Mezcla de mundos anime: El emperador intergalactico - Capítulo 34
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- Capítulo 34 - 34 Capitulo 33 Primera excursión a Tartarus
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34: Capitulo 33: Primera excursión a Tartarus 34: Capitulo 33: Primera excursión a Tartarus Apenas Daniel y sus novias pusieron un pie en su casa de Kuoh, el mundo pareció detenerse.
El reloj marcaba la medianoche exacta cuando la Hora Oscura cayó sobre la ciudad como un manto de silencio absoluto.
El cielo se tiñó de verde enfermizo, la luna se volvió sangrienta, y el familiar fenómeno de los ataúdes comenzó a cubrir las calles.
Como de costumbre, Tamamo ya estaba a su lado, alerta, sus colas agitándose con tensión.
Pero esta vez…
algo era diferente.
—¿Estás viendo eso, Tamamo…?
—murmuró Daniel, su voz cargada de inquietud.
A lo lejos, elevándose entre los edificios como un coloso deformado, el Tartarus brillaba con una intensidad que no habían presenciado antes.
Un resplandor etéreo, casi hipnótico, cubría la torre entera, sus muros deformándose ligeramente como si algo dentro de ella palpitara.
Y entonces lo notaron.
Las Shadows, que usualmente salían en hordas a devorar lo que quedaba de esperanza en el mundo durante la Hora Oscura…
ahora marchaban.
Todas.
Cada una de ellas se dirigía sin excepción hacia el Tartarus.
Como si algo las estuviera llamando.
—Esto no es normal —dijo Tamamo, conjurando una esfera mágica de luz azulada entre sus manos—.
La energía mágica es…
aterradora.
Es como si el Tartarus estuviera absorbiendo toda la oscuridad circundante.
—Y creciendo con ello…
—añadió Daniel, frunciendo el ceño.
Sin perder tiempo, ambos se lanzaron en dirección a la torre, decididos a descubrir el origen de ese extraño fenómeno.
— Mientras tanto, en otro punto del Tartarus, Mitsuru, Akihiko y Yukari se encontraban al pie de la escalinata que llevaba más allá del cuarto piso.
Su primera expedición oficial como SEES acababa de comenzar.
Yukari ajustó su guante y observó el entorno con algo de ansiedad.
A su lado, Akihiko giraba sus hombros con emoción contenida, y Mitsuru revisaba por última vez el equipo y la conexión del escáner que permitía seguirles la pista.
—Bien —dijo Mitsuru con determinación—.
Akihiko, te encargas del frente.
Yukari, quédate atrás para curar.
Yo los apoyaré con hechizos de debilitamiento.
Debemos avanzar lo más que podamos y recolectar toda la información posible.
—Entendido —respondió Akihiko.
—Lista…
supongo —añadió Yukari, intentando sonar más confiada de lo que se sentía.
El aire dentro del Tartarus era denso, opresivo.
Las sombras del lugar se movían con una intensidad distinta…
como si algo las estuviera empujando desde dentro.
A cada piso que ascendían, los enemigos parecían más inquietos.
Incluso los pasillos temblaban levemente, como si la torre estuviese viva…
y hambrienta.
Para su sorpresa, los primeros tres pisos estaban casi vacíos.
—Esto es raro —susurró Yukari—.
La última vez dijiste que estaban por todas partes…
—No lo entiendo —Mitsuru frunció el ceño—.
Es como si se hubieran…
retirado.
Fue en el cuarto piso donde comenzaron a sentirlo: una presencia, no física, sino espiritual.
Algo los observaba.
Algo los probaba.
Y justo cuando cruzaban hacia el quinto piso, un rugido profundo reverberó por toda la torre.
Las luces fluctuaron y las paredes vibraron.
—¿Qué fue eso?
—preguntó Akihiko, deteniéndose en seco.
—Una señal…
—respondió Mitsuru con voz baja—.
Alguien más…
está dentro del Tartarus.
— En otra sección de la torre, Daniel y Tamamo entraban por la base del Tartarus, observando con sorpresa cómo los corredores lucían distintos.
Más brillantes, pero más retorcidos.
Como si algo en el corazón de la torre estuviera mutando.
—¿Sientes eso?
—preguntó Tamamo, estremeciéndose.
—Sí…
—Daniel asintió—.
No estamos solos.
Y entonces, en ese momento, en algún lugar entre ellos, el suelo tembló.
Algo se agitaba en los pisos superiores.
El Tartarus estaba reaccionando.
El preludio del despertar de Nyx había comenzado.
Esa noche, el cielo no solo se tiñó de verde por la Hora Oscura, sino que la luna, redonda y perfecta, colgaba en el cielo con un brillo antinatural.
Más grande.
Más amenazante.
Más viva.
Daniel sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—Es…
luna llena —murmuró—.
Mierda…
Tamamo, alzando la vista, frunció el ceño.
—Siento algo enorme…
viene desde el interior del Tartarus.
Algo…
ancestral.
El Tartarus retumbó, y ambos supieron que esa noche no sería como las demás.
— Dentro del Tartarus, en un piso mucho más alto del que deberían haber alcanzado, Mitsuru, Yukari y Akihiko se miraban con tensión.
El suelo bajo ellos se desvaneció sin previo aviso, y los tres fueron arrastrados a un enorme salón oscuro, de forma circular, con columnas retorcidas que parecían gritar en silencio.
Y en el centro…
una Shadow gigantesca se materializaba.
Su cuerpo parecía una mezcla de maniquíes rotos y rostros sin ojos.
Una sonrisa falsa, deformada y congelada en su rostro.
Su Arcana estaba clara: El Hierofante.
—¡Una Shadow Arcana Mayor!
—anunció Mitsuru con urgencia—.
¡No debemos destruirla!
—¿¡No destruirla!?
—Akihiko gruñó, apretando los puños—.
¿Entonces qué hacemos?
—Resistir…
¡solo resistir hasta que se debilite por sí sola!
—respondió Yukari, invocando su Persona con una mezcla de temor y decisión.
— En otra parte de la torre, Daniel y Tamamo también fueron arrastrados sin previo aviso por el retorcido diseño de la torre.
Las paredes se cerraron detrás de ellos, obligándolos a avanzar.
—Es una trampa —dijo Tamamo, lista para atacar—.
Una muy elaborada…
—No una trampa —respondió Daniel, viendo las distorsiones del entorno—.
Es un ritual.
Y entonces cruzaron el umbral de la cámara.
Ahí estaban.
Mitsuru Kirijo.
Akihiko Sanada.
Yukari Takeba.
Justo frente a ellos.
Los recuerdos de Daniel explotaron en su mente.
Sus rostros, sus voces, sus destinos.
Los héroes originales de Persona 3 estaban…
aquí.
Pero no sabían nada todavía.
Tamamo no reparó en su mirada, lanzando una ráfaga de llamas mágicas contra la Shadow gigante sin dudar.
La criatura rugió, retorciéndose mientras el impacto le arrancaba un trozo de oscuridad.
—¡¿Qué haces?!
—gritó Mitsuru, corriendo hacia ellos—.
¡¡No debemos derrotarla!!
Daniel se quedó congelado.
—¿Qué…?
—murmuró—.
¿Acaso saben…?
¿Saben que si derrotamos a todas…
la caída se acelera?
Eso no se sabía.
No hasta que era demasiado tarde, en la historia original.
¿Entonces por qué…?
Su mente giraba con velocidad.
Todo había cambiado.
La trama se estaba escribiendo de nuevo y él no era más que otro peón…
con información privilegiada que ya no seguía las reglas del juego.
Tamamo se detuvo un momento al ver su expresión.
—Daniel…
¿qué pasa?
Él respiró hondo y le ordenó mentalmente que retrocediera.
No podían arriesgarse a destruir esa Shadow.
No todavía.
—No la derrotes —dijo con seriedad—.
Solo ayúdame a contenerla.
Mitsuru, aun desconfiada, asintió con leve aprobación.
—¿Quién eres?
—preguntó ella.
—Alguien que también quiere detener esto —respondió Daniel, sin revelar más.
La batalla se volvió entonces una danza defensiva.
Corte.
Hechizo.
Esquiva.
Resistencia.
Y cuando la luna cruzó su cenit, la Shadow rugió una última vez antes de desvanecerse por sí sola.
La sala tembló, la estructura se estabilizó, y el grupo fue expulsado del piso en dirección a la base del Tartarus.
— Ya fuera de peligro, ambos grupos quedaron frente a frente en silencio.
La tensión aún era palpable.
—Gracias por intervenir —dijo Mitsuru con cuidado—.
Pero este asunto…
no es algo que puedas manejar sin saber lo que haces.
Daniel sonrió levemente.
—Créeme…
sé más de lo que imaginas.
La Hora Oscura llegó a su fin como si nunca hubiera existido, disolviéndose en el aire con un zumbido que solo aquellos con el poder de una Persona podían escuchar.
El Tartarus volvió a desaparecer, dejando en su lugar los cimientos de la escuela Kuoh como si nada hubiese pasado.
Daniel bajó su espada, aún envuelta en el leve resplandor de su energía espiritual.
Tamamo, con sus colas flotando aún en alerta, se giró hacia él.
Justo cuando Mitsuru se disponía a hablar, su mirada aún desconfiada y noble, Daniel se adelantó.
—Nos vemos mañana —dijo con firmeza—.
Después de clases, en la sala del consejo estudiantil.
Es hora de poner las cartas sobre la mesa…
y avisar a otras personas también.
Mitsuru alzó una ceja, sorprendida por el tono directo de Daniel.
—¿A otras personas?
—Todo a su tiempo.
—¿Crees que eres tú quien dirige esto?
—respondió Yukari, aún recelosa.
Pero antes de que pudiera decir algo más, Akihiko puso una mano sobre el hombro de Mitsuru y asintió.
—Creo que deberíamos escucharlo.
No parece alguien común…
y definitivamente no es un enemigo.
Mitsuru observó detenidamente a Daniel por unos segundos más, evaluándolo con la mirada de alguien que ha cargado con la responsabilidad del mundo desde muy joven.
Finalmente, asintió con firmeza.
—De acuerdo.
Estaremos ahí.
No llegues tarde.
Daniel solo alzó la mano a modo de despedida y se dio la vuelta, Tamamo siguiéndolo con elegancia.
Los tres miembros de SEES observaron su silueta desaparecer entre las sombras, con el corazón latiéndoles con fuerza ante lo desconocido que acababan de presenciar.
— Ya en camino a casa, el silencio entre Daniel y Tamamo se mantuvo por unos minutos.
Solo los grillos y la brisa nocturna acompañaban su andar.
Tamamo fue la primera en romper el silencio.
—¿Entonces?
¿Vas a decirme quiénes eran?
Daniel soltó un suspiro.
—Los responsables de lidiar con la Hora Oscura…
o al menos, los que se suponía que lo harían.
Tal vez aún puedan hacerlo…
si se mantienen vivos.
Tamamo giró el rostro para observarlo.
—¿”Se suponía”?
¿Por qué hablas como si supieras el futuro?
Daniel guardó silencio un momento.
—Digamos que…
tengo recuerdos de otro lugar.
Otro mundo.
—¿Una especie de premonición?
—Algo así —respondió sin comprometerse—.
Sé cómo se supone que deben pasar las cosas.
Pero ya están cambiando.
Y rápido.
Tamamo lo miró con más atención, notando la seriedad en su mirada.
—¿Y qué pasa con la chica pelirroja?
La de semblante noble…
Daniel apretó los labios antes de responder.
—Mitsuru Kirijo.
Su familia es…
responsable de que la Hora Oscura exista.
No directamente, pero sí por errores cometidos hace años.
Su padre trata de reparar el daño…
ella es su brazo derecho.
No sabe todo, pero está dispuesta a cargar el peso.
Tamamo lo meditó un momento y luego asintió.
—Entonces debemos apoyarlos.
Pero no sin saber toda la historia.
—Exacto.
Mañana, pondremos las cartas en la mesa…
y les mostraré que el enemigo no son las sombras.
Al menos no todas.
Tamamo entrelazó su brazo con el de Daniel, apoyando su cabeza en su hombro mientras caminaban.
—Entonces caminaremos juntos, como siempre.
Pero asegúrate de que ellos merezcan tu confianza…
porque si no, no me detendré.
Daniel esbozó una sonrisa cansada.
—Por eso me gustas, Tamamo.
El portal a la Hora Oscura se desvaneció como el eco de una pesadilla olvidada.
Daniel y Tamamo regresaron a casa en silencio, las palabras ya no eran necesarias después de la revelación de lo que vendría.
Al abrir la puerta, lo primero que vieron fue a sus chicas esperándolos en la sala, como si los hubieran estado esperando desde hacía horas.
Hikari, con sus brazos cruzados y el ceño fruncido, fue la primera en hablar.
—¡Ya basta de que siempre seamos las que se quedan atrás!
Hibiki asintió con fuerza, su expresión un espejo de la frustración de su hermana.
—No es justo.
¡Queremos pelear a tu lado también!
Reynare, con su típica actitud entre desinteresada y orgullosa, bajó la mirada solo un poco.
—Podemos hacer más que solo ser decorativas en tu cama, ¿sabes?
Sakura, normalmente más tímida, juntó fuerzas y agregó: —Queremos ayudarte, Daniel… no solo verte marcharte noche tras noche.
Daniel dejó escapar un suspiro, pero no de cansancio.
Se acercó y, sin decir palabra, los abrazó a todas, envolviéndolas en un solo gesto lleno de cariño, promesas y comprensión.
Ellas se aferraron a él como si con eso pudieran disipar la impotencia que sentían.
—Lo sé… y créanme que me encantaría tenerlas a todas conmigo en esto —dijo suavemente—.
Pero no quiero ponerlas en peligro hasta estar seguro de que estarán bien.
Si las Shadows llegan a hacerles daño, no me lo perdonaría jamás.
El calor en sus palabras, la determinación en su voz y la sinceridad de su mirada calmaron los corazones agitados.
Las chicas, una a una, empezaron a sonreír, con lágrimas en los ojos algunas, con alivio otras.
Hikari se limpió las lágrimas con rapidez.
—Entonces prométenos que volverás siempre.
Daniel asintió.
—Siempre.
Un suspiro colectivo se sintió en la sala y poco después, las chicas comenzaron a subir hacia el cuarto.
Daniel, antes de seguirlas, sacó su celular.
Aún no era tan tarde.
Marcó a Sona Shitori primero.
—¿Daniel?
¿Ocurrió algo?
—Sí, pero te lo explicaré mañana.
Quiero una reunión en la sala del consejo estudiantil.
Es urgente.
Sona dudó un momento, pero el tono de Daniel no dejaba espacio a discusión.
—De acuerdo.
Después de clases.
Luego, llamó a Rias Gremory.
—¿Eh?
¿Una reunión?
¿Acaso algo pasó?
—Nada que pueda decir por teléfono, Rias.
Mañana en el consejo estudiantil.
Invita a Akeno también, si puedes.
Rias, aunque confundida, sonrió al otro lado del teléfono.
—Heh… estás actuando muy serio.
Me gusta.
Ahí estaremos.
Daniel colgó, suspirando al ver los nombres de ambas chicas en su historial reciente.
“Espero que estén listas para lo que voy a revelar…” Finalmente, subió al cuarto.
Las chicas ya estaban acomodadas en la cama…
aunque “acomodadas” era decir mucho.
Entre colas de zorro, alas negras, piernas largas y una cantidad absurda de almohadas estratégicamente colocadas, el espacio era cada vez más escaso.
Daniel solo suspiró, resignado con una sonrisa.
—Algún día tendré que comprar una cama del tamaño de una cancha de fútbol.
Tamamo, ya en camisón, le guiñó un ojo.
—O dormir encima de nosotras.
No nos quejamos.
Un coro de risitas femeninas le dio la bienvenida al caos nocturno.
Daniel se metió entre ellas con cuidado, y mientras el cansancio lo arrastraba al sueño, solo pudo pensar: “Mañana…
todo empieza de verdad.” El día transcurrió con aparente normalidad en la Preparatoria Kuoh.
Daniel caminaba al lado de Hikari, Hibiki y Alya, saludando como de costumbre a sus compañeros.
Antes de entrar, se detuvo para besar a Alya y luego se despidió de Reynare, quien —con un aire de coquetería apenas disimulado— también lo besó en los labios.
—Vuelve pronto, amo —dijo con una sonrisa traviesa, aún en su papel de sirvienta.
Daniel rodó los ojos con una sonrisa divertida.
Sakura, como siempre, caminaba de su lado, entrelazando sus dedos con los suyos con timidez.
El grupo se internó en la escuela, y las clases transcurrieron sin incidentes.
Sin embargo, todos sabían que al final del día, algo importante sucedería.
— Al sonar la campana final, Daniel se despidió de sus chicas y se dirigió a la sala del consejo estudiantil.
Al llegar, ya lo esperaban Sona Shitori y Rias Gremory, acompañadas de Akeno, Tsubaki y sus respectivos séquitos, todos sentados con expresiones serias.
Frente a ellos, de pie, estaban Mitsuru Kirijo, Akihiko Sanada y Yukari Takeba.
El aire era tenso.
Daniel cerró la puerta detrás de sí, caminó al frente y los observó a todos.
—Gracias por venir.
Sona fue la primera en hablar.
—¿De qué se trata todo esto, Daniel?
Dijiste que era urgente y sobrenatural.
Rias cruzó los brazos con expresión de interés.
—¿Tiene que ver con la extraña energía que se sintió hace unas noches?
Daniel asintió y miró a Mitsuru, quien no parecía del todo cómoda.
—Sí.
Y quiero que todos lo escuchen.
Esta ciudad… este mundo, está comenzando a cambiar, y necesitamos estar preparados.
Y entonces, comenzó a hablar.
Narró la noche en que la Hora Oscura se manifestó por primera vez para él y Tamamo.
Explicó los ataúdes, las sombras, la torre llamada Tartarus, y las extrañas criaturas conocidas como Shadows.
Explicó cómo él y Tamamo habían combatido en secreto, noche tras noche, para proteger a los que aún no sabían de esta amenaza.
Mitsuru y su grupo lo miraban con los ojos muy abiertos.
—¡¿Estás loco?!
—dijo Yukari— ¡No deberías contarle esto a cualquiera!
—¿Tampoco deberías estar luchando contra Shadows sin saber bien a qué te enfrentas!
—replicó Akihiko.
Mitsuru levantó la mano para calmar a sus compañeros.
—Daniel… ¿por qué estás compartiendo esto con personas que, hasta donde sabemos, no tienen nada que ver con esto?
Daniel esbozó una leve sonrisa, casi como si hubiese estado esperando esa pregunta.
—Porque no son humanos.
El silencio se volvió absoluto.
Mitsuru frunció el ceño.
—¿Qué dijiste?
—Dije que Sona, Rias y sus compañeros… no son humanos.
Ellos son demonios.
Y en ese instante, sin que Daniel lo pidiera, Sona y Rias desplegaron sus alas demoníacas.
Un aura densa y antigua llenó la habitación.
Akihiko retrocedió un paso por reflejo.
Yukari soltó un pequeño grito ahogado.
Mitsuru abrió los ojos con asombro y su voz se quebró apenas al preguntar: —Esto… ¿esto es real?
Rias habló entonces, su voz con tono regio y firme.
—Sí.
Somos demonios.
Sona y yo estamos a cargo de Kuoh como parte de un acuerdo entre las facciones del inframundo.
Tenemos la obligación de conocer cualquier amenaza sobrenatural que ponga en riesgo a los humanos o a las razas no humanas.
Sona se adelantó, con la misma seriedad.
—No buscamos confrontación.
Pero si esta Hora Oscura y esas Shadows amenazan la seguridad de esta ciudad, entonces tenemos derecho a intervenir.
Mitsuru tragó saliva, finalmente comprendiendo lo que Daniel intentaba hacer: unir frentes.
El peso de esa revelación cayó sobre ella como una losa.
Daniel rompió el silencio.
—Mitsuru… esto ya no es solo tu problema, ni el de SEES.
Esto va más allá.
Ya no es solo responsabilidad de los humanos.
Si no colaboramos, no habrá mundo para nadie.
Respirando hondo, Mitsuru se enderezó.
—Entonces… les contaré todo lo que sé.
— Mitsuru reveló el pasado del Grupo Kirijo.
Cómo experimentaron con las Shadows, cómo causaron el desastre que trajo la Hora Oscura al mundo.
Explicó lo que se sabía del Tartarus, la naturaleza de las Shadows, y por qué no debían destruirse las grandes sombras marcadas por los arcanos del tarot.
Incluso mencionó la posibilidad de que dentro del Tartarus se encontrara una solución… o la perdición definitiva.
Cuando terminó, la sala quedó en silencio.
Sona y Rias intercambiaron miradas.
Akihiko bajó la cabeza, impactado por la gravedad de la historia.
Yukari miraba fijamente la mesa, apretando los puños.
Daniel dio un paso al frente.
—Entonces, ¿pueden trabajar juntos?
Rias sonrió con confianza.
—Por el bien de la ciudad… y por ti, sí.
Sona asintió.
—Considera al consejo estudiantil en alerta.
Informaremos cualquier irregularidad y mantendremos a nuestras facciones en la línea.
Mitsuru respiró hondo y, finalmente, extendió la mano hacia Sona.
—Gracias.
A partir de ahora… colaboraremos.
Y así, en esa pequeña sala de consejo estudiantil, se formó una alianza secreta.
Un pacto entre humanos, demonios y un reencarnado con demasiadas respuestas.
La guerra contra la oscuridad… acababa de volverse mucho más seria.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Vota si te gusto el episodio y apoyame en mi patreon para seguir escribiendo mas de estas historias.
Mi patreon: SeathScale
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com