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Mezcla de mundos anime: El emperador intergalactico - Capítulo 35

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  4. Capítulo 35 - 35 Capitulo 34 Exploracion
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35: Capitulo 34: Exploracion 35: Capitulo 34: Exploracion Tohsaka Rin estaba teniendo una de esas semanas que uno preferiría borrar con un Avalon portátil.

Desde la derrota de Angra Mainyu y el desastre que fue ese ritual del Santo Grial en Japón, su vida había pasado de ser la de una maga orgullosa a la de…

¿una secretaria?

-¡Maldita sea, Serafall!

¡No nací para llevar documentos de un lado al otro!

-refunfuñó mientras corría por el pasillo del instituto Kuoh, cargando una pila de informes demoníacos, notas mágicas y, de alguna manera, una bandeja con cafés para el consejo estudiantil.

Su castigo, impuesto directamente por Serafall Leviathan, no era cruel…

pero era humillante.

A ojos del mundo mágico, colaborar en un ritual tan peligroso como el del Santo Grial sin reportarlo era una traición menor.

A ojos de Serafall, era una falta de juicio total.

Sin embargo, si no fuera por Daniel, probablemente estaría en una celda mágica…

o peor, usada como chivo expiatorio para mantener la diplomacia con la Asociación de Magos.

-Tsk…

ese idiota.

-murmuró, bajando el rostro mientras caminaba-.

¿Por qué tuvo que intervenir?

Yo tenía todo bajo control…

La verdad era otra.

Daniel le salvó el pellejo, y lo sabía.

Desde ese día, había querido agradecerle.

El problema era que siempre estaba rodeado de chicas.

Una más linda que la otra, besándolo, abrazándolo, colgándosele como si fuera un ídolo pop con poderes mágicos y cara de príncipe rebelde.

-¡¿Y qué si se ve bien sin camisa?!

¡¿Y qué si es valiente y tiene ese estúpido carisma?!

¡¡No me importa!!

-gritó al aire, provocando que un grupo de estudiantes cercanos la mirara con miedo.

Rin tosió, se recompuso como buena dama mágica…

y siguió su camino a entregar los documentos.

-…ni siquiera es mi tipo…

Pero sus mejillas seguían ardiendo.

— Mientras tanto, en la sala del consejo estudiantil, Daniel conversaba con Mitsuru, Akihiko y Yukari.

-Con la información que Mitsuru trajo sobre el Tartarus y los Arcanos Mayores, tenemos que replantear cómo priorizamos las incursiones -decía Daniel, con los brazos cruzados-.

Si las sombras grandes no deben ser destruidas, entonces tenemos que centrarnos en estudiarlas.

-¿Y si pierden el control?

-preguntó Yukari.

-Entonces los contengo.

-respondió Daniel con naturalidad, lo que hizo que todos lo miraran extrañados.

Antes de que alguien pudiera interrogarlo, Sona entró a la sala con el celular en la oreja, su rostro serio, el ceño fruncido.

Colgó con un suspiro y se masajeó las sienes.

-Eso fue…

mi hermana.

-dijo.

-¿Serafall?

-preguntó Mitsuru con curiosidad.

-Sí.

Y en este momento está coordinando una sesión de emergencia con los Maou.

Quiere que todos estén informados de lo que pasa con la Hora Oscura.

-Miró a Daniel, casi acusatoriamente-.

Y también quiere saber más de ti.

Daniel soltó un suspiro largo.

-Genial.

Nada como una charla con deidades demoníacas para cerrar la tarde.

Apenas lo dijo, Rias Gremory entró al cuarto con la misma expresión cansada.

-Mi hermano está “encantado” de saber que la ciudad bajo mi cargo está siendo invadida por energía caótica interdimensional.

Me acaba de enviar un pergamino teleportador para que lo vea esta noche.

Estoy segura de que se va a desmayar cuando escuche que Tohsaka Rin también está involucrada.

-¡¿Qué?!

-exclamó Rin, que justo entraba sin tocar, con los documentos en brazos-.

¡¿Por qué yo?!

Todos la miraron.

-Rin…

¿has estado escuchando?

-preguntó Sona, cruzando los brazos.

Rin se tensó, retrocediendo.

-¡N-no!

Solo…

vine a entregar esto…

y accidentalmente escuché todo lo importante…

sin querer…

Daniel la miró, cruzando los brazos con una sonrisa divertida.

-¿Y tú cómo estás, Rin?

Hace rato que no hablamos.

Ella se sonrojó al instante.

-¡¿Qué te importa?!

¡No me hables con esa cara tan…

tan…

irritantemente perfecta!

-gritó, lanzando los papeles a la mesa y girando con las mejillas infladas-.

¡Yo no quería que me salvaras!

¡Puedo cuidarme sola!

Y con eso, salió del salón, la puerta cerrándose con un portazo.

Un silencio incómodo reinó unos segundos.

-¿Siempre es así?

-preguntó Yukari, arqueando una ceja.

-Peor si le gustas.

-respondió Sona con una gota de sudor en la sien.

Daniel suspiró con resignación.

-Y yo que solo quería una reunión tranquila…

La sala del consejo estudiantil de Kuoh estaba inusualmente silenciosa.

Mitsuru revisaba por última vez sus notas y datos sobre la Hora Oscura.

Yukari mascaba chicle con nerviosismo (aunque disimuladamente), mientras Akihiko cruzaba los brazos con una mezcla de seriedad y emoción.

Daniel estaba sentado en una esquina, Tamamo a su lado con expresión serena pero atenta.

El ambiente estaba tenso, y no solo por el tema a tratar.

-¿Por qué me siento como si estuviera esperando a mis suegros…

pero versión jefes del infierno?

-murmuró Daniel a Tamamo.

-Porque lo estás.

-respondió ella con una sonrisita.

Justo en ese instante, dos presencias aplastantes se hicieron sentir en Kuoh.

La atmósfera cambió al instante.

Con destellos de magia demoníaca y una elegante presión sobrenatural, Serafall Leviathan y Sirzechs Lucifer entraron a la sala, uno tras otro.

Y fue entonces cuando ocurrió lo inevitable.

-¡¡Sooooonitaaaan~!!

-gritó Serafall, casi en modo meteorito, corriendo hacia Sona como si no fuera una de las figuras más poderosas del inframundo-.

¡¿Estás bien?!

¡¿Ese humano raro te hizo algo?!

¡¿Estás comiendo bien?!

¡¿Estás durmiendo ocho horas?!

Sona intentó mantener la compostura, pero era difícil cuando tu hermana mayor te estaba aplastando contra su pecho en público.

-¡Nee-sama, por favor!

¡Estamos en una reunión formal!

-protestó, roja como tomate.

Mientras tanto, Sirzechs se dirigía hacia Rias, con una sonrisa amable pero con un aura intimidante.

-Rias, hermanita…

dime que estás a salvo.

Dime que no estás involucrada en este lío extraño sin decírmelo.

¿Estás bien?

¿Este tal Daniel no ha hecho nada indebido?

-dijo con un tono suave pero tan afilado que Rias sintió cómo se le erizaba la piel.

-¡Onii-sama, basta!

¡Estoy bien, no soy una niña!

-replicó ella, frustrada y también sonrojada.

Daniel levantó la mano como si estuviera en clase.

-Buenas noches, Maous…

¿Podemos, eh, proceder con la reunión antes de que empiecen a lanzar hechizos por celos familiares?

Serafall soltó a Sona lentamente, mientras Sirzechs exhalaba despacio para no partir la mesa con su aura.

-Habla, humano -dijo Serafall, cambiando su tono juguetón por uno serio.

Daniel se aclaró la garganta y comenzó a explicar el fenómeno de la Hora Oscura, detallando lo que él y Tamamo habían presenciado desde la primera aparición: la transformación del mundo a medianoche, el Tartarus, las Shadows y los riesgos que implicaban para la población.

Rias y Sona asentían, mientras Mitsuru añadía detalles técnicos con precisión quirúrgica: -Estas criaturas no solo atacan la mente y el espíritu, sino que además hay entidades mayores, conocidas como “sombras de arcana”, que aparecen en noches de luna llena.

Sirzechs frunció el ceño.

-¿Y nosotros…

no hemos percibido absolutamente nada?

-Probablemente porque, como la mayoría de la población, entran en estado de ataúd durante ese tiempo -explicó Mitsuru con seriedad-.

Solo aquellos con el potencial de invocar una Persona pueden permanecer conscientes durante la Hora Oscura.

Serafall cruzó los brazos.

-Entonces estás diciendo que, ni siquiera nosotras, los Maou, podemos intervenir directamente…

-Exacto -dijo Daniel-.

Esto no se trata de poder mágico o jerarquía demoníaca.

Se trata de afinidad espiritual con un fenómeno que afecta la percepción misma del tiempo y del alma.

Sirzechs bajó la vista, murmurando: -Entonces…

dependemos de ustedes.

Mitsuru asintió, su voz calmada pero firme.

-Nuestro objetivo es investigar y eliminar este fenómeno.

Sin embargo, no podemos ignorar que ahora hay razas sobrenaturales involucradas, por lo que requerimos cooperación.

De lo contrario, el equilibrio de Kuoh y posiblemente del mundo, corre peligro.

Serafall y Sirzechs intercambiaron miradas…

y luego miraron a Daniel.

-Así que este mocoso…

tiene una posición más importante de lo que pensábamos -dijo Sirzechs.

-Y muchas más novias también.

-añadió Serafall, con una sonrisa peligrosa.

Daniel solo se rascó la nuca.

-Estoy haciendo lo mejor que puedo.

Juro que no tengo un “plan maestro harem”.

Las cosas simplemente…

pasaron.

Sona y Rias se quejaron en sincronía: -¡Deja de decir cosas raras frente a nuestros hermanos!

La noche ya había caído sobre Kuoh cuando Daniel regresó a casa, con el cansancio reflejado en sus hombros tras la intensa reunión con los Maou, Mitsuru y las demás facciones.

Aun así, al abrir la puerta, lo recibió una escena familiar y reconfortante.

Hikari, Hibiki, Reynare, Alya y Sakura lo esperaban en la sala, sentadas en círculo entre cojines, mientras Tamamo preparaba una bandeja con té.

Al verlo entrar, todas lo saludaron con cariño, una por una dándole un beso en la mejilla -o en los labios si lograban llegar primero.

-¿Cómo te fue con los Maou?

-preguntó Hikari, recostando su cabeza en su hombro.

-¿Sobreviviste a los regaños de cuñado y cuñada?

-añadió Hibiki con una sonrisa divertida.

Daniel suspiró y se dejó caer entre ellas, abrazando a Sakura que se había acurrucado en su costado.

-Apenas.

Sirzechs y Serafall son adorables y aterradores a partes iguales…

Pero creo que ahora entienden la magnitud del asunto.

Tamamo se acercó y le entregó una taza.

-Entonces, ¿es oficial?

¿Esta noche irás con Mitsuru?

-Sí.

-asintió él con seriedad-.

Vamos a hacer una expedición más profunda en el Tartarus.

Quieren llegar lo más alto posible.

Yo iré con ellos…

y tú también, claro.

Tamamo sonrió, sus colas ondeando con elegancia.

-Obviamente.

No pienso dejar que entres solo a ese infierno de sombras.

Las demás chicas se quedaron en silencio por unos segundos.

Reynare fue la primera en hablar.

-No me gusta esto…

Pero entiendo que es importante.

Solo…

vuelve.

Daniel les dirigió una mirada cálida y se acercó a cada una para abrazarlas.

-Siempre vuelvo.

Y esta vez no será diferente.

Poco después, mientras las demás se iban a descansar, Daniel y Tamamo se prepararon para partir.

Ambos portaban ropajes de combate más cómodos para moverse, con compartimientos mágicos ocultos y hechizos de refuerzo activados.

Ya cerca de la medianoche, la Hora Oscura cayó sobre Kuoh, y el cielo se volvió verde, los relojes se detuvieron, y las sombras comenzaron a moverse.

Daniel y Tamamo caminaron entre los ataúdes que reemplazaban a las personas dormidas, hasta llegar al punto de encuentro frente al Tartarus, cuya silueta brillante dominaba la ciudad, aún más intensa esa noche.

Allí, Mitsuru, Akihiko y Yukari ya esperaban, armados y concentrados.

-Me alegra que hayas venido.

-dijo Mitsuru, seria pero sincera-.

Esta noche, trataremos de ascender más allá del décimo piso.

Hasta ahora, nadie ha podido avanzar más allá.

-Entonces será una noche interesante.

-respondió Daniel, ajustando su espada.

-Recuerden: no separarse, y si encontramos alguna puerta o piso sellado, no forzar nada.

Podría ser una trampa.

-añadió Yukari, luciendo nerviosa pero decidida.

Tamamo levantó la mano con gracia.

-Y yo me encargaré de limpiar el camino con fuego si se pone feo.

¿Trato?

Akihiko rió por lo bajo.

-Me agrada tu estilo.

Con un último asentimiento, el grupo de cinco se adentró en el Tartarus.

Las puertas de la gigantesca torre se abrieron, y la oscuridad interior los envolvió con su extraña atmósfera: muros flotantes, escaleras interminables, sombras acechando desde cada rincón, y esa presencia extraña y pesada que parecía observarlos.

Esa noche no solo sería una exploración más…

Sería el primer gran paso hacia la verdad oculta tras el Tartarus.

La Hora Oscura cayó sobre Kuoh como un manto siniestro.

El cielo se volvió de un verde enfermizo y la ciudad quedó en un silencio antinatural.

Los relojes se detuvieron, las luces se apagaron y los humanos, uno por uno, se transformaron en ataúdes inertes.

Frente al coloso del Tartarus, la puerta titánica se abrió, revelando su interior retorcido y en perpetuo movimiento.

En su interior, Daniel, Tamamo, Mitsuru, Akihiko y Yukari avanzaban con cautela.

Las sombras flotaban, observaban y acechaban.

La tensión era constante.

A diferencia de los miembros de SEES, Daniel se movía con seguridad, reflejos afilados y experiencia de combate evidente.

Cada sombra que se cruzaba en su camino, caía con precisión quirúrgica ante su espada o sus ataques físicos combinados con Haki.

A su lado, Tamamo invocaba fuego espiritual y hechizos arcanos con tal soltura que parecía danzar entre las sombras.

Las criaturas no podían tocarlos.

Eran una pareja letal.

Por el contrario, el trío de SEES se abría paso con esfuerzo.

A pesar de no tener experiencia previa en batalla real, lograban compensarlo con táctica.

Mitsuru analizaba patrones, Akihiko protegía los flancos y Yukari mantenía al grupo curado y en pie.

-No se alejen del centro.

¡Formación cerrada!

-gritó Mitsuru, lanzando un hechizo de debuff sobre una sombra gigante.

-¡Entendido!

Yukari, cúbreme.

-respondió Akihiko, mientras embestía con su guantes reforzados.

El grupo avanzaba más rápido de lo que cualquiera hubiera anticipado.

Del cuarto al décimo piso, los enfrentamientos eran intensos pero soportables.

Sin embargo, a medida que se adentraban más, la atmósfera del Tartarus se volvía más pesada, el aire más denso, y el diseño del lugar más distorsionado.

Escaleras que levitaban, paredes sin sentido, pasillos que parecían vivos.

En el piso quince, todos se detuvieron.

-Nada útil hasta ahora…

-dijo Mitsuru, revisando su visor.

El sudor bajaba por su frente.

Daniel observaba el entorno con la frente fruncida.

-El Tartarus es…

diferente a como lo conocía.

Como si estuviera más…

reactivo.

Tamamo asintió, su mirada seria.

-Este lugar está vivo.

No sólo reacciona al paso del tiempo…

también a nosotros.

A pesar del progreso, el desgaste empezaba a hacerse evidente en SEES.

La presión constante del lugar, la fatiga mental de enfrentar criaturas de pesadilla y el aura opresiva del Tartarus comenzaban a cobrarse factura.

-Necesitamos descansar…

-murmuró Yukari, su respiración agitada.

Akihiko, aunque con energía, apretaba los dientes.

-Podría seguir…

pero no si eso pone en riesgo al equipo.

Daniel, al ver el estado de los tres, detuvo la marcha.

-No podemos forzar esto.

No vale la pena si alguno cae aquí.

Avanzaron hasta el piso veinte, donde una gran plataforma les ofrecía un descanso momentáneo.

Fue ahí cuando Ddraig, desde el interior de Daniel, le habló.

> “Cuidado, socio…

Puedo sentirlo.

En el piso veintiuno…

hay algo poderoso.

No es una sombra común.

Es antigua.

Pesada.

Peligrosa.” Daniel frunció el ceño.

Esa advertencia era suficiente.

-No podemos seguir -afirmó él-.

Hay algo en el siguiente piso que no puedo garantizar que podamos manejar juntos…

al menos, no sin descanso y preparación.

Mitsuru asintió, agotada.

-De acuerdo…

Ya hemos avanzado más que nunca.

Es una victoria.

Pero también una señal clara: este lugar…

no es un simple edificio.

Yukari, jadeando, soltó una leve sonrisa.

-No creí que estaría diciendo esto…

pero quiero un baño caliente y ocho horas de sueño.

Akihiko solo rió por lo bajo.

-Mañana…

lo haremos mejor.

El grupo se retiró, regresando al primer piso por el portal de emergencia que Mitsuru había instalado previamente.

La luz del portal envolvió a todos y los sacó de la pesadilla.

Esa noche, no encontraron respuestas claras…

pero sí nuevas preguntas.

Y un enemigo desconocido que los esperaba, paciente, en los pisos más altos del Tartarus.

La noche había sido larga, y el amanecer aún no despuntaba en el cielo teñido de oscuridad sobrenatural.

En la cama, Daniel yacía profundamente dormido, con Tamamo, Hikari, Hibiki, Reynare, Sakura y Alya apiladas sobre él como un montículo de amoroso caos.

Respiraciones suaves, abrazos entrelazados, colas cubriendo su cintura, y sonrisas tranquilas que contrastaban con las batallas libradas en la oscuridad.

Pero en su mente, no había descanso.

Un mar infinito de llamas esmeralda y cielos sin estrellas formaban el paisaje del mundo interno de Daniel, donde el rugido de un dragón se escuchaba como un eco constante.

Allí, Ddraig lo observaba con sus ojos carmesíes brillando como brasas vivas, su silueta imponente reposando sobre una montaña de huesos y esencias derrotadas.

-Dormir rodeado de tantas mujeres no impide que estés disponible para conversar…

interesante, -dijo Ddraig con voz profunda, divertida.

Daniel apareció frente a él, con su forma mental vestida en ropa de combate ligera.

-Ya sabes cómo es esto…

mi mente no se apaga tan fácil, especialmente después de una noche como la de ayer.

Ddraig asintió, su expresión tornándose seria.

-Estás caminando hacia una tormenta, chico.

El Tartarus…

ese lugar me desagrada.

Respira oscuridad, absorbe voluntad.

Si tiene más de 200 pisos, como recuerdas…

apenas han tocado la superficie.

Daniel cruzó los brazos.

-Según el juego…

eran 264 pisos.

Pero esto no es un juego.

Esto es real.

Y cada piso que subamos será más peligroso.

Mitsuru y los demás no aguantarán si no se fortalecen, y yo tampoco puedo depender siempre de Tamamo.

-Entonces fortalece tu cuerpo, pero más importante, fortalece tu mente, -declaró Ddraig mientras un círculo de fuego se formaba a su alrededor-.

Ya lograste el Balance Breaker contra Angra Mainyu, pero fue fugaz…

No era por falta de poder, sino de estabilidad interna.

Tu alma está llena de emociones humanas, complejas y agitadas.

El suelo del plano mental tembló.

Las brasas se elevaron como luciérnagas danzantes.

-Te entrenaré.

No para liberar más poder.

Sino para sostenerlo.

Para dominarlo.

Para que no te domine a ti.

Daniel sonrió con confianza.

-Sabía que dirías eso.

¿Cuándo empezamos?

-Ahora mismo.

Las llamas lo envolvieron.

El espacio mental se transformó en una tormenta.

Pruebas de dolor, miedo, deseo, desesperanza y euforia extrema golpearon la mente de Daniel.

El entrenamiento de Ddraig no era físico.

Era un enfrentamiento directo contra su propio corazón, contra sus propios límites.

Los recuerdos de su muerte, el trauma de la reencarnación, la responsabilidad de proteger a quienes ama, el temor de fallar, el deseo de no volver a ser impotente.

Todo fue sacado a la superficie.

Ddraig rugió: -¡¡Sostén el fuego, no huyas!!

¡¡Demuéstrame que eres el heredero de mi poder!!

Daniel cayó de rodillas, jadeando, sudando mentalmente, resistiendo la presión colosal que le obligaba a confrontar sus propias debilidades.

Pero en su pecho, una chispa creció.

Una llama brillante y pura, alimentada no por la rabia, sino por la convicción.

-No voy a romperme.

¡¡No otra vez!!

Y así, el entrenamiento comenzó de verdad.

Horas pasarían en su plano interior, mientras su cuerpo dormía plácidamente bajo el peso cálido y amoroso de sus novias.

Pero en su mente…

un guerrero se estaba forjando en fuego de dragón.

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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