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Mezcla de mundos anime: El emperador intergalactico - Capítulo 8

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  4. Capítulo 8 - 8 Capitulo 7 Haki
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8: Capitulo 7: Haki 8: Capitulo 7: Haki La cálida luz del comedor iluminaba suavemente la escena.

Daniel, Hikari y Hibiki se encontraban sentados alrededor de la mesa, cenando juntos.

La comida, sencilla pero deliciosa, había sido preparada entre los tres, con Hibiki demostrando una sorprendente habilidad culinaria mientras Hikari ayudaba con entusiasmo y algo de caos.

—¡Entonces Alya se enojó solo porque llegaste tarde!

—exclamó Hikari con una risita traviesa mientras se llevaba una cucharada de arroz a la boca.

—No fue “solo” eso —respondió Daniel, encogiéndose de hombros mientras bebía de su vaso—.

Pero sí, al parecer estábamos en esa fase de amistad donde los pequeños errores se vuelven grandes dramas…

aunque ya está todo bien.

—Hmm… suena a que esa chica te tiene en la mira —murmuró Hibiki, ladeando la cabeza—.

¿No te estarás metiendo en otro harem?

Daniel casi se atraganta con el agua, tosiendo mientras sus dos Sekirei lo miraban con sonrisas peligrosas.

—¡¡N-No es un harem!!

¡¡Y no hice nada!!

—Aún… —dijeron ambas al unísono, antes de soltar una carcajada.

El ambiente era cálido, familiar.

Para Daniel, era una extraña pero reconfortante sensación de hogar.

Compartir estos momentos con ellas, con esa mezcla de cariño, picardía y cercanía, le hacía sentir que no estaba tan solo en este nuevo y caótico mundo.

Después de terminar de cenar y recoger la mesa juntos, Daniel se quedó pensativo un momento, hasta que decidió hablar.

—Chicas… quería pedirles algo.

Ambas lo miraron con atención, sentándose de nuevo en la sala, una a cada lado.

—¿Qué ocurre?

—preguntó Hikari.

—¿Está todo bien?

—añadió Hibiki.

Daniel asintió, aunque se notaba un poco tenso.

—Sí, todo bien.

Solo que… quiero mejorar una habilidad que desperté recientemente.

El problema es que para entrenarla, necesito que alguien me ataque.

Con verdadera intención de dañarme.

Las gemelas lo miraron, desconcertadas.

—¿¡Qué!?

—dijeron al mismo tiempo.

—¿Por qué querrías que te hagamos daño?

—preguntó Hibiki, genuinamente preocupada.

—Eso suena a algo muy tonto incluso para un chico como tú —añadió Hikari, frunciendo el ceño.

Daniel levantó las manos con calma y comenzó a explicar: —Es algo llamado Haki de Observación, una habilidad que me permite percibir los movimientos, emociones e intenciones hostiles de otras personas.

Pero para que se fortalezca, necesito ser puesto en situaciones donde me ataquen sin avisar.

Es la única forma en que mi cuerpo y mente se afinen para reaccionar.

Ambas chicas se miraron por unos segundos.

Luego volvieron a ver a Daniel con rostros serios.

—¿Quieres que practiquemos atacándote con todo lo que tenemos?

—dijo Hikari, sus ojos brillando un poco con emoción contenida.

—¿Y resistirás sin defenderte?

—añadió Hibiki.

—Sí, esa es la idea.

Pero no es hasta lastimarme en serio.

Solo…

lo suficiente para que mi instinto reaccione.

Una sonrisa lenta se formó en los labios de Hikari.

—Entonces, ¿vamos a jugar a los golpes?

Me gusta cómo suena eso.

—Si es por ayudarte, Daniel —dijo Hibiki, un poco más seria—, entonces cuenta con nosotras.

Pero nos detendremos si te vemos muy mal.

—Gracias —dijo Daniel, con una sonrisa genuina—.

Confío en ustedes.

Poco después, salieron al patio.

Daniel se paró al centro, con los ojos cerrados y el corazón en calma.

Frente a él, Hikari y Hibiki tomaron distancia, adoptando posturas ofensivas sin contener su energía.

—No te confíes —dijo Hikari, afilando su sonrisa—.

Esto será un entrenamiento real.

—Te cuidaremos, pero no te lo pondremos fácil —añadió Hibiki, activando un leve campo eléctrico a su alrededor.

Y entonces comenzó.

Los ataques no eran letales, pero eran rápidos, precisos y con la intención clara de hacer que Daniel reaccionara.

Puñetazos veloces, desplazamientos impredecibles, e incluso descargas eléctricas suaves como las de Hibiki lo mantenían en un estado de tensión constante.

Daniel transpiraba, su respiración se aceleraba y el sudor perlaba su frente.

Pero cada vez que un golpe estaba por tocarlo, su cuerpo se movía.

A veces por pura intuición, otras por esa vibración sutil en su mente que le decía dónde, cómo y cuándo venía el próximo ataque.

El Haki de Observación estaba mejorando.

La noche se llenó de movimientos, suspiros, risas y caídas suaves en el césped.

Y cuando por fin terminaron, Daniel se encontraba jadeando, tendido en el suelo del patio, sonriendo agotado.

Las dos Sekirei se acercaron y se sentaron a su lado, una en cada brazo, también sudadas pero riendo.

—Estás loco —dijo Hikari—, pero no fue tan aburrido.

—Lo hiciste muy bien —murmuró Hibiki—.

Tu presencia es…

más intensa que antes.

—Gracias… —dijo Daniel, entre jadeos—.

En serio, chicas… gracias por ayudarme.

Ambas se acercaron para darle un beso suave en la mejilla.

—Siempre —susurraron al mismo tiempo.

Esa noche, Daniel durmió profundamente… no solo por el cansancio físico, sino por la tranquilidad de saber que ya no estaba solo en este mundo.

El fin de semana llegó como un respiro, pero para Daniel, no era momento de descansar.

Con solo dos días antes de que Hikari y Hibiki ingresaran oficialmente a la Preparatoria Kuoh, había una sola cosa en su mente: entrenar.

El primer día, el amanecer lo encontró ya en el patio de su casa, envuelto en sudor, su respiración acompasada mientras la enorme roca del fondo del terreno mostraba marcas frescas y profundas.

Golpe tras golpe, su puño derecho caía con precisión sobre la superficie.

Cada impacto se sentía vibrar hasta sus huesos.

—Tch… aún no lo logro endurecer por completo —murmuró, sacudiendo la mano.

Desde el borde del patio, Hibiki lo observaba con una toalla en mano.

—No deberías forzarlo tanto —dijo mientras se acercaba—.

Vas a romperte la mano.

Daniel la miró y sonrió.

—Si no lo rompo primero, no va a aprender a volverse acero.

Ella suspiró y le ofreció la toalla, mientras desde la puerta de la casa, Hikari lo animaba con una botella de agua en alto.

—¡Vamos, vamos!

¡Quiero ver ese puño teñido de negro azulado de una vez!

¡No digas que eres nuestro Ashikabi si no puedes destruir una roca tonta!

Daniel sonrió con cansancio, pero también con determinación.

Estaba avanzando.

Las marcas en la piedra no eran solo evidencia física, eran prueba de su progreso.

Su puño ya no se sentía frágil.

La piel se había endurecido, y aunque aún no manifestaba la tonalidad característica del Haki de armadura, estaba claro que el endurecimiento había comenzado.

El segundo día del fin de semana, tocó turno al Haki de observación.

—Muy bien, ¡ahora sí vamos a movernos en serio!

—exclamó Hikari, saltando frente a él con una sonrisa feroz.

—No te contengas —añadió Hibiki desde el lado opuesto—.

Queremos que reacciones de verdad.

Ambas se movieron como una danza perfectamente sincronizada.

Golpes rápidos, movimientos impredecibles, fintas, ataques desde ángulos opuestos.

Para un ojo normal, sería imposible seguirlas.

Pero para Daniel, los ecos de intención en sus ataques comenzaban a resonar en su mente como un instinto pulido.

—¡A la izquierda!

—susurró su mente.

Daniel se movía, no por reflejo, sino por pura percepción.

El Haki de Observación ya no era un presentimiento vago, sino una guía que le permitía anticipar.

Sentía el cambio de presión en el aire, el leve zumbido de la energía al atacar, el desplazamiento de sus oponentes en su entorno.

—¡Ahora!

—dijo Hikari, lanzando un ataque combinado con Hibiki.

Daniel logró esquivarlo por centímetros, el sudor corriendo por su rostro, su cuerpo vibrando de tensión y emoción.

—¡Lo hiciste!

—exclamó Hibiki, sorprendida.

—Vaya… ¡Ya eres más rápido que el primer día!

—dijo Hikari, cruzándose de brazos, aunque claramente impresionada.

Daniel jadeaba, pero sonreía satisfecho.

—Sí… puedo sentirlo.

Es como si pudiera verlos sin ver.

Ddraig, desde el interior de su Boosted Gear, habló entonces con tono orgulloso: —Bien hecho, socio.

Ese es el camino del guerrero.

No sólo posees fuerza, sino control.

Pocos humanos logran avanzar así de rápido sin guía directa.

Estoy empezando a pensar que fuiste hecho para algo más grande de lo que incluso yo imaginé.

—Gracias, Ddraig… aún falta mucho, pero… me voy acercando —respondió Daniel en voz baja, mientras se limpiaba el sudor con la toalla que le lanzó Hibiki.

Las gemelas se acercaron, una a cada lado, apoyando sus cabezas en sus hombros.

El atardecer los envolvía en tonos cálidos, el viento acariciaba la piel mientras el aroma del pasto recién pisado llenaba el aire.

—¿Crees que cuando entremos a la escuela, podamos entrenar contigo ahí también?

—preguntó Hibiki.

—Seguro que sí… aunque no sé si los profesores estén listos para vernos romper el gimnasio —bromeó Daniel, sacando una risa de ambas.

Con sus corazones alineados, su poder creciendo y sus lazos estrechándose, Daniel sabía que su vida estaba cambiando rápido.

Pero, por ahora, mientras el sol se ocultaba, solo quería disfrutar el momento…

antes de que todo se volviera aún más intenso.

El lunes por la mañana llegó con un aire distinto.

En la casa de Daniel, el ambiente estaba lleno de emoción.

Hikari y Hibiki estaban listas para su primer día en la Preparatoria Kuoh, vestidas con el uniforme escolar recién entregado el día anterior junto con los papeles oficiales de inscripción.

Las dos lucían radiantes, con el cabello negro azulado peinado con esmero y una sonrisa nerviosa compartida.

—¿Lista, Hibiki?

—preguntó Hikari con una mezcla de nervios y emoción.

—Mientras esté contigo… y con él —respondió Hibiki, mirando a Daniel—, claro que sí.

Daniel las observaba desde el umbral de la puerta, con una sonrisa leve pero cálida.

Lucían felices… y, por dentro, él se sentía profundamente conmovido.

No solo eran poderosas, sino también dulces, y ahora que entrarían a Kuoh, compartirían aún más tiempo con él.

—Bueno, vámonos.

Tenemos que entregar esos papeles al consejo estudiantil antes de que empiecen las clases —dijo, tomando su mochila.

Caminaron hacia la escuela juntos, con Hikari del lado derecho y Hibiki del izquierdo, ambas rozando los brazos de Daniel con total naturalidad.

Su cercanía no pasaba desapercibida para nadie, mucho menos para cierto par de ojos atentos.

Desde la entrada del edificio escolar, Alya los observó con una mirada afilada.

Su expresión, normalmente calmada y coqueta, estaba teñida por una leve sombra de celos.

—Tch… ¿quiénes son esas?

—murmuró en ruso, cruzándose de brazos mientras sus ojos azules seguían cada paso de Daniel.

Sin detenerse, Daniel acompañó a las chicas hasta la oficina del consejo estudiantil.

Tocó suavemente la puerta, y tras recibir permiso, entraron los tres juntos.

Dentro, Souna Shitori los esperaba con su usual expresión serena.

A su lado, como siempre, estaba Tsubaki, seria y en silencio.

Souna los observó entrar y al ver a las gemelas, entrecerró los ojos levemente, pero con cortesía.

—Buenos días.

Me alegra ver que llegaron a tiempo —comentó Souna, recibiendo los papeles de Hikari y Hibiki—.

Ya estaba todo en orden desde ayer, solo faltaba la entrega en mano y la recepción de horarios.

Mientras Souna firmaba los últimos documentos, Tsubaki les entregó a ambas un pequeño sobre con sus credenciales y plan de estudios.

Hikari y Hibiki agradecieron con una ligera reverencia.

—Entonces, ¿estamos listas para empezar el semestre?

—preguntó Daniel con tono animado, rompiendo la formalidad.

Souna le lanzó una mirada evaluadora antes de asentir.

—Por supuesto.

Espero que ambas señoritas se adapten bien a la vida en Kuoh.

Es un entorno… interesante.

—Lo haremos —aseguró Hibiki con una dulce sonrisa.

—Sí, y gracias por todo —añadió Hikari.

Ya con los trámites listos, el trío salió del consejo.

Daniel, despreocupado, caminó junto a ellas en dirección al salón.

Pero no contaba con la pequeña tormenta rusa que lo esperaba.

Al entrar al salón, Daniel apenas tuvo tiempo de saludar cuando Alya lo miró directamente.

Sus ojos, normalmente juguetones, ahora estaban fríos como el hielo.

Daniel, sin saber por qué, sudó levemente al sentir esa mirada clavada sobre él.

—Buenos días… —dijo con una sonrisa nerviosa.

Alya no respondió, solo alzó una ceja antes de sentarse.

Daniel tragó saliva y fue a su lugar… sin saber que una interrogación lo esperaba en la siguiente oportunidad que tuviesen para hablar a solas.

Mientras tanto, Hikari y Hibiki eran presentadas al grupo como nuevas estudiantes transferidas.

Los chicos no tardaron en babear por su belleza, mientras las chicas se mostraban más recelosas.

Daniel, sin embargo, solo se preguntaba cómo explicaría todo esto sin empeorar la situación con Alya.

Y aunque no lo notaba del todo, desde el otro lado del campus, Akeno Himejima observaba desde una ventana del segundo piso con una sonrisa divertida.

—Rias… parece que nuestro nuevo compañero de primer año está atrayendo más atención de la que imaginábamos… Apenas transcurridos los primeros minutos del día escolar, Daniel ya sentía que el destino estaba conspirando en su contra.

Para su sorpresa —y para la sorpresa de todos en el salón de primer año, grupo B—, Hikari y Hibiki fueron presentadas como nuevas estudiantes transferidas…

y sí, habían quedado en el mismo salón que Daniel.

—Somos Hikari y Hibiki —dijeron al unísono, con una sonrisa encantadora que causó suspiros entre los chicos del salón.

—¡Son gemelas!

—murmuró uno en voz baja, emocionado.

—Nuestro apellido es Amaya, un gusto conocerlos —añadió Hibiki con su tono suave.

—Y… por cierto —intervino Hikari guiñando un ojo—, ya tenemos novio, así que lo sentimos chicos.

Un silencio incómodo se hizo presente por un instante… hasta que una ola de decepción rechinó entre los varones, seguida de gritos de emoción y suspiros soñadores por parte de varias chicas del salón.

—¡Aaaah, son tan románticas~!

—gritó una chica desde el fondo.

Mientras tanto, Daniel tragó saliva con fuerza, sudando mientras trataba de mantener la compostura.

Y claro… Alya, que no se había perdido detalle de la entrada triunfal de las gemelas, giró lentamente la cabeza hacia Daniel, entrecerrando los ojos con sospecha.

Las piezas empezaban a encajar para ella, pero aún no tenía pruebas.

Sin embargo, la oportunidad para obtener respuestas no tardó en llegar.

Apenas sonó el timbre del primer descanso, Alya se acercó a Daniel como una exasperada agente secreta.

—Daniel… ¿conoces a esas dos?

—preguntó con un tono casual, pero sus ojos helados revelaban que estaba cazando la verdad.

—¿Eh?

¿A ellas?

¡Claro!

Digo… sí, las conozco un poco.

—Daniel se rascó la nuca, incómodo—.

Resulta que… son vecinas.

Vinieron conmigo hoy porque las inscribieron tarde, y ya sabes, Souna me pidió que las guiara… Una verdad a medias.

Técnicamente, todo lo que dijo era cierto, pero lo dicho estaba cuidadosamente editado para no revelar lo más importante: que eran Sekirei aladas que estaban vinculadas a él por lazos inquebrantables.

Alya cruzó los brazos, no del todo convencida.

—Hmm… ¿y tienen novio?

Porque juraría que las vi muy cerca de ti esta mañana… Daniel sudó de nuevo, justo cuando estaba por intentar cambiar de tema, una voz alegre interrumpió la conversación.

—¡Así que tú debes ser Alya-chan!

—dijo Hikari al aparecer con su usual energía.

—Nos contaron mucho sobre ti —añadió Hibiki, con una sonrisa traviesa mientras se ponía junto a su hermana.

Alya abrió los ojos, sorprendida.

—¿Contaron?

¿Daniel… habló de mí?

—¡Por supuesto!

—respondió Hikari sin filtros—.

Dijo que eras muy guapa, elegante, inteligente, y que tenías un aura misteriosa que lo tenía intrigado desde el primer día.

¡Y que cocinas tu propio bento de manera impresionante!

—¡Hikari!

—exclamó Daniel, sonrojado hasta las orejas— ¡Eso no era necesario!

Hibiki, viendo la escena, rió por lo bajo mientras ponía una mano en la boca de Daniel para evitar que interrumpiera más.

—También mencionó que se siente muy cómodo contigo, y que tienes una sonrisa bonita cuando estás de buen humor —añadió, burlonamente suave.

Alya, completamente roja, se cubrió el rostro por un segundo, claramente halagada, pero también divertida.

Después de unos segundos, bajó las manos con una expresión mezcla de orgullo y picardía.

—Vaya… Daniel-kun.

No sabía que pensabas tan bien de mí.

—Sonrió con una expresión ligeramente triunfante.

Daniel, aún sin poder zafarse del agarre de Hibiki, solo emitió un lamento ahogado, mientras Hikari y Hibiki se miraban entre ellas con expresión cómplice.

Habían ganado una pequeña batalla ese día.

Justo cuando sonó el timbre del final del recreo, Hikari se acercó a Alya y le susurró al oído: —En la hora del almuerzo, ¿puedes venir con nosotras?

Hay cosas que queremos hablar contigo… de chica a chica.

Alya, aún roja, asintió sin pensarlo mucho, sin saber lo que le esperaba, pero algo en su instinto le decía que aquella charla…

cambiaría muchas cosas.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Apoyame en mi patreon para seguir escribiendo estas historias y mas a futuro.

Mi patreon: SeathScale

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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