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Mezcla de mundos anime: El emperador intergalactico - Capítulo 11

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  4. Capítulo 11 - 11 Capitulo 10 Reunion
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11: Capitulo 10: Reunion 11: Capitulo 10: Reunion El aire estaba tenso pero profesional dentro de la oficina del consejo estudiantil.

Sona Shitori, con su característica compostura, observaba a las dos jóvenes frente a ella.

Hikari y Hibiki se mantenían firmes, aunque con miradas curiosas hacia la figura de la presidenta.

—Entonces…

—comenzó Sona, cruzando sus manos sobre el escritorio—.

Me gustaría que fueran honestas conmigo.

¿Qué son exactamente ustedes?

Las gemelas intercambiaron una mirada.

Era momento de dejar las cartas sobre la mesa.

—Somos Sekirei —dijo Hikari, segura.

—¿Sekirei?

—repitió Sona, ajustando sus lentes—.

No he escuchado ese término en ningún documento mágico, demoníaco, ni celestial.

—Probablemente porque no somos de este mundo —añadió Hibiki—.

Venimos de fuera del planeta.

Somos una raza alienígena, por así decirlo.

Sona alzó las cejas, pero su rostro no mostró sorpresa…

aunque por dentro, estaba procesando mil cosas a la vez.

—Continúen —pidió con voz calmada.

—Nuestra raza fue traída aquí por humanos hace años.

Fuimos diseñadas con habilidades únicas y un instinto innato: buscar a nuestro Ashikabi, una pareja compatible con nuestro código genético y energía vital —explicó Hikari.

—Una vez que nos “alamos” a alguien —intervino Hibiki—, nos unimos a él para siempre.

Es más que una pareja, es un lazo espiritual, físico y emocional.

Sona cerró los ojos por un instante, respirando profundo.

—Así que son…

alienígenas con habilidades energéticas especiales que buscan a un “Ashikabi”…

¿es decir, esposo?

Ambas asintieron al unísono.

—Excelente —dijo Sona sarcástica, masajeándose la sien—.

No puedo esperar a reportar esto a mi hermana Serafall Leviathan.

Seguro le parecerá adorable.

Las gemelas se rieron con suavidad, sabiendo que la reacción de la Maou probablemente sería un grito chillón de emoción.

—Presidenta —dijo Hikari—.

No se preocupe.

No venimos con malas intenciones, ni a causar conflictos en su escuela.

Solo estamos aquí por nuestro Ashikabi.

—¿Y puedo saber quién es?

—Daniel —respondieron las dos a la vez, con orgullo en la voz.

Sona entrecerró los ojos.

—Por supuesto que es Daniel…

—murmuró para sí, ya reconociendo el patrón de caos a su alrededor.

—Con respeto —dijo Hibiki con gentileza—, no podríamos unirnos a ningún séquito.

Ya pertenecemos a él.

Sona asintió con comprensión, aunque por dentro estaba haciendo cálculos, ya que si esa conexión era tan profunda como describían, eso explicaba las lecturas anómalas que había captado.

Justo en ese momento, su celular comenzó a sonar.

—¿Disculpen?

—dijo sacándolo y contestando—.

¿Sí?

Su expresión se tornó seria.

—¿Una reunión urgente?

¿Solicitada por Daniel…?

Entiendo.

Enviaré una respuesta de inmediato.

Sona colgó y suspiró, antes de mirar de nuevo a las gemelas.

—Al parecer su “Ashikabi” ha solicitado una reunión urgente conmigo y con Rias.

Algo sobre un ángel caído capturado.

Los ojos de Hikari y Hibiki se agrandaron.

—¿Daniel…

está bien?

—preguntó Hibiki, alarmada.

—Sí, al parecer lo está.

La reunión es en breve.

Iremos al Club de Investigación de lo Oculto.

Y dado que esto también puede involucrarlas, están invitadas a unirse.

Las dos hermanas se miraron, serias por primera vez en mucho rato.

Luego asintieron al unísono.

—Gracias, Presidenta —dijeron con respeto.

—Prepárense.

Esta noche podría cambiar muchas cosas.

El pasillo que conectaba con el Club de Investigación de lo Oculto estaba silencioso, con excepción del sonido de pasos firmes y decididos.

Daniel caminaba al frente, con el cuerpo inconsciente de Reynare apoyado sobre su hombro como si no pesara nada.

A su lado, caminaba Akeno Himejima, quien lo observaba de reojo con una mezcla de curiosidad y creciente interés.

Sus ojos seguían cada gesto de Daniel, como si tratara de descifrar un enigma oculto bajo su apariencia relajada.

Daniel notó sus miradas, pero decidió no hacer comentarios.

A estas alturas, era mejor no dar señales.

Al llegar a la puerta del club, Akeno la abrió con gentileza, permitiendo que Daniel entrara primero.

—Permiso…

—murmuró él, entrando con calma pero con paso firme.

Dentro, Rias Gremory y Sona Shitori ya los esperaban.

Ambas estaban de pie, junto a la mesa de reuniones.

El ambiente se tensó momentáneamente por la presencia de Reynare.

Pero antes de que pudiera decir una palabra…

—¡¡Daniel!!

—gritaron al unísono dos voces.

Hikari y Hibiki se abalanzaron sobre él como proyectiles de cariño.

A pesar de que Daniel trató de mantenerse firme, tuvo que hacer malabares para no soltar a Reynare en el acto.

—¡Tranquilas, tranquilas!

Estoy bien —dijo con una risa suave, rodeando a ambas con un brazo mientras con el otro mantenía a Reynare a salvo.

Ambas Sekirei estaban visiblemente aliviadas de verlo bien, sus expresiones denotaban una mezcla de amor y preocupación.

Rias, al ver la escena y recordando la breve explicación que Sona le dio sobre las Sekirei, no pudo evitar un leve nudo en el pecho.

“Tienen a alguien que las ama sin condiciones, que pelearía por ellas…

Qué envidia…”, pensó, con una chispa de anhelo en el corazón.

Akeno, por otro lado, se mordió el labio inferior con suavidad, el pensamiento de una relación secreta, prohibida, incluso escandalosa, con alguien tan fuera del molde como Daniel…

la emocionaba más de lo que admitiría en voz alta.

Una vez calmadas sus Sekirei, Daniel caminó hasta el centro del cuarto y dejó a Reynare con cuidado sobre un sillón cercano.

Luego se giró para hablar con seriedad.

—Gracias por venir.

Esta es Reynare, un ángel caído que intentó matarme hace unas horas.

Las miradas se endurecieron.

Sona ajustó sus lentes; Rias frunció el ceño.

—¿Intentó matarte?

—preguntó Rias con el ceño fruncido.

—Sí, pero no fue una orden oficial —respondió Daniel—.

Según me dijo durante la pelea, ella fue enviada por Grigori solo para observarme, pero su obsesión con ganar la atención de Azazel la llevó a hacer una estupidez.

—Una estupidez que pudo costarte la vida —masculló Rias, dando un paso al frente con energía demoníaca vibrando en el aire—.

Entonces la elimino y asunto resuelto.

—Espera —intervino Sona, alzando la mano con calma.

Rias la miró con desagrado, pero se detuvo.

—Podemos hacerlo de forma diplomática.

Mi hermana, Serafall Leviathan, se encarga de relaciones con otras facciones.

Podemos entregar a Reynare directamente a Grigori, que se encarguen ellos del castigo correspondiente.

Si lo solucionamos así, evitamos tensiones.

Rias se cruzó de brazos, pensativa.

Después de unos segundos, suspiró.

—Bien.

Pero si Azazel no hace nada…

la próxima vez, no dudaré.

—Entendido —dijo Sona con una leve sonrisa de aprobación.

Daniel asintió, aliviado de que no se derramara sangre innecesariamente.

—Gracias por escucharme.

Quería evitar un conflicto mayor.

Ambas chicas le dirigieron una mirada seria pero agradecida.

—Gracias a ti por haberla traído viva —dijo Sona—.

Tu madurez es…

poco común en este mundo.

Cuando Daniel se disponía a retirarse, ambas líderes lo detuvieron con una misma pregunta.

—Daniel…

¿En verdad no planeas unirte al séquito de nadie?

El chico sonrió con gentileza, pero su mirada era firme.

—No.

No tengo intención de pertenecerle a nadie.

Ya tengo a las personas a las que elegí y que me eligieron.

Con eso me basta.

Las dos chicas se miraron por un instante.

Una conexión silenciosa se compartió entre ellas.

Este chico…

no era normal.

Y lo sabían.

Apenas la puerta del Club de Investigación de lo Oculto se cerró tras la salida de Daniel junto a Hikari y Hibiki, el ambiente quedó en silencio por unos segundos.

Rias Gremory se cruzó de brazos, su expresión era de frustración contenida.

—Se fue…

y sigue sin cambiar de opinión.

Sona Shitori, más serena, ajustó sus lentes.

—Te lo dije, no es alguien que puedas presionar.

Tiene una voluntad demasiado firme.

—Lo sé —respondió Rias con un suspiro pesado—.

Pero no deja de ser frustrante.

Si tan solo aceptara…

podría marcar la diferencia en el Rating Game contra Riser.

Él tiene a sus quince peones listos.

Yo apenas tengo cuatro.

Sona bajó la mirada un momento, comprendiendo el peso de esas palabras.

Rias no deseaba casarse con Riser Phenex, y su única salida era vencerlo en un juego que claramente no estaba a su favor.

—Forzarlo sería peor.

No es ese tipo de persona.

—Y eso es lo que lo hace más valioso —murmuró Rias con tristeza.

Sona, al ver que su compañera se quedaba inmersa en sus pensamientos, sacó su celular y marcó un número.

—Será mejor que llame a mi hermana para que se encargue de Reynare.

El tono no duró ni dos segundos antes de que una voz chillona y exageradamente dulce contestara: —¡¡¡So-tan~!!!

¿¡Me extrañaste!?

¡Dime que estás bien!

¡¿Estás en peligro?!

¡¿Quieres que lo congele todo!?

Sona apretó los dientes con gesto paciente.

—Estoy bien, Serafall.

Necesito que vengas al Club de Investigación de lo Oculto.

Tenemos bajo custodia a un ángel caído.

—¡¿QUÉÉÉÉÉÉÉÉ?!

¡¡VOY AHORA MISMO!!

—¡Serafa—!

FLASH Una luz azulada estalló en medio del club, seguida de destellos de nieve mágica.

En un instante, Serafall Leviathan, la excéntrica Maou de Relaciones Exteriores, apareció vestida con su uniforme de idol mágico, flotando ligeramente sobre el suelo.

—¡So-tan!

¡¿Estás herida?!

¿Quién te hizo daño?

¡¿Dónde está esa plumífera traidora!?

—Estoy bien, gracias —respondió Sona con voz cansada, señalando hacia donde Reynare yacía inconsciente—.

Y ahí está.

Serafall flotó cerca, observando el cuerpo con interés.

—¿Una ángel caída de bajo nivel?

Hmm…

¿quién la derrotó?

—Un humano —respondieron Rias y Sona al unísono.

Serafall parpadeó, sorprendida.

—¿Perdón?

¿Un humano?

—Sí —confirmó Sona—.

Su nombre es Daniel Hernández.

Derrotó a Reynare y la entregó con vida.

Posee una energía que no hemos podido clasificar aún.

No pertenece a ninguna raza conocida.

Serafall bajó flotando, ahora mucho más interesada.

—¿Qué tipo de humano hace algo así?

¿Un usuario de Sacred Gear?

—Posiblemente —comentó Rias—.

Pero hay más.

Serafall alzó una ceja, divertida.

—¿Más?

Sona respiró hondo.

—Está vinculado a dos chicas que se hacen llamar Sekirei.

—¿Se…

qué?

—Sekirei —repitió Sona con calma—.

Según lo que me dijeron, no son humanas ni demonios.

Son una especie de raza alienígena humanoide que vino a este mundo con el objetivo de buscar a su pareja ideal, al que llaman Ashikabi.

Aparentemente, el lazo entre ellos no es solo emocional, sino también espiritual y energético.

Serafall parpadeó de nuevo, esta vez completamente confundida.

—¿Aliens románticos…?

¿¡Y ya están vinculadas con ese humano!?

—Exacto —asintió Sona—.

Ambas aseguran que él es su Ashikabi.

Y están fuertemente ligadas a él, tanto física como energéticamente.

Rechazaron mi oferta de unirse a mi séquito por esa misma razón.

Serafall se quedó en silencio unos segundos.

—…¡Kyaaa!

¡Qué historia más shoujo~!

¡¡So-tan, esto es como un manga de romance galáctico!!

—Por favor, toma esto en serio —gruñó Sona, conteniendo el tic nervioso.

—Lo hago, lo hago —respondió Serafall, haciendo un puchero—.

Solo que es la primera vez que escucho sobre una raza así.

¿Tienes más información?

—Están inscritas en Kuoh y seguirán siendo monitoreadas.

No parecen representar una amenaza —afirmó Sona—.

Al menos no mientras Daniel las tenga bajo control.

Serafall se cruzó de brazos.

—Entonces, ¿puedo llevarme a la angelita?

—Sí —intervino Rias—.

Está fuera de combate.

Daniel no quiso matarla…

solo entregarla.

Serafall caminó hasta Reynare y tras un gesto mágico, la teletransportó en un sello gélido.

—Perfecto.

La enviaré directamente a Grigori.

Haré el papeleo y…

¡ah, cierto!

Giró hacia ambas chicas con ojos chispeantes.

—¿Puedo tener una reunión con ese Daniel mañana?

Sona suspiró, anticipando el desastre.

—Lo intentaremos agendar.

—¡Yay~!

¡So-tan eres la mejor hermanita!

¡Nos vemos mañana~!

Y con un remolino de nieve, Serafall desapareció.

Rias y Sona se quedaron en el silencio otra vez.

—¿Crees que acepte verla?

—preguntó Rias.

—No lo sé —dijo Sona mientras se sentaba en su silla—.

Pero si algo está claro…

es que Daniel Hernández es mucho más que un simple humano.

La noche ya se había asentado en la ciudad, y la luna iluminaba suavemente las calles mientras Daniel, Hikari y Hibiki llegaban a casa.

El ambiente era cálido y familiar.

Las luces del hogar encendidas, el aroma de la cena en el aire y la sensación de refugio tras un día largo y, en este caso, lleno de tensión.

—¡Bienvenido a casa~!

—dijeron ambas al unísono, aunque habían estado con él casi todo el camino.

Aun así, sus voces estaban llenas de afecto.

Daniel no pudo evitar sonreírles con ternura, entrando a la cocina para ayudar a servir la cena.

Un par de minutos después, los tres se encontraban en la mesa, comiendo tranquilamente arroz con carne y verduras salteadas.

Las gemelas lo observaban con atención, como si esperaran el momento adecuado para hablar.

Y no tardaron.

—Daniel —comenzó Hibiki, dejando sus palillos a un lado—, queremos saber…

¿qué pasó exactamente con esa ángel caída?

—Sí —añadió Hikari, inclinándose un poco hacia él—.

Sabemos que la atrapaste, pero…

¿por qué te atacó?

¿Qué motivación tenía?

Daniel bajó los palillos lentamente, tragando el último bocado antes de hablar.

—Bueno…

es una historia algo larga —dijo rascándose la nuca—.

Pero intentaré explicarlo lo mejor que pueda.

Justo entonces, la voz grave y poderosa resonó dentro de su mente.

「Permíteme ayudarte, compañero.」 Daniel asintió mentalmente.

—Primero que nada —empezó, mirando a ambas con calma—, esa ángel caída llamada Reynare había sido enviada a espiarme…

por Azazel, el líder de los Grigori.

Ambas se tensaron al escuchar ese nombre.

—¿Grigori?

—repitió Hibiki—.

¿Es el grupo de los ángeles caídos?

—Exacto —afirmó Daniel—.

Pero Reynare no siguió las órdenes.

Decidió matarme por su cuenta, probablemente buscando llamar la atención de Azazel.

Hikari frunció el ceño.

—¿Y qué tiene que ver Azazel contigo?

Ahí es cuando Ddraig intervino, su voz retumbando en la mente de Daniel, y al mismo tiempo, él la transmitía a través de sus palabras.

—No podemos estar completamente seguros —comenzó Daniel con tono pensativo—, pero Ddraig cree que Azazel está interesado en mí por la energía que emano.

Lo más probable es que no sepa con certeza que tengo la Boosted Gear, pero debe sospechar que tengo una Sacred Gear poderosa.

Hibiki alzó una ceja.

—¿Por qué sospecharía eso?

Daniel los miró con seriedad.

—Porque, según Ddraig, los usuarios de la Boosted Gear tienen un aura distinta…

imponente, incluso.

Y aunque yo todavía estoy entrenando, esa energía ya es perceptible para quienes tienen sensibilidad sobrenatural.

「Después de todo, soy el Emperador Dragón Rojo de la Dominación.

Mi poder siempre atrae atención.

Siempre.」 Hikari tragó saliva, intentando asimilar todo.

—Entonces…

¿él no sabe que eres el portador, pero lo intuye?

—Exacto —respondió Daniel, sirviéndose un poco de agua—.

Y eso hace todo más delicado.

Si lo descubre, no sé si intentará acercarse con intenciones diplomáticas…

o si tratará de aprovecharse de alguna forma.

Ambas Sekirei se miraron con preocupación, pero también con determinación.

—Si intentan hacerte daño —dijo Hibiki con voz firme—, no nos quedaremos de brazos cruzados.

—Eso jamás —agregó Hikari con una sonrisa seria—.

Somos tus Sekirei.

Y nadie va a tocar a nuestro Ashikabi sin pasar por nosotras.

Daniel no pudo evitar sonreír, tocado por sus palabras.

Se acercó para tomarles las manos con suavidad.

—Gracias…

en serio.

Saber que están conmigo me da fuerzas para seguir.

Después de eso, la conversación bajó su intensidad.

Terminaron de cenar entre risas más suaves, recordando tonterías de los días en la escuela, mientras el aroma del té llenaba la cocina.

Y aunque sabían que el mundo sobrenatural los vigilaba, en esa casa, al menos por esa noche, todo estaba en calma.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Apoyame en mi patreon para seguir escribiendo estas historias y mas a futuro.

Mi patreon: SeathScale

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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