Mezcla de mundos anime: El emperador intergalactico - Capítulo 28
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- Capítulo 28 - 28 Capitulo 27 Política sobrenatural
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28: Capitulo 27: Política sobrenatural 28: Capitulo 27: Política sobrenatural En una sala de conferencias privada dentro de la Preparatoria Kuoh, el ambiente era solemne.
Sirzechs Lucifer, Serafall Leviathan, Rias Gremory y Sona Shitori, junto a sus respectivos séquitos, se encontraban sentados alrededor de una mesa amplia, con documentos sellados mágicamente frente a ellos y protecciones ocultas en todo el perímetro para evitar escuchas.
Sirzechs fue el primero en hablar, su tono diplomático pero firme.
—Ahora que sabemos la verdad sobre Daniel…
y lo que representa…
no podemos ignorar el peso de lo que acaba de ocurrir.
La derrota de una entidad divina como Angra Mainyu no es algo menor.
Y menos aún si fue a manos del actual poseedor de Ddraig…
el Dragon Emperador Rojo de esta generación.
Todos asintieron.
Serafall, más seria de lo habitual, cruzó los brazos bajo su busto.
—Y no sólo lo derrotó, lo hizo sin ningún respaldo oficial de alguna facción.
Sin tener formación en magia avanzada, ni haber sido criado para ello.
Ese tipo de crecimiento…
es inusual.
Y francamente, aterrador.
Sona, con su expresión estoica, intervino: —Su nivel de poder escaló durante el combate como si hubiera entrenado durante años.
Eso…
no es algo que se pueda enseñar.
Es algo que se forja por naturaleza.
Rias miró sus propias manos sobre la mesa, pensativa.
—Es por eso que necesitamos saber…
qué haremos con él.
Si lo dejamos libre, sin ninguna conexión política clara, otras facciones podrían intentar atraerlo.
O incluso, eliminarlo si lo ven como una amenaza.
Sirzechs asintió lentamente.
—Por eso mismo estamos aquí.
No solo como familia, sino como representantes de los Maou.
Si el Dragon Emperador Rojo está del lado de los diablos, otras facciones estarán más dispuestas a aceptar treguas y cooperaciones mutuas.
Es un símbolo de poder.
De equilibrio.
Y de paz, si se gestiona correctamente.
Serafall giró hacia Sona con una sonrisa que, aunque juguetona, tenía una intención clara: —Sona-chan~.
Ya lo has tratado.
Eres inteligente, racional.
Y si mal no recuerdo…
él te ayudó con decisiones importantes hace poco, ¿verdad?
Sona suspiró pero no negó nada.
—Sí.
Me ha demostrado que tiene una brújula moral firme…
y que no se deja arrastrar por el caos.
Eso lo hace valioso.
Y confiable.
—Entonces —intervino Serafall— no estaría mal empezar a construir una relación política sólida con él, ¿no crees?
Sona no respondió de inmediato, pero luego asintió lentamente, sin poder evitar un ligero rubor.
Sirzechs miró a su hermana.
—¿Y tú, Rias?
¿Qué opinas?
Rias pareció debatirse unos segundos, pero luego habló con claridad: —Creo que Daniel tiene una fuerza que va más allá del poder mágico o físico.
Tiene un corazón fuerte.
Y…
sería deshonesto decir que no me interesa su potencial.
Por eso…
me gustaría saber si sería posible agregarlo a mi séquito.
Hubo un silencio breve.
Grayfia, quien hasta ese momento solo escuchaba, intervino con serenidad: —Agregar a un poseedor de Longinus como la Boosted Gear a un séquito no es algo que se deba tomar a la ligera.
Sirzechs asintió.
—Correcto.
Y menos al poseedor de Ddraig.
Los Dragones Emperadores son, por naturaleza, imanes de conflicto.
Las leyendas sobre las batallas entre el Emperador Rojo y el Emperador Blanco han terminado, en la mayoría de los casos…
con uno de los dos muertos.
Rias apretó los puños suavemente.
Lo sabía.
Era consciente de ello.
—Entonces…
¿creen que es mala idea?
—No lo negamos —respondió Serafall con tono firme—.
Solo decimos que no debe ser forzado.
Daniel debe tomar esa decisión por sí mismo.
Él ya ha demostrado que no se deja manipular…
ni siquiera por sus sentimientos.
Sona volvió a hablar, su voz segura: —Sea como sea, es vital que fortalezcamos los lazos con él.
No solo como mujer…
sino como líder de una familia noble.
Una relación bien llevada puede beneficiar a los diablos en todos los frentes.
Sirzechs asintió.
—Exactamente.
Un vínculo claro pero no opresivo.
Apoyarlo, no controlarlo.
Y si algún día…
decide unirse a alguno de sus séquitos, debe ser porque él lo desea, no porque le fue exigido.
Rias suspiró, un poco aliviada por el enfoque más flexible.
—Entendido.
Entonces…
cultivaremos la confianza primero.
Paso a paso.
Sona miró por la ventana de la sala, hacia donde se encontraba la casa de Daniel.
—Paso a paso…
sí.
Mientras las decisiones de alto nivel se discutían dentro de la Preparatoria Kuoh, lejos de la tensión política y las formalidades demoníacas, en la casa de Daniel el ambiente era más relajado…
hasta que una presencia súbita, como un relámpago de energía celestial y neutral, se hizo sentir en los cielos.
Tamamo, que se encontraba doblando algunas mantas mágicas, frunció el ceño.
Hikari y Hibiki se tensaron de inmediato.
Y Daniel, sentado con una taza de té, cerró los ojos y suspiró profundamente.
—Ya llegó…
el cuervo parlanchín del cielo.
Una sombra alada descendió frente al jardín, y con un brillo dorado leve en sus alas mecánicas, apareció el Gobernador de los Ángeles Caídos: Azazel.
—¡Oye, oye, oye!
—saludó con su tono burlón de siempre—.
Si este no es el mismísimo Dragon Emperador Rojo.
Vaya carta que se guardaban ustedes en esta casita.
Me siento ofendido por no haber sido invitado antes, ¿eh?
Daniel se levantó y lo recibió en la entrada, con una media sonrisa algo resignada.
—Si te hubiera invitado, hubieras llegado antes de que terminara la pelea solo para tomar notas.
Y te conozco, seguro querías apostar cuál caía primero, ¿Angra o yo?
Azazel rió con fuerza.
—¡Touché!
Pero no me culpes, no todos los días un chico sin respaldo de ninguna facción derrota a una entidad divina con una Sacred Gear recién despertada.
Ese tipo de anomalías, mi querido chico…
me encantan.
Ddraig, desde dentro del alma de Daniel, gruñó con familiaridad.
—Ten cuidado, Partner.
Ese hombre es hábil.
Es sabio, pero también astuto.
Si aceptas cualquier cosa sin condiciones claras, puede que termines siendo su experimento de tiempo completo.
Daniel, mentalmente, asintió.
—Lo sé, viejo amigo…
lo sé.
Azazel, como si leyera la atmósfera, levantó ambas manos en gesto de paz.
—Vengo en son de paz.
Solo quiero hablar…
y quizás ofrecerte una cooperación mutua.
Te seré directo: me interesa estudiar tu Sacred Gear, claro…
bajo acuerdo mutuo y sin restricciones absurdas.
Tamamo se mantuvo a un lado de Daniel, con los brazos cruzados, observando a Azazel con desconfianza.
—¿Y por qué querría él aceptar eso?
No necesita volverse tu conejillo de indias.
Azazel sonrió de oreja a oreja.
—No lo será, querida Servant.
Verás, Daniel…
sé que probablemente recibirás propuestas de todos lados pronto.
Maou, Dioses, héroes, hasta asociaciones de magos.
Pero yo no vengo a pedirte que luches por mí.
Vengo a ofrecerte conocimiento, tecnología y libertad.
Tú decides cuándo y cómo colaboramos.
Daniel lo miró, con los ojos serios.
—¿Y cuál sería exactamente tu objetivo?
—Estudiar.
Comprender cómo se desarrollan los Longinus modernos.
Especialmente uno como tú, que ha combinado esa Sacred Gear con habilidades externas al mundo sobrenatural —le guiñó un ojo, como si supiera más de lo que decía—.
Y claro, asegurar que el próximo cataclismo no nos tome por sorpresa.
La historia nos ha enseñado…
que ignorar al Emperador Rojo o Blanco…
suele traer consecuencias.
Ddraig soltó un leve suspiro dentro del alma de Daniel.
—Tiene razón en eso, Partner.
Pero asegúrate de establecer tus límites antes de siquiera considerar esto.
Daniel asintió.
Con una sonrisa tranquila, le respondió a Azazel: —Entonces…
si cooperamos, lo haremos bajo ciertas condiciones.
Nada de estudios sin mi permiso, sin invocaciones sin aviso.
Y si encuentro una señal de que me estás manipulando…
—¡Me encantaría que me patearas el trasero, muchacho!
—dijo Azazel entre carcajadas—.
Es un trato.
Cuando estés listo, solo llámame.
Y prepárate, porque seguro en los próximos días…
todos vendrán a tu puerta.
Antes de irse, Azazel lanzó una última mirada a Daniel.
—Ah, y por cierto…
buen trabajo.
No cualquiera sobrevive a la voluntad de un Dios oscuro y vive para contarlo.
Nos vemos pronto, niño dragón.
Y con un destello de energía luminosa, desapareció, dejando tras de sí una estela de plumas negras y curiosidad.
Tamamo suspiró mientras veía el cielo.
—Ese hombre huele a peligro…
y a cigarro viejo.
Daniel sonrió.
—Y sin embargo…
siento que aún no es el más peligroso que vendrá a tocar a la puerta.
El atardecer cubría la ciudad de Kuoh con un resplandor cálido y silencioso.
La visita de Azazel ya había terminado, y con ella, la confirmación de algo que Daniel ya temía: el mundo sobrenatural lo estaba rodeando poco a poco, no con espadas…
sino con sonrisas, contratos y palabras bien elegidas.
En la sala de su casa, Daniel se encontraba con Tamamo, Alya, Hikari, Hibiki, Reynare, y una Sakura que apenas había empezado a recuperar su confianza y su sonrisa.
Todas lo rodeaban con atención, algunas sentadas en el sofá, otras en cojines en el suelo.
—Chicas…
—inició Daniel con voz tranquila pero firme—.
Es hora de hablar de lo que viene.
Todas lo miraron con atención.
Era raro que Daniel usara ese tono tan serio con ellas.
—Los diablos, los ángeles caídos…
e incluso los ángeles celestiales, tarde o temprano vendrán a buscarme.
La noticia de que soy el Dragon Emperador Rojo no se puede esconder por mucho más tiempo.
Y eso trae consecuencias.
Tamamo frunció el ceño, cruzando los brazos.
—¿Qué es lo que esperan de ti?
Daniel tomó aire.
Sabía que esto no les gustaría.
—Los ángeles caídos, como Azazel, buscan investigar las Longinus, especialmente las que están evolucionando como la mía.
Me quieren como un objeto de estudio, pero al menos son sinceros con su enfoque…
técnico.
Alya bufó.
—¿Nos vas a decir que te quieren usar como rata de laboratorio?
—Más o menos —respondió él con una sonrisa incómoda—.
Pero al menos Azazel es directo.
No miente ni finge ser algo que no es.
—¿Y los ángeles?
—preguntó Sakura, aún insegura.
Daniel se volvió hacia ella.
—Ellos son más…
simbólicos.
La reproducción de ángeles ha sido un problema para ellos desde hace siglos.
Son pocos, y su existencia depende de fe, equilibrio y reglas muy estrictas.
Si saben que alguien como yo, con una Sacred Gear como la mía, tiene un alma fuerte y un cuerpo que ha soportado energía divina…
buscarán en mí una opción de continuidad.
Reynare entrecerró los ojos.
—¿Quieres decir…
reproducción angelical?
—No necesariamente como lo están pensando —dijo Daniel alzando las manos rápido ante las miradas de todas—.
Pero sí me ofrecerían asociaciones, contratos, bendiciones…
incluso compañeras designadas, todo con la excusa de que “un alma poderosa ayuda a revitalizar la luz del cielo”.
Tamamo apretó los labios.
—Y los diablos…
Daniel se recargó contra el respaldo del sofá.
Su tono se volvió más tenso.
—Los diablos…
son los más peligrosos en esto.
Su sociedad gira alrededor del poder y los vínculos políticos.
Ya lo vieron: Sona y Rias son cabezas de sus respectivas casas, y los Maou mismos aprobaron que busquen fortalecer lazos conmigo.
Hikari entrecerró los ojos.
—¿Te quieren como aliado?
—Sí…
pero no solo eso.
También como pieza clave.
—¿Cómo qué tipo de pieza?
—preguntó Hibiki, aunque su tono ya sonaba como si supiera la respuesta.
Daniel dudó un segundo, pero decidió ser honesto.
—Como posible esposo de Rias…
o de Sona.
O de ambas.
El silencio cayó como una losa.
Alya apretó los puños, su aura mágica vibrando un poco.
Tamamo tenía una expresión fría.
Hikari y Hibiki miraban hacia abajo.
Sakura tragó saliva.
Y Reynare…
simplemente se levantó, caminó a la cocina murmurando algo como “voy a romper una taza”.
Daniel alzó las manos.
—¡Oigan!
No dije que voy a casarme con ellas.
Solo estoy explicando cómo piensan los diablos.
Para ellos, un matrimonio es un pacto político que asegura el poder, prestigio y control sobre futuros descendientes.
Y al ser yo lo que soy…
quieren asegurarse de que esté de su lado por las buenas.
Tamamo chasqueó la lengua.
—Es una forma bonita de decir “lo quieren atar con papeles y sonrisas”.
—Exacto —admitió Daniel—.
Por eso necesitaba hablar con ustedes.
Porque todo esto…
no lo quiero hacer solo.
Ustedes están conmigo desde antes que esto explotara.
Me ayudaron, me cuidaron, me dieron fuerzas.
Y nada de eso va a cambiar solo porque alguien con un título quiera ponerle una corona a esto.
Sakura, más tranquila, murmuró: —¿Entonces qué harás?
Daniel miró a todas, una por una.
—Les dejaré claro que mi lealtad no se compra con contratos ni matrimonios arreglados.
Que si quieren un aliado, lo tendrán…
pero bajo mis términos.
Y en lo que respecta a relaciones…
—hizo una pequeña pausa—, ya tengo a quienes quiero a mi lado.
Y no necesito más.
El ambiente cambió lentamente.
Tamamo suspiró y se acercó para sentarse a su lado, rodeándolo con los brazos.
Alya se dejó caer al otro lado, murmurando algo sobre “estúpidas políticas”.
Hikari y Hibiki se apoyaron juntas en el respaldo del sofá, y Sakura, aunque aún insegura, sonrió con suavidad.
Reynare volvió de la cocina, secándose las manos con un trapo, y sin mirar a nadie, dijo: —Espero que la próxima vez, cocines tú.
Ya me cansé de salvar la cocina del fuego.
Daniel rió suavemente.
—Trato hecho.
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