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Mezcla de mundos anime: El emperador intergalactico - Capítulo 33

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  4. Capítulo 33 - 33 Capitulo 32 SEES
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33: Capitulo 32: SEES 33: Capitulo 32: SEES Mientras Daniel disfrutaba de momentos valiosos con su familia y sus novias en México, en Kuoh, las sombras del destino se tejían en silencio.

En el dormitorio exclusivo del Grupo Kirijo, Mitsuru Kirijo se encontraba sentada frente a una consola de vigilancia, sus ojos rojos analizando con calma las grabaciones en tiempo real.

Las cámaras, instaladas discretamente por ingenieros del grupo bajo órdenes directas de su padre, registraban todos los movimientos dentro del edificio.

Akihiko Sanada aparecía en una de las pantallas, entrenando con determinación.

Golpes bien dirigidos, repeticiones incansables, su sudor era prueba de su compromiso con el progreso personal.

Mitsuru asentía lentamente.

—Prometedor…

definitivamente, si tiene el potencial, se manifestará pronto.

Con la motivación correcta, él será el primero en aceptar.

En otra pantalla, Yukari Takeba estaba sentada frente al espejo, aplicándose maquillaje.

Mitsuru no veía frivolidad en ese gesto, sino una fachada.

Yukari era astuta, observadora, emocionalmente reservada…

y no confiaba fácilmente.

Convencerla sería más complejo.

Mitsuru entrelazó los dedos frente a su boca, pensativa.

—Yukari es un caso delicado.

Su historia familiar, su desconfianza…

necesitaré un enfoque más medido.

Quizás si Akihiko se une primero, ella se abrirá a la idea.

Se levantó de su silla con elegancia y determinación.

Esta noche no sería solo otra noche.

Era el primer paso oficial en la formación del SEES.

El equipo que se encargaría de enfrentar a las Shadows, proteger a los inocentes durante la Hora Oscura y, quizás, evitar una tragedia mayor.

Mitsuru cruzó el pasillo silencioso del dormitorio, sus tacones resonando suavemente contra el suelo de mármol.

Tocó la puerta de Akihiko con firmeza.

—Sanada.

¿Puedo hablar contigo?

La voz de Akihiko se oyó al otro lado.

—¿Eh?

Sí, claro, Kirijo.

Pasa.

Mitsuru entró con solemnidad.

Era hora de explicarle la verdad, al menos parte de ella.

Sobre la Hora Oscura.

Sobre las Shadows.

Y sobre el poder que podría despertar en él si aceptaba esa verdad.

Después vendría Yukari.

Pero por ahora…

el tablero estaba en movimiento.

La noche había caído con su habitual tranquilidad engañosa.

Las luces de la ciudad parpadeaban a lo lejos, ajenas a lo que estaba por suceder en un rincón silencioso de Kuoh.

Mitsuru Kirijo caminaba por el pasillo del dormitorio con paso firme, sus botas resonando suavemente en el mármol.

Su expresión era una mezcla de alivio y determinación: al fin tenía a un compañero para esta cruzada.

La conversación con Akihiko Sanada había sido más sencilla de lo que esperaba.

Él aceptó unirse al proyecto SEES casi sin vacilar, sus ojos encendidos por la posibilidad de volverse más fuerte, de proteger a otros…

y de enfrentar algo desconocido.

—¿Hora Oscura, huh?

—murmuró Akihiko mientras miraba por la ventana del salón principal—.

Suena como un reto…

uno real.

Mitsuru, sentada con una taza de té, observaba con atención el reloj.

Las manecillas se acercaban a la medianoche.

—En unos minutos lo verás con tus propios ojos.

Si tienes el potencial, podrás resistirlo.

—¿Y si no?

—Entonces, simplemente…

no despertarás —respondió con honestidad—.

Te quedarás en ese estado de “sueño”, como el resto del mundo.

Pero yo no estaría tan segura de eso en tu caso.

Las campanadas del reloj marcaron la medianoche.

El mundo se detuvo.

La luz se desvaneció.

El aire cambió.

El cielo se tiñó de un verde oscuro antinatural, y en la distancia, como una cicatriz maldita en el tejido del mundo, el Tartarus se elevó, reemplazando por completo a la escuela Kuoh.

Akihiko abrió los ojos con asombro.

Todo su cuerpo se tensó.

—¿Qué…

qué es esto…?

—masculló mientras se llevaba una mano a la cabeza.

—Bienvenido a la Hora Oscura, Sanada.

De inmediato, Akihiko cayó de rodillas.

Su respiración se agitó, gotas de sudor bajaban por su rostro.

El mareo fue abrumador.

Mitsuru se levantó de inmediato y se arrodilló junto a él.

—¡Akihiko!

¿Estás bien?

Él apretaba los dientes con fuerza.

La presión dentro de su cabeza era intensa.

Algo lo llamaba.

Un rugido apagado resonaba en su mente.

Un instinto primitivo y poderoso que peleaba por salir a la luz.

Y entonces…

Una llamarada de energía azul lo rodeó.

—¡Persona…!

—gritó, sin entender bien por qué conocía esa palabra.

Desde lo más profundo de su alma, una figura surgió: Polydeuces, el campeón boxeador.

Su presencia se manifestó con violencia, su energía barrió el cuarto como una tormenta de poder puro.

Sus puños ardían de fuerza espiritual.

Mitsuru lo miró, deslumbrada.

—Una Persona…

real.

Lo lograste.

En cuestión de segundos, la figura desapareció como si nunca hubiera estado.

Akihiko cayó inconsciente al suelo, su cuerpo agotado por la primera manifestación.

Mitsuru, con cuidado, lo levantó y lo llevó hasta el sofá del recibidor.

Cubriéndolo con una manta, lo acomodó con delicadeza.

Por primera vez en semanas, una expresión suave y casi maternal cruzó su rostro.

—Gracias…

Sanada.

Ya no estoy sola en esto.

Miró por la ventana.

El Tartarus se alzaba aún en la lejanía, esperando.

Retorcido.

Imposible.

Maldito.

Pero esa noche…

la primera llama de la resistencia había sido encendida.

El sol del mediodía bañaba la casa de Daniel con una luz cálida.

El aire olía a copal, pan de muerto y flores de cempasúchil, cuyo naranja vibrante cubría como un río de fuego el suelo frente al altar de muertos.

Frente al altar, decorado con esmero y devoción, se veían fotos de los abuelos, tíos y otros familiares fallecidos.

Figuras sonrientes en blanco y negro, rodeadas de veladoras encendidas, papel picado y platillos favoritos: tamales, mole, arroz, dulces, frutas.

Daniel se encontraba en silencio, de pie junto a sus padres.

A su alrededor, sus novias observaban en respetuoso silencio, sin entender del todo qué representaba aquel altar ni por qué todos guardaban ese silencio solemne.

Tamamo, curiosa, se inclinó y susurró: —¿Qué es esto exactamente…?

Nunca había visto algo así.

Daniel respiró profundo, con una mezcla de nostalgia y amor, y se giró para explicar: —Este es el Día de Muertos.

Hoy, les rendimos tributo a los que ya no están con nosotros.

Agradecemos lo que hicieron en vida, recordamos su paso, su amor…

y lo celebramos.

—Señaló el altar con la mano—.

Primero, se les honra.

Hablamos de ellos, les damos las gracias.

Luego…

después de un tiempo, celebramos.

Porque es una fiesta, no de tristeza, sino de respeto a la Catrina y al ciclo de la vida.

Las chicas se miraron entre sí.

Alya y Sakura apretaron sus manos, comprendiendo poco a poco.

Hibiki y Hikari, con sus alas retraídas, asintieron en señal de respeto.

Raynare bajó la mirada, pensativa.

Tamamo, aún sujetando su cola con nerviosismo, miró con ojos más suaves.

Entonces, Daniel se arrodilló frente al altar.

Cerró los ojos.

—Abuelo, tío Luis…

gracias.

Gracias por las historias, por las lecciones, por los regaños y los abrazos.

Espero que estén orgullosos de quien soy.

—Abrió los ojos lentamente—.

Los extraño, pero los celebro.

Hoy están con nosotros, aunque sea solo por esta noche.

Su madre colocó el pan de muerto junto al altar y su padre dejó una cerveza artesanal que le encantaba a su tío.

Una suave brisa recorrió la casa.

Las velas parpadearon.

Y entonces comenzó la música.

Una bocina en la sala puso “La Llorona” y más tarde “Cielo Rojo” y “Amor Eterno”.

La tristeza del inicio se transformó en una suave alegría.

Daniel tomó de la mano a sus novias y los padres comenzaron a contar anécdotas de los difuntos entre risas, lágrimas y pan.

Para las chicas, fue una lección de vida y muerte.

—Nunca imaginé que la muerte pudiera celebrarse así —dijo Sakura, sonriendo con ternura.

—Es hermosa esta tradición…

—añadió Raynare, con un hilo de emoción en la voz—.

Es como…

darles un lugar eterno en la memoria.

Daniel las abrazó con cariño, rodeado de familia, amor y flores.

Esa noche, entre el aroma de copal y los murmullos de los vivos, las almas también sonrieron.

Mientras en el otro lado del mundo Daniel celebraba el Día de Muertos con su familia y su creciente grupo de novias, Mitsuru Kirijo y Akihiko Sanada estaban en plena noche frente a una amenaza completamente diferente: el Tartarus.

La estructura, que había reemplazado por completo a la preparatoria Kuoh, se alzaba en la oscuridad como una herida en el cielo.

Fría, gigantesca, siniestra.

No era solo una construcción…

era un fenómeno antinatural.

—Hoy llegaremos más lejos —dijo Mitsuru, revisando el equipamiento—.

No podemos quedarnos en la superficie por siempre.

Debemos reunir información.

—Estoy listo —respondió Akihiko con decisión, ajustándose los guantes—.

No dejaré que lo que pasó con Eiichiro Takeba y los demás se repita.

Ambos entraron al Tartarus con cautela.

El ascenso fue lento, metódico, evitando enfrentamientos innecesarios.

Lograron avanzar hasta el cuarto piso, enfrentando pequeñas hordas de Shadows.

Las criaturas parecían moverse más rápido y en mayor número conforme ascendían.

—Esto es demasiado —gruñó Akihiko, retrocediendo tras un intercambio.

—Aún no estamos preparados para seguir —decidió Mitsuru, apretando los labios—.

¡Retirada!

El dúo descendió lo más rápido que pudieron, escapando de las sombras que los perseguían, hasta que finalmente cruzaron las puertas de la torre y regresaron al exterior.

La noche aún era joven.

Pero no estaban solos.

—¡¿Qué demonios es esa cosa?!

—gritó Yukari Takeba al verlos salir.

Estaba parada a unos metros, atónita, respirando con dificultad.

Había seguido a Mitsuru y Akihiko, confundida por su comportamiento cada noche y atraída por la torre que solo veía durante esa extraña hora verde.

Pero antes de que Mitsuru pudiera responder, un grito rasgó el aire.

Una Shadow había salido del perímetro y se lanzó contra Yukari con ferocidad.

—¡Yukari!

—gritaron ambos al unísono.

Pero fue demasiado tarde para intervenir.

Yukari, paralizada por el miedo, sintió cómo algo estallaba dentro de su pecho.

Una fuerza reprimida, una luz azul intensa se encendió en su frente.

Una carta arcana apareció por un instante.

—¡Io!

—gritó instintivamente.

Su Persona, de forma femenina y mecánica, emergió con un rugido silencioso y arremetió contra la Shadow, aniquilándola con una descarga eléctrica que iluminó la plaza.

Yukari cayó de rodillas y luego se desmayó.

El silencio fue total.

Akihiko corrió a atraparla antes de que golpeara el suelo.

Mitsuru observó, impresionada.

—…Una tercera llama se ha encendido.

Akihiko cargó a Yukari con cuidado.

—¿Lo esperabas?

—Tenía sospechas…

pero no pensé que sucediera tan pronto —respondió Mitsuru, mientras observaba el Tartarus una vez más—.

Ahora…

somos tres.

Con la noche aún palpitando con energía sombría, el trío abandonó la zona, regresando al dormitorio.

Mitsuru, por primera vez en días, dejó escapar un suspiro de alivio.

El grupo SEES finalmente comenzaba a tomar forma.

El Día de Muertos había terminado, la casa estaba limpia, las flores de cempasúchil aún daban su aroma dulce al ambiente, y el altar ya había sido desmontado cuidadosamente con ayuda de todos.

Ahora, el viaje de vuelta a Kuoh era inminente.

Daniel ya había terminado de empacar desde la mañana, con la eficiencia que le daban los años de vivir con poderes, magia y novias impacientes.

Mientras tanto, sus chicas aún subían y bajaban escaleras cargando maletas, neceseres, recuerdos y más de un peluche que sus padres les habían regalado “por si extrañaban a sus suegros”.

En la sala, Daniel estaba sentado entre sus padres, disfrutando de una pausa momentánea antes del caos del aeropuerto.

Como buen ritual de despedida, sus padres aprovecharon la calma para darle el sermón tradicional mexicano pre-salida.

—Ya sabes, mijo —dijo su madre, cruzando los brazos—, cuídate mucho, ¿sí?

Nada de andar de valiente con esas cosas sobrenaturales sin pensar.

—Y sé respetuoso con las niñas, ¿eh?

—añadió su padre con una ceja levantada—.

Y si vas a tener harem, pues que no crezca más, porque luego no vas a poder ni mantenerte tú solo…

Daniel tragó saliva, sudando frío mientras Ddraig soltaba una carcajada desvergonzada en su mente.

> “JAJAJA, esos humanos sí que saben cómo presionar donde duele.

Aunque lo de ‘no embarazar a una antes de la universidad’ fue oro puro.” Daniel solo sonrió nerviosamente.

—Haré lo que pueda…

Antes de que sus padres pudieran regañarlo por su falta de compromiso con el celibato prematrimonial, las chicas bajaron por fin, todas arregladas, con sus maletas listas y una energía positiva que llenó la sala.

—¡Ya estamos listas!

—anunció Alya con una sonrisa brillante.

Hibiki giró sobre sí misma mostrando su mochila decorada, Sakura abrazaba un peluche de jaguar que la madre de Daniel le había regalado, Raynare miraba a Daniel de reojo como si fuera su posesión exclusiva, y Tamamo, con su usual elegancia encantadora, solo saludó con una reverencia refinada…

aunque le guiñó un ojo a su suegra para causar efecto.

—¡Nos vamos, suegritos!

—canturreó Tamamo.

Los padres de Daniel suspiraron.

Su madre abrazó a cada chica, con dulzura y advertencias suaves en voz baja, mientras su padre solo asintía…

y murmuraba cosas como “que sea lo que Dios quiera”.

En el camino al aeropuerto, el ambiente fue animado para todos…

excepto para Daniel, quien iba sentado entre sus padres mientras estos le dirigían sutiles miradas que hablaban de futuras bodas, nietos y herencias divididas en partes iguales entre un harem completo.

Una vez en el aeropuerto, tras el registro y las revisiones, llegó el momento de las despedidas.

Las chicas, una a una, se despidieron con respeto de sus suegros, agradeciéndoles por su hospitalidad.

Incluso Raynare, que usualmente era más reservada, se inclinó ligeramente con una sonrisa amable.

Daniel fue el último.

Se acercó a sus padres y los abrazó con fuerza.

Su madre lo apretó con ternura, su padre le dio unas palmadas en la espalda y murmuró: —Cuida a esas chicas, mijo…

y no olvides llamarnos.

Aunque sea para presumir.

—Lo haré, lo prometo.

Con una última sonrisa y un gesto con la mano, Daniel se unió a sus novias y subió al avión.

El vuelo hacia Kuoh despegó poco después, llevándose a Daniel de vuelta al mundo de las sombras, las Personas, y el misterioso Tartarus…

pero también al lugar donde había encontrado el amor, la aventura y su propósito.

Y aunque sabía que los retos que venían eran muchos, por ahora, podía relajarse unos minutos.

Después de todo…

no todos los días sobrevives al juicio de tus padres mexicanos con harem incluido.

La mañana siguiente a los extraños sucesos que vivió, Yukari Takeba abrió los ojos lentamente, sintiendo un dolor punzante en la cabeza.

Estaba recostada en uno de los sillones de la recepción del dormitorio, el sol colándose débilmente por las ventanas, iluminando el lugar con una tranquilidad engañosa.

—¿Estás bien?

—preguntó la voz grave pero preocupada de Akihiko, agachado a su lado.

—No…

me duele la cabeza…

—respondió con dificultad, llevándose una mano a la frente.

Pero en cuanto terminó de hablar, los recuerdos de la noche anterior la golpearon como una ola fría: sombras monstruosas, una torre gigantesca que reemplazó la preparatoria Kuoh, un dolor inmenso en el pecho, y luego…

aquella figura que emergió de ella misma.

Sus ojos se abrieron de par en par, el miedo y la confusión invadiendo su cuerpo.

—¡¿Qué fue eso?!

¡¿Qué demonios fue eso anoche?!

—exclamó, poniéndose de pie abruptamente y tambaleándose un poco.

Sin esperar respuesta, subió con paso firme al tercer piso, dirigiéndose directamente al estudio de Mitsuru Kirijo, quien ya la esperaba.

—¡Tú!

—espetó Yukari, entrando sin golpear—.

¡Exijo respuestas, ahora!

¿Qué fue lo que pasó anoche?

¡¿Qué fue esa cosa que salió de mí?!

Mitsuru, sentada frente a su escritorio, cerró los ojos brevemente.

Había esperado esta reacción…

pero no por eso era más fácil de manejar.

—Yukari…

lo que experimentaste anoche fue la Hora Oscura.

Un fenómeno que ocurre cada medianoche durante un período oculto del día.

Aquella torre que viste es conocida como Tartarus, y las criaturas que nos atacaron, son llamadas Shadows.

Yukari la miró con una mezcla de incredulidad y rabia.

—¿Y lo de mi cuerpo…?

¿Esa cosa que apareció de mí?

—Eso fue tu Persona —respondió Mitsuru, con seriedad—.

Una manifestación de tu verdadero yo.

Solo algunos pocos pueden despertar ese poder, y tú eres una de ellos.

Akihiko apareció en la puerta, con una expresión tranquila.

—Yo también desperté mi Persona hace poco.

Fue impactante, pero tiene sentido.

Y…

quiero usarla para pelear, para proteger.

Yukari los miró a ambos, aún dudando…

hasta que Mitsuru sacó una pequeña memoria y la colocó en una de las computadoras del estudio.

—Hay algo más que debes ver.

Tu padre…

dejó esto antes de que los laboratorios Kirijo fueran destruidos.

Nunca pensé que lo verías, pero ahora es el momento.

El video comenzó.

En la pantalla apareció un hombre en bata blanca, joven, pero con la misma mirada determinada que tenía Yukari en esos momentos.

La voz del hombre —su padre— llenó la habitación.

> “Yukari…

si estás viendo esto, es porque algo ha salido terriblemente mal.

Nuestra investigación…

creó algo que jamás debió haber existido.

Las Shadows, Tartarus…

todo es culpa nuestra.

Me aseguré de que el Grupo Kirijo protegiera esta información, pero…

no sé cuánto durará.

Te ruego, si tienes el poder…

usa tu Persona para detener esto.

No por mí, sino por ti misma…

por el mundo.” El video se cortó.

El silencio en el estudio fue abrumador.

Yukari apretó los puños, conteniendo las lágrimas.

Luego, respiró hondo y asintió con firmeza.

—Está bien.

Me uniré a ustedes.

No lo hago por el Grupo Kirijo.

Lo hago por mi padre…

y por mí.

Mitsuru exhaló suavemente, aliviada.

—Bienvenida al equipo, Yukari.

El grupo SEES, oficialmente, acababa de nacer.

Los tres eran usuarios de Persona, y juntos lucharían para entender y detener el fenómeno de la Hora Oscura.

O al menos, eso creían.

Porque muy lejos de allí, Daniel, sin saberlo, era la clave de un futuro aún más oscuro: la llegada de Nyx.

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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