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Mezcla de mundos anime: El emperador intergalactico - Capítulo 12

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  4. Capítulo 12 - 12 Capitulo 11 Serafall
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12: Capitulo 11: Serafall 12: Capitulo 11: Serafall La mañana había empezado como cualquier otra en la preparatoria Kuoh.

El sol brillaba tenuemente a través de las ventanas del salón, los alumnos hablaban entre murmullos mientras esperaban que comenzaran las clases.

Daniel, Hikari y Hibiki estaban sentados en sus respectivos lugares, compartiendo miradas y pequeñas notas discretas con dibujos graciosos de sus clases aburridas.

Todo parecía tranquilo… hasta que Sona Shitori, la siempre seria presidenta del consejo estudiantil, se acercó al salón.

No entró, no llamó a nadie.

Simplemente se paró en la puerta y, con una mirada precisa, dirigió su atención hacia Daniel.

Él captó de inmediato que algo importante pasaba.

Su Haki de Observación también le susurraba que había una intención detrás de la presencia de Sona.

Con un gesto leve de la cabeza, ella le indicó que saliera al pasillo.

Daniel se levantó con naturalidad, fingiendo que iba por agua.

Hikari y Hibiki lo siguieron con la mirada discretamente.

Afuera, Sona se acercó lo justo para que solo ellos pudieran oír.

—Serafall Leviathan-sama desea tener una reunión contigo, Daniel Hernández.

—dijo con su tono usual, aunque había una pizca de incomodidad detrás—.

Ha sido insistente, y quiere verte en persona esta misma tarde.

Daniel alzó una ceja, no sorprendido, pero sí curioso.

—¿La Maou de Relaciones Exteriores?

Vaya… no es algo que ocurra todos los días.

—Exacto —añadió Sona, ajustando sus lentes—.

Por obvias razones, necesitamos mantener esto discreto.

Si estás de acuerdo, la reunión será en la sala del consejo estudiantil después de clases.

¿Vendrán también Hikari y Hibiki?

Ambas Sekirei se miraron un instante antes de asentir.

—Iremos con él —dijo Hikari con firmeza.

—No lo dejaremos solo frente a una Maou, sea quien sea —añadió Hibiki con una media sonrisa.

Sona suspiró con resignación, como si ya esperara esa respuesta.

—Muy bien.

Nos veremos entonces más tarde.

Daniel asintió y regresó al salón.

Sin embargo, antes de poder sentarse, una mirada curiosa lo interceptó.

—¿Qué fue eso?

—preguntó Alya, con el ceño ligeramente fruncido y el tono de voz que usaba cuando algo no le cuadraba—.

¿De qué hablaban con la presidenta?

Daniel se quedó quieto por una milésima de segundo.

Sabía que decir la verdad podría levantar más sospechas, pero mentirle a Alya tampoco se sentía correcto.

Así que, optó por la vía más efectiva: distraerla con ternura.

—¿Hm?

¿Celosa de que otra chica me hable?

—preguntó con una sonrisa juguetona mientras se acercaba a ella.

Alya se sonrojó un poco y desvió la mirada, cruzando los brazos.

—¡Claro que no!

Solo… fue raro, eso es todo.

—Entonces no te importará si no te digo nada, ¿cierto?

—dijo él, bajando la voz mientras sacaba un papel con un dibujo de él disfrazado de agente secreto con gafas y todo, sosteniendo un cartel que decía: “¡Misión secreta!

Con código de ternura máxima.” Alya parpadeó, sorprendida, y luego soltó una pequeña risa.

—Eres tan idiota… —Lo sé —respondió Daniel con una sonrisa traviesa—.

Pero soy tu idiota favorito, ¿no?

Ella rodó los ojos, pero no pudo evitar sonreír más.

—Tsk… solo porque tienes buena mano para dibujar.

Daniel volvió a su asiento, con Alya aún sonrojada y las Sekirei observando la escena con ojos cómplices.

A pesar de los misterios que se acumulaban, por un instante, todo pareció ligero otra vez.

Pero en su interior, Daniel sabía que la reunión de esa tarde podría cambiar muchas cosas.

El timbre de salida sonó, anunciando el final de la jornada escolar.

Como siempre, los estudiantes comenzaron a salir con entusiasmo, listos para disfrutar de su tarde.

Daniel, por su parte, estaba organizando sus cosas, esperando que Hikari y Hibiki terminaran de empacar.

Justo cuando estaba por salir, Alya se le acercó con una sonrisa leve, su mochila al hombro.

—Oye, ¿te parece si caminamos juntos hoy también?

—preguntó con ese tono dulce que solo usaba con él.

Daniel se detuvo y por un instante deseó poder decir que sí… pero sabía que había algo más importante que debía atender.

—Lo siento, Alya… no podré hoy —dijo con una expresión sincera—.

La presidenta del consejo estudiantil pidió vernos a mí, Hikari y Hibiki.

Es algo… importante.

Alya frunció el ceño por la mención del trío.

—¿Los tres?

¿Juntos?

—preguntó en voz baja.

El silencio que siguió no ayudó a aclarar el asunto, y su imaginación empezó a hacer de las suyas.

—No me digas que… ¡¡fueron atrapados haciendo algo indecente en la escuela!!

—susurró dramáticamente mientras se sonrojaba, escandalizada.

—¿Qué?

¡No, claro que no!

—intentó defenderse Daniel, levantando las manos—.

No es nada de eso, es solo— Antes de que pudiera terminar, Hikari y Hibiki, con sonrisas traviesas, se acercaron a Alya.

—Sí, sí —dijo Hikari, guiñando un ojo—.

Nos atraparon… en medio de todo.

—Fue muy… intenso —añadió Hibiki con una voz seductora.

Alya abrió los ojos como platos, su rostro poniéndose rojo carmesí en segundos.

—¡¿QUÉEEEEE?!

—gritó, pero rápidamente se tapó la boca al darse cuenta de que aún había estudiantes cerca.

Antes de que pudiera decir más, las gemelas se acercaron a cada lado de ella.

Una al oído derecho, otra al izquierdo, y susurraron al unísono: —Podrías unirte a nosotras la próxima vez… si quieres.

Fue demasiado.

Alya emitió un chillido ahogado, su rostro ya no podía estar más rojo, y sin decir una sola palabra más, giró sobre sus talones y salió corriendo como alma que lleva el diablo, con una estela de humo cómico detrás.

Daniel solo suspiró, viéndola desaparecer al estilo anime.

—Un día de estos me va a golpear con su mochila… —murmuró mientras las gemelas reían a carcajadas, claramente orgullosas de su travesura.

—Valió completamente la pena —dijo Hikari, aún riéndose.

—¿Crees que se tarde en perdonarnos?

—preguntó Hibiki con fingida preocupación.

—¿Tú qué crees?

—Daniel las miró con una sonrisa resignada, pero divertida.

Con el ambiente relajado y risas frescas, el trío finalmente se dirigió al consejo estudiantil.

Al llegar, Sona los esperaba con expresión seria como siempre, junto a Rias Gremory, que mantenía la compostura, aunque con una leve ansiedad en sus ojos rojos.

Pero lo que llamó la atención de Daniel fue la nueva presencia en la sala.

Una chica de cabello largo y oscuro, recogido en dos coletas adornadas con estrellas y una capa brillante.

Una energía abrumadora la rodeaba, y a pesar de su apariencia juguetona y voz alegre mientras saludaba efusivamente a Sona… Daniel supo al instante quién era.

—Serafall Leviathan… —pensó, reconociéndola gracias a sus recuerdos de su vida pasada.

La Maou de Relaciones Exteriores estaba allí, por él.

Y la reunión estaba a punto de comenzar.

El ambiente en la oficina del consejo estudiantil era tenso, a pesar de lo acogedora que normalmente se sentía con Sona a la cabeza.

Daniel, Hikari y Hibiki estaban sentados frente a una figura cuya sola presencia imponía respeto.

Serafall Leviathan, Maou de Relaciones Exteriores, vestía como una idol mágica de anime, con una capa brillante y coletas adornadas de estrellas.

Su expresión era animada, incluso alegre, como si estuviese por animar un programa para niños.

Pero Daniel lo sabía.

Bajo esa fachada de dulzura había una mente afilada, estratégica… peligrosa.

El corazón de una guerrera que había perdido demasiado en la guerra civil del Inframundo.

Esa sonrisa era solo la máscara que había elegido usar.

—¡Qué emoción conocerlos!— exclamó Serafall con voz cantarina mientras se sentaba elegantemente frente a ellos.

—Vamos a tener una pequeña charla, ¿sí?

Especialmente con ustedes dos, lindas señoritas —dijo, mirando a las gemelas con ojos que brillaban de curiosidad.

Hikari y Hibiki se miraron por un segundo y luego asintieron con decisión.

No tenían nada que ocultar.

—Somos Sekirei —comenzó Hikari—.

Una raza proveniente de fuera del planeta Tierra.

—Cada Sekirei tiene un poder distinto y una conexión única con su Ashikabi, una persona compatible con nosotras a nivel físico y emocional —añadió Hibiki con serenidad—.

Nuestra meta es encontrar a ese Ashikabi y vincularnos a él, lo que incrementa nuestro poder.

—Actualmente, hay 108 Sekirei rondando Japón —continuó Hikari—.

Algunas ya se han vinculado, otras siguen buscando.

Serafall asintió lentamente, procesando todo con aparente ligereza… pero Daniel podía sentir cómo detrás de esa mirada vivaz, su mente estaba analizando, tejiendo posibles escenarios geopolíticos y sobrenaturales.

—Interesante…

muy interesante~ —dijo finalmente—.

¡Son como cartas coleccionables con superpoderes y vínculos románticos!

¡Kyaaa~!

Sona suspiró desde su lugar, visiblemente molesta con los comentarios exagerados de su hermana.

Entonces, Serafall giró su mirada a Daniel.

—Y ahora tú, joven humano.

Tengo entendido que fuiste atacado por una ángel caído… quiero que me lo expliques con tus palabras.

Daniel asintió, manteniendo la calma.

—Fui atacado por una mujer llamada Reynare.

Según lo que dijo, fue asignada para observarme… pero decidió tomar acciones por su cuenta.

Intentó matarme.

Las palabras fueron directas.

Serafall dejó de sonreír por un momento.

El ambiente se volvió más serio.

—La enfrenté.

No usé magia ni Sacred Gear… sino una técnica que he entrenado durante semanas.

Se llama Haki.

—¿Haki?

—repitió Rias, interesada.

—Sí.

Es una habilidad basada en la fuerza de voluntad, dividida en tres tipos.

El que más usé fue el de Observación, que me permite sentir los movimientos y las intenciones del oponente.

También tengo el de Armadura, que fortalece mi cuerpo o ataques… pero aún está en desarrollo.

—¿Y solo tú puedes usarlo?

—preguntó Sona, tomando notas mentales.

—Exacto.

No es una habilidad mágica, sino de disciplina y voluntad.

No se puede enseñar fácilmente, y dudo que alguien más pueda replicarla sin un entrenamiento muy específico.

Serafall observó a Daniel con atención.

Luego, su tono cambió.

—Entiendo.

Entonces te pregunto, Daniel Hernández… ¿quieres que Reynare sea castigada severamente?

Puedo hacer que Azazel lo sepa… incluso modificar un poco el informe para que el castigo sea ejemplar.

Solo dime.

Daniel miró a Serafall fijamente por unos segundos.

Luego bajó la vista.

—No.

Solo quiero que se aseguren de que no vuelva a pasar.

No la odio.

No quiero venganza… solo que esto no se repita.

Hikari y Hibiki sonrieron dulcemente al escuchar eso, conmovidas.

Incluso Sona y Rias intercambiaron miradas sorprendidas por la madurez y nobleza del chico frente a ellas.

Serafall entrecerró los ojos… y por un momento, su sonrisa se suavizó.

Tal vez no era solo una máscara en ese instante.

—Eres raro para ser humano.

—Dicho eso, se levantó de su asiento, acomodándose la capa—.

Está bien, prepararé el informe y me aseguraré de que Reynare sea devuelta a Grigori sin un solo dedo encima.

Entonces, antes de irse, volteó de nuevo a ver a Daniel… y con una sonrisa traviesa dijo: —Ah, y por cierto… te advierto que eventualmente te vas a enamorar de mi linda So-tan~.

¡Es inevitable!

—¡¡SERAFALL!!

—gritó Sona, roja como un tomate.

Daniel solo sudó una gota enorme al estilo anime, mirando a un lado mientras Hikari y Hibiki se reían bajito.

—Ah, el amor joven~ —canturreó Serafall antes de desaparecer en un destello mágico.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Apoyame en mi patreon para seguir escribiendo estas historias y mas a futuro.

Mi patreon: SeathScale

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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