Mezcla de mundos anime: El emperador intergalactico - Capítulo 4
- Inicio
- Todas las novelas
- Mezcla de mundos anime: El emperador intergalactico
- Capítulo 4 - 4 Capitulo 3 Primer dia
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
4: Capitulo 3: Primer dia 4: Capitulo 3: Primer dia La mañana era fresca y luminosa cuando Daniel Hernández llegó a la Preparatoria Kuoh.
El campus irradiaba serenidad y orden, pero Daniel sentía bajo la superficie una energía que no lograba identificar aún.
Mientras avanzaba por la entrada principal, se topó con dos jóvenes que parecían esperarlo.
La primera era una chica de estatura baja, con gafas de montura fina que le daban una mirada incisiva y curiosa.
Su cabello oscuro estaba recogido en una coleta pulcra y, aunque parecía amable, había en ella una aura de autoridad natural.
A su lado estaba otra joven, de porte elegante y ojos serenos, con cabello negro que caía con suavidad sobre sus hombros.
Su expresión tranquila y serena transmitía una sensación de calma y confianza.
—Hola —saludó la chica de gafas con voz clara y segura—.
Mi nombre es Souna Shitori, y ella es Tsubaki, mi compañera y asistente.
Daniel asintió, devolviendo el saludo con una sonrisa.
—Mucho gusto, soy Daniel Hernández.
Estoy aquí por la beca que me otorgó el gobierno para estudiar en esta escuela.
Souna asintió con interés y extendió la mano para pedirle algo.
—¿Podrías mostrarnos tus documentos de ingreso?
Queremos asegurarnos de que todo esté en orden.
Daniel sacó los papeles y se los entregó.
Souna leyó con atención cada detalle, sus ojos se abrieron un poco al ver el estatus especial del joven, pero no dijo nada al respecto.
Luego, devolvió los documentos y dijo: —Todo parece estar en orden, Daniel.
Bienvenido a Kuoh.
Tsubaki sonrió suavemente y añadió: —Estamos aquí para ayudarte si tienes alguna duda o problema.
No dudes en buscar a cualquiera de nosotras.
Daniel agradeció la calidez en sus palabras y las siguió mientras lo guiaban hacia el gimnasio, donde se llevaría a cabo el discurso de bienvenida para los nuevos estudiantes.
Mientras caminaban, Daniel no pudo evitar sentir que esas dos jóvenes ocultaban algo, aunque no sabía qué.
Al llegar al gimnasio, las puertas se abrieron para revelar una sala llena de estudiantes sentados en silencio, todos atentos al inicio de la ceremonia.
Daniel se acomodó entre los demás, con la mente llena de preguntas sobre lo que le esperaba en Kuoh y en ese nuevo mundo que apenas comenzaba a descubrir.
Guiado por Souna, Daniel caminó por los pasillos de la preparatoria Kuoh hasta llegar al gimnasio, donde se llevaría a cabo la plática de bienvenida para los nuevos alumnos.
Las paredes resonaban con el murmullo de estudiantes que llenaban los asientos, creando una atmósfera vibrante y expectante.
Souna lo condujo hacia las filas centrales, señalándole un asiento vacío donde pudiera acomodarse sin problemas.
Daniel se sentó y, sin mirar mucho, apoyó su mochila a un lado, listo para escuchar el discurso.
Pero entonces, una voz familiar llamó su atención.
—¡Daniel?
Él giró la cabeza rápidamente y ahí estaba ella: Alya.
Con su cabello plateado y ese brillo único en sus ojos, llevaba puesto el uniforme de Kuoh, el mismo que él había visto antes.
El corazón de Daniel se aceleró y una mezcla de sorpresa y nerviosismo lo invadió.
No esperaba encontrarse con ella aquí, en el mismo lugar, y mucho menos en una preparatoria tan prestigiosa.
Alya también parecía sorprendida, sus mejillas se tiñeron de un leve rubor.
—No esperaba verte en Kuoh —murmuró, intentando ocultar su sonrojo con una tímida sonrisa.
Antes de que Daniel pudiera responder, una voz firme resonó en todo el gimnasio: —¡Bienvenidos estudiantes de primer año a la Preparatoria Kuoh!
La ceremonia comenzaba, interrumpiendo cualquier intento de conversación entre ellos.
Daniel y Alya se miraron una última vez, conscientes de que aquel encuentro era solo el inicio de algo mucho más grande.
Tras el discurso de bienvenida, los estudiantes fueron guiados por los profesores hacia sus respectivos salones para iniciar su proceso de adaptación y conocer a sus compañeros de clase.
Daniel caminaba tranquilo por los pasillos, sin preocuparse demasiado.
Había sobrevivido a cosas peores que una ceremonia formal.
Sin embargo, al entrar a su salón asignado, se llevó una doble sorpresa.
Primero, reconoció a Alya sentada junto a la ventana.
Segundo… el pupitre vacío a su lado llevaba su nombre.
—¿En serio?
—murmuró Daniel para sí, con una mezcla de asombro y resignación.
Alya lo notó apenas entró, y al ver su nombre en el asiento contiguo, su expresión se tiñó de incomodidad… y un leve rubor.
Daniel se acercó con cuidado y sonrió con nerviosismo.
—Parece que vamos a compartir más que una calle.
—O una esquina de supermercado —respondió Alya, intentando sonar neutral, pero sus mejillas la delataban.
La incomodidad inicial flotaba en el aire, pero el timbre que indicaba el inicio de clases los salvó de decir algo más.
— Las primeras clases del día fueron tranquilas.
Los profesores se presentaron, dieron información básica y realizaron actividades para conocer a los alumnos.
Cuando el profesor de matemáticas lanzó una pregunta complicada para romper el hielo, Daniel respondió sin dudar.
Cuando la maestra de historia preguntó por la relación diplomática entre Japón y Latinoamérica, Daniel levantó la mano con naturalidad.
En cada materia, Daniel respondía sin titubear, ganándose la atención y el respeto de varios compañeros… y la sorpresa de Alya.
—No sabía que los becarios extranjeros eran tan listos —murmuró ella, cruzando los brazos en su asiento.
Daniel se encogió de hombros con una sonrisa modesta.
—Solo hago lo que puedo.
Me gusta aprender.
— Llegó la hora del almuerzo, y los estudiantes comenzaron a agruparse por afinidades.
Daniel prefirió quedarse en el salón, y sacó de su mochila su lonche: un tupper dividido en secciones con arroz rojo, carne en chile guajillo, frijoles refritos y tortillas enrolladas con papel aluminio.
—Clásico —dijo satisfecho mientras tomaba un bocado.
Alya, sentada a su lado, también sacó su bento: arroz blanco perfectamente acomodado con umeboshi en el centro, algunas piezas de tamagoyaki, croquetas de papa y encurtidos.
Ambos se miraron, y luego bajaron la vista al almuerzo del otro.
—¿Qué es eso?
—preguntó Alya, señalando las tortillas—.
¿Son como pan plano?
—Tortillas de maíz.
Pruébalas.
—Daniel rompió un trozo y se lo ofreció con un poco de carne encima.
Ella aceptó con cautela, probándolo primero con la punta de los labios.
Luego sus ojos se abrieron.
—Está… muy sabroso.
¿Pica un poco?
—Sí, lleva chile guajillo.
No pica tanto… bueno, no para mí —rió Daniel.
—Tu paladar es fuerte.
—¿Y tú qué traes?
—preguntó él, señalando el tamagoyaki.
—Tamagoyaki.
Huevo dulce enrollado.
¿Quieres probar?
Daniel dudó un segundo.
Dulce y huevo… sonaba raro.
Pero aceptó.
El sabor lo tomó por sorpresa, pero asintió.
—Diferente… pero bueno.
Me recuerda a un postre de Yucatán.
Aunque… sin el dulce de plátano.
Ambos comenzaron a reír suavemente, relajando la tensión que flotaba desde la mañana.
Lo que había comenzado como un día incómodo, poco a poco se transformaba en el inicio de una curiosa amistad.
Y aunque Daniel no lo sabía aún, ese pequeño momento compartido marcaría el inicio de un lazo que cambiaría su camino en este mundo híbrido para siempre.
El resto de la jornada escolar transcurrió en calma.
Las clases continuaron con ritmo ligero, y Daniel y Alya, ahora mucho más relajados, aprovecharon cada momento libre entre actividades para seguir conversando.
Aunque intentaban no llamar la atención, en más de una ocasión uno de los profesores los miró con cejas alzadas por estar susurrando y riendo en medio de la clase.
Alya resultó ser más abierta de lo que Daniel esperaba.
Hablaban de cosas sencillas: comida, clima, curiosidades culturales y un poco de música.
Ambos evitaban conscientemente cualquier tema extraño o sospechoso.
Ninguno mencionó dragones, animes o mundos cruzados.
Cuando finalmente sonó el timbre que marcaba el fin de la jornada escolar, Daniel sintió que ese primer día había sido mejor de lo esperado.
—Nos vemos mañana, ¿no?
—dijo Alya mientras caminaban hacia la salida.
—Claro —respondió Daniel, sonriendo de forma sincera—.
Y gracias por compartir tu almuerzo.
—Gracias a ti por el chile guajillo —bromeó ella antes de girar por su camino.
Cada uno tomó una ruta distinta hacia sus casas, pero ya se habían ganado un lugar mutuo en su nueva rutina.
— Ya en casa, Daniel se quitó el uniforme, se cambió por ropa de ejercicio y salió al patio trasero para entrenar.
La tarde era fresca, perfecta para trabajar el cuerpo sin que el sol lo derritiera.
Estiramientos, series de abdominales, lagartijas, sentadillas… y luego práctica con la Boosted Gear, invocándola con fluidez mientras canalizaba su energía.
> “Boost.” “Boost.” El sonido del guantelete resonaba como un latido reforzado por magia pura.
—No me acostumbro a este poder tan rápido —murmuró Daniel—.
Pero cada día se siente más natural.
> “Y cada día estás más distraído, portador…” Daniel resopló, con una gota de sudor bajando por su sien.
—Oh no… ya empezó.
> “Hoy te vi demasiado pendiente de esa chica rusa.
Alya, ¿verdad?” “Hasta se te olvidó que estás en un mundo donde literalmente demonios y ángeles te pueden lanzar rayos por mirar feo.” —¡Estábamos almorzando!
¡No fue nada raro!
—respondió Daniel, sonrojado.
> “Ajá… y por eso intercambiaron bocados como si estuvieran en un programa de cocina romántico.
Te falta que le ofrezcas el chile directo a la boca.” Daniel se tropezó al hacer una zancada.
Literalmente.
—¡Ddraig, por el amor de Dios!
> “Mira, no digo que esté mal.
Solo digo que me agrada.
Una chica con agilidad, carácter… y buen gusto culinario.” “Eso sí… más te vale no distraerte demasiado.
En este mundo, los enemigos no esperan a que acabes la comida.” Daniel se detuvo, respirando profundo mientras observaba cómo el sol comenzaba a caer.
—Lo sé.
Pero… también tengo derecho a vivir un poco.
A hacer amigos.
A tener momentos de paz, ¿no?
> “Tienes razón.” “Pero recuerda, portador… incluso la paz puede ser un preludio del caos.” Daniel cerró el puño.
El guantelete vibró con energía contenida.
—Entonces que venga lo que tenga que venir.
No estoy solo.
> “Hmpf.
Así me gusta.” REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Apoyame en mi patreon para seguir escribiendo estas historias y mas a futuro.
Mi patreon: SeathScale
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com