Mezcla de mundos anime: El emperador intergalactico - Capítulo 2
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2: Capitulo 1: Renacer 2: Capitulo 1: Renacer El sol matutino se colaba por la ventanilla del avión cuando Daniel finalmente vio el suelo japonés bajo sus pies.
No podía dejar de sonreír.
Estaba en Japón.
En serio.
Japón.
El viaje desde el aeropuerto hasta el pueblo donde viviría no fue tan largo como esperaba.
Un par de trenes, un autobús y una caminata de quince minutos bastaron para llegar a su nuevo hogar.
El lugar se llamaba Kuoh.
Un pueblo tranquilo, limpio y rodeado de colinas verdes y árboles frondosos.
A Daniel le parecía…
extrañamente familiar.
Algo en las calles, en el aire, en la forma de las casas.
Como un déjà vu persistente.
—¿Habré visto este lugar en algún anime?
—murmuró para sí, rascándose la cabeza—.
Aunque no logro recordar cuál…
Sacudió la cabeza, riendo.
“Estoy delirando.” El primer objetivo era encontrar la casa que el gobierno japonés le había asignado como parte de la beca.
Con el mapa digital en su celular y los papeles en mano, no tardó demasiado.
Y cuando la vio, se quedó sin palabras.
Era una casa de dos pisos, moderna, con un pequeño jardín al frente y un muro bajo de madera que delimitaba el terreno.
No era una mansión, pero para un estudiante solo…
Era demasiado.
—¿Seguro no se equivocaron?
—preguntó en voz alta, mirando el número en la puerta y luego el papel—.
No…
es esta.
Metió la llave en la cerradura y empujó la puerta.
Un suave aroma a madera nueva lo recibió.
Pisó el tatami con respeto, se quitó los zapatos y recorrió la casa con ojos asombrados.
Sala, cocina bien equipada, baño amplio, lavadora, estanterías vacías esperándolo…
Subió al segundo piso y eligió una de las habitaciones más iluminadas como suya.
Grande, acogedora, con vista al jardín trasero.
“Tal vez quisieron darme espacio para estudiar…”, pensó, aunque algo en su interior le decía que eso no era todo.
Pasó un par de horas desempacando, organizando su ropa, sus libros y algunos recuerdos traídos desde México.
En cuanto terminó, aún con la luz del día presente, decidió salir a conocer el vecindario.
Las calles eran tranquilas, bordeadas por árboles y casas similares.
Algunos niños jugaban con bicicletas, una señora regaba las plantas, y un grupo de adolescentes reía mientras salía de una tienda de conveniencia.
Daniel saludó a todos con una mezcla de japonés y su cálida actitud natural.
—Konnichiwa…
soy Daniel Hernández, ¡acabo de mudarme!
La respuesta fue casi unánime: sonrisas, reverencias suaves, palabras de bienvenida.
—¡Qué gusto tenerte aquí!
—¡Bienvenido a Kuoh!
—Si necesitas algo, no dudes en tocar la puerta.
La amabilidad del pueblo lo reconfortó.
Era como si realmente lo estuvieran esperando.
Y eso, aunque no podía explicarlo, lo hizo sentir…
en casa.
Cuando el sol se ocultó tras las colinas y las farolas comenzaron a encenderse, Daniel regresó a su nuevo hogar.
Calentó algo de comida instantánea, se dio una ducha rápida y, ya en pijama, se sentó en el escritorio de su habitación.
Sacó el paquete de documentos que el gobierno japonés le había entregado.
Entre formularios, datos bancarios y números de contacto, había un folleto con el nombre de su nueva escuela: Preparatoria Kuoh — Tradición y excelencia académica Fundada como una institución exclusiva para mujeres, recientemente abierta a ambos sexos.
Reconocida por su nivel académico, sus programas extracurriculares, y su compromiso con la formación integral de sus estudiantes.
Daniel silbó, impresionado.
—Nada mal…
suena como una escuela de élite.
Ojalá no me hagan usar uniforme con saco y corbata, eso sí sería una tortura.
Sonrió, cerró los documentos y se recostó en su futón.
A través de la ventana abierta, el viento soplaba con suavidad, y el canto de los grillos llenaba el aire.
Todo era tan tranquilo.
Tan perfecto.
Pero mientras sus ojos se cerraban, un pensamiento fugaz cruzó su mente.
“¿Por qué ese nombre…
Kuoh…
me suena tanto?” Y luego, el sueño lo envolvió.
Ajeno aún a las sombras aladas que sobrevolaban los cielos nocturnos.
Ajeno a los ojos que lo observaban desde las alturas.
Ajeno a la vida extraordinaria que estaba a punto de comenzar.
Pasaron los días y Daniel se adaptó con sorprendente facilidad a su nueva vida en Japón.
La rutina era casi perfecta.
Se levantaba antes del amanecer, hacía ejercicio hasta que sentía los músculos arder —aunque eso, cada vez, costaba más—, desayunaba con calma, estudiaba japonés, salía a pasear, y de vez en cuando ayudaba a algunos vecinos en tareas pequeñas.
El chico mexicano de sonrisa cálida se ganó rápidamente el aprecio de todos.
—Ese Daniel es muy educado.
—¡Y guapo también!
—decía una vecina entre risas.
—Es fuerte, siempre cargando cosas sin quejarse.
¡Un muchacho ejemplar!
En apenas una semana, ya lo saludaban como si llevara años ahí.
“Es demasiado tranquilo…”, pensaba Daniel, acostado una noche en su futón.
“Como si fuera la calma antes de la tormenta.” Y esa noche…
la tormenta llegó.
El sueño no comenzó con claridad.
Primero, fue oscuridad.
Después fuego.
Un calor abrumador que parecía quemar desde el interior.
Y entonces, una voz.
“Finalmente, has despertado…” Daniel abrió los ojos —si es que de verdad estaban cerrados—, y lo que vio lo dejó sin aliento.
Un dragón.
Un coloso carmesí, de ojos esmeralda y escamas que brillaban como rubíes al sol.
Sus alas eran como montañas vivas, y su mera presencia aplastaba todo a su alrededor con autoridad.
“¿Quién…
quién eres?” —preguntó Daniel, casi sin voz.
“Soy Ddraig.
El Emperador del Dragón Rojo.
El rugido que atraviesa los cielos.
El portador del poder de la destrucción, el Boosted Gear.” El cuerpo de Daniel se estremeció.
Su respiración se cortó.
“¿Boosted Gear…?” El nombre resonó en su mente como una campana.
Y entonces, el rompecabezas se armó en un solo segundo.
Kuoh.
La escuela.
La perfección irreal del pueblo.
Y ahora…
un dragón rojo, hablándole en sueños.
High School DxD.
“No estás soñando, joven portador” —continuó Ddraig con voz grave, profunda, antigua—.
“Este no es un simple mundo.
No es una simulación.
No es una fantasía.
Has renacido aquí.
Y este poder es tuyo.” “¿Por qué yo…?” —murmuró Daniel, temblando—.
“¿Por qué me diste esto?” “No fui yo quien eligió.
El Sacred Gear se manifestó por sí solo…
Y tú eres su portador ahora.
Ya no eres solo un humano, Daniel Hernández.
Eres el próximo en heredar el poder del Dragón Rojo de la Dominación.” Daniel cayó de rodillas, abrumado.
Todo era demasiado.
Pero dentro de él, algo despertaba.
Como si un fuego que había estado contenido comenzara a rugir.
“Prepárate.
Porque en este mundo…
los fuertes gobiernan.
Y tú…
serás el cazador o la presa.” Y en ese instante, despertó.
Su cuerpo estaba empapado en sudor.
El corazón le palpitaba como si hubiera corrido kilómetros.
Miró sus manos.
Se las tocó.
Estaba despierto.
Estaba en su cuarto.
Pero lo sabía.
Ya no era el mismo.
Y dentro de él…
una voz permanecía, grave y poderosa, como un eco grabado en su alma: “Boost…
Boost…
Boost…” Daniel despertó de golpe, como si hubiera salido disparado de un abismo.
Su respiración era agitada, el corazón martillaba en su pecho, y su cuerpo…
estaba empapado en sudor frío.
—¿Un sueño…?
—murmuró, aún jadeando.
Pero su pregunta murió al instante cuando sintió una presión extraña en su brazo derecho.
Volteó la mirada…
y su mundo se detuvo.
Su brazo no era suyo.
O al menos, no como lo recordaba.
Desde el hombro hasta la mano, lo cubría un guantalete rojo carmesí, brillante, con un diseño que parecía una fusión entre armadura y criatura viviente.
En el dorso brillaba una joya verde esmeralda, pulsante, casi como un ojo que respiraba.
Era real.
Con la mano izquierda, temblorosa, tocó la superficie.
El metal estaba caliente, pero no por temperatura…
sino por energía.
Sentía una textura escamosa, viva.
No era solo una pieza de metal: era parte de él.
—No puede ser…
—susurró, sin atreverse a mirar hacia otro lado—.
Es…
es el Boosted Gear.
Las palabras le supieron a irrealidad, pero el guantalete seguía ahí.
Su peso, su calor, su poder.
Y entonces, una voz resonó directamente en su mente, cálida y poderosa, como un trueno contenido: “Hmhmhm…
Así que al fin me ves con tus propios ojos, portador.” Daniel se quedó inmóvil.
Reconocía esa voz.
La había escuchado en la serie.
Grave, imponente, con un dejo de orgullo en cada palabra.
—¿D-Ddraig?
“Exacto.
El Emperador del Dragón Rojo, Y Ddraig Goch.
Y debo decir…
hace siglos que no tenía un portador como tú.” —¿Qué…
qué quieres decir?
“Tu cuerpo.
Tu mente.
Estás entrenado, fuerte.
En tu vida pasada ya habías forjado una voluntad y disciplina que la mayoría de los humanos tardan décadas en lograr…
o nunca lo hacen.” “Has despertado temprano.
Sin una batalla.
Sin una crisis externa.
Eso no es común.” Daniel tragó saliva.
Su corazón seguía latiendo como tambor de guerra, pero poco a poco, la mente racional tomaba el control.
En la obra original, Ddraig se comunicaba con Issei.
Hablaban, entrenaban, incluso discutían.
No era un monstruo.
No era un enemigo.
Era un aliado.
Un compañero.
—Entonces…
es cierto.
Estoy en el mundo de High School DxD…
Y si tengo el Boosted Gear…
¿Eso significa que…
yo soy el protagonista ahora?
Silencio.
Luego, una risa grave, casi divertida, llenó su mente.
“Protagonista, huh…
Llámalo como quieras.
Solo recuerda esto: este mundo no es una copia de la historia que conoces.
No es un guion escrito.
Es real.
Cambiante.
Vivo.
Y tú…
ahora eres parte de él.” El guantalete parpadeó con un brillo más intenso…
y desapareció en un destello carmesí, como si se disolviera en su piel.
Daniel exhaló lentamente.
Todo su cuerpo temblaba, no de miedo, sino de adrenalina.
—Entonces…
este es mi nuevo rol.
No soy Issei.
Soy Daniel Hernández.
Y soy el nuevo portador del Boosted Gear.
Se levantó del futón con firmeza.
Aún era de madrugada.
Afuera, el cielo estaba estrellado, y la brisa nocturna entraba por la ventana entreabierta.
Su nueva vida…
acababa de volverse mucho más complicada.
Y mucho más interesante.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Apoyame en mi patreon para seguir escribiendo estas historias y mas a futuro.
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