Mezcla de mundos anime: El emperador intergalactico - Capítulo 27
- Inicio
- Todas las novelas
- Mezcla de mundos anime: El emperador intergalactico
- Capítulo 27 - 27 Capitulo 26 El Dragon Emperador Rojo
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
27: Capitulo 26: El Dragon Emperador Rojo 27: Capitulo 26: El Dragon Emperador Rojo El silencio tras la batalla era casi antinatural.
El aire aún olía a ozono, humo y sangre.
La tierra estaba marcada por explosiones y energía mística.
Y entre los escombros, Daniel finalmente cayó de rodillas.
Su cuerpo, aún cubierto por fragmentos rotos de su armadura escarlata, se desplomó al suelo con un suspiro apenas audible.
La adrenalina que lo había sostenido desapareció…
y el agotamiento absoluto tomó su lugar.
Uno a uno, los demás también cayeron.
Rias y Sona, sus respectivos séquitos, Rin y Archer, Muramasa y su joven Master Yuuta…
Nadie quedó en pie.
Excepto una.
Tamamo no Mae.
Aún jadeando, su cuerpo temblaba por el esfuerzo mágico descomunal que había realizado, pero sus piernas seguían firmes.
Como si la voluntad de proteger a Daniel le hubiese dado fuerzas más allá de su límite.
Se arrastró como pudo hasta él, ignorando los cortes en sus brazos y el mareo que amenazaba con desmayarla.
Lo giró con cuidado, colocando su cabeza sobre sus piernas.
—Daniel…
¿estás…
bien?
—preguntó en voz baja, con una mezcla de temor y ternura.
Fue entonces cuando una voz resonó dentro de su mente.
—Está vivo.
—Mucho más duro de lo que parece.
Tiene varios huesos rotos, daño interno y está inconsciente…
pero se recuperará.
Tamamo parpadeó, sorprendida.
—¿Ddraig?
—¿Quién más?
No te preocupes, zorrita.
Este chico tiene más vidas que un gato con armadura.
Solo necesita descanso…
y tal vez una semana sin pelear, cosa que dudo le concedan.
Tamamo suspiró de alivio.
Sus hombros, hasta entonces tensos, se relajaron.
Sus dedos acariciaron la mejilla de Daniel con dulzura.
—Tonto…
¿por qué siempre te esfuerzas tanto?
—susurró con voz suave.
Usando la poca magia que le quedaba, empezó a cerrar las heridas más superficiales.
Una pequeña luz azul envolvió las partes dañadas de su cuerpo, aliviando el dolor.
Y entonces, la calma se rompió.
Un portal se abrió a unos metros de distancia, y de él salieron los Cuatro Maou: Sirzechs Lucifer, Serafall Leviathan, Ajuka Beelzebub y Falbium Asmodeus.
Su llegada fue inmediata y su presencia, imponente.
—¡¿Qué demonios pasó aquí?!
—exclamó Serafall al ver el campo de batalla.
Su vista se posó rápidamente en Sona, y corrió hacia ella con expresión de hermana mayor desesperada.
Sirzechs, con la misma seriedad, se acercó a Rias, revisándola con rapidez…
aunque su mirada se desvió hacia Tamamo.
—¿Qué ha ocurrido aquí?
—preguntó el Rey Lucifer con voz firme pero contenida.
Ajuka y Falbium también observaron con atención a los caídos, notando que el epicentro del combate había sido brutal.
Tamamo, aún cansada y con Daniel en sus brazos, suspiró.
—No llegaron tan tarde como pensé…
—murmuró, antes de levantar la vista—.
Escuchen bien, porque esto no es algo que quieran malinterpretar.
Serafall, dejando a Sona al cuidado de un hechizo de recuperación, se acercó con curiosidad.
—¿Tamamo, cierto?
Tú eres…
una servant, ¿no?
—Correcto —asintió Tamamo con voz tensa—.
Pero eso es lo de menos.
Lo que importa ahora es lo que enfrentamos…
y cómo lo detuvimos.
Sirzechs cruzó los brazos.
—Habla.
Necesitamos saberlo todo.
Tamamo asintió y, mientras acariciaba con suavidad el cabello de Daniel, comenzó a narrar desde el inicio: —El Santo Grial fue activado.
Angra Mainyu, el espíritu del mal de la humanidad, logró manifestarse…
—Usó a una chica llamada Sakura Matou como receptáculo.
—Y Daniel, junto con todos los aquí presentes, luchó para detenerlo.
—Uno por uno, todos cayeron…
y fue Daniel quien, al final, logró expulsarlo.
—Pero Angra tomó forma física…
y aun así, Daniel se enfrentó a él.
Solo.
Los cuatro Maou intercambiaron miradas.
—¿Él solo derrotó a una entidad de clase divina corrompida…?
—murmuró Ajuka, más impresionado que incrédulo.
—Ni siquiera nosotros podíamos sentir con claridad desde Alemania…
pero el miasma…
—añadió Falbium.
—Sí —Tamamo asintió—.
Angra Mainyu fue destruido.
El Santo Grial se rompió.
La guerra…
terminó.
Serafall se mordió el labio inferior.
—Y pensar que no pudimos llegar antes…
Las autoridades locales nos retuvieron por el incidente en el castillo Einzbern.
—Lo entiendo —Tamamo susurró—.
Pero ahora, deben entender algo ustedes también…
Los Maou la miraron atentos.
—Daniel…
no es un simple humano.
No es solo un Sacred Gear.
Hay algo más en él.
—Y cuando llegue el momento…
van a tener que decidir si están con él, o en su contra.
El silencio se hizo denso.
Sirzechs bajó la mirada a Daniel y luego alzó la vista, solemne.
—Lo decidiremos…
cuando escuchemos su versión.
Por ahora…
protejámoslos.
Ajuka asintió y empezó a preparar círculos mágicos de transporte.
Serafall abrazó a Sona.
Rias, medio consciente, fue tomada por Sirzechs con suavidad.
Y Tamamo, con Daniel aún en sus brazos, miró al cielo estrellado.
—Descansa, amor mío…
el mundo que salvaste sigue en pie —susurró con una sonrisa triste.
El sol apenas se filtraba por las ventanas del cuarto decorado con el escudo de la familia Gremory.
Un silencio reverente llenaba la habitación, solo interrumpido por el leve chapoteo de una toalla al ser sumergida en agua.
—Ya casi está…
—murmuró una voz suave.
Con delicadeza, Grayfia Lucifuge, vestida con su característico uniforme de sirvienta, colocó una toalla húmeda en la frente de su joven señora.
En ese momento, los ojos carmesí de Rias Gremory se abrieron lentamente.
—Ngh…
¿Dónde…
estoy?
—¡Rias!
—exclamó Sirzechs, su hermano mayor, dejando caer todos sus papeles y acercándose de inmediato—.
¡Estás despierta!
Rias parpadeó, confundida, mientras Sirzechs la abrazaba con fuerza.
—H-Hermano…
me aplastas…
—dijo con una mueca, aunque sin resistirse.
Grayfia sonrió suavemente.
—Bienvenida de vuelta, Rias-sama.
Estuviste inconsciente tres días.
—¿Tres…
días?
—repitió ella, alarmada.
Sirzechs asintió, su expresión se volvió más seria.
—Sí.
Fuiste parte de la batalla contra Angra Mainyu…
y según nos contó Tamamo, Daniel fue quien detuvo a esa entidad al final.
—Daniel…
—susurró Rias, su mirada se volvió melancólica—.
¿Y él?
¿Está bien?
—Aún no ha despertado —respondió Grayfia—.
Está siendo atendido por Tamamo, quien ha estado a su lado todo este tiempo.
Su estado es estable…
pero su cuerpo está exhausto.
Rias apretó las sábanas.
Un leve rubor cruzó sus mejillas.
—Ese tonto…
otra vez salvando a todos…
En otro ala de la residencia, una habitación estaba adornada con flores, peluches y…
¿varitas mágicas?
Una figura dormía pacíficamente en una cama blanca con cobijas rosadas.
—Sona-chaaan~ ¡Despierta yaaa!
¡Tu hermana está aquí para darte amor mágicooo!
✨ Sona Shitori, heredera de la familia Sitri, abrió los ojos con lentitud…
solo para ver a su hermana mayor Serafall Leviathan justo encima de ella, con un disfraz de maga de anime y burbujeando alegría como si nada hubiera pasado.
—¿Qué…
qué es esto…?
—parpadeó Sona.
—¡Estás despierta!
¡Y estás usando el cosplay más adorable del mundo!
¡Mira, hasta tiene un lacito encantado en la cintura!
Sona se incorporó lentamente…
solo para darse cuenta con horror que, efectivamente, llevaba puesto un disfraz de chica mágica.
—SERAFALL.
—¡¿Sí?!~ —¿Qué parte de “no usaré cosas ridículas mientras esté inconsciente” no entendiste?
—¡Pero estabas tan linda dormida!
Y yo estaba TAN preocupada que tenía que hacer algo lindo para subir el ánimo…
¡por tu bien, claro!
Sona suspiró, llevándose una mano a la frente.
—¿Cuánto tiempo estuve…?
—Tres días.
¡Y no sabes lo que pasó!
¡Daniel se volvió un guerrero dragón super épico y destruyó a un dios maligno ancestral con magia, fuego y rayos por todos lados!
¡Y se veía tan cool!
Sona se quedó en silencio.
—…Quiero una versión menos exagerada.
—¡Pfft!
¡Ve con Tamamo, ella te dará la versión aburrida!
Sona bufó mientras se quitaba el disfraz de maga con dignidad, aunque no pudo evitar mirar de reojo hacia la ventana.
—Daniel…
¿aún no despierta?
—No.
Tamamo está con él desde el principio.
Está bien…
solo necesita descansar.
Sona se acomodó las gafas, seria de nuevo.
—Entonces…
iremos a verlo.
Tengo muchas preguntas.
—¡Y yo quiero abrazarlo por haber salvado a mi hermanita!~ Sona no respondió…
pero sí sonrió, apenas, en el borde de sus labios.
La casa que antes estaba en llamas, ahora estaba silenciosa, sanada por magia y reparaciones apresuradas.
El ambiente, aunque tranquilo, cargaba una tensión sutil.
Un solo cuarto concentraba la atención y los corazones de muchas personas.
Allí, acostado en la cama principal, estaba Daniel, inmóvil, respirando con dificultad, pero vivo.
A su lado, incansable, estaba Tamamo no Mae, con su cabello recogido, ojeras marcadas y expresión preocupada, pero siempre serena.
—Idiota…
¿cómo te atreves a quedarte dormido después de hacerme preocupar tanto?
—susurró mientras pasaba un paño húmedo por su frente.
Cada tanto, se levantaba para verificar a Hibiki, Hikari, Alya y Sakura, todas en habitaciones cercanas, todas heridas o agotadas.
Reynare, silenciosa pero constante, ayudaba cuando podía con tareas simples: preparar comida ligera, cambiar vendas, mantener la casa ordenada.
Era una rutina tranquila.
Hasta que, una mañana, las cuatro chicas despertaron…
casi al mismo tiempo.
—¿Dónde…
estoy?
—preguntó Hibiki, sentándose.
—¿Sakura?
¿Estás…
bien?
—Alya se giró con lentitud hacia la chica de cabello morado.
—Estamos…
vivas —murmuró Hikari, mirando sus propias manos.
Tamamo entró de inmediato, con una sonrisa cansada y una expresión de alivio.
—¡Finalmente!
¡Están despiertas!
—exclamó, casi con lágrimas en los ojos.
Las cuatro la miraron con sorpresa y confusión.
—¿Qué…
pasó?
—preguntó Sakura, apenas audible.
—Angra Mainyu…
Daniel lo venció.
Pero el precio fue alto.
Ustedes todas cayeron por el esfuerzo, y Daniel…
aún no despierta.
Las expresiones de las chicas cambiaron.
Alya apretó los puños.
Hikari y Hibiki se miraron con temor.
Sakura solo bajó la cabeza, visiblemente afectada.
—¿Y él…
está bien?
—preguntó Hibiki.
Tamamo asintió con suavidad.
—Sí.
Está herido, pero estable.
Solo necesita tiempo.
Desde ese momento, todas empezaron a turnarse para cuidar a Daniel.
Hibiki, con una silla cerca de la cama, leía libros en voz baja.
Hikari le acomodaba las sábanas y limpiaba sus heridas con delicadeza.
Alya discutía con Tamamo sobre cómo aplicar mejor los hechizos curativos.
Y Sakura…
Sakura simplemente se sentaba cerca, en silencio, sujetando su mano.
Cada una aportaba lo suyo.
Todas vigilaban.
Todas esperaban.
Fue entonces cuando sonó el timbre.
Reynare, vestida con su delantal, abrió la puerta.
Del otro lado, Sirzechs Lucifer, Grayfia Lucifuge, Rias Gremory, Sona Shitori y Serafall Leviathan estaban reunidos.
—Venimos a confirmar el estado de Daniel —dijo Sirzechs con formalidad.
—¿Él ya…?
—preguntó Rias, cruzando miradas con Reynare.
Reynare solo suspiró, apartándose para dejarlos pasar.
—Sigue inconsciente.
Los rostros de todos cayeron un poco.
—Pensábamos que ya habría despertado —dijo Sona con tono neutro, pero con un dejo de tristeza.
Serafall cruzó los brazos, visiblemente frustrada.
—¡Tsk!
¡Ni siquiera nos da la oportunidad de agradecerle como se debe!
Grayfia solo asintió, observando todo con atención.
Sirzechs caminó hasta la habitación y se detuvo en la puerta, observando a Daniel, cubierto de vendas, rodeado por las chicas que lo cuidaban.
—Al menos…
está vivo.
—murmuró.
Sona suspiró.
—Eso es más de lo que podíamos esperar…
pero también es justo lo que todos necesitábamos.
Rias, viendo a Sakura dormida en una silla junto a la cama, murmuró: —Él la salvó…
a todas.
Los Maou y las chicas se quedaron un momento más, en silencio, sin decir nada.
Respetando la paz de aquel lugar, la calma que había costado tanto conseguir.
Daniel no despertó ese día.
Pero sus acciones…
Sus decisiones…
Ya habían empezado a cambiarlo todo.
Todo era blanco.
No había cielo.
No había tierra.
Solo un mar infinito de nada.
Daniel estaba de pie…
o al menos, eso parecía.
No podía sentir su cuerpo del todo, solo sabía que estaba allí.
—¿Dónde…
estoy?
—murmuró.
Su voz resonó en el vacío, como si el mundo mismo la absorbiera.
—Finalmente despertaste…
aunque no del todo.
—respondió una voz familiar, grave, potente y serena.
De entre el blanco infinito, una figura gigantesca emergió: Ddraig, el Emperador Dragón Rojo, con sus alas extendidas y ojos resplandecientes.
—¿Ddraig?
¿Qué está pasando?
¿Estoy muerto?
El dragón rió con fuerza.
—¡JAJAJA!
No, aún no, mocoso.
Pero estuviste cerca.
Estás en tu subconsciente, un espacio que existe entre tu alma y tu mente.
Has estado inconsciente por tres días…
y dudo que despiertes pronto sin descanso.
Daniel bajó la mirada.
—…Entonces, ¿qué hago aquí?
Ddraig se inclinó levemente hacia él.
—Descansar…
o entrenar.
Este lugar es el reflejo de ti mismo, de tu alma.
Puedes usarlo para prepararte, conocer tus límites y superarlos.
Tu cuerpo está en cama, pero tu espíritu no tiene por qué quedarse quieto.
Daniel lo pensó un momento.
Luego, respiró hondo.
—…Entrenar, entonces.
Ddraig sonrió ampliamente.
—Eso quería oír.
Aquí no hay tiempo.
Puedes aprender a usar tu poder de formas nuevas sin que tu cuerpo colapse.
Mejorarás tu sincronización conmigo, reforzarás tu voluntad…
y puede que ese “poder extraño” que usaste en la pelea, ese “Haki”, también pueda desarrollarse aquí.
Daniel alzó una ceja.
—¿Puedes sentir el Haki?
—Puedo sentir lo que tú sientes.
Y ese poder no es de este mundo.
Es tuyo, y es raro.
Muy raro.
Pero útil.
—Ddraig dio un leve rugido de aprobación.
Daniel sonrió levemente.
—Entonces empecemos.
Ddraig alzó una garra y, con un movimiento, el mundo blanco comenzó a cambiar.
El suelo se solidificó.
Aparecieron montañas lejanas, cielos estrellados, y una sensación de presión mágica lo envolvió.
—Bienvenido a tu mundo interior, Daniel.
Aquí entrenaremos sin límites.
Aquí, el único enemigo…
eres tú mismo.
Daniel respiró profundo.
Se sentía liviano, sin dolor, sin limitaciones físicas.
Estaba en su subconsciente, sí…
Pero por primera vez, se sentía libre de darlo todo.
Y así, comenzó su entrenamiento mental, en un mundo que solo él podía ver…
Mientras, allá afuera, todos lo esperaban con fe.
Cuatro días más pasaron.
En su subconsciente, Daniel entrenaba con Ddraig, perfeccionando su voluntad, su conexión con la Boosted Gear, y ese misterioso poder suyo que llamaba “Haki”.
Había dominado cosas que antes ni imaginaba, y aunque su cuerpo seguía dormido, su mente estaba más fuerte que nunca.
Hasta que lo sintió.
Una calidez…
una energía suave…
Un tirón que lo alejaba de su mundo interior.
—Parece que es hora, chico, —dijo Ddraig con voz tranquila— Tu cuerpo te llama.
Despierta…
y no olvides lo que aprendiste aquí.
Todo se desvaneció en una luz cálida…
Y cuando abrió los ojos, lo primero que vio fue el rostro de Tamamo, con lágrimas deslizándose por sus mejillas.
—¡Daniel!
—exclamó, con la voz temblorosa de felicidad.
No esperó más.
Se arrojó a sus brazos, abrazándolo con fuerza—.
¡Pensé que no despertarías!
Daniel, aún adolorido pero consciente, levantó un brazo para abrazarla, acariciándole el cabello con ternura.
—…Lo siento por haberte preocupado, Tama.
Tamamo lloró aún más, esta vez de alivio.
En ese instante, la puerta se abrió con fuerza.
—¡¡DANIEL!!
—gritaron al unísono Hikari, Hibiki, Alya y Sakura, entrando como una tormenta de emociones.
Apenas lo vieron, corrieron a abrazarlo, envolviéndolo entre brazos, lágrimas, besos y palabras atropelladas.
—¡No vuelvas a hacer eso!
—¡Estuviste dormido por una semana entera!
—¡Tonto, tonto, tonto!
¡Gracias por volver!
—Gracias…
por salvarme…
Los brazos de Daniel apenas alcanzaban para devolverles todo el afecto, pero lo intentó.
Las miró con cariño, apretándolas contra él mientras sentía cómo su corazón se llenaba de paz.
—Gracias por cuidarme.
De verdad.
Y…
gracias por esperarme.
Ellas solo lloraron más.
No de tristeza, sino de amor y alivio.
Desde la entrada de la cocina, Reynare observaba en silencio.
Apretó los labios con un poco de frustración…
y celos.
Pero no dijo nada.
Se giró, murmurando: —Idiotas…
todos unos sentimentales…
Pero ya estaba sacando ingredientes, encendiendo la estufa.
Sabía que él tendría hambre.
Y aunque no lo dijera…
también estaba feliz de tenerlo de vuelta.
En el cuarto, Daniel se quedó abrazado a las chicas por un largo rato, en silencio, rodeado por el calor de aquellas que amaba y que lo amaban.
La guerra había acabado.
El monstruo había sido derrotado.
Y, por fin…
podía descansar.
Poco después de despertar y tras muchos abrazos y lágrimas, Daniel finalmente logró levantarse con cuidado, aún adolorido, pero con hambre.
Descendió las escaleras de su casa, guiado por el aroma delicioso que salía de la cocina.
Al llegar al comedor, encontró un platillo bien presentado y aún caliente, esperándolo sobre la mesa.
—…¿Esto es…?
—No te emociones tanto —respondió Reynare desde la cocina, con la espalda vuelta—.
No lo hice por ti ni nada.
Es solo que alguien tenía que alimentar al paciente para que no se muriera de hambre, ¿entendido?
Daniel soltó una pequeña risa y tomó asiento.
—Aun así…
gracias, Reynare.
Se ve delicioso.
Esa simple frase fue suficiente para que la ex-ángel caído se sonrojara hasta las orejas.
Su alita tembló, y giró apenas un poco el rostro para que no notaran la sonrisa que luchaba por salir.
—Tsk…
haz lo que quieras.
Pero no te acostumbres.
Daniel, con una sonrisa honesta, empezó a comer.
Cada bocado sabía a hogar, y después de todo lo que había pasado, era justo lo que necesitaba.
Ya en la tarde, cuando el sol caía suavemente sobre Kuoh, la puerta volvió a sonar.
Tamamo, en su forma espiritual, ya estaba al tanto.
—Daniel~ tus fans de alta categoría han llegado otra vez~.
Daniel se puso de pie con calma, algo más recuperado, y abrió la puerta.
Allí estaban: Sirzechs Lucifer, Grayfia Lucifuge, Serafall Leviathan, Rias Gremory y Sona Shitori.
Las miradas de sorpresa no tardaron en llegar.
—¡Daniel!
—exclamó Rias, dando un paso al frente con los ojos brillantes.
Sona simplemente bajó la cabeza con un suspiro de alivio.
Sirzechs sonrió, pero con una seriedad que dejaba entrever lo que se venía.
Serafall, por su parte, brincó emocionada.
—¡Finalmente despierto!
¡Mi adorable hermanita va a estar feliz de no tener que cuidarte disfrazada de enfermera mágica!
Aunque yo sí tomé fotos~.
Daniel se rió suavemente, pero luego miró a Sirzechs, quien dio un paso adelante.
—Daniel, nos alegra verte bien.
Pero necesitamos tener una reunión seria contigo.
Ahora que estás consciente…
necesitamos tu versión de lo sucedido durante la aparición de Angra Mainyu.
Grayfia asintió en silencio, con su elegante porte intacto.
Daniel asintió.
Sabía que tarde o temprano llegaría este momento.
—Claro.
Vamos a la sala.
No voy a ocultarles nada.
Tamamo apareció a su lado, ya en forma corpórea.
—Estaré contigo para completar la historia —dijo con firmeza, a pesar de su tono dulce.
Todos entraron a la sala.
El ambiente se volvió serio.
La guerra había terminado, sí…
Pero las consecuencias apenas comenzaban a explorarse.
La reunión se llevaba a cabo en una sala privada de la casa, con Daniel al centro, sentado frente a Sirzechs, Serafall, Grayfia, Rias y Sona, mientras Tamamo permanecía junto a él, serena pero atenta.
Las otras chicas, aunque presentes, se mantenían al margen por respeto.
Sirzechs fue el primero en hablar, con voz calmada: —Daniel…
primero que nada, gracias por proteger a todos.
Pero necesitamos saber exactamente qué ocurrió, desde tu perspectiva.
Daniel asintió lentamente.
Respiró hondo y miró a todos los presentes con seriedad.
—Está bien…
pero antes de contarles lo que pasó esa noche, hay algo que deben saber sobre mí.
No tiene nada que ver con Sacred Gears o magia…
sino conmigo como persona.
El ambiente se volvió silencioso, todos atentos.
—Antes de llegar a Kuoh, mi vida era…
completamente normal.
Yo vivía en México.
Fui maestro de secundaria, daba clases de historia y literatura.
Vivía solo, en un pequeño departamento.
No era rico, ni poderoso.
Solo…
alguien que trataba de vivir de forma honesta.
—Hizo una pausa—.
Era un buen tipo, creo…
pero también era alguien cansado del mundo.
La corrupción, la injusticia, el dolor…
las cosas que pasaban cada día allá afuera te hacían preguntarte si ser bueno realmente valía la pena.
Tamamo bajó la mirada al escuchar la sinceridad en su voz.
—Aun así, lo intentaba.
Tenía una hermana menor.
La cuidaba.
Era mi mundo.
Una tarde, volvía del trabajo y…
ocurrió.
El silencio se volvió más pesado.
Sona frunció el ceño ligeramente, como si imaginara lo que vendría.
—Un asalto.
Un tipo con una pistola.
Mi hermana estaba en la línea de fuego.
No lo pensé.
Me lancé sobre ella y…
bueno, eso fue todo.
Todos se quedaron en shock.
Rias bajó la mirada.
Serafall apretó los puños.
Grayfia no dijo nada, pero la compasión en sus ojos lo decía todo.
—Desperté después…
aquí.
Sin explicación.
Sin saber qué era este lugar, ni por qué seguía vivo.
Me encontré en Kuoh, sin familia, sin amigos, sin propósito…
hasta que ella —miró a Tamamo con una leve sonrisa— apareció.
Tamamo asintió, sonrojada, pero no dijo nada.
—Luego de eso, las cosas comenzaron a escalar.
Aparecieron las Sekirei, los problemas, y más tarde…
Sakura.
Lo que pasó con ella, y con Angra Mainyu…
fue algo que me tomó por sorpresa.
No sabía nada del mundo sobrenatural…
nada.
Solo cuando mi Sacred Gear despertó y Ddraig empezó a hablarme, supe que había algo más.
Sirzechs entrecerró los ojos, observándolo con mayor interés.
—¿Entonces todo lo que sabes…
lo aprendiste aquí?
¿En poco tiempo?
—Sí.
Todo ha sido improvisado.
Intuición, corazonadas, errores y suerte.
—Daniel se encogió de hombros—.
No soy un soldado, ni un guerrero…
sólo alguien que no puede quedarse quieto viendo cómo otros sufren.
Aunque no tenga todas las respuestas, hago lo que creo correcto.
Serafall lo miró con más atención que antes.
Su expresión traviesa se había vuelto seria.
—Eso…
suena como alguien peligroso.
Daniel soltó una risa leve.
—Solo para los que hacen daño a otros.
Sirzechs sonrió.
Fue una sonrisa genuina.
—Eso explica cómo lograste llegar tan lejos.
No porque tu Sacred Gear sea fuerte…
sino porque tú lo eres.
Tu voluntad, tu convicción…
eso es lo que lo alimenta.
Rias, con una sonrisa pequeña, asintió.
—Siempre me pareció curioso cómo pudiste resistir tanto, con tan poco entrenamiento mágico.
Sona, cruzando los brazos, murmuró: —Una historia trágica, pero también admirable.
Daniel los miró uno a uno.
—No busco fama, ni poder.
Sólo quiero proteger lo que tengo ahora…
y ayudar a quien lo necesite.
Tamamo se acercó un poco más a él, apoyando su cabeza en su hombro.
Daniel la rodeó con el brazo, sin pensar.
Sirzechs se levantó y caminó hacia él.
Lo miró fijamente.
—Entonces, Daniel…
¿estás dispuesto a seguir en este camino?
¿Incluso si se vuelve más oscuro que hasta ahora?
—Sí —respondió sin dudar—.
Hasta el final.
Serafall sonrió con energía, volviendo un poco a su tono alegre: —¡Entonces oficialmente te reconozco como un aliado!
Aunque no puedo evitar decirlo…
eres muy raro para ser humano.
—Primera vez que me lo dicen —bromeó Daniel.
La atmósfera se suavizó un poco.
Las sonrisas volvieron.
Pero la tensión aún permanecía en el fondo.
La guerra había terminado…
pero algo les decía que nuevos desafíos estaban por llegar.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Voten si les gusto el episodio y apoyenme en mi patreon para seguir escribiendo mas de estas historias.
Mi patreon: SeathScale
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com