en las mejillas de Yuhi.
Era evidente que no se esperaba eso de ella.
Sumire se dio cuenta un instante demasiado tarde.
—Eh…
Su mirada se suavizó.
—Ya veo, entonces no tienes por qué asistir.
Sumire parpadeó al oír sus palabras.
«¿No tengo que asistir?».
—Pero, ¿Soujiro no se puso en contacto…?
—Lo hizo, y le dije que ya estábamos saliendo, así que podía largarse.
Ante ese comentario, ella estalló en carcajadas.
—Oye, no te rías.
Y pensar que Yuhi había hecho algo así por ella.
«Aunque, después de todo, estamos saliendo».
Extendió la mano y tiró de la manga de él.
—Entonces, asegúrate de decírselo, ¿vale?
—dijo Sumire.
Aunque no quisiera asistir, al fin y al cabo, quería guardar las apariencias.
Yuhi frunció el ceño y se volvió hacia ella con una expresión seria.
Sumire tuvo que apartar la mirada al verlo así.
¿Por qué de repente se ponía tan serio?
Cada vez que Yuhi se ponía de ese modo, Sumire no sabía qué pensar.
Nunca se le había ocurrido que Yuhi fuera en realidad un chico serio; al menos, a juzgar por su comportamiento hasta entonces.
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