Mezcla de mundos anime: El emperador intergalactico - Capítulo 24
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- Capítulo 24 - 24 Capitulo 23 Los Maou
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24: Capitulo 23: Los Maou 24: Capitulo 23: Los Maou El amanecer teñía de oro los tejados de Kuoh mientras Daniel caminaba de regreso a su casa, con pasos firmes, pero con una carga emocional completamente nueva.
A su lado, envuelta en una chaqueta prestada que le quedaba grande, Sakura Matou lo seguía sin soltar su brazo, como si de eso dependiera su existencia.
No hablaba, no preguntaba, solo caminaba con la cabeza gacha y el rostro enrojecido por la vergüenza y el agotamiento.
Daniel no decía nada tampoco, respetando ese silencio que para ella debía ser…
el más reconfortante en años.
Cuando ya estaban por llegar a la puerta, la voz familiar de Ddraig resonó en su mente, con ese tono burlón que a veces era molesto, pero que le arrancaba una sonrisa.
—¿Así que ahora también salvas damiselas en apuros, eh, socio?
¿Vas a abrir una fundación de rescate de chicas trágicas o qué?
Daniel resopló, conteniendo una risa.
—Cállate, lagarto.
Solo hice lo correcto.
—Claro, claro…
lo correcto.
Primero la ex-ángel caído, luego las Sekirei, la rusa territorial, la zorro mágica…
y ahora la chica rota emocionalmente.
¿Qué sigue?
¿Una diosa amnésica que necesita abrazos?
Daniel se sonrojó un poco mientras buscaba las llaves de la casa.
—¡No es como si yo estuviera buscando eso!
Sólo…
no podía dejarla allí.
Y más en medio de esta guerra.
Ddraig soltó una carcajada retumbante.
—¡JA!
¿Escuchas cómo suena eso?
¡Eres peor que Issei, pero con clase!
La puerta se abrió con un leve clic.
Sakura miró la entrada como si fuera un portal hacia otro mundo.
Uno seguro.
Uno donde podía respirar sin miedo.
Daniel se giró hacia ella y sonrió con suavidad.
—Ven.
Puedes quedarte aquí todo el tiempo que necesites.
Sakura solo asintió con un murmullo inaudible.
Pero no todos estaban tan complacidos…
Desde el segundo piso, Tamamo no Mae, en su forma física, bajó con energía.
El tono alegre desapareció en cuanto vio a Sakura tomada del brazo de Daniel.
Sus orejas de zorro se erizaron al instante, y su mirada se volvió una mezcla de celos e indignación.
—¡¿Otra?!
¡¿EN SERIO, MAESTRO?!
¡Apenas estaba acostumbrándome a las Sekirei y a la rubia mandona!
Daniel levantó las manos como quien intenta calmar a un animalito molesto.
—¡Tamamo, por favor!
No es lo que piensas.
Ella no tiene a dónde ir y la guerra del grial sigue.
Es peligroso para ella.
Solo…
estoy haciendo lo correcto.
Tamamo cruzó los brazos, inflando las mejillas como una niña caprichosa.
—¡Siempre es “hacer lo correcto”!
¡Y así terminamos con otra mujer durmiendo aquí!
—¡No va a dormir conmigo ni nada!
¡Solo estará segura bajo este techo!
—replicó Daniel con un leve sonrojo.
Tamamo lo miró fijamente…
luego bufó, se convirtió en una luz dorada y regresó a su forma espiritual, lanzando una última queja dramática: —¡Me niego a ver esto!
¡Me voy a flotar cerca del techo a hacerme la víctima por un rato!
Daniel suspiró con una sonrisa cansada mientras cerraba la puerta detrás de ellos.
—Eso fue…
suave, considerando lo que podría haber sido.
—Agh…
sí…
—respondió Ddraig, aún riéndose—.
Pero la pregunta del millón es: ¿dónde dormirá Sakura?
Daniel se detuvo en seco.
—…
Mierda.
Sakura, aún aferrada a su brazo, lo miró con curiosidad.
Sus mejillas levemente coloradas al escuchar la palabra “dormir”.
Daniel se giró con lentitud, nervioso, como si intentara medir sus opciones sin acabar en el sofá con una almohada en la cara por parte de alguna de las otras chicas.
—Bueno, Sakura…
vamos a ver qué habitación tenemos disponible para ti.
No te preocupes.
Haré que sea cómoda.
Ella asintió.
Y, por primera vez desde que fue rescatada…
esbozó una sonrisa tímida.
Mientras en Japón el joven Daniel y su creciente harem enfrentaban el caos emocional de una casa cada vez más llena de afecto, drama y Servants, al otro lado del mundo, en Londres, una reunión de enorme importancia tenía lugar en el corazón mismo del poder mágico humano: la Torre del Reloj.
Los cuatro Maou —Sirzechs Lucifer, Serafall Leviathan, Ajuka Beelzebub y Falbium Asmodeus— se encontraban en una sala privada, decorada con inscripciones antiguas y símbolos de protección, mientras frente a ellos se extendía un conjunto de documentos que la Torre había entregado bajo presión diplomática.
Las hojas, repletas de genealogías, informes sellados y pactos mágicos, detallaban las familias que habían participado históricamente en las llamadas “Guerras del Santo Grial”.
—Hasta ahora, no hay falsedad en la información entregada —comentó Ajuka, pasando página con elegancia—.
Las familias han admitido su implicación en versiones anteriores del ritual.
Lo complejo es rastrear a los participantes actuales y determinar quién está manipulando los hilos.
Sirzechs entrecerró los ojos, leyendo un nombre en particular.
—Los Einzbern…
una de las casas fundadoras.
No se encuentran en Japón, y al parecer nunca lo estuvieron esta vez.
Están recluidos en sus terrenos al norte de Alemania.
Serafall frunció el ceño, sus dedos tamborileando sobre la mesa.
—Eso significa que no podemos actuar directamente.
Necesitaremos solicitar permiso a las autoridades sobrenaturales alemanas para organizar una reunión formal.
No podemos permitirnos una violación diplomática en territorio ajeno.
Falbium, usualmente más relajado, se mostró inusualmente serio.
—¿Y si se niegan?
¿Qué pasa si se esconden detrás de sus muros como si nada hubiera pasado?
Sirzechs respondió con una mirada dura.
—Entonces…
declararemos que ocultan información relevante sobre un artefacto prohibido que ha puesto en riesgo miles de vidas en nuestro territorio.
Tendremos todo el derecho de presionar…
incluso de forma más directa.
Serafall asintió lentamente.
—Hasta entonces, enfocaremos nuestros recursos en los participantes dentro de Japón.
Ajuka leyó otro nombre en voz alta.
—Matou.
Acorde al último informe de Sona Shitori, esa línea está prácticamente aniquilada.
Solo dos miembros siguen con vida: Matou Shinji, actualmente bajo custodia mía —dijo mientras hacía un gesto hacia Serafall, quien se limitó a sonreír levemente— y Matou Sakura, de quien no se sabe mucho.
Al parecer, su paradero es desconocido…
por ahora.
Nadie en la sala sabía que Sakura ya no estaba sola, ni bajo control del anciano Zouken.
Daniel, en su cruzada personal, había dado el primer paso para acabar con esa maldición.
Finalmente, Ajuka pasó a la última familia.
—Los Tohsaka.
Su representante actual, Tohsaka Rin, se encuentra en Japón y ha decidido cooperar para detener esta guerra.
Ya ha establecido una alianza con Daniel y ha aceptado reunirse con las autoridades demoníacas de Kuoh.
Serafall apoyó su codo en la mesa, meditando.
—De los tres pilares fundadores del ritual, tenemos uno cooperando, uno bajo investigación profunda y uno que todavía no responde a llamados.
Esta será la prioridad.
Sirzechs cerró el expediente y alzó la mirada hacia sus compañeros.
—Nos enfocaremos en conseguir la audiencia con los Einzbern.
Pero si la Torre del Reloj mintió o retuvo información, incluso por omisión…
tendrán que asumir consecuencias.
Falbium sonrió con un brillo peligroso en los ojos.
—Después de todo, no se juega con fuego en territorio de demonios sin terminar quemado.
Devuelta con Daniel…
Después de una noche caótica y emocionalmente intensa, Daniel regresó a casa acompañado por una joven de mirada apagada y cuerpo frágil.
Matou Sakura, rescatada del infierno que era su hogar, caminaba como si cada paso le costara su voluntad.
Sin embargo, ahora estaba a salvo…
o al menos eso intentaba repetirse.
Ya dentro de la casa, Daniel se reunió en la sala principal con todas las chicas presentes.
Hikari, Hibiki, Alya, Reynare, y Tamamo no Mae lo miraban con expresiones variadas, algunas más inquisitivas que otras.
El ambiente se sentía tenso, pero Daniel sabía que no podía dejar pasar la oportunidad de explicar con total honestidad lo que había hecho.
—Sé que esto es inesperado…
y quizá no fue lo más prudente…
—empezó con voz calma—.
Pero Sakura no tenía a nadie.
Ni un lugar seguro, ni personas que la trataran como ser humano.
Yo…
no podía simplemente dejarla allí.
Las Sekirei lo observaron en silencio.
A pesar de sus rostros serenos, Daniel podía sentir el torbellino emocional que compartían a través del enlace emocional que los unía como Ashikabi y Sekirei.
Esa conexión trascendía las palabras, permitiéndoles sentir lo que Daniel realmente sentía.
Lo notaron de inmediato.
Sinceridad.
Protección.
Afecto.
Un deseo genuino de salvar a una chica rota.
Fue Hikari quien dio el primer paso, asintiendo con suavidad mientras tomaba de la mano a su hermana gemela.
—No podríamos llamarnos tus Sekirei si no entendiéramos tu corazón, Daniel.
Y nadie puede quitártelo…
ya estás casado con nosotras por el lazo, ¿recuerdas?
Hibiki asintió también, sonriendo suavemente.
—Sakura puede quedarse.
Tamamo no Mae, que flotaba elegantemente en su forma espiritual, soltó un exagerado suspiro dramático, con sus orejas de zorro temblando con teatralidad.
—¡Ara, ara~!
¿Así que ahora traes niñas traumatizadas a casa?
¿Qué sigue, un orfanato?
Mouuu~…
solo quiero que me mires a mí, mi amor…
Daniel se acercó con una sonrisa resignada y le acarició la cabeza con ternura, ganándose un ronroneo contento y una expresión mimada de la zorro mágica.
—Gracias por entender, Tamamo…
Sabes que nunca te dejaría de lado.
—Aishiteru~…
—murmuró Tamamo con voz dulce, desapareciendo entre brillos suaves de magia.
Alya, por su parte, se mantenía de brazos cruzados, mirada severa.
Su voz fue firme, pero sin enojo: —No me agrada la idea.
Pero después de lo que nos contaste…
esa chica ha vivido un infierno.
Si tu decisión la salva, no tengo por qué oponerme.
Solo asegúrate de que no estemos en peligro.
Y si alguna vez cruzas la línea…
ya sabes lo que te haré.
Daniel tragó saliva por reflejo, sudando ligeramente.
El aura demoníaca de Alya era intimidante cuando se lo proponía, pero sabía que detrás de su tono severo, también había preocupación genuina.
Por último, Reynare seguía callada en una esquina.
Su mirada se mantenía apartada y sus alas negras estaban algo temblorosas.
No dijo nada…
al menos, no con palabras.
—¿Reynare?
—preguntó Daniel.
—Hmph…
No me importa lo que hagas.
Tú eres el amo de esta casa, ¿verdad?
¡Haz lo que quieras!
No es como si me preocupara o algo así…
¡b-baka!
Se dio media vuelta con el rostro completamente rojo, dejando a todos con una mezcla entre risas y suspiros.
Daniel no lo dijo en voz alta, pero empezaba a notar que Reynare no estaba tan “al margen” de todo como quería aparentar.
Sakura, que observaba en silencio desde un rincón, abrazando una almohada con timidez, parecía abrumada por el calor que llenaba la casa.
Aún no entendía del todo qué estaba ocurriendo, pero había una cosa de la que podía estar segura: estaba rodeada de personas que no querían hacerle daño.
Por primera vez, un pequeño y débil destello de esperanza empezó a brillar en su corazón.
El silencio era…
extraño.
Sakura se encontraba recostada en una cama que no reconocía como suya.
Demasiado suave.
Demasiado cálida.
El aire no olía a humedad, a químicos ni a podredumbre mágica.
No se escuchaban los zumbidos de los insectos, ni los pasos pesados de Zouken o los gritos agresivos de Shinji.
Todo estaba en calma.
Ella miraba el techo con la mirada perdida, sus manos pequeñas aferrando la manta con nerviosismo.
Una parte de sí misma no podía evitar susurrarse mentalmente: “Es un sueño.
Un sueño muy cruel.
En cualquier momento despertaré…
otra vez allí.
En esa prisión disfrazada de hogar.” Cerró los ojos, esperando el regreso de la oscuridad…
y del dolor.
Pero cuando volvió a abrirlos, la misma manta suave estaba ahí.
El mismo techo ajeno.
El mismo silencio acogedor.
Se sentó lentamente.
Parpadeó varias veces.
—¿Sigo aquí?
—susurró para sí misma, temblando.
Bajó de la cama.
Sus pies tocaron el suelo limpio, y se sorprendió al ver que podía moverse sin cadenas mágicas, sin heridas abiertas, sin dolor punzante en cada músculo.
Caminó hacia la puerta, la abrió…
y ningún grito ni castigo le cayó encima.
Nadie la golpeó.
Nadie la llamó basura.
Descendió las escaleras con pasos silenciosos, casi como una sombra.
Y entonces lo vio.
Allí estaba, en la cocina, de espaldas, sirviéndose una taza de té con tranquilidad.
Daniel.
El joven que la había rescatado.
El que le habló con gentileza.
El que la sostuvo entre sus brazos mientras lloraba.
En ese instante, todo el escudo emocional que había construido durante años…
se vino abajo.
Los recuerdos de gritos, dolor, humillaciones y soledad contrastaron brutalmente con la calidez que sentía ahora.
Fue como si el mundo entero le confirmara que, por fin, estaba libre.
Que no era un sueño.
Y así, como una presa que ha contenido una represa emocional durante toda una vida…
Estalló.
—¡Uhh…
hhuhh…!
—los primeros sollozos fueron bajos, tímidos.
Pero pronto se volvieron incontenibles.
Daniel se giró al escuchar el llanto, confundido al ver a Sakura parada en la escalera, temblando.
—¿Sakura…?
¿Te pasó algo?
—preguntó preocupado, dando un paso hacia ella.
Sakura no respondió con palabras.
Corrió hacia él.
Se aferró a su camisa con fuerza, como si temiera que desapareciera si lo soltaba.
Y lloró.
Lloró como nunca antes en su vida.
Lágrimas de alivio, de miedo, de felicidad, de todo lo que nunca le habían permitido expresar.
—No es…
un sueño…
no es un sueño…
estoy viva…
estoy viva…
—susurraba una y otra vez, apenas audible entre los sollozos.
Daniel, con el corazón encogido por la escena, la sostuvo con cuidado, dejando que descargara todo ese torrente de emociones.
Le acarició el cabello con ternura, sin decir nada, porque sabía que no había palabras adecuadas en ese momento.
En ese momento, Tamamo, Hikari, Hibiki y Alya bajaron alertadas por el ruido, preocupadas por lo que pudiera estar pasando.
Pero al ver la escena…
se quedaron en silencio.
Sakura, la chica que hasta hace poco vivía en un infierno, llorando desconsoladamente pero por primera vez…
en paz.
Rodeada de personas que no deseaban hacerle daño.
Ninguna dijo nada.
Porque en ese momento, incluso el corazón más frío se habría quebrado ante tanta verdad contenida.
Y Daniel, rodeado por su familia elegida, sostuvo a la chica rota entre sus brazos con la misma determinación de siempre: protegerla.
Hasta el final.
El ambiente en la sala estaba tranquilo, aunque cargado de emociones recientes.
Sakura se había calmado finalmente, y aunque sus ojos aún estaban rojos e hinchados por tanto llorar, ya no temblaba.
Se encontraba sentada al extremo del sofá, envuelta en una manta que Tamamo le había dado y con una taza caliente entre las manos, que Alya le había preparado.
Reynare, que no parecía querer involucrarse demasiado, lavaba los trastes en silencio, aunque lanzaba miradas furtivas desde la cocina.
Daniel, por su parte, estaba en medio del sofá, rodeado por Hikari a su derecha, Hibiki a su izquierda y Tamamo literalmente sentada sobre el respaldo, con su cola envolviéndolo sutilmente como si marcara territorio.
Alya, sentada en el brazo del sofá, cruzaba los brazos mientras me miraba de reojo.
Sakura, sin querer, desvió la mirada hacia el.
Su mirada recorrió con cautela a cada una de las chicas a mi alrededor.
Tal vez tratando de entender su relación con Daniel…
o preguntándose si ella realmente pertenecía a este lugar.
Pero cuando sus ojos llegaron a Daniel, algo cambió.
No fue sólo una mirada casual.
Sus pupilas se dilataron ligeramente.
Su expresión se suavizó.
Y su rostro enrojeció como si algo dentro de ella se hubiese encendido sin previo aviso.
Se quedó mirándome un segundo más de lo necesario.
Y luego, como si se hubiese dado cuenta de lo que estaba haciendo, desvió la mirada con rapidez, llevándose una mano al pecho.
¿Acaso…?
Penso.
Pero no pudo seguir con ese pensamiento porque justo en ese momento, Hikari y Hibiki se inclinaron hacia mí, susurrando con travesura: —Daniel~…
acabas de romper el récord, ¿sabes?
—Sí~.
Sakura se enamoró de ti ¡en menos de una noche!
A nosotras nos tomó más de un día entero…
Daniel se atraganto con su propia saliva.
—¡No digan esas cosas así como así!
—les respondio en voz baja, sonrojado.
—Entonces, ¿lo niegas?
—preguntó Alya, pellizcándo el brazo con fuerza, pero sin malicia.
—¡No tengo pruebas, ni tampoco dudas!
—dijo Tamamo haciendo un adorable puchero mientras inflaba sus mejillas, moviendo la cola como una niña a la que no le han dado dulces.
—Estoy rodeado…
—murmuro con resignación mientras soltaba un suspiro derrotado, aunque no podía evitar sonreír.
Sakura, que había escuchado parte del intercambio, los observaba de reojo.
Sus manos apretaron un poco más la taza entre sus dedos.
Su expresión era difícil de leer…
pero sus ojos mostraban algo que hasta ahora no había expresado: molestia…
y celos.
¿Sakura está…?
Penso, sorprendido.
Era demasiado pronto para decirlo, pero si algo había aprendido en esta vida llena de poderes locos, Sekirei enlazadas, Servants míticos y una guerra sobrenatural, era que el corazón humano era tan impredecible como una invocación del Grial.
Y Daniel…
solo podía esperar estar a la altura de lo que cada una de ellas necesitaba.
Pero por ahora, solo quedaba disfrutar el respiro antes de la tormenta.
Las tierras alemanas estaban cubiertas por una niebla espesa mientras los cuatro Maou avanzaban por el bosque nevado, guiados por antiguos senderos mágicos hacia su destino: el castillo de los Einzbern, una reliquia de la era antigua y sede de una de las casas fundadoras del ritual del Santo Grial.
Habían recibido el permiso de las facciones sobrenaturales locales para actuar en suelo alemán, una formalidad que se respetaba entre grandes potencias para evitar guerras no deseadas.
Pero aún con todos los documentos en orden y la diplomacia por delante, la tensión era palpable.
—El castillo está a la vista —dijo Ajuka, con una expresión seria mientras observaba la fortaleza que emergía de entre los árboles.
Su magia analizaba cada rincón invisible al ojo humano—.
Campos mágicos antiguos, reforzados…
y activos.
—Esperemos que aún estén dispuestos a dialogar —añadió Sirzechs, con un tono neutro, aunque su mirada era afilada.
Serafall se mantenía callada por primera vez en horas.
Había liderado la investigación con mano de hierro, y su paciencia ya estaba muy cerca del límite.
Falbium, el más relajado de los cuatro, solo suspiró.
—Siempre es lo mismo con estos ancianos —comentó—.
Se creen intocables porque llevan siglos encerrados entre muros y alquimia.
A pocos metros del castillo, sin aviso previo, el suelo tembló.
—¡Emboscada!
—gritó Ajuka, activando un escudo mágico a su alrededor.
Desde el bosque y las murallas del castillo surgieron gólems de plata y homúnculos armados, invocados por rituales defensivos automáticos.
Docenas.
Luego cientos.
Una fuerza de defensa que podría aniquilar fácilmente a cualquier batallón de magos comunes.
Una voz antigua, pesada y cargada de soberbia se escuchó resonar desde la cima de la torre principal del castillo.
Era proyectada mediante un hechizo de gran alcance.
—”Demonios de sangre azul…
no son bienvenidos en nuestras tierras.
Retírense ahora, o serán tratados como enemigos de la humanidad.
El ritual del Santo Grial es sagrado.
No permitiremos su profanación por manos infernales.” Serafall frunció el ceño, el hielo comenzando a acumularse en el aire a su alrededor.
—Ese anciano…
¿realmente cree que puede intimidarnos?
Sirzechs, con su rostro calmado, respondió con voz baja: —No.
Pero cree que tiene poder suficiente para hacer tiempo.
Lo cual puede ser incluso más peligroso.
Ajuka levantó la mano y activó un círculo de proyección mágica.
—He confirmado la fuente del mensaje.
Es el actual cabeza de los Einzbern, un archimago que ha prolongado su vida artificialmente.
Rechaza la diplomacia.
No reconoce el tratado de neutralidad intercontinental.
Falbium finalmente suspiró, y con un chasquido, hizo desaparecer a diez gólems de un solo hechizo gravitacional.
—Entonces ya no es política…
es guerra.
Serafall dio un paso al frente y con una voz gélida como su elemento, envió un último mensaje a través de su propia red mágica: —”La Alianza de los Cuatro Maou no responde con amenazas.
Esta es su última advertencia: entreguen la información, detengan toda operación relacionada con el Grial…
o enfréntense al juicio del inframundo.” Silencio.
La respuesta fue un bombardeo de magia de asedio desde la torre principal.
—Entendido —dijo Sirzechs con un suspiro elegante—.
Ajuka, derriba el escudo frontal.
Serafall, toma el ala este.
Falbium y yo, al corazón del castillo.
El castillo Einzbern no sabía lo que se avecinaba.
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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com