Mezcla de mundos anime: El emperador intergalactico - Capítulo 6
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- Capítulo 6 - 6 Capitulo 5 Evolucion
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6: Capitulo 5: Evolucion 6: Capitulo 5: Evolucion El sol estaba en su punto más alto, lanzando rayos abrasadores sobre Kuoh.
En el amplio patio trasero de su casa, Daniel entrenaba con determinación, su torso desnudo brillando por el sudor, músculos tensos con cada repetición de pesas.
La rutina era exigente, incluso para él, pero no se detenía.
Su cuerpo se movía con fluidez, casi mecánicamente, como si fuera parte de una danza intensa entre la fuerza y la resistencia.
—Veinte más, Daniel.
Mantén la respiración.
No sacrifiques la forma —ordenó la voz firme de Ddraig, quien actuaba como su entrenador personal más exigente.
—¡Haaa…!
¡Sí…
señor!
—gruñó Daniel, alzando los discos con esfuerzo.
El dragón rojo vigilaba cada movimiento desde el guantelete, calculando, corrigiendo, ajustando.
No solo estaba entrenando su fuerza física, sino la sincronización de su energía, su flujo interno, y su concentración.
Sin embargo, no todos los espectadores eran invisibles o míticos.
Desde un árbol a la distancia, ocultas entre las ramas y las sombras, Hikari y Hibiki lo observaban en silencio.
—Wow…
—susurró Hikari, sus mejillas levemente enrojecidas—.
No pensé que un humano pudiera tener un cuerpo así de definido sin modificación genética.
—Mmhm…
y ese sudor… ese enfoque…
ese porte…
—añadió Hibiki, mordiéndose el labio suavemente.
—Nos va a alimentar muy bien cuando nos enlacemos —musitó Hikari, su voz cargada de doble sentido.
—Demasiado bien —rió Hibiki con picardía.
Ambas Sekirei ocultas soltaron risitas mientras lo seguían espiando, como dos cazadoras observando a su presa ideal.
Daniel, inconsciente del par de ojos dobles que lo escaneaban con intensidad, terminó su rutina con una serie de flexiones explosivas y luego se dejó caer de espaldas sobre el césped, jadeando.
—Buen trabajo —felicitó Ddraig—.
Has incrementado tu fuerza base otro pequeño porcentaje.
Pero… aún hay más.
—¿”Aún hay más”?
—Daniel se sentó, sudoroso y confundido—.
¿Qué más falta?
Ddraig hizo una pausa.
—En tu interior hay una fuente de poder diferente.
No viene de mí, ni de tu Sacred Gear.
Lo noté mientras entrenabas: una energía densa, pegada a tu aura vital, como una extensión natural de tu espíritu.
Daniel entrecerró los ojos.
—¿Sabes qué es?
—No —admitió Ddraig—.
Pero es tuya.
No proviene de mí, ni de ninguna fuerza externa.
Es como un “latido” que no has aprendido a usar.
Eso puso a Daniel a pensar.
Se metió a casa, directo al baño.
El vapor llenó el ambiente mientras el agua caliente relajaba sus músculos.
Pero su mente no descansaba.
> Una energía natural, propia, ligada al alma y la voluntad… —¿Será…?
—susurró.
Solo había dos cosas que se le venían a la mente: Nen de Hunter x Hunter… y Haki de One Piece.
Ambos requerían conexión con el aura vital, pero…
—Nen es complejo.
Necesita a alguien que te abra los nodos.
No creo encontrar un maestro así de fácil… —Pero el Haki… el Haki se puede entrenar solo.
En teoría.
Ddraig se mantuvo callado mientras su portador organizaba sus pensamientos.
—Si es Haki… —dijo Daniel, saliendo del baño mientras se secaba el cabello—, eso me da una gran ventaja.
Aunque apenas sea perceptible, puedo entrenarlo poco a poco.
> Tengo que intentarlo.
La noche cayó, y Daniel preparó su mochila para el día siguiente, con una resolución nueva brillando en sus ojos.
> Mañana, después de clases, empiezo.
Tengo que probar si esto que siento dentro de mí… puede convertirse en una de las fuerzas más poderosas que existen.
Y sin saberlo, en algún rincón de Kuoh, dos Sekirei ya estaban planeando cómo interceptarlo.
El día transcurrió con una calma casi engañosa.
Daniel asistió a la escuela como cualquier otro estudiante, platicando con Alya en los recesos, compartiendo el almuerzo como ya se había vuelto costumbre.
Nada fuera de lo normal.
Ningún suceso extraño.
Ninguna energía oscura, dragones parlantes o chicas con poderes escondidos… Al menos por unas horas.
Cuando la última campana sonó, Daniel se despidió de Alya en la entrada de la preparatoria, y ambos siguieron sus caminos.
Al llegar a casa, sin perder tiempo, se encerró en su habitación.
—Hoy es el día… —murmuró mientras se sentaba en posición de meditación—.
Es hora de intentarlo.
> “Concéntrate en tu respiración.
Vacía tu mente.
Busca el flujo que corre por tu cuerpo, más allá del chakra, más allá de mi energía.
Busca tu alma misma.” —dijo Ddraig, su voz grave pero paciente.
Daniel cerró los ojos, dejó que su respiración se hiciera más profunda, más lenta… más firme.
Y entonces, como si un velo se levantara, lo sintió.
Un núcleo cálido, pulsante, denso… vibrando en lo más profundo de su ser.
Se acercó a esa energía, la tocó.
Y entonces… todo estalló.
Su cuerpo se llenó de una fuerza brutal, su aura vital se duplicó en potencia en cuestión de segundos.
Sus sentidos se agudizaron de golpe: podía oír el sonido de los árboles al moverse por el viento, sentir el calor de cada rincón de su piel, incluso el latido de su corazón retumbaba como tambores de guerra.
—¡¿Qué demonios?!
—exclamó con los ojos abiertos de par en par—.
¿¡Es esto… Nen!?
Entró en pánico, recordando los detalles del Nen: si abrías tus nodos y no los cerrabas, tu aura se fugaba hasta morir de agotamiento.
Intentó regresar a su conciencia y examinar sus puntos de aura, pero no había pérdida.
Nada se escapaba.
Su energía fluía, no se drenaba.
—…Entonces… —dijo lentamente, una sonrisa abriéndose en su rostro—.
¡¿Es Haki?!
> “Exactamente.” —respondió Ddraig, orgulloso—.
“Has despertado una técnica que ni siquiera pertenece a este mundo.
Tu aura vital fue el catalizador.
Y ahora, eres aún más fuerte.” Daniel se puso de pie de un salto, sintiéndose ligero, veloz, afilado como una espada recién forjada.
Su piel vibraba con energía, y sus sentidos estaban en estado de alerta constante.
Notaba cada rincón de su entorno… incluso sin querer.
> “Este… es el Haki de Observación.
Pero también veo cómo tu cuerpo ha cambiado: tienes el inicio del Haki de Armadura.
Aún no puedes recubrir tu piel, pero tu resistencia ha aumentado.
Pronto podrás endurecerte como acero.” Daniel dejó escapar una risa emocionada.
—¡Lo logré… tengo Haki!
¡Maldita sea, tengo Haki!
Inspirado, emocionado, se lanzó a entrenar.
Saltos explosivos, flexiones en una sola mano, golpes contra el tronco de entrenamiento, lanzamientos de pesas… como si hubiera desbloqueado un nuevo nivel de su cuerpo.
El sudor caía, pero su energía no menguaba.
Era como si su alma ardiera.
Sin embargo, algo más ocurría… muy lejos de su vista.
— A unos 300 metros de distancia, ocultas tras los árboles en el borde del vecindario, Hikari y Hibiki estaban de regreso, como ya era costumbre.
Su rutina de observación se había vuelto parte del día.
Pero esta vez… fue diferente.
—¿Sientes eso…?
—preguntó Hibiki, deteniéndose en seco.
—Sí… sí lo siento —dijo Hikari, apretando los labios, ruborizada—.
¡Es… abrumador!
Su aura Ashikabi… ¡se disparó!
El despertar del Haki había amplificado su esencia vital.
Su energía, que antes era solo atrayente, ahora se volvió dominante, intoxicante, casi irresistible para ellas.
Ambas se sonrojaron violentamente.
Sus cuerpos temblaban ligeramente, como si algo en lo más profundo de su ser reaccionara sin control.
—No podemos… resistir mucho más —dijo Hibiki, mordiéndose el labio—.
Si seguimos esperando… nos vamos a volver locas.
—Mañana —declaró Hikari con firmeza—.
Mañana nos alzamos a él.
Le guste o no.
Y así, entre respiraciones agitadas y corazones acelerados, las gemelas Sekirei tomaron su decisión.
— Mientras tanto, en su hogar, Daniel se dejaba caer al suelo tras su rutina más intensa hasta ahora, jadeando pero feliz.
—Haki… dragón en mi brazo… un mundo cruzado con anime…
esto ya parece un fanfic —murmuró con una sonrisa burlona.
> “Y apenas es el comienzo.” —le respondió Ddraig con tono divertido.
Daniel, sin saber lo que le esperaba al día siguiente, cerró los ojos satisfecho.
Mañana, su mundo cambiaría otra vez.
El sol apenas asomaba por el horizonte cuando Daniel despertó con una sonrisa en el rostro.
El entrenamiento del día anterior había sido el más intenso que había tenido, y sin embargo, su cuerpo apenas sentía el cansancio.
Se sentía más fuerte, más vivo… más completo.
—Hoy será un buen día —murmuró mientras se estiraba—.
Vamos con todo.
Después de su rutina matutina y un desayuno energético, se puso el uniforme escolar y tomó su mochila.
Al abrir la puerta y dar el primer paso hacia el exterior… —¡Ah!
Dos figuras femeninas cayeron sobre él con velocidad repentina.
—¿Qué rayos…?
—logró decir antes de que una de ellas lo sujetara de la solapa del uniforme.
Era Hikari, con su cabello negro azulado revuelto por la carrera.
Sus ojos brillaban con deseo contenido y una determinación feroz.
—Lo siento, pero ya no puedo aguantar más —dijo con voz ronca.
Y sin darle opción, lo besó.
El beso fue salvaje, intenso, lleno de necesidad.
Daniel se congeló, sorprendido por la embestida emocional y física.
Pero lo más impactante no fue el beso… sino lo que vino después.
Un par de alas de luz brillante brotaron de la espalda de Hikari, extendiéndose majestuosamente con un brillo blanco azulado.
—¿Qué…?
—susurró Daniel, sin aliento.
Hikari lo soltó solo un momento, su respiración entrecortada y las mejillas encendidas.
—Ahora soy tu Sekirei… y nunca me separaré de ti.
Pero antes de que Daniel pudiera procesar lo que estaba pasando, Hibiki se le acercó.
Su expresión era más tímida, más contenida… pero su cuerpo temblaba de anticipación.
—Lo siento yo también… —dijo con dulzura, antes de alzarse en puntas de pie y besar sus labios con suavidad, pero con una intensidad emocional igual de profunda.
Daniel sintió cómo ese beso lo llenaba de calor, como si una corriente eléctrica recorriera su cuerpo.
Y entonces, igual que con su hermana, alas de luz brotaron de la espalda de Hibiki, igual de radiantes, pero con un tono ligeramente más rosado.
—Ahora… también soy tu Sekirei —susurró, pegando su frente contra la de él, sus ojos humedecidos por la emoción.
Daniel se quedó completamente sin palabras.
Su corazón latía desbocado, no solo por los besos inesperados, sino por lo que acababa de presenciar.
> Dos Sekirei.
Sus alas.
Su vínculo.
Su destino.
Y entonces, como si lo hubieran ensayado, ambas chicas se colocaron a sus lados, lo tomaron del brazo cada una y, al unísono, recitaron las palabras que sellaban su vínculo eterno: —”Desde este momento, mi cuerpo, alma y corazón son tuyos, Ashikabi-sama.
Caminaré a tu lado, lucharé por ti, y viviré solo para ti.” Daniel tragó saliva.
—Esto… se está volviendo más irreal por momentos… > “Felicidades.” —resonó Ddraig desde el guantelete, con una risa profunda—.
“Ahora tienes más que músculos… tienes lealtad absoluta.
El destino está empezando a moverse, chico.” Mientras las chicas se aferraban a él, una a cada lado, Daniel solo pudo suspirar internamente.
—Y yo que solo quería ir a clases… La escena en la entrada de su casa aún ardía en su mente.
Daniel observaba a Hikari y Hibiki, ahora sentadas en su sala, sus rostros ligeramente sonrojados, evitando su mirada mientras jugaban con sus dedos, como si fueran adolescentes atrapadas haciendo una travesura.
Y en cierto sentido… lo eran.
—Entonces… —dijo Daniel, rompiendo el silencio con suavidad—, ¿van a explicarme exactamente por qué me emboscaron y me besaron esta mañana?
Sé bien lo que significa ser un Ashikabi.
No es cualquier cosa…
Ambas chicas levantaron la mirada.
Hikari, como era costumbre en ella, fue la primera en hablar, su voz firme aunque aún teñida de rubor.
—Lo sabemos.
Pero cuando tu aura cambió ayer… fue como una explosión.
Lo sentimos a más de 300 metros de distancia.
Era…
imposible ignorarlo.
Hibiki asintió con suavidad, su tono mucho más dulce y apenado.
—Y nosotras… ya llevábamos días vigilándote.
Observamos cómo eras.
Cómo tratabas a los demás.
Cómo no eras como los hombres que temíamos encontrar.
Supimos que podíamos confiar en ti.
—Decidimos hacerlo por nuestra propia voluntad, Daniel.
Nadie nos obligó —añadió Hikari, más seria ahora—.
Y no nos arrepentimos.
Daniel se quedó callado unos segundos.
Respiró hondo y luego, con una leve sonrisa, se acercó a ellas.
—Entonces… bienvenidas a mi vida —dijo con calidez—.
Si van a estar conmigo, entonces yo también haré mi parte.
Las cuidaré, las respetaré… y las amaré tanto como ustedes me amen a mí.
Ambas chicas se quedaron en silencio por un segundo, hasta que la emoción les ganó.
Hibiki fue la primera en lanzarse a abrazarlo con alegría, y Hikari la siguió justo después.
Las dos se aferraron a él con sonrisas radiantes.
—¡Tonto…!
—murmuró Hikari con la voz entrecortada— ¡No digas esas cosas tan fácil…!
—Daniel-sama… —susurró Hibiki con ojos vidriosos.
Daniel sonrió y les devolvió el abrazo con sinceridad.
El momento fue dulce… íntimo… verdadero.
Pero él sabía que no podía dejarlas en la ignorancia.
—Chicas… hay algo que necesito contarles.
Sobre mí —dijo con tono serio, separándose apenas.
Las dos lo miraron expectantes.
—Primero… hay algo en mí llamado Boosted Gear.
Un guantelete sagrado que alberga al dragón rojo del emperador: Ddraig.
—Yo mismo soy un Sacred Gear portador.
Estoy ligado al mundo sobrenatural —explicó con firmeza—.
Todo esto… forma parte del mundo sobrenatural.
Las hermanas se miraron, no sorprendidas por completo… pero aún procesándolo.
—¿Sobrenatural?
—repitió Hibiki en voz baja.
—Pero… eso no es todo.
Ayer desperté otro poder.
Uno que no pertenece a este mundo.
Una energía basada en mi aura vital.
Es lo que causó el aumento repentino en mi presencia.
Su nombre es… Haki.
Ambas chicas se quedaron en silencio.
Y entonces, fue Hikari quien habló: —Eso lo explica todo… tu presencia nos gritaba.
Nos llamaba sin darnos tregua.
Hibiki asintió, un poco más sonrojada.
—Y ahora que estamos contigo… nuestra conexión hizo que tu aura de Ashikabi se volviera aún más fuerte.
Es probable que…
otras Sekirei también lo sientan.
Daniel suspiró, masajeándose las sienes.
—Genial.
Ahora no solo tengo que preocuparme por demonios, ángeles y dragones… sino también por chicas que pueden caer del cielo.
Literalmente.
Las gemelas soltaron una pequeña risa divertida ante su expresión resignada.
—Es tu destino, Ashikabi-sama —dijeron en coro, provocando que Daniel las mirara con mezcla de sorpresa y ternura.
—Bueno, sea como sea, debo irme a la escuela.
Ya estoy tarde —dijo, levantándose—.
No pueden acompañarme, al menos no aún.
No están inscritas.
Pero… hablaré con la presidenta del consejo estudiantil.
Tal vez pueda ayudar.
—¿La de lentes?
—preguntó Hikari.
—Sí, esa misma.
Souna Shitori —respondió Daniel con una sonrisa ladeada.
Antes de salir, se giró hacia ellas.
Ambas se acercaron sin que tuviera que decir nada.
Primero besó a Hikari, con cariño pero firmeza.
Las alas de luz brotaron detrás de ella de nuevo, radiantes.
Luego besó a Hibiki, suave y lleno de ternura.
Sus alas también reaparecieron, envolviendo el ambiente con una cálida luz rosada.
—Nos vemos más tarde —les dijo antes de salir.
Las dos se quedaron en la puerta, viéndolo marchar… sus corazones latiendo fuerte, sabiendo que habían encontrado a quien habían estado esperando toda su vida.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Apoyame en mi patreon para seguir escribiendo estas historias y mas a futuro.
Mi patreon: SeathScale
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com