Mezcla de mundos anime: El emperador intergalactico - Capítulo 3
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3: Capitulo 2: La pista 3: Capitulo 2: La pista Desde aquella noche en que vio el guantalete con sus propios ojos y escuchó la voz de Ddraig en su mente, Daniel comprendió que su mundo había cambiado para siempre.
Ya no podía permitirse seguir con la idea de una vida común.
—No puedes entrar a la Preparatoria Kuoh con la guardia baja —dijo Ddraig una mañana, mientras Daniel corría por los alrededores del pueblo—.
Ese lugar, como ya imaginas, es un nido de criaturas sobrenaturales.
Ángeles caídos.
Diablos.
Reencarnados.
Y tú…
ahora eres una pieza clave en el tablero.
Daniel apretó los dientes, aumentando el ritmo de su trote.
El sudor recorría su frente, pero su cuerpo no se quejaba.
Lo necesitaba.
Quería estar listo.
Durante la última semana antes del inicio de clases, sus entrenamientos se volvieron aún más intensos.
Ddraig le enseñó a invocar la Boosted Gear a voluntad, a canalizar su poder, y a resistir el Boost constante sin perder el control.
Aún no podía lanzar ataques ni realizar Balance Breaker, pero…
—”Con tu base física, ya estás en un nivel comparable a los diablos de clase media baja.” —le dijo Ddraig una tarde, mientras Daniel hacía dominadas con una mochila de ladrillos colgada al pecho—.
“Eso, para un humano sin herencia mágica, es más de lo que la mayoría logra en años.” Daniel sonrió, jadeando.
—Entonces aún hay esperanza de que no me maten en el primer encuentro.
—”La diferencia entre sobrevivir y morir está en cuán preparado estás para lo inesperado.
Y este mundo tiene mucho de eso.” Y Ddraig tenía razón.
Una tarde, Daniel decidió salir a comprar el mandado.
Nada muy especial: arroz, carne, verduras, algunas botellas de agua.
Quería hacer su propio almuerzo y premiarse después del entrenamiento matutino.
El clima estaba agradable.
Las calles de Kuoh brillaban con luz dorada y las cigarras cantaban entre los árboles.
Daniel tarareaba bajito mientras caminaba, sin apuro.
Fue justo al girar una esquina, cerca de una tienda de conveniencia, cuando ocurrió.
—¡Whoa!
Una figura chocó contra él de frente.
Él, con sus reflejos afinados, actuó por instinto.
Sujetó a la persona por la cintura, impidiendo que cayera hacia atrás.
Sintió el toque suave de su ropa, el calor de su cuerpo.
Cuando bajó la mirada…
…se encontró con una chica hermosa de cabello plateado, ojos brillantes y una expresión de sorpresa total.
El rubor en sus mejillas contrastaba con su piel clara.
Llevaba un uniforme distinto al de Kuoh, probablemente de alguna escuela privada cercana.
—L-lo siento —dijo ella en japonés, con un marcado acento—.
Yo no…
vi bien…
Daniel la soltó con cuidado, retrocediendo un paso.
—No fue tu culpa, fui yo el que iba distraído —respondió con una sonrisa—.
¿Estás bien?
La chica asintió con timidez, aún con las mejillas encendidas.
—Daijoubu desu.
Estoy bien.
Gracias…
por atraparme.
Daniel extendió la mano.
—Soy Daniel Hernández.
Me acabo de mudar al pueblo hace poco.
La chica tomó su mano con delicadeza.
—Yo soy Alisa Mikhailovna Kujou…
pero puedes llamarme Alya.
El nombre golpeó la mente de Daniel como un relámpago.
Alya.
El manga.
La chica rusa que hablaba en japonés.
“Alya a veces habla en ruso”.
¡Era ella!
Por un segundo, Daniel perdió el habla.
Eso no era parte de High School DxD.
Y ahí estaba, en carne y hueso.
Sonrojada, viva, respirando frente a él.
—¿E-eres…?
—alcanzó a decir.
—¿Hm?
—parpadeó Alya, ladeando la cabeza.
Daniel sonrió de nuevo, más calmado por fuera de lo que realmente estaba por dentro.
—Nada, solo…
bonito nombre.
Mucho gusto, Alya.
—Mucho gusto, Daniel.
Ambos se despidieron tras una pequeña charla ligera, con promesas de verse de nuevo si coincidían.
Daniel siguió su camino con las bolsas de la tienda en la mano…
pero su cabeza no dejaba de girar.
—Ddraig…
¿lo notaste?
“Sí.
Esa chica…
no pertenece a este mundo.
Y tú tampoco estás en un solo mundo ya, portador.” Daniel miró el cielo anaranjado.
Por primera vez desde que llegó, tuvo miedo real.
Pero también…
emoción.
—Entonces esto es más grande de lo que pensaba…
Y el mundo, como si respondiera a su pensamiento, pareció rugir en silencio.
El resto del camino a casa, Daniel no podía sacarse de la cabeza el encuentro con Alya.
Alya.
En Kuoh.
Con uniforme de Kuoh.
El uniforme no era exactamente igual al de las chicas que había visto en los folletos escolares, pero tenía el mismo escudo, la misma paleta de colores, y un corte ligeramente distinto que tal vez se debía a su grado o sección.
—Eso no tiene sentido…
—murmuró mientras acomodaba las bolsas de la tienda en la cocina—.
Ella es de otro anime.
Literalmente no pertenece al mundo de DxD.
Y entonces, una posibilidad aún más grande se asomó en su mente.
—¿Este mundo es…
una mezcla?
¿Un cruce de animes?
“Hm…
interesante.” La voz de Ddraig resonó, más calmada ahora.
“¿Esos…
‘animes’ que mencionas son recuerdos tuyos de tu mundo anterior?” —Sí.
Son historias ficticias.
Dibujos animados, pero con sus propios universos.
Universos que, por lo visto…
están aquí.
Mezclados.
Reales.
Ddraig guardó silencio por un momento, antes de hablar con un tono más curioso: “Puedo sentir una barrera en tu mente, como si recordaras esos mundos como si fueran sueños.
Pero si me lo permites, joven portador…
me gustaría verlos.
Conocerlos a través de tus memorias.” Daniel dudó un segundo.
No por desconfianza, sino por…
bueno, pudor.
Pero luego sonrió.
—¿Por qué no?
No tengo nada que ocultar.
Adelante.
“Entonces…
relájate.
Me tomaré un rato.
Esto será…
entretenido.” Y con eso, la voz de Ddraig se desvaneció.
Esa noche fue tranquila.
Demasiado tranquila.
Daniel se dio una ducha, cenó ligero, y luego se tiró al futón con una sensación rara.
Por un lado, había accedido a mostrarle a un dragón milenario todos los animes que había visto.
Por el otro, parte de él sentía como si acabara de abrir una caja de Pandora.
—¿Qué tal si se obsesiona con Goku?
¿O con Saitama?
¿O con el Prota de Fate?
—murmuró, viendo el techo—.
Ay no, ya me vi.
Al día siguiente, domingo por la mañana, el rugido mental de Ddraig lo sacó de su meditación matutina.
“¡PORTADOOOOOR!” Daniel se cayó de la posición de loto.
—¡¿Qué ahora?!
“¡ESTE MUNDO ES MARAVILLOSO!” —…¿qué?
“¡Hay dragones como yo que disparan lasers, humanos que se hacen más fuertes al gritar, magos que invocan espadas desde el cielo, chicas que lanzan meteoritos con una sonrisa!
¡QUIERO PELEAR CONTRA TODOS ELLOS!” —Espera, ¿viste todo lo que había en mi cabeza?
“¡SÍ!
Y aunque muchos eran solo historias en tu mundo, aquí…
¡PODRÍAN SER REALES!
Imagínalo, portador…
Boosted Gear vs Servants.
Boosted Gear vs Saiyajin.
Boosted Gear vs Campione, espadas malditas, espíritus celestiales, chicas mágicas…” Daniel se encogió en el suelo, sudando como personaje de comedia.
—Ay Diosito…
¿qué hice?
“¡Es tu deber como portador del Emperador Rojo conquistar este mundo, escalar hasta la cima del poder!
¡Y cuando llegue el momento…
gritaré al cielo tu nombre!
¡DANIEEEEL!” —¡No me grites tan temprano, por favor!
“¡Nos vamos a divertir mucho!” Daniel se cubrió la cara con ambas manos.
En algún lugar del universo, podía jurar que Goku y Saitama se rieron juntos.
Pero aun así, no pudo evitar sonreír.
El mundo era más grande de lo que pensaba.
Más loco.
Más peligroso.
Y si eso significaba que debía volverse más fuerte, no solo por él, sino por lo que vendría…
Aceptaba el reto.
El domingo pasó rápido, y Daniel aprovechó para preparar todo lo necesario para su primer día en la Preparatoria Kuoh.
Organizó sus útiles escolares con cuidado: cuadernos, bolígrafos, libros, una calculadora, incluso su teléfono con todas las aplicaciones listas para ayudarle en los estudios.
—Bien, todo está en orden —se dijo a sí mismo, revisando una última vez su mochila—.
No quiero que algo me falte mañana.
Su nuevo hogar estaba silencioso y ordenado, como si el mundo le concediera un momento de paz antes del inevitable cambio.
Con la tarea terminada, Daniel decidió dedicar la tarde a un entrenamiento ligero.
Quería mantener su cuerpo activo sin agotarse antes del gran día.
Ejercicios básicos, estiramientos y algunas prácticas de invocación de la Boosted Gear que Ddraig le había enseñado.
El sol comenzó a esconderse tras las colinas de Kuoh y el viento nocturno sopló con suavidad, colándose por la ventana abierta.
Daniel dejó sus cosas, tomó una ducha rápida y se preparó para descansar.
Pero a pesar del cansancio, esa noche su sueño fue inquieto.
La mente le daba vueltas y vueltas, anticipando lo desconocido.
—¿Qué me espera en Kuoh?
—¿Quiénes conoceré?
—¿Qué peligros y secretos oculta este mundo?
Con estas preguntas flotando en su cabeza, Daniel finalmente cerró los ojos, dejando que el sueño lo envolviera.
Sin saber que el amanecer traería consigo no solo el comienzo de clases, sino el inicio de una aventura que desafiaría todo lo que alguna vez creyó real.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Apoyame en mi patreon para seguir escribiendo estas historias y mas a futuro.
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