Mezcla de mundos anime: El emperador intergalactico - Capítulo 31
- Inicio
- Todas las novelas
- Mezcla de mundos anime: El emperador intergalactico
- Capítulo 31 - 31 Capitulo 30 De regreso a Kuoh
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
31: Capitulo 30: De regreso a Kuoh 31: Capitulo 30: De regreso a Kuoh El fin de semana transcurrió con una normalidad inquietante…
al menos, durante el día.
Por las noches, sin embargo, la Hora Oscura se había convertido en una rutina para Daniel y Tamamo, quienes ahora se veían obligados a convivir con un mundo detenido, bañado en un tono verde enfermizo, con ataúdes oscuros por doquier.
Las chicas de Daniel, sus vecinos, incluso algunos conocidos del vecindario, todos quedaban sellados en esos ataúdes cada medianoche.
Sólo ellos dos permanecían conscientes, los únicos testigos del fenómeno…
y los únicos que podían combatirlo.
Las Shadows que surgían de Tartarus durante ese tiempo no eran particularmente fuertes, al menos no para alguien como Daniel, que podía usar su Haki, ni para Tamamo, con su magia refinada de Servant.
Sin embargo, sabían que si una de esas criaturas llegaba a cruzarse con una persona con potencial de Persona pero sin despertar su habilidad aún, sería su final.
Así que noche tras noche, sin descanso, Tamamo y Daniel se encargaban de patrullar y eliminar cualquier amenaza que surgiera.
Cuando el lunes llegó, las clases en la Academia Kuoh se reanudaron como si nada estuviera ocurriendo.
Daniel entró a su salón con el mismo paso relajado de siempre, pero algo llamó su atención de inmediato: Yukari Takeba discutiendo con Junpei Iori en su característico tono sarcástico y molesto.
Ambos compañeros habían estado en su clase desde el inicio del semestre, pero al pasar tanto tiempo con Alya y las demás, nunca les había prestado real atención.
Aunque sí recordaba haber visto a Yukari en la cafetería de la escuela con sus amigas.
Ahora, observando más de cerca, notó la ausencia de una banda en su brazo, esa banda azul marino con las letras SEES bordadas, símbolo de pertenencia al grupo de lucha contra las Shadows.
Daniel entrecerró los ojos, pensando: “Aún no es parte del grupo…
entonces SEES aún no ha sido formado.
Lo que significa que Mitsuru probablemente está en proceso de reclutamiento.” Y como para confirmar su teoría, la puerta del aula se deslizó y entró Mitsuru Kirijo, con su elegancia inconfundible y esa mirada de hielo que cargaba autoridad.
Caminó directamente hacia Yukari.
—Takeba-san, ¿podrías acompañarme un momento?
—pidió con cortesía y voz firme.
Yukari, sorprendida pero intrigada, asintió y salió con Mitsuru.
Daniel, desde su lugar, no pudo evitar seguirlas con la mirada, tratando de imaginar el contenido de aquella conversación.
En uno de los pasillos del edificio principal, Mitsuru se detuvo y giró para mirar a Yukari directamente.
No era la clase de conversación que le agradara tener…
ni la clase de mentiras que le gustara decir.
Pero era necesaria.
—Takeba-san…
debido a una reestructuración urgente por motivos de seguridad y mantenimiento, el dormitorio en el que te encuentras será clausurado temporalmente.
—¿Eh?
¿Qué?
¿Por qué ahora?
—preguntó Yukari, confundida.
—Lo lamento, las órdenes vinieron directamente del comité de dirección.
Has sido reasignada a un dormitorio alternativo cerca del campus.
Por ahora, solo yo vivo ahí.
También fui afectada por el mismo cierre, así que estarás en buena compañía.
—Ya veo…
—dijo Yukari, aún con la ceja arqueada—.
Qué conveniente…
Mitsuru mantuvo su postura firme, aunque por dentro sentía un pinchazo de culpa.
Todo era una mentira.
El dormitorio estaba en perfectas condiciones.
Pero Yukari era una posible usuaria de Persona.
Y Mitsuru necesitaba tenerla cerca para observarla y confirmar su potencial.
Ya lo había hecho antes con Akihiko Sanada, quien aceptó sin cuestionamientos.
Pero con Yukari, el engaño le pesaba más.
Aun así, la misión era clara: el futuro del mundo dependía de reunir a los pocos que podían luchar en la Hora Oscura.
Y esta era solo la primera de muchas decisiones difíciles.
Mitsuru Kirijo no era alguien que improvisara.
Cada decisión que tomaba era resultado de cálculos precisos, evaluaciones frías y una planificación meticulosa.
Y ahora, más que nunca, debía aplicar todo ese rigor: la amenaza de las Shadows había resurgido, y Tartarus se alzaba como una herida abierta en el corazón del mundo.
La misión que su padre, Takeharu Kirijo, le había confiado era clara: encontrar a usuarios de Persona.
No simples portadores del potencial, sino verdaderos usuarios.
Aquellos capaces de invocar una Persona en la Hora Oscura y enfrentarse a las criaturas que emergían en ella.
Para ello, Mitsuru había elaborado un plan de tres fases: Trasladar a los candidatos con mayor potencial al edificio donde ella residía.
Así podría monitorearlos de forma directa durante la Hora Oscura.
Observar su comportamiento durante el fenómeno.
Si no eran encerrados en ataúdes, era un fuerte indicio.
Si podían moverse, incluso sentir algo…
entonces serían candidatos viables.
Confirmar sus habilidades y reclutarlos para el equipo que sería la primera línea de defensa contra Tartarus.
Hasta el momento, los dos candidatos con mayor probabilidad de ser usuarios —según los informes entregados por Takeharu— eran Yukari Takeba y Akihiko Sanada.
Ambos mostraban características mentales y físicas excepcionales, además de antecedentes familiares que sugerían un vínculo indirecto con el mundo sobrenatural.
Akihiko había aceptado el traslado sin preguntas.
De mente firme y cuerpo disciplinado, su instinto de lucha y búsqueda de propósito lo hacían fácil de convencer.
Yukari…
era diferente.
Más intuitiva, más emocional…
y también más escéptica.
No le gustaban los cambios bruscos ni las órdenes ambiguas.
Aceptó el traslado, pero con notoria resistencia.
Por esa razón, Mitsuru había elegido hablar con ella a solas.
Llamar a Junpei Iori, otro con potencial menor, hubiera dificultado el monitoreo, además de generar ruido innecesario en la evaluación.
Él podría ser evaluado más adelante, pero por ahora, Yukari y Akihiko eran las piezas clave.
Sentada en su escritorio esa noche, Mitsuru repasaba los informes digitales sobre ambos: —”Yukari Takeba…
reflejos físicos excepcionales.
Hija de un científico de alto rango.
Posible vínculo emocional con el proyecto Persona.” —”Akihiko Sanada…
huérfano.
Historial de peleas callejeras.
Disciplina marcial.
Fortaleza mental superior a la media.” Tomó una taza de té, se recargó en el respaldo de la silla y suspiró.
“Todo esto debería haber sido manejado por adultos…” Pero ahora, ella era la única usuaria confirmada.
Y si la caída iba a ser evitada, debía crear un equipo lo antes posible.
Mitsuru cerró el informe, apagó la pantalla y miró por la ventana.
Desde ahí, podía ver la ciudad en calma…
Y aún así, sabía que la tormenta ya había comenzado.
El sol comenzaba a ocultarse sobre Kuoh, tiñendo los cielos de tonos anaranjados mientras los estudiantes abandonaban la academia.
Entre ellos, Daniel caminaba con tranquilidad acompañado de Alya y Sakura, quien había salido de su propio salón para esperarlos a la salida.
Alya, animada y risueña como siempre, se aferraba al brazo de Daniel mientras hablaba sobre los deberes de clase y las cosas que quería hacer en casa.
Por otro lado, Sakura, aunque intentaba mantener una sonrisa, no podía evitar lanzar miradas reprobatorias a la cercanía entre Alya y Daniel.
—Así que…
¿todo el día juntos en clase, eh?
—preguntó Sakura, mirando de reojo a Alya.
—Claro, pero no hicimos nada extraño —respondió Alya con tono inocente y travieso, sabiendo exactamente qué botones presionar.
—¡No estoy insinuando eso!
—replicó Sakura, inflando las mejillas.
Daniel solo sonrió con una gota imaginaria bajando por su sien.
Estaba acostumbrado a estas pequeñas disputas entre sus novias, y aunque fueran algo comunes, le resultaban entrañables.
Sin embargo, en medio del intercambio, algo captó su atención.
Al girar hacia la calle lateral que desembocaba también en su vecindario, vio a tres figuras familiares caminando juntas.
Una pelirroja de andar elegante.
Un joven de cabello blanco y expresión firme.
Y una chica de cabello castaño con uniforme escolar, que parecía aún confundida y un tanto molesta.
Mitsuru Kirijo.
Akihiko Sanada.
Yukari Takeba.
Los tres caminaban con paso decidido hacia el mismo sector.
Daniel los observó por unos segundos con atención.
Sabía muy bien lo que eso significaba.
La secuencia estaba ocurriendo…
El proceso de formación de SEES había comenzado.
A pesar de todo lo que sabía, Daniel decidió no intervenir.
No por falta de interés, sino porque entendía la importancia de que estos eventos siguieran su curso sin alteraciones directas.
Intervenir ahora, podría cambiar el desarrollo que llevaría a la organización a formarse con fuerza y propósito.
—¿Daniel?
—preguntó Sakura al notar que él se había detenido.
—¿Pasa algo?
—añadió Alya.
Daniel negó con una sonrisa tranquila, reanudando el paso.
—Nada grave.
Solo vi algo curioso…
pero no es nuestro asunto por ahora.
Alya y Sakura se miraron sin entender, pero siguieron caminando a su lado.
Mientras se alejaban, Daniel no pudo evitar pensar en lo que estaba por venir.
La Hora Oscura había llegado.
Y los engranajes del destino estaban en movimiento.
Lo único que podía hacer, por ahora, era prepararse…
y observar.
La tarde había dado paso a la noche cuando Mitsuru Kirijo se encontraba en el vestíbulo del dormitorio especial designado por el Grupo Kirijo.
Este edificio, discreto pero de construcción moderna, había sido cuidadosamente modificado con tecnología experimental capaz de operar incluso durante la Hora Oscura.
A su lado, los dos primeros residentes observaban el lugar con una mezcla de sorpresa y admiración.
Yukari Takeba, aunque algo recelosa, no pudo evitar comentar: —¿Esto era un dormitorio?
Parece un hotel de lujo…
Akihiko Sanada, más práctico, simplemente sonrió y asintió.
—Nos trataron bien.
Aunque supongo que no será solo por comodidad.
Mitsuru los miró con calma, su postura recta y tono formal.
—A partir de hoy, este será su lugar de residencia.
El segundo piso estará destinado a los dormitorios varoniles y el tercer piso para las femeninas.
Las áreas comunes estarán en la planta baja.
Ambos asintieron.
Mitsuru continuó: —Hasta nuevo aviso, habrá reglas de convivencia.
No está permitido el acceso a los pisos opuestos fuera de emergencias.
Las comidas serán por cuenta propia.
Las actividades nocturnas deben reportarse.
¿Alguna duda?
Yukari frunció el ceño levemente.
—¿Por qué tanta formalidad?
¿No es esto solo una reubicación temporal por “mantenimiento”?
Mitsuru sostuvo la mirada de Yukari por un momento antes de responder con cortesía calculada: —Es importante mantener el orden cuando hay cambios.
Agradezco su cooperación.
Sin más que decir, Mitsuru los dejó ir a sus habitaciones.
Ambos comenzaron a desempacar, sus pertenencias eran pocas, apenas lo necesario para los estudios y su vida diaria.
Mientras tanto, Mitsuru ascendió al cuarto piso, donde se encontraba su estudio personal.
Allí, rodeada de libros, pantallas y documentos, encendió las computadoras especiales proporcionadas por el Grupo Kirijo.
Tecnología desarrollada con el propósito de operar durante la Hora Oscura, su correcto funcionamiento era vital para su misión.
Verificó el sistema de monitoreo que abarcaba tanto el edificio como zonas cercanas a Tartarus, y ajustó los protocolos de activación en caso de emergencia.
Una vez que todo estuvo calibrado, Mitsuru respiró profundamente.
—Todo en orden…
Por ahora.
Guardó los registros y se retiró a su habitación con un cuaderno especial.
En él comenzó a escribir sus observaciones sobre Yukari y Akihiko.
“Yukari Takeba muestra signos de desconfianza.
Es comprensible.
Sin embargo, sus reacciones durante momentos de estrés en clases apuntan a un potencial latente.
Akihiko Sanada, por otro lado, parece tener un mayor grado de aceptación.
Tal vez ya ha experimentado la Hora Oscura sin darse cuenta.” Una línea más.
Subrayada: “Fase uno completada: Aislamiento en entorno controlado.
Siguiente paso: Confirmación de afinidad con Persona.” Mitsuru cerró el cuaderno, apagó la luz de su escritorio y se recostó en su cama.
La noche era tranquila…
por ahora.
Pero ella sabía que pronto, muy pronto, las sombras volverían a moverse.
Mientras el sol comenzaba a ocultarse, Daniel caminaba por las calles de regreso a casa, flanqueado por Alya y Sakura, una a cada lado.
Sakura, aún con un leve rubor en las mejillas, lo tomaba del brazo con cierto aire posesivo, mientras que Alya, alegre como siempre, reía por algo que Daniel había dicho minutos antes.
—Gracias por acompañarnos —dijo Alya con una sonrisa encantadora mientras se detenían frente a la puerta—.
Me hiciste sentir muy especial hoy.
—Sí…
gracias —agregó Sakura, con un poco más de timidez, pero dejando escapar una mirada sincera.
Ambas se acercaron al mismo tiempo y lo besaron, una en la mejilla y la otra en los labios, sincronizadas como si lo hubieran planeado.
Daniel rió suavemente y abrió la puerta.
—Vamos, las demás seguro ya están en casa.
Al entrar, el calor del hogar los envolvió…
y también lo hicieron las demás chicas.
Hikari y Hibiki fueron las primeras en recibirlo, sus sonrisas resplandecientes al verlo.
—¡Bienvenido, Dani!
—dijeron al unísono.
Ambas lo abrazaron, besándolo en cada mejilla, y en un acto reflejo de emoción, sus alas blancas se desplegaron brevemente en un brillo de luz.
Tamamo, como si supiera que le tocaba su momento, se acercó con paso elegante.
Sus ojos brillaban dulces mientras envolvía la cintura de Daniel con sus suaves colas doradas, acercándolo lentamente.
—Bienvenido a casa, mi querido esposo…
—susurró antes de besarlo con ternura, dejando que sus colas lo apretaran en un gesto cálido y posesivo.
Por último, en una esquina del salón, Raynare observaba todo con los brazos cruzados.
Su mirada intentaba mantenerse neutral, pero el pequeño tic en su ceja y el leve sonrojo en sus mejillas delataban sus celos.
No dijo nada…
solo desvió la mirada con un pequeño “hmph” antes de fingir que se interesaba en una revista que ni siquiera estaba leyendo.
Daniel, conociéndola bien, simplemente sonrió.
Sabía que ella se estaba conteniendo y eso…
también le parecía tierno.
El ambiente en casa era cálido, lleno de amor y cariño.
Y aunque el mundo a su alrededor se estuviera volviendo más complejo, en ese momento, Daniel tenía claro que no lo enfrentaría solo.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Vota si te gusto el capitulo y apoyame en mi patreon para seguir escribiendo mas de estas historias.
Mi patreon: SeathScale
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com