Mezcla de mundos anime: El emperador intergalactico - Capítulo 25
- Inicio
- Todas las novelas
- Mezcla de mundos anime: El emperador intergalactico
- Capítulo 25 - 25 Capitulo 24 Rin Tohsaka
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
25: Capitulo 24: Rin Tohsaka 25: Capitulo 24: Rin Tohsaka La tarde en la que decidió sentarse a leer parecía tranquila, pero Rin Tohsaka jamás había estado tan frustrada en su vida.
Frente a ella había al menos una docena de documentos mágicos, grimorios antiguos y tratados que había conseguido temporalmente con permiso de Sona Shitori.
Todos eran recopilaciones mágicas que hablaban del mundo sobrenatural, pero a pesar de su contenido aparentemente vasto, muy poca información era realmente útil para lo que Rin buscaba.
Los diablos.
—No puede ser —murmuró mientras pasaba la página de otro texto que citaba a la Biblia como fuente principal.
“Seres oscuros, caídos del cielo por rebelarse contra su dios, reyes de las mentiras y la tentación…” Todo eso era parte del dogma religioso que Rin había estudiado superficialmente en su educación general.
Sin embargo, nada de eso encajaba con lo que había visto hasta ahora.
La Sona que la había recibido era calculadora, serena, poderosa…
pero también educada, paciente y —a regañadientes lo admitía— diplomática.
No era lo que la Biblia describía en lo más mínimo.
Rin suspiró con cansancio y se recostó hacia atrás en la silla.
A su lado, Archer, de brazos cruzados, se mantenía apoyado contra la pared, observándola con su eterna media sonrisa.
—¿Nunca has tenido contacto con esta especie?
—le preguntó Rin, girando un poco para mirarlo directamente.
Archer negó con la cabeza.
—Nunca.
Y si alguna vez existieron en mi línea temporal, no se mostraron como lo han hecho ahora.
Mi experiencia se limitaba a magos, héroes…
y otros monstruos.
—Genial —gruñó ella—.
Ni siquiera tú puedes darme pistas.
Estaban atrapados en la ignorancia.
No podían avanzar con claridad si no entendían con quién estaban tratando.
Sabían que los demonios no eran humanos, que había una jerarquía de poder, que Sona tenía autoridad suficiente para gobernar partes de la ciudad…
pero todo lo demás era un misterio.
En un último intento, Rin buscó dentro de su equipaje un libro que no había tocado desde que llegó: el “Ars Goetia”, un texto antiguo que su familia mantenía sellado en su biblioteca.
Era una copia rara, con comentarios escritos por su bisabuelo y anotaciones marginales de varios descendientes.
—¿Volvemos a lo básico?
—preguntó Archer con un tono divertido.
—No tengo más opciones —respondió Rin con seriedad, abriendo el libro con cuidado.
Página tras página, nombres antiguos aparecían: Bael, Agares, Marbas, Paimon…
y muchos más.
Descripciones vagas de demonios nobles, casas reales del infierno, pactos, contratos…
y estructuras jerárquicas que se parecían peligrosamente al sistema de nobleza mágica.
Rin frunció el ceño.
—Aquí está…
“Leviathan, uno de los cuatro grandes reyes del infierno, señor de las profundidades y del juicio sobre los traidores.” —¿Leviathan?
¿No era ese el nombre de la Maou que te interrogó?
—intervino Archer, ahora más interesado.
—Sí…
Serafall Leviathan, así se presentó.
Una sensación incómoda recorrió a Rin.
—Esto no es solo coincidencia.
Este “Ars Goetia” podría ser una versión primitiva, incompleta, o quizás…
tergiversada de lo que realmente son hoy.
Puede que los antiguos magos tuvieran una idea distorsionada de los demonios, o que los demonios mismos hayan cambiado con el tiempo.
—O que, simplemente, ellos escribieron lo que les convenía para asustar —agregó Archer, encogiéndose de hombros.
Rin se quedó mirando el libro con el ceño fruncido.
No podía confiar en la Biblia, ni en los tratados humanos…
y ahora el “Ars Goetia” ofrecía más preguntas que respuestas.
Sin embargo, una cosa era clara: estaba en medio de un conflicto entre fuerzas más grandes de lo que jamás imaginó.
Y no tenía intención de quedarse atrás.
—Si vamos a sobrevivir a esto, Archer…
necesitamos entender a nuestros aliados.
Y a nuestros enemigos.
—Estoy contigo —respondió él—.
Pero tengo la sensación de que no tardarán en venir a buscarnos para algo más grande.
Y Rin lo supo también.
Era solo cuestión de tiempo.
Rin Tohsaka cerró el Ars Goetia con un leve golpe seco.
La frustración se mantenía en su rostro, aunque ahora iba acompañada por una pizca de decisión.
Si no podía confiar en los registros antiguos, solo le quedaba una opción: hablar con alguien que viviera de primera mano en ese mundo.
—Vamos con Daniel —dijo con firmeza, tomando su abrigo y mirando a Archer, que la observaba con los brazos cruzados.
—¿Tan desesperada estás por respuestas?
—No desesperada…
informada.
Él ya vive en este mundo, está rodeado de seres no humanos y colabora con los líderes de esta ciudad.
Si hay alguien que puede decirnos algo real, es él.
Archer asintió y, sin más palabras, ambos salieron del lugar en dirección a la residencia de Daniel.
El día estaba tranquilo, pero la tensión en el aire no pasaba desapercibida para ninguno de los dos.
Rin se preguntaba si Daniel aceptaría compartir lo que sabe…
y más importante aún, si realmente podría confiar en él.
Mientras Rin y Archer cruzaban las calles de Kuoh, en otra parte de la ciudad, lejos del radar de los estudiantes, un estruendo cortó el aire como un rayo.
Dos figuras chocaban en medio de una construcción abandonada, sus armas brillando con energía mágica.
Saber, con su espada envuelta en una niebla dorada, mantenía la guardia alta.
Frente a ella, Lancer, veloz como un rayo azul, giraba su lanza con destreza letal.
—¿Podemos hablar antes de matarnos?
—preguntó Saber, su tono neutral, intentando la vía pacífica.
Pero desde lejos, la voz del Master de Lancer resonó con desdén: —¡No confíes en esa zorra!
¡Acaba con ella ahora, Lancer!
Lancer titubeó apenas un instante, pero luego se lanzó al ataque.
La batalla comenzó en serio.
Choques de acero resonaban en el edificio vacío, sus paredes comenzando a ceder bajo el poder de cada golpe.
Saber, elegante pero firme, se movía como una veterana de mil guerras; Lancer, ágil y brutal, no dejaba espacio para errores.
Ambos estaban tan igualados que parecía que el combate duraría horas.
Pero nadie lo sabía.
Nadie más que ellos, y el destino, observaba ese duelo en silencio.
La noche caía suavemente sobre Kuoh, envolviendo la ciudad en un velo de calma engañosa.
Dentro de la casa de Daniel, la atmósfera era cálida y tranquila, un contraste total con el caos que se gestaba en otros rincones del mundo.
Sakura, aún exhausta por el torrente emocional que la había atravesado, se había retirado a su habitación con una tímida sonrisa y los ojos enrojecidos.
Las demás chicas —Hikari, Hibiki, Alya y Tamamo— se encontraban en la sala, charlando relajadamente, mientras Daniel compartía con ellas una tarde de respiro.
A pesar de las múltiples responsabilidades que cargaba sobre sus hombros, se permitía este pequeño momento de paz.
Fue entonces que el timbre de la puerta sonó.
Tamamo, siempre vigilante desde su forma espiritual, apareció junto a Daniel con una expresión seria.
—Amor mío, tenemos visitas.
Son Tohsaka Rin y su servant, Archer.
Otra vez —dijo con su tono melodioso, aunque claramente estaba a punto de activar su modo celosa.
Daniel se levantó con calma y fue hacia la puerta.
Al abrir, se encontró con Rin, su expresión seria pero ligeramente menos tensa que la primera vez, y Archer detrás de ella, cruzado de brazos y con su típica mirada evaluadora.
—¿Es un buen momento para hablar?
—preguntó Rin, sin rodeos.
—Sí, adelante.
Pasen —respondió Daniel con hospitalidad, apartándose para dejarles entrar.
Reynare, que observaba desde el pasillo, suspiró resignada y fue a preparar la mesa para que la conversación pudiera llevarse a cabo con comodidad.
Aunque fingía indiferencia, lanzaba miradas furtivas cada vez que Rin se acercaba demasiado a Daniel.
Una vez todos estuvieron sentados, con tazas de té ya servidas por Reynare —quien se mantenía cerca como si vigilara cada gesto de la maga de ojos azules—, Rin fue al grano: —Quiero saber sobre los diablos.
Qué son exactamente, cuál es su propósito…
cómo los conociste.
Y, lo más importante: ¿se puede negociar con ellos?
Daniel la observó unos segundos, midiendo su tono, sus gestos, su aura.
No detectaba hostilidad, solo ansiedad disfrazada de frialdad.
Asintió suavemente.
—Son reales.
Sí, son los mismos que aparecen en el Ars Goetia…
en nombres, al menos.
Pero no son como los pintan las escrituras.
No todos son malvados, ni buscan almas a cambio de pactos —explicó con firmeza—.
La mayoría son…
más humanos que demonios, por decirlo de algún modo.
Tienen gobiernos, leyes, familias.
No son diferentes a nosotros más allá de sus poderes y su longevidad.
Rin parecía escuchar cada palabra con una mezcla de escepticismo y alivio.
Archer, por su parte, se mantenía en silencio, pero sin dejar de observar cada reacción.
—¿Y están abiertos a negociaciones?
—volvió a preguntar Rin, bajando ligeramente la voz.
—Sí.
De hecho, ya estás en una posición favorable —respondió Daniel—.
El hecho de que aceptaras trabajar conmigo y que ahora estés cooperando con Sona te ha abierto muchas puertas.
Si lo haces bien, podrías salir de esto en mejores condiciones de lo que piensas.
Rin lo miró, parpadeando un par de veces, genuinamente confundida.
—¿Mejores condiciones?
Daniel sonrió apenas.
—Sabes que tu organización no te informó de los cambios.
Te lanzaron a este ritual sin darte los datos completos…
quizás como una forma de quitarte del juego político.
Pero ahora estás al lado de quienes gobiernan esta región y han demostrado interés en proteger este territorio.
Si demuestras voluntad de cooperación, hay mucho que podrías ganar.
Rin entrecerró los ojos, su mente claramente procesando esas posibilidades.
Se apoyó contra el respaldo de la silla, suspirando con un dejo de resignación.
—Entonces…
confiaré en ti por ahora.
Pero si esto sale mal, me aseguraré de que lo sepas.
Daniel rió bajo.
—Justo lo que diría una Tohsaka.
Tamamo, sentada a su lado en forma física, bufó por lo bajo mientras inflaba las mejillas.
Reynare seguía observando desde la cocina, apretando un poco la taza que limpiaba.
Alya cruzó los brazos con una ceja alzada.
—¿Otra más que cae por ti, Daniel?
Daniel solo suspiró.
La guerra del Santo Grial podía esperar un poco…
por ahora, lo más peligroso era su propia casa.
La noche envolvía Kuoh con su habitual tranquilidad, pero en un área apartada, donde los árboles servían como murallas naturales y las farolas estaban ausentes, se libraba una batalla en silencio…
rota solo por el chocar del metal y el silbido del viento cortado.
Saber —Sengo Muramasa— se mantenía de pie, su katana envainada parcialmente, sus ojos grises fijos en su oponente.
Frente a él, un Lancer alto y musculoso, de armadura ligera y una lanza carmesí, respiraba con dificultad.
El campo a su alrededor ya mostraba cicatrices: árboles partidos, tierra arrancada y rocas destrozadas por la furia de la contienda.
La pelea había sido larga, y más que un intercambio de estilos refinados, fue una guerra de desgaste.
Lancer no mostraba una técnica impecable, pero sí un instinto animal para resistir, esquivar y contraatacar.
Cada vez que parecía que Muramasa tenía la ventaja, el lanzador encontraba la forma de escabullirse o rozarlo con la punta de su arma.
Pero Muramasa…
no parecía humano.
No en combate.
Aunque era conocido como un herrero legendario, sus movimientos eran demasiado precisos, como si sus brazos recordaran cada lucha que sus espadas habían presenciado.
Cada desvío, cada tajo, cada paso, era el resultado de una experiencia que no correspondía a su leyenda original.
Su mirada era vacía, enfocada solo en la eficiencia.
Un artista del corte.
Lancer intentó una embestida final, su lanza envuelta en energía mágica, apuntando directo al corazón de Muramasa.
—¡Muere, maldito herrero…!
Muramasa susurró algo inentendible, un rezo tal vez…
y desenvainó.
Una línea invisible cruzó el campo.
Un segundo después, Lancer se detuvo.
Su arma cayó de sus manos, partida.
Su cuerpo tembló…
y luego se desplomó, partido limpiamente del hombro a la cadera.
Muramasa exhaló lentamente y guardó su espada.
—No hay victoria en el filo que corta solo por necesidad…
—murmuró con una tristeza insondable.
El cadáver de Lancer comenzó a desintegrarse, partículas doradas elevándose al cielo.
Pero en lo profundo del subsuelo, lejos de la vista, la desaparición de un servant provocó una reacción.
El sistema se había activado.
Un pulso oscuro se liberó por la red espiritual tejida en las sombras.
La niebla se alzó en el corazón de Kuoh.
El grial…
despertaba.
Y con él, la semilla de un mal primordial.
En una dimensión que no debía existir, una figura informe comenzó a estremecerse.
Sin rostro, sin alma, pero lleno de odio y sufrimiento…
Angra Mainyu, el concepto de todo lo maldito, sonrió en su prisión incompleta.
—Uno menos…
Falta poco…
Y en ese instante, la guerra cambió.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Apoyame en mi patreon para seguir creciendo y escribiendo estas historias.
Mi patreon: SeathScale
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com