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Mezcla de mundos anime: El emperador intergalactico - Capítulo 15

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15: Capitulo 14: Finales 15: Capitulo 14: Finales [Última pelea del día sábado – Zona de combate] El ambiente se volvió más tenso.

El nombre de Videl Satan fue anunciado por los altavoces del gimnasio.

La joven ajustó sus guantes y subió al ring con decisión, sin notar aún a quién se enfrentaría.

—Y en la esquina roja…

¡Takeshi Midorikawa!

Videl se giró de golpe.

El hombre que subía al ring era de complexión robusta, cabello con canas peinadas hacia atrás y mirada dura.

Tenía la postura de alguien que había vivido peleas reales, no solo torneos.

Al llegar al centro del ring, sus ojos se posaron en Videl.

—¿Videl…

Satan?

Ella asintió.

—Sí, soy hija de Mr.

Satan.

El rostro de Takeshi cambió al instante.

Su ceño se frunció con fuerza y su mandíbula se tensó.

—Hmph…

Entonces no puedes huir de su sombra, ¿eh?

—¿Lo conoció?

—Fuimos compañeros de dojo.

Hasta que él decidió que el marketing y los reflectores eran más importantes que el verdadero combate.

—Takeshi escupió a un costado, molesto—.

Yo no reconozco como artista marcial a un payaso.

Videl apretó los dientes.

—¡Mi padre puede tener sus defectos, pero también salvó a gente!

¡Y yo no estoy aquí por él, estoy por mí!

Takeshi solo levantó los puños.

—Te enseñaré que llevar su apellido tiene consecuencias.

[Campana de inicio] Videl no tardó en lanzarse al ataque.

Sus golpes eran rápidos y certeros, como agujas.

Sin embargo, Takeshi los aguantaba todos sin retroceder, bloqueándolos con brazos sólidos como piedra.

—¡Maldición, es como pegarle a una pared!

—gruñó Videl mentalmente.

Cada vez que ella intentaba retroceder o flanquear, Takeshi respondía con golpes fuertes y directos, buscando dejarla fuera en una sola embestida.

Una de sus patadas rozó su abdomen y la hizo rodar por el suelo.

—No puedo pelear de tú a tú.

Tengo que aprovechar mi velocidad…

mi agilidad.

[Combate prolongado – minutos después] El público observaba en tensión.

Videl corría, saltaba, esquivaba, golpeaba…

una y otra vez, como un torbellino.

Sus pies eran un borrón, sus puños una ráfaga de acero.

Takeshi comenzó a mostrar señales de desgaste.

Cada golpe que antes resistía, ahora lo hacía retroceder una fracción.

Ella estaba ganando…

pero su resistencia se acababa.

—¡Vas bien!

—gritó alguien del público.

Era Daniel, desde las sombras de la zona de espera.

Videl lo oyó.

Y apretó los dientes.

—¡No perderé aquí!

Con un giro perfecto, logró conectar un gancho al costado de Takeshi, que lo hizo tambalear.

No le dio respiro.

Dos patadas al torso.

Un golpe directo a la mandíbula.

¡BAM!

Takeshi cayó de rodillas.

Intentó levantarse, pero sus piernas no respondían.

El referí hizo la cuenta, y al llegar al diez…

—¡VICTORIA PARA VIDEL!

[Después del combate] Videl respiraba agitadamente, sudorosa, con rasguños en la cara y el uniforme algo rasgado.

Takeshi se acercó con dificultad, y para su sorpresa, le extendió la mano.

—Tienes valor.

No eres como tu padre.

Eres…

tú.

Videl sonrió, cansada pero feliz.

—Gracias.

Eso es todo lo que quería demostrar.

[Fin del día – zona de anuncios] La final estaba oficialmente decidida.

—¡Mañana al mediodía, la gran final del Torneo de Kuoh será entre…

Videl Satan y Daniel Hernández!

Ambos nombres resonaron por los altavoces.

En el público, algunos ya debatían quién ganaría.

En las gradas más altas, Hikari y Hibiki sonrieron con orgullo.

Desde otra esquina, Alya cruzó los brazos y murmuró: —Será mejor que gane…

Mientras tanto, Daniel y Videl cruzaban miradas desde la distancia.

Una chispa de emoción, rivalidad y respeto mutuo crecía entre ambos.

La final comenzaría al día siguiente.

El sol ya se ocultaba detrás de los árboles, tiñendo de naranja el cielo de Kuoh.

El grupo de tres avanzaba por las calles tranquilas del vecindario.

Daniel caminaba al centro, con Hikari y Hibiki a cada lado, mientras Alya iba un paso más atrás, su rostro sonrojado mientras sostenía una bolsa con vendas y pomadas.

—A ver, quédate quieto —murmuró Hikari, presionando suavemente una gasa en la mejilla de Daniel.

—¿Cómo se supone que esté quieto si tu hermana está curándome el brazo al mismo tiempo?

—respondió con una sonrisa ladeada, aguantando el escozor.

—No te quejes —dijo Hibiki con voz suave pero firme—.

Shiranui te dio pelea.

No puedes quejarte por unos raspones.

Alya observaba todo mientras pasaba un algodón por la mano herida de Daniel.

—No entiendo por qué se arriesgó tanto…

ese tipo no era normal.

—No lo era —respondió Daniel con calma—.

Pero necesitaba probar algo.

Medir algo que entreno hace tiempo…

A unos metros de distancia, entre las sombras del parque al otro lado de la calle, una figura vendada con uniforme escolar observaba en silencio.

Videl.

Su brazo estaba vendado del hombro hasta el codo, y un parche cubría parte de su frente.

Se apoyaba contra un poste de luz, sin quitarle los ojos de encima a Daniel.

—Él…

no es normal —susurró para sí, con una mezcla de frustración y admiración.

—Esa velocidad…

esa calma…

esa fuerza…

No es un simple estudiante.

¿Pero qué es?

Daniel ya lo sabía.

Su Haki de Observación lo había alertado desde que salieron del gimnasio.

Sabía que Videl los seguía, pero eligió no decir nada.

Quería ver cuánto tiempo lo haría.

—Casi llegamos —dijo Hibiki, señalando la casa.

—¿Vas a quedarte a dormir con nosotras, Alya?

—preguntó Hikari de forma pícara, lo que hizo que Alya se sonrojara intensamente.

—¡N-No!

Yo…

¡ya he abusado bastante de su hospitalidad!

—se excusó rápido, mirando a otro lado.

Se giró hacia Daniel con un leve sonrojo aún en las mejillas y dijo—: Buenas noches, Daniel…

Sin pensar mucho, le dio un beso en la mejilla.

Daniel parpadeó, algo sorprendido…

pero luego sonrió.

—Descansa, Alya.

Ella salió trotando nerviosa, tapándose un poco el rostro.

Hikari y Hibiki miraban todo con una mezcla de diversión y sospecha.

—Ella también se está enamorando de ti —comentó Hibiki con tono casual.

—¿No es obvio?

—añadió Hikari, riendo.

Daniel solo suspiró, rascándose la nuca mientras las dos lo tomaban de los brazos.

Al llegar a la puerta, ambos lo miraron con dulzura, y sin decir nada, le dieron un beso cada una en los labios.

—Buenas noches, Ashikabi-sama —dijeron al unísono, y entraron con él a casa.

Desde la distancia, Videl observaba todo.

No estaba celosa…

¿o sí?

No lo sabía con certeza.

Solo sentía una incomodidad en el pecho y un extraño nudo en el estómago.

Con una última mirada, Videl se dio media vuelta y comenzó a caminar a casa.

—Este chico…

es raro —susurró mientras se perdía entre la penumbra—.

Pero no puedo dejar de pensar en él.

Y así terminaba la noche…

Con secretos, emociones contenidas y una final que se acercaba.

La mañana había llegado con un cielo despejado y una brisa que suavizaba el calor del sol.

Daniel ajustaba sus guantes mientras caminaba acompañado por Hikari y Hibiki, ambas vestidas de manera casual, pero con la energía de quienes estaban listas para animar con todo su corazón.

—¿Estás nervioso?

—preguntó Hibiki, notando que él no decía mucho.

—No —respondió Daniel con una leve sonrisa—.

Estoy emocionado.

—Eso es lo que nos gusta escuchar —dijo Hikari, dándole un pequeño golpe en el hombro.

A medio camino, Alya apareció trotando desde una esquina.

Su rostro estaba notablemente sonrojado, y cuando llegó junto a ellos, bajó un poco la mirada.

—B-Buenos días…

¿Dormieron bien?

—Sí, gracias —respondió Daniel con tono tranquilo, como si nada hubiese pasado anoche.

Hikari y Hibiki solo intercambiaron miradas traviesas, sin decir nada…

pero sonriendo por dentro.

Llegaron al gimnasio de Kuoh, el cual ahora estaba más lleno que nunca.

El evento principal del torneo estaba por comenzar, y los espectadores ocupaban cada centímetro de las gradas.

El ring de madera, firme y amplio, parecía casi sagrado ante la expectativa de todos.

Cuando Daniel cruzó la entrada, su mirada se cruzó brevemente con otra.

Videl.

Ella ya estaba allí, vestida con ropa de combate ajustada.

Estaba cubierta en algunos vendajes, pero su postura era firme.

Sus ojos, sin embargo, lo analizaban…

buscaban respuestas.

Intentaba fingir que no lo veía, pero su mirada se desviaba inevitablemente hacia él una y otra vez.

Tanto Alya como las gemelas notaron esa insistencia en la forma en la que Videl lo observaba.

—Interesante —murmuró Hikari con una ceja alzada.

—Muy interesante —añadió Hibiki con una sonrisita.

Alya solo entrecerró los ojos, un poco molesta.

— En el centro del ring, el referí alzó el micrófono con solemnidad.

Su voz retumbó en todo el gimnasio.

—¡Damas y caballeros!

Después de dos días intensos de combates, hemos llegado a la gran final del Torneo de Artes Marciales de Kuoh.

¡Dos jóvenes guerreros han superado obstáculos y rivales para llegar a este punto…

y ahora se enfrentarán en una batalla que quedará en la historia!

Daniel y Videl subieron al ring, caminando con pasos firmes.

Ambos se pararon uno frente al otro, sus ojos conectando por primera vez sin distracción alguna.

Videl fue la primera en hablar, con una media sonrisa.

—No te ves como alguien que entrene…

pero sabes esconder bien tu fuerza.

Me sorprendiste ayer.

Daniel ladeó la cabeza un poco, relajado.

—Tú tampoco lo hiciste mal, Videl.

Fue impresionante.

—Tsk…

—ella cruzó los brazos—.

No te contengas conmigo.

No quiero una victoria falsa.

—No lo haré —respondió él, serio por primera vez.

El referí bajó el micrófono y alzó el brazo.

—¡Que empiece la batalla final!

¡A mi señal…!

Daniel se colocó en guardia, sin activar aún su Haki pero dejándose llevar por la tensión del momento.

Videl flexionó las rodillas y bajó el centro de gravedad, lista para moverse con velocidad.

El gimnasio entero cayó en un silencio expectante.

—¡Comiencen!

¡CLANG!

La campana resonó, marcando el inicio del combate final.

Dos figuras se lanzaron al frente al mismo tiempo.

La batalla por el respeto, el orgullo y algo más…

acababa de comenzar.

El choque de puños y patadas resonaba por todo el gimnasio.

Los ojos de todos estaban puestos en el centro del ring, donde Daniel y Videl intercambiaban golpes con una intensidad que parecía sacada de un anime.

Videl, aunque no tan veloz como Shiranui, tenía algo que marcaba la diferencia: una mente brillante para la estrategia.

Cada ataque que lanzaba era un movimiento calculado, una trampa sutil, una ilusión para atrapar a Daniel.

—¡Tch!

—murmuró Daniel mientras retrocedía al evitar una patada giratoria que, de no haber esquivado con precisión, lo habría dejado abierto para un rodillazo al estómago.

Videl lo había logrado: lo había dejado vulnerable.

Pero cuando su ataque conectó, lo que esperaba ser un golpe decisivo…

no hizo más que un impacto sordo contra un muro invisible.

—¿Qué…?

—jadeó Videl, retrocediendo.

Daniel exhaló tranquilo.

—Haki de armadura.

Es una técnica de defensa que endurece mi cuerpo…

algo así como una armadura invisible.

Los ojos de Videl se entrecerraron, procesando la información.

No entendía cómo funcionaba exactamente, pero sabía que si no lo superaba rápido, perdería.

Daniel sonrió.

—Cumpliré mi parte del trato…

lucharé en serio.

El aire pareció cambiar en ese instante.

Las risas, murmullos y alientos del público se desvanecieron, como si el mundo mismo se hubiera detenido un segundo.

¡BOOM!

El siguiente movimiento de Daniel fue limpio, rápido, efectivo.

No hubo violencia innecesaria, ni abuso de poder.

Solo técnica pulida, experiencia y respeto.

Videl fue empujada hacia atrás, aterrizando de pie con dificultad…

y luego cayó de rodillas.

Respiraba agitadamente, sudor cayendo por su frente mientras esbozaba una sonrisa cansada.

—Sabía que eras fuerte…

pero no imaginé tanto…

El referí levantó el brazo de Daniel.

—¡Y EL GANADOR DEL TORNEO DE KUOH…

DANIEL HERNÁNDEZ!

El gimnasio estalló en aplausos.

Luces, flashes y vítores acompañaban el momento.

Daniel respiró profundo, sonriendo.

Sus ojos buscaron en las gradas a sus chicas…

y no tuvo que esperar.

¡Hikari y Hibiki corrieron al ring!

—¡Lo lograste!

¡Lo sabíamos!

—gritó Hibiki.

—¡Eres el mejor!

—añadió Hikari.

Sin pensarlo ni por un segundo, ambas lo besaron al mismo tiempo, una en cada mejilla, y luego se turnaron para besarlo en los labios.

El público enmudeció por segundos ante semejante escena.

—¿Eh?

¿Qué está pasando…?

—susurró el referí, sudando—.

Yo…

yo nunca fui tan popular a esa edad…

Desde la entrada del gimnasio, Alya observaba todo.

Su cara estaba roja, su puño apretado…

—¡Ya basta!

—exclamó, caminando decidida.

Todos la notaron.

—¡A-Alya…!

—dijo Daniel, sorprendido.

Ella no dijo nada.

¡Lo tomó del cuello de la camisa y lo besó apasionadamente!

La gente gritó como en una telenovela.

Las cámaras enfocaban, la tensión era de otro mundo.

Cuando se separaron, Alya lo miró a los ojos, todavía ruborizada, pero decidida.

—¡Yo también quiero estar contigo!

¡Quiero ser tu novia, junto a ellas!

¡Me gustas, Daniel!

Un silencio sepulcral reinó por dos segundos.

Hasta que Daniel sonrió de oreja a oreja.

—Entonces…

bienvenida, Alya.

Las gemelas la rodearon entre risas y alegría.

—¡Ahora sí somos un equipo completo!

—dijo Hikari, divertida.

—¡No te librarás de nuestras locuras, Alya~!

—añadió Hibiki, abrazándola también.

El referí soltó una lágrima.

—Malditos adolescentes carismáticos…

La ovación se reanudó, esta vez no solo por la victoria, sino por el espectáculo completo.

El Campeón había nacido.

Y no solo tenía fuerza…

tenía amor, lealtad y un corazón firme como el acero.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Apoyame en mi patreon para seguir escribiendo estas historias y mas a futuro.

Mi patreon: SeathScale

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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