Mezcla de mundos anime: El emperador intergalactico - Capítulo 13
- Inicio
- Todas las novelas
- Mezcla de mundos anime: El emperador intergalactico
- Capítulo 13 - 13 Capitulo 12 Torneo de artes marciales
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
13: Capitulo 12: Torneo de artes marciales 13: Capitulo 12: Torneo de artes marciales Habían pasado unos días desde la tensa pero pacífica reunión con la Maou Serafall Leviathan.
Todo parecía más tranquilo ahora.
Daniel recibía clases, pasaba tiempo con Alya —que aún lo miraba de reojo tras aquella broma de las gemelas— y cada día se entrenaba con más intensidad.
Un día, durante el receso de clases, Sona Shitori se acercó a él de manera discreta en el pasillo del segundo piso.
Su semblante serio y su carpeta en mano eran señales claras de que venía por algo importante.
—Daniel.
—Lo llamó sin rodeos.
—¿Sí, presidenta?
—respondió él, girándose mientras guardaba su libro.
—Solo quería informarte que la entrega oficial de Reynare a Grigori ya ha sido completada.
Serafall-sama lo manejó personalmente.
El líder de los ángeles caídos, Azazel, envió una carta de agradecimiento.
—Sona lo miró de reojo—.
También mencionó que espera poder reunirse contigo en persona para ofrecer disculpas por el comportamiento de su subordinada.
Daniel se quedó callado por unos segundos.
La imagen mental del excéntrico, relajado y al mismo tiempo brillante líder de Grigori apareció en su mente.
Conociendo cómo era Azazel en la obra original, sabía que no lo citaría…
simplemente aparecería un día de la nada.
Tal vez en su casa.
Tal vez en la escuela.
Tal vez en la ducha.
—…Esto me pone más nervioso que tranquilo —murmuró, medio en broma.
—¿Perdón?
—preguntó Sona, sin entender.
—Nada, nada.
Solo pensar en posibles encuentros…
inesperados.
—Daniel fingió una sonrisa.
Sona lo miró con una ceja alzada, pero prefirió no indagar.
Tras despedirse, Daniel regresó al salón con una nueva idea formándose en su cabeza.
— Más Tarde en Casa Esa noche, mientras cenaban, Daniel extendió sobre la mesa un folleto que había encontrado en el tablón de anuncios de la escuela.
“Torneo Regional de Artes Marciales – Categoría Abierta” Lugar: Gimnasio Metropolitano de Kuoh Fecha: Este sábado, de 8:00 a 21:00 hrs.
Inscripciones abiertas para todas las edades.
Público bienvenido.
Hikari y Hibiki, que comían en silencio, miraron el papel con curiosidad.
—¿Planeas ir a verlo?
—preguntó Hikari.
—No.
Planeo participar —respondió Daniel con una sonrisa decidida.
Ambas lo miraron con los ojos abiertos.
—¿En serio?
¿Te vas a exponer así frente a tantas personas?
—Hibiki frunció el ceño—.
¿Y si alguien del mundo sobrenatural te reconoce?
—Puede que eso pase…
pero tengo una idea.
Usaré esto como campo de entrenamiento para mi Haki de Observación y Armadura.
Peleas reales contra humanos con habilidades físicas distintas.
Tendré que adaptarme a diferentes ritmos, posturas y estrategias.
—Daniel cerró el puño con fuerza—.
Quiero sentirme más preparado.
Si Azazel o algún otro me pone a prueba, no quiero depender solo del Boosted Gear o de Hikari y Hibiki.
Las gemelas se miraron entre sí.
Sus corazones latían con fuerza al verlo tan determinado.
—¿Y si resultas herido?
—preguntó Hikari, con una mezcla de orgullo y preocupación.
—No me dejaré.
Y si algo sale mal, ustedes estarán allí.
¿Me apoyarán?
Hibiki fue la primera en asentir, con una sonrisa firme.
—Claro.
Si vas a partir huesos, quiero verlo en primera fila.
—Y yo te traeré una toalla con tu nombre bordado —bromeó Hikari.
Los tres rieron.
El torneo se llevaría a cabo el sábado, lo que dejaba tres días de preparación intensiva.
Daniel decidió que, desde ese momento, cada tarde sería una batalla campal de práctica, contra los movimientos impredecibles de sus Sekirei y el endurecimiento de su cuerpo golpeando roca tras roca.
Mañanas en Kuoh Academy.
La cámara muestra a Daniel caminando entre pasillos con su mochila al hombro.
A un lado camina Hikari, al otro Hibiki.
Más adelante, Alya, con su típica expresión reservada pero cálida, voltea a verlos.
Daniel saluda y charla con ella animadamente mientras las gemelas lo siguen con sonrisas cómplices.
Tardes de entrenamiento.
Un puño se estrella contra una roca.
Otro se desliza bajo una patada de Hibiki.
El sudor recorre el rostro de Daniel mientras esquiva, gira, contraataca, cae, se levanta.
Su Haki de Observación mejora.
Ya no solo percibe ataques: visualiza intenciones.
Su Haki de Armadura le permite resistir más, endurecer sus nudillos, crear una barrera invisible de defensa.
Noches de vínculo espiritual.
En un plano mental, Daniel se encuentra flotando en un espacio negro y rojo, frente a él, el majestuoso dragón carmesí: Ddraig.
—Estás mejorando, niño —gruñe con satisfacción—.
Pero no basta con fuerza física.
Tu alma debe alinearse con la Boosted Gear si quieres alcanzar el verdadero potencial del Emperador Rojo.
Daniel, sentado con las piernas cruzadas, medita, respirando hondo, rodeado de pulsos escarlata.
Una conexión invisible, pero cada día más fuerte.
Sábado – El Día del Torneo El sol apenas asomaba por el horizonte cuando Daniel abrió los ojos.
Su cuerpo estaba tenso, pero listo.
Hacía mucho que no sentía esa mezcla de nervios y emoción.
Desayunó algo ligero —fruta, proteína, un poco de arroz— y se vistió con ropa cómoda de combate: pantalones deportivos negros, camiseta blanca, vendajes en los antebrazos y guantes ligeros.
Hikari y Hibiki, vestidas de forma casual pero elegante, bajaron al comedor y se colocaron a cada lado suyo.
—¿Listo para el espectáculo?
—preguntó Hikari con una sonrisa coqueta.
—¿O debería decir…
para brillar frente a la multitud?
—añadió Hibiki, ajustándole la banda del brazo.
Daniel sonrió mientras terminaba su bebida energética.
—No sé si brillaré…
pero me aseguraré de no caer sin dar pelea.
— Gimnasio Metropolitano de Kuoh – 8:30 AM El lugar era enorme.
Construido originalmente para eventos escolares, ahora lucía como una arena de competencia de alto nivel.
El centro del gimnasio estaba ocupado por un ring de madera lisa, sin cuerdas, elevado unos 50 cm del suelo.
Medía casi 20 metros de ancho, un espacio ideal para combates que valoraran la técnica tanto como la resistencia.
Las gradas estaban comenzando a llenarse.
Alya, al ver la estructura, quedó boquiabierta.
Aún dudaba que Daniel participara…
hasta que vio su nombre en la hoja de registro oficial.
—…¿Daniel Hernández…
Categoría Libre?
—leyó en voz alta, con una expresión de shock.
—Ya ves —le dijo Hibiki, sacando la hoja con una sonrisa pícara—.
Nuestro chico va en serio.
—¿Estás…
loco?
—preguntó Alya, alzando una ceja, aunque había preocupación en su tono.
—Tal vez un poco —admitió Daniel, alzando los hombros—.
Pero con propósito.
Alya frunció los labios, cruzando los brazos, pero prometió asistir.
No lo dejaría solo.
— Un Nombre Curioso entre los Participantes Mientras Daniel calentaba en un área de espera, revisó la lista completa de nombres.
Algunos le sonaban comunes.
Otros parecían apodos o alias.
Pero uno en particular le hizo fruncir el ceño.
> “Videl Satan – Categoría Libre, Ciudad Satán” Daniel abrió mucho los ojos.
—No…
puede ser…
—murmuró.
La hija de Mr.
Satán.
Artes marciales reales.
Habilidades físicas fuera de lo normal para una humana.
Si esa era la Videl, su presencia confirmaba que al menos una versión reducida del universo de Dragon Ball existía aquí.
—Por suerte no vi a nadie con peinados de Super Saiyajin…
—susurró, sudando ligeramente.
Gimnasio de Kuoh – Zona central del ring, 9:30 AM El sol de la mañana entraba por los ventanales del gimnasio.
Las gradas estaban casi repletas.
Profesores, estudiantes, habitantes de Kuoh y curiosos de otras ciudades estaban presentes para ver el Gran Torneo de Artes Marciales Local.
En el centro del gimnasio, el gran ring de madera, de casi veinte metros de diámetro, estaba lleno de competidores.
Más de cien participantes, cada uno calentando, estirando o simplemente observando con atención a los que lo rodeaban.
Entre todos ellos, Daniel Hernández respiraba con calma, los ojos entrecerrados, mientras sentía las presencias a su alrededor.
Sus músculos estaban relajados, pero listos.
Cada pequeño movimiento, cada paso, lo analizaba con su Haki de Observación.
A pocos metros de él, Videl —con su clásica camiseta blanca, pantalones cortos negros, guantes y vendas en las piernas— lo observaba con insistencia.
No era raro que le prestara atención a participantes fuertes…
pero Daniel le resultaba distinto.
> “Lo he visto en los pasillos de Kuoh…
pero se supone que es un donjuán sin disciplina.
No parece eso ahora.” Daniel, por su parte, había notado su mirada…
y había optado por desviar los ojos, manteniéndose neutral.
> “Si es la misma Videl que pienso…
no debo subestimarla ni un segundo.
Es fuerte incluso sin ki.
Y no necesito llamar su atención.” El árbitro, un hombre fornido con traje blanco, subió al borde del ring, alzó la mano y con voz amplificada anunció: —¡Participantes!
Esta es la primera fase del torneo: la batalla campal.
—¡Solo los últimos 32 competidores en pie pasarán al torneo oficial!
—¡Las reglas son simples: no se permite matar, ni uso de armas!
Si caen fuera del ring o quedan inconscientes, quedan eliminados.
—¿Listos?
Los competidores se tensaron.
Se formaron alianzas improvisadas.
Algunos más grandes y musculosos comenzaron a buscar objetivos fáciles.
Otros se desplazaban lateralmente, esperando el momento justo.
El árbitro bajó la mano…
—¡Comiencen!
¡CLANG!
La campana resonó.
Y el caos estalló.
— Batalla Campal – Caos y Estrategia Gritos, golpes, caídas y choques comenzaron a resonar en el gimnasio.
Algunos intentaron actuar rápido, lanzándose a empujar a otros fuera del ring, buscando eliminaciones fáciles.
Otros se escondían entre los más fuertes, esperando sobrevivir a la primera ola.
Daniel, en cambio, mantuvo su posición, esquivando ataques con agilidad.
Gracias a su Haki de Observación, preveía los movimientos cercanos.
Un luchador fornido trató de golpearlo por la espalda.
—¡Te tengo!
Pero Daniel giró con precisión, lo agarró del brazo, y con una llave simple lo lanzó fuera del ring.
El luchador cayó de espaldas con un fuerte “¡THUD!” —Uno fuera.
Del otro lado, Videl se abría paso con su propio estilo: técnicas limpias de artes marciales, patadas giratorias, y una lectura del combate igual de impresionante.
—¡No piensen que una chica es un blanco fácil!
—exclamó, derribando a dos con una barrida.
En las gradas, Hikari y Hibiki miraban atentas con expresiones serias.
Alya, por su parte, tenía las manos apretadas sobre sus rodillas, claramente preocupada.
—No se ha tomado ni un solo golpe hasta ahora —comentó Hibiki.
—Sí.
Pero este tipo de combate es más mental que físico —añadió Hikari—.
Si Daniel se confía demasiado, lo podrían atrapar por número.
En el ring, Daniel esquivó una patada, se agachó y con el puño cubierto de Haki de Armadura, golpeó en el estómago a un rival que volaba hacia él.
El golpe noqueó al adversario de inmediato, que cayó fuera del ring.
Daniel giró sobre su talón, evitando otro golpe, y luego usó su propio peso para proyectar a otro oponente por encima del borde.
Su Haki estaba afinado, le permitía moverse con una calma casi antinatural en medio del caos.
> “No puedo usar Ddraig aquí.
Ni habilidades fuera del estándar humano.
Solo el Haki…
y mi experiencia.” Un grupo de cuatro intentó rodearlo.
—¡Ahora!
Pero Daniel sonrió levemente.
Tres segundos antes del ataque…
ya sabía lo que harían.
Giró, bloqueó, atrapó el brazo de uno y lo utilizó como escudo contra el segundo.
Saltó sobre ambos, rodó por el suelo y pateó al tercero en el rostro.
El cuarto trató de huir, pero Daniel lo atrapó del cuello de la camiseta y lo arrojó fuera del ring con una torsión de cadera.
> “Treinta y cinco en pie…” Daniel jadeaba apenas.
Su precisión era quirúrgica.
Cada movimiento contaba.
Y no muy lejos, Videl lo miraba con los ojos entrecerrados.
> “Ese chico…
está leyendo el combate como si fuera un juego de mesa.” Final de la Batalla Campal – Gimnasio de Kuoh El sudor goteaba por la frente de Daniel, quien se encontraba al centro del ring, rodeado de cuerpos tirados, jadeantes o inconscientes.
Su camiseta estaba algo rasgada y su respiración era agitada, pero su postura aún era firme.
A su lado, Videl estaba en condiciones similares.
Su coleta caía a un lado, su guante derecho tenía polvo del suelo, pero no tenía ni un solo rasguño visible.
El árbitro alzó los brazos y gritó con fuerza: —¡Se acabó!
¡Ya tenemos a nuestros 32 clasificados!
Las gradas estallaron en aplausos y vítores.
Algunos gritaban por sus favoritos, otros simplemente emocionados por lo que acababan de ver.
Daniel se dejó caer sentado por un momento, secándose el sudor con el dorso de la mano.
> “¿Por qué TODOS vinieron por mí…?
¿¡Qué hice!?” Y como si esperara esa queja…
Ddraig, en su tono profundo y relajado, habló desde la mente de su portador: > —Lo olvidaste, compañero…
eres mi portador.
Los guerreros con instinto de lucha serán atraídos a ti como polillas al fuego.
—Tu mera presencia grita “¡Pelea conmigo!” Daniel suspiró, agotado, con una gota estilo anime bajándole por la sien.
> “Entonces básicamente, inscribirme al torneo fue como colgarme un cartel que dice ‘soy el jefe final, vengan todos’…” > —Exactamente.
> “…Maldito dragón.” > —Con gusto.
Mientras discutía mentalmente con su Sacred Gear, Videl se le acercó con los brazos cruzados, aún algo jadeante pero con una sonrisa divertida.
—Buen trabajo ahí.
¿Siempre peleas con diez al mismo tiempo?
Daniel se encogió de hombros, algo apenado.
—Solo cuando me odian sin conocerme.
Videl soltó una risa nasal.
—Entonces tienes talento para llamar la atención.
Daniel sonrió un poco en respuesta, sin decir más.
— Selección de Emparejamientos – Sistema de Rifa Una hora después, tras atender a los heridos y preparar a los clasificados, los 32 combatientes fueron reunidos en el área trasera del gimnasio.
Allí, se encontraba el referí con una gran urna transparente, llena de esferas numeradas.
Dentro de cada esfera había un papel con el nombre de un clasificado.
—¡Vamos a seleccionar los emparejamientos al azar!
—anunció el referí—.
Esto evitará favoritismos y garantizará un torneo justo.
Uno por uno, los números fueron sacados.
Daniel observaba desde la pared, aún con los brazos cruzados, mientras Hikari y Hibiki le pasaban una botella de agua y una toalla.
—¿Tú crees que te toque alguien débil?
—preguntó Hibiki, divertida.
—Lo dudo —murmuró Daniel—.
Ddraig ya me arruinó las probabilidades desde que nací.
—¡El primer combate será…!
—anunció el referí— ¡Número 12 contra el número 26!
Sacaron los papeles…
y entre murmullos, se leyeron los nombres: —¡Videl Satan contra Ryo Masaki!
Un leve murmullo se escuchó cuando el nombre “Satan” fue pronunciado, y más de un luchador tragó saliva al darse cuenta de con quién les podría tocar.
—Segundo combate…
¡Número 5 contra número 19!
—¡Daniel Hernández contra Tetsuya Kurono!
Daniel levantó las cejas.
No conocía al tal Tetsuya, pero por la reacción del público, debía ser alguien con reputación local.
El referí continuó sacando los nombres, armando la tabla completa.
El orden de combates se organizaría en ocho peleas preliminares ese mismo día, dejando cuartos, semifinales y la gran final para el domingo.
Mientras tanto, en las gradas, Alya, con los brazos cruzados y rostro serio, miraba hacia la zona de espera con un leve rubor en las mejillas.
—Si ese idiota se lastima…
lo voy a matar.
Junto a ella, varias chicas del colegio murmuraban sobre lo guapo que se veía Daniel peleando, y algunas incluso se preguntaban si estaba soltero.
Alya frunció el ceño.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Apoyame en mi patreon para seguir escribiendo estas historias y mas a futuro.
Mi patreon: SeathScale
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com