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Mezcla de mundos anime: El emperador intergalactico - Capítulo 7

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  4. Capítulo 7 - 7 Capitulo 6 Sospecha
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7: Capitulo 6: Sospecha 7: Capitulo 6: Sospecha El sonido de pasos apresurados resonaba por los pasillos de la Preparatoria Kuoh mientras Daniel corría con el alma al cuello.

Su mochila rebotaba en su espalda y su cabello, aún algo húmedo por la ducha apresurada, se agitaba con cada zancada.

—¡Genial!

Primeros días y ya estoy llegando tarde…

qué buena impresión…

—pensó con una mezcla de resignación y culpa.

Pero no alcanzó ni la mitad del pasillo cuando uno de los encargados lo interceptó y, sin más, lo dirigió directamente al Consejo Estudiantil.

Frente a la imponente puerta, Daniel se recompuso como pudo, respiró hondo, y tocó con calma.

—Adelante —respondió una voz femenina, clara y seria.

Entró y ahí estaba ella: Souna Shitori, la presidenta del Consejo, con su usual expresión firme.

A su lado, como siempre, Tsubaki Shinra, su Vicepresidenta y Reina leal, lo observaba en silencio con sus ojos penetrantes detrás de sus gafas.

—Hernández-kun, ha llegado tarde —dijo Souna sin rodeos, sin levantar la voz, pero dejando claro su descontento—.

¿Alguna razón justificable?

Daniel tragó saliva, y entonces una idea se le cruzó por la cabeza…

Con la calma de un ninja legendario, adoptó una pose ligeramente dramática y soltó: —Lo siento, presidenta.

De camino a la escuela, ayudé a una anciana a cruzar la calle, luego su gato se subió a un árbol y tuve que bajarlo, pero cuando quise correr a clases…

un cuervo me robó la gorra.

Me tomó quince minutos recuperarla.

Un silencio incómodo reinó por unos segundos.

Souna parpadeó, sorprendida.

Tsubaki lo miró entre perpleja y divertida, pero profesional como era, no dijo nada.

—…Comprendo —dijo al fin Souna, sin una pizca de emoción, aunque una ceja levantada la traicionó levemente—.

No repita esa historia…

ni la acción.

Y no se vuelva costumbre llegar tarde.

—¡Por supuesto, presidenta!

No volverá a pasar —respondió Daniel con una reverencia perfecta y una sonrisa de lo más sincera.

Souna suspiró.

—¿Algo más?

—En realidad sí.

Quisiera preguntar si sería posible inscribir a dos estudiantes más en la institución —dijo Daniel, recuperando el tono serio.

Souna lo miró con curiosidad, mientras Tsubaki cruzaba los brazos, atenta.

—¿Y cuál es la relación que tiene con ellas?

—preguntó con precisión quirúrgica.

—Son dos chicas extranjeras que conocí recientemente —respondió Daniel sin titubear—.

Hikari y Hibiki.

No están inscritas en ningún otro instituto, pero tienen papeles legales en regla y un nivel de japonés adecuado.

No quiero que se queden sin estudiar y, como estoy en contacto con ellas, pensé que aquí podrían encajar.

Souna lo observó por unos segundos más, como si intentara leer más allá de sus palabras.

Finalmente, asintió.

—Lo revisaré.

Si los documentos están en orden, lo más probable es que puedan empezar el próximo lunes.

Pero dependerá del cupo y de las evaluaciones de ingreso.

Daniel sonrió aliviado y se inclinó agradecido.

—Muchas gracias, presidenta.

Lo aprecio mucho.

—No hay problema.

Solo…

mantente dentro de los estándares de conducta de Kuoh.

—Lo intentaré…

—dijo, y luego se despidió con otra leve reverencia.

Cuando la puerta se cerró, Souna mantuvo la mirada en ella unos segundos más.

Luego, sin girarse del todo, habló: —Tsubaki.

¿Lo sentiste?

—Sí —respondió la chica de cabello oscuro y gafas con un tono neutro, pero firme—.

Su aura era…

pesada.

Vibrante.

No es algo común en un humano.

Souna se llevó una mano al mentón, pensativa.

—Esto va más allá de lo normal.

Ayer era solo una sospecha, pero hoy fue evidente.

No es magia demoníaca…

ni energía celestial.

Pero definitivamente tiene una presencia.

—¿Crees que tenga un Sacred Gear?

—preguntó Tsubaki, aún manteniendo su temple.

—Es una posibilidad —dijo Souna, entrecerrando los ojos—.

Habrá que observarlo con más cuidado.

No queremos que un problema inesperado estalle dentro de la escuela.

Tsubaki asintió con calma.

—Lo vigilaré de cerca.

Souna se giró hacia la ventana, su mirada enfocada en los jardines del instituto.

—Hazlo.

No intervengamos todavía…

pero mantente alerta.

Daniel Hernández…

es una variable que no podemos ignorar.

Apenas la puerta del Consejo Estudiantil se cerró detrás de él, Daniel suspiró de alivio…

por poco.

—Daniel…

—la voz de Ddraig retumbó en su mente, grave pero calmada—.

Esa chica…

la presidenta.

Ella lo sintió.

Daniel se detuvo por un momento en el pasillo.

Su rostro pasó de relajado a tenso de inmediato.

—Lo sospechaba…

si Hikari y Hibiki sintieron mi aura tan solo por estar cerca…

entonces los demonios de este mundo deben haberlo notado con mayor razón —respondió mentalmente, frunciendo el ceño.

—Exacto.

No estás en modo sigiloso, compañero.

Eres como un faro para todo ser sobrenatural con sentidos medianamente decentes.

Te dije que ese despertar alteraría todo tu flujo vital.

Tu aura Ashikabi, tu Sacred Gear, y ahora ese tal Haki…

no vas a pasar desapercibido ni aunque lo intentes.

Daniel apretó los puños mientras caminaba hacia su salón.

—Entonces…

solo me queda ser más fuerte.

No puedo darme el lujo de bajar la guardia.

—Bien dicho —respondió Ddraig con un tono de aprobación—.

Pero cuidado, no todos los que sonríen son aliados…

recuerda eso.

Ya frente a la puerta del aula, Daniel respiró hondo y entró…

justo cuando el profesor de turno lo notaba.

—¡Hernández-kun!

—gritó el profesor, cruzándose de brazos con severidad—.

Llegas tarde otra vez, y apenas es tu primera semana.

¿¡Qué clase de impresión quieres dejar!?

Daniel se encogió ligeramente, rascándose la nuca con una sonrisa nerviosa.

—Gomen, sensei.

Fue un asunto importante con el Consejo Estudiantil…

—Nada de excusas.

Si esto se vuelve costumbre, no te salvarán ni tus mejores calificaciones.

Las miradas de varios estudiantes se clavaron en él.

Pero lo peor no era eso.

Alya lo estaba mirando…

molesta.

Sus labios fruncidos, su ceja arqueada y el brillo gélido en sus ojos azules hicieron que Daniel se helara más que con las palabras del profesor.

Cuando se sentó en su lugar, justo al lado de ella, trató de sonreírle y saludar con un tímido: —Buenos días, Alya.

Ella le respondió, sin mirarlo siquiera, con un tono seco.

—Ohayo…

Daniel-san.

Eso fue todo.

Sin más.

Daniel sudó frío de manera cómica.

—Estoy muerto…

estoy muerto, ¡Ddraig, haz algo!

—Yo solo soy una voz en tu cabeza, no Cupido —se burló Ddraig, divertido.

En medio del silencio tenso entre ellos, Daniel decidió poner atención a la clase…

o al menos intentarlo.

Pero entonces escuchó algo.

Un murmullo en ruso que provenía de su derecha.

Aunque a un oído normal no le hubiese llegado, su recién adquirido Haki de Observación lo captó perfectamente.

No entendió nada de las palabras…

pero ahí estaba Ddraig, siempre listo.

—”Ese idiota…

más le vale disculparse bien, y tal vez lo perdone con mi infinita clemencia.” —tradujo Ddraig con tono burlón—.

Je, esta chica tiene carácter.

Me gusta.

Daniel suspiró…

y se encogió en su asiento.

Pero no se iba a rendir.

¡Un caballero se disculpa como se debe!

De su mochila sacó su libreta y lápiz, y con la mayor discreción posible, empezó a dibujar.

Primero, una caricatura de sí mismo de rodillas, con ojos llorosos, sujetando un cartel que decía “Gomen nasai, Alya-sama”.

La dobló con cuidado y se la pasó disimuladamente bajo el pupitre.

Alya lo tomó, la abrió con escepticismo…

y sus labios se curvaron apenas.

Pero aún no lo miró.

Entonces, Daniel sacó otro dibujo: él, haciendo reverencias exageradas mientras una Alya chibi lo observa con los brazos cruzados.

Y otro: Daniel atrapado en una celda con el letrero “Castigado por molestar a Alya”.

Y otro más: Alya con corona de reina perdonándolo, mientras él le ofrece pastel.

Alya fue recibiéndolos uno a uno, y aunque trataba de mantenerse firme, su sonrisa empezaba a escapar.

Finalmente, lo miró…

y Daniel le devolvió una expresión idéntica a la del último dibujo, con los ojos brillosos y las manos juntas, rogando perdón sin decir una palabra.

Alya suspiró, rodó los ojos…

y murmuró en ruso, apenas audible.

—Idiota adorable…

Ddraig tradujo riéndose.

—Te ganaste la absolución real.

Sobreviviste otro día, campeón.

Daniel sonrió triunfante, y aunque Alya seguía con cara seria, ambos sabían que el hielo se había roto.

La hora del almuerzo llegó sin incidentes, y en el aula 1-B, Daniel y Alya comían juntos como si nada hubiese pasado esa mañana.

La tensión del inicio de clases había quedado atrás, y la sonrisa de Alya era prueba clara de que sus disculpas habían funcionado…

y con creces.

—Tu comida se ve más elaborada hoy —comentó Alya, mirando el bento de Daniel con curiosidad.

—Es porque anoche tuve tiempo para experimentar —respondió él con una sonrisa orgullosa—.

Le puse algo de sazón mexicano con técnica japonesa.

—Hmm…

entonces te estás volviendo todo un experto en fusión culinaria.

Muy bien, muy bien…

—dijo Alya con tono juguetón mientras probaba un pequeño bocado que Daniel le ofreció con los palillos.

Mientras ambos reían y compartían comida, en el otro extremo del aula, alguien los observaba con intensidad.

Yuuto Kiba, el caballero de Rias Gremory, los miraba en silencio, su rostro sereno pero con los ojos entrecerrados.

—Esa energía…

—pensó con seriedad—.

La sentí desde el primer día, pero ahora que está más concentrada, puedo afirmarlo: él no es un humano común.

Cuando sonó la campana anunciando el fin del almuerzo, Kiba se levantó discretamente y salió con paso veloz.

Su destino: la azotea del edificio principal.

Allí, Rias Gremory y Akeno Himejima estaban reunidas, disfrutando del clima templado mientras discutían sobre los últimos sucesos…

en especial, esa extraña energía que ambas habían detectado desde hace días.

—No parece ser un simple Sacred Gear…

—comentó Rias, cruzando los brazos mientras su larga cabellera roja danzaba con la brisa—.

Es más…

primitiva.

Brutal, pero refinada al mismo tiempo.

Como si perteneciera a un linaje antiguo.

—Fufu…

estás interesada, Rias —murmuró Akeno, con una sonrisa algo traviesa—.

Y eso que aún no sabes quién es.

En ese momento, la puerta de la azotea se abrió y Kiba entró, su expresión más seria que de costumbre.

—Rias-sama, Akeno-san…

ya sé quién es el chico que irradia esa energía.

—¿Oh?

—Rias giró para observarlo con atención—.

¿Y bien?

—Se llama Daniel Hernández.

Estudiante transferido de primer año.

Estaba comiendo con una chica extranjera, parece popular entre sus compañeras…

pero su aura no es algo que pueda ocultar.

Incluso a simple vista, se nota que es…

distinto.

Rias se llevó la mano al mentón, pensativa.

—Daniel…

ese nombre no figura en los registros de la Asociación de Magos ni en las listas de Sacred Gear conocidas.

Akeno sonrió, su mirada brillando con intriga.

—¿Quieres que lo vigile?

Rias asintió.

—Por ahora, solo obsérvalo.

No hagas contacto aún.

Si realmente posee algo poderoso, tarde o temprano atraerá más atención de la que pueda manejar.

Quiero estar lista antes de eso.

—Entendido —respondió Akeno con elegancia, ajustándose su uniforme antes de caminar hacia las escaleras—.

Esto se pondrá interesante.

Mientras tanto, en el aula 1-B, Daniel bostezaba tranquilamente sin imaginar que en ese momento, tres demonios de alto rango ya estaban hablando sobre él.

Y Ddraig, por su parte, simplemente rió en su mente.

—Empiezan a moverse…

prepárate, Daniel.

Las piezas se están colocando sobre el tablero.

La última campanada del día escolar sonó, marcando la ansiada hora de salida.

Los estudiantes comenzaron a salir por la puerta principal de la Preparatoria Kuoh, algunos en grupos, otros en parejas, y algunos simplemente caminando en solitario mientras disfrutaban de la brisa vespertina.

Daniel caminaba al lado de Alya, tal como había sido costumbre desde su primer día.

Sin embargo, esta vez, justo al llegar a la salida, Alya le dirigió una mirada suave, con un toque de timidez inusual en ella.

—¿Te molestaría si te acompaño medio camino?

—preguntó, jugueteando con un mechón de su cabello rubio platinado—.

Me agrada hablar contigo y…

no quiero irme tan pronto.

Daniel la miró, sonrió de manera genuina y asintió con entusiasmo.

—Claro que no me molesta, Alya.

Me encantaría.

Ambos comenzaron a caminar, compartiendo un tramo del camino hacia sus respectivos hogares.

Platicaban de temas variados: películas, comida, cosas raras que habían visto durante el día.

En especial, hablaron del chico que llegó disfrazado de dinosaurio para entregar un formulario…

un tema que desató carcajadas de ambos.

Daniel disfrutaba del momento, y aunque se mantenía relajado por fuera, en su interior estaba completamente alerta.

Gracias a su Haki de observación, podía sentir claramente que estaban siendo seguidos.

La presencia era sutil, controlada, pero no lo suficiente como para pasar desapercibida ante sus sentidos agudizados.

No podía confirmar quién era, pero conociendo lo que sabía de este mundo, y considerando su conversación con Ddraig y la sospecha despertada en Souna Shitori, era lógico asumir que Rias Gremory también estaba interesada.

Y si era así, el espía probablemente era uno de sus sirvientes…

o más exactamente, una sirvienta de cabello oscuro y sonrisa eléctrica.

Aun así, decidió no reaccionar.

No quería asustar a Alya ni levantar sospechas.

Fingió ignorancia, manteniéndose en su rol de estudiante extranjero amable y simpático.

—Este es el punto donde nuestros caminos se separan —dijo Alya, deteniéndose con una leve sonrisa.

—Sí, pero me alegra haberlo recorrido contigo —respondió Daniel, mirándola con esa sonrisa cálida que la hacía mirar hacia otro lado con rubor.

—Nos vemos mañana, Daniel.

—Nos vemos, Alya.

Ambos se despidieron con una reverencia ligera, y luego cada uno tomó su camino.

Daniel esperó unos pasos hasta que se aseguró de estar solo antes de dejar escapar una pequeña risa.

—Qué día…

—pensó, relajando los hombros y sintiendo que la presencia que los seguía también comenzaba a alejarse, como si su perseguidor considerara que la vigilancia por hoy había terminado.

Una vez que llegó a casa, Daniel apenas puso un pie dentro, cuando fue atacado por dos torpedos femeninos.

—¡Daaaaniel~!

—gritaron al unísono Hikari y Hibiki, lanzándose sobre él.

Ambas lo abrazaron con fuerza, una desde cada lado, apretando sus cuerpos contra el suyo y dejando caer sendos besos sobre sus labios con total sincronía.

La escena habría hecho sonrojar incluso a un veterano de los harems de anime.

—¡Bienvenido a casa, esposo querido!

—exclamó Hikari con entusiasmo y picardía.

—Nos aseguramos de que la casa estuviera perfecta para ti —dijo Hibiki, algo más suave pero con una sonrisa que derretiría a cualquiera.

Daniel, en lugar de agobiarse, simplemente rió con calidez, aceptando los gestos con los brazos abiertos y correspondiendo los besos con cariño.

Se sentía bien.

No solo por el afecto, sino porque, al menos por hoy, todo había salido bien.

Entre abrazos y sonrisas, el día llegaba a su fin…

Pero lejos de ahí, en los tejados, Akeno Himejima observaba la casa de Daniel desde la distancia, su expresión entre analítica y divertida.

—Qué tipo más interesante…

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Mi patreon: SeathScale

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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