Mezcla de mundos anime: El emperador intergalactico - Capítulo 9
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- Capítulo 9 - 9 Capitulo 8 Plática entre chicas
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9: Capitulo 8: Plática entre chicas 9: Capitulo 8: Plática entre chicas El timbre del almuerzo sonó, anunciando el tan esperado descanso.
Sin necesidad de recordatorio, Hikari y Hibiki se acercaron a Alya, con una sonrisa que no prometía precisamente tranquilidad.
—¿Lista para nuestra plática?
—preguntó Hibiki con su tono suave.
—Sí, vamos —respondió Alya, un poco nerviosa pero curiosa.
Las tres se retiraron hacia la parte trasera del edificio, donde la sombra de los árboles ofrecía privacidad.
Daniel, que las vio marcharse, suspiró y se dispuso a comer solo… pero no por mucho tiempo.
—¿Daniel-kun?
—dijo una voz melodiosa y seductora.
Daniel se giró, y ahí estaba Akeno Himejima, con su característica sonrisa amable pero cargada de algo más.
Él tragó saliva con discreción.
—¿Sí?
—Rias-senpai te ha estado observando con curiosidad.
¿Podrías acompañarme al Club de Investigación de lo Oculto?
Hay algo que queremos discutir contigo.
Daniel se tensó por dentro.
Vaya… era cuestión de tiempo, pensó.
Dudó por un instante, pero su expresión se mantuvo serena.
—Claro… supongo que no tengo nada que perder.
Mientras Daniel se alejaba junto a Akeno, en otro rincón del campus, las cosas se volvían intensas para las chicas.
Alya, con su bento en las manos, fue la primera en romper el silencio.
—¿Qué era lo que querían decirme?
Hikari y Hibiki se miraron entre ellas.
Un entendimiento tácito pasó entre ambas.
Era hora.
—Alya, queremos preguntarte algo importante —comenzó Hibiki, con un tono más serio que de costumbre—.
¿Tienes… sentimientos por Daniel?
La pregunta cayó como una bomba.
Alya abrió los ojos, sorprendida, y por unos segundos pareció buscar una salida… pero finalmente suspiró, bajando la mirada.
—…Sí.
Me gusta.
Desde que lo conocí… es amable, tonto a veces, pero… siempre sincero.
Me hace sentir vista… Hikari sonrió.
No de burla, sino con calidez.
—Lo sabíamos —dijo—.
Se te nota.
Alya se puso roja, pero no tuvo tiempo de replicar.
—Por eso —siguió Hibiki—, queremos decirte algo nosotras también.
Somos sus novias.
El silencio que siguió fue denso.
Alya levantó la mirada de golpe.
—¿Qué?
—Nosotras… ya estamos con él —confirmó Hikari—.
Desde hace unos días.
No vamos a pelear por él con nadie, porque nosotras lo escogimos.
Y no nos vamos a separar de él nunca.
Alya se quedó sin palabras.
Su corazón latía como un tambor, el golpe emocional la hizo tambalearse por dentro.
—¿Entonces… ya perdí?
La tristeza en su tono fue clara.
Alya miró su bento sin abrir, como si ya no tuviera sentido comer.
Pero las gemelas no eran crueles.
—Alya —dijo Hibiki—.
No es necesario que sea un final.
—Puedes unirte a nosotras —agregó Hikari sin rodeos.
Alya parpadeó, confundida.
—¿Qué?
—Lo que oíste —repitió Hikari—.
Si lo amas de verdad, y si estás dispuesta… puedes convertirte en una de sus chicas.
Nosotras no tenemos problema con eso.
—¿Están… locas?
—murmuró Alya, no de insulto, sino de shock.
—Quizá —rió Hikari—.
Pero no somos egoístas.
Daniel tiene un corazón enorme, y lo que importa es que lo llenen personas que lo amen de verdad.
Alya se quedó en silencio, una tormenta emocional formándose en su interior.
La oferta… era tentadora, sí, pero también difícil.
Ella lo quería solo para ella, no tener que compartirlo… —No tienes que responder ahora —le dijo Hibiki con una sonrisa suave—.
Pero piénsalo.
Porque te aseguramos algo: nosotras nunca lo dejaremos.
Dicho eso, las gemelas se levantaron y se retiraron, dejando a Alya sola, con su alma temblando entre lo que quiere y lo que teme aceptar.
El aire dentro del Club de Investigación de lo Oculto estaba ligeramente pesado.
Las cortinas estaban corridas, la habitación tenue y elegante, con detalles góticos que reflejaban el estilo de su presidenta.
Daniel se encontraba sentado en uno de los sillones frente a una pequeña mesa de té.
Frente a él, con postura regia y expresión inquisitiva, estaba Rias Gremory, la heredera del Clan Gremory.
A su lado, de pie con una sonrisa suave pero con un aura que no podía tomarse a la ligera, estaba Akeno Himejima, quien servía el té con elegancia ritual.
Durante unos minutos, ninguno dijo nada.
La porcelana tintineó cuando Akeno dejó la taza frente a Daniel.
—Gracias —dijo Daniel, educado pero atento, percibiendo el cuidado con el que todo se estaba llevando a cabo.
Estaban evaluándolo.
Finalmente, fue Rias quien rompió el silencio.
—Bienvenido, Daniel.
Soy Rias Gremory, presidenta del Club de Investigación de lo Oculto.
Ella es Akeno Himejima, mi vicepresidenta.
También están Kiba Yuuto, Koneko Toujou y Gasper Vladi, aunque no todos están presentes en este momento.
Daniel asintió y se presentó de manera formal.
—Daniel Hernández, un gusto.
Gracias por la invitación… y el té.
Rias asintió con una leve sonrisa, aunque su mirada se mantenía fija, analítica.
—Pasemos al asunto que nos interesa.
Daniel, ¿sabes algo del mundo sobrenatural?
Daniel dudó un momento.
Había muchas formas de responder aquello, y todas tenían sus consecuencias.
Al final, optó por una media verdad: —Sé lo básico… lo suficiente para saber que hay cosas que el ojo común no ve.
—¿Y cómo obtuviste esa información?
—preguntó Rias, interesada.
Daniel sostuvo su taza por un momento, dejando que el silencio se alargara lo justo.
—Un amigo… alguien muy cercano me habló de ello.
Es todo lo que puedo decir.
Los ojos de Rias se entrecerraron, un poco contrariada por la evasiva.
—¿Y ese amigo tiene nombre?
Daniel sonrió con calma, pero sin ceder.
—Tiene muchos… pero prefiere mantenerse en el anonimato.
La incomodidad fue palpable por unos segundos, pero Rias, aunque fastidiada, decidió dejarlo pasar.
—Muy bien —respondió, apoyándose en el respaldo del sillón—.
Te explicaré lo básico entonces… al menos, desde nuestro punto de vista.
Durante los siguientes minutos, Rias expuso con serenidad pero con claridad los pilares del mundo sobrenatural: ángeles, demonios, caídos, exorcistas, Sacred Gears, clanes y tratados de paz.
Daniel asintió con interés, aunque ya conocía todo lo que ella le contaba.
No interrumpió ni una vez.
Luego, Rias explicó el Sistema de Evil Pieces, la manera en la que los demonios de alto rango podían formar sus propios séquitos reviviendo humanos prometedores como peones, torres, caballos y otras piezas del ajedrez infernal.
—Y ahora, Daniel —dijo con tono más directo—, quiero ofrecerte algo.
Los ojos rojos de Rias lo miraban con seriedad.
—Te propongo ser parte de mi séquito.
Serás mi pieza.
Yo te reviviría en caso de tu muerte o, si lo deseas, podría realizar el proceso por voluntad propia.
Te protegeríamos, te entrenaríamos… y formarías parte de mi familia demoníaca.
Daniel dejó la taza en la mesa con sumo cuidado.
—Agradezco mucho la oferta, Rias.
De verdad.
Pero… no puedo aceptarla.
Rias lo observó, sin sorpresa, pero con una pizca de frustración.
—¿Puedo saber por qué?
—Tengo mi propio camino —respondió con firmeza—.
Ya he comenzado a andar por él… y no quiero atarme a nada que lo desvíe.
Rias guardó silencio por unos segundos.
Luego asintió lentamente.
—Entiendo.
No todos están destinados a ser piezas en un tablero.
Pero la invitación seguirá abierta, Daniel.
Si en algún momento cambias de parecer… estaré esperándote.
Daniel se puso de pie y le hizo una leve reverencia.
—Gracias por el té… y la charla.
Fue muy esclarecedora.
—Nos alegra que te haya sido útil —dijo Akeno con una sonrisa, aunque sus ojos brillaban con interés oculto.
Daniel se giró, abrió la puerta y se marchó, sintiendo las miradas de ambas mujeres clavadas en su espalda.
Y mientras bajaba las escaleras del viejo edificio del club, una voz resonó en su mente: —Bien hecho, socio —dijo Ddraig—.
Te mantuviste firme… y eso solo los hará más interesados.
Daniel suspiró, sabiendo que esto era solo el inicio.
El resto del día escolar avanzó con normalidad para todos… o casi todos.
Cuando Daniel regresó a su salón tras su visita al Club de Investigación de lo Oculto, notó que Alya estaba sentada en su lugar, con la mirada perdida por la ventana, el mentón descansando sobre su mano.
Se acercó a ella con una sonrisa amistosa.
—¿Todo bien, Alya?
La rusa lo miró de reojo, como si despertara de un trance.
Le dio una pequeña sonrisa forzada.
—No es nada, de verdad.
No te preocupes por mí, Daniel.
Daniel la observó con cierta preocupación, pero decidió no insistir.
Sabía que si algo le pasaba de verdad, ella eventualmente se abriría.
Él respetaba su espacio… aunque una punzada de incomodidad le pesara en el pecho.
— Al sonar la campana de salida, Hikari y Hibiki aparecieron como de costumbre a su lado, ambas a su izquierda y derecha, llamando la atención de todos los estudiantes que los veían salir juntos, casi como un trío de ensueño.
Alya se levantó también, pero con una sonrisa leve se excusó: —Tengo cosas que hacer.
Nos vemos mañana.
Daniel le devolvió una sonrisa, aunque su expresión se mantuvo suave, sin forzar la alegría.
—Está bien.
Cuídate, Alya.
— Ya en camino a casa, Daniel caminaba relajado entre sus Sekirei, quienes discutían entre ellas si la librería que habían visto ese día era realmente útil o solo estaba llena de revistas para adolescentes.
—Por cierto —dijo Daniel, bajando el tono—, hoy Rias Gremory me invitó a formar parte de su séquito demoníaco.
Ambas hermanas se detuvieron en seco.
—¿¡Qué!?
—dijeron al unísono.
—Tranquilas —añadió Daniel rápidamente con las palmas en alto—.
Le dije que no.
—¿Estás seguro de que eso fue lo correcto?
—preguntó Hibiki, cruzada de brazos.
—No dudo que tengan poder —agregó Hikari—, pero… ¿no es peligroso rechazar a una demonio noble?
Daniel suspiró.
—Entiendo sus preocupaciones, pero la mayoría de los demonios aquí no son como los de la Biblia.
Rias y Sona son más humanas que cualquier cosa.
No creo que vayan a hacer algo en mi contra solo por rechazar su propuesta.
Aunque…
sé que ahora me vigilarán más de cerca.
Ambas Sekirei no parecían del todo convencidas, pero al menos entendían su decisión.
Se miraron entre ellas y asintieron con determinación.
—Entonces estaremos en guardia —dijeron al mismo tiempo.
Daniel sonrió, agradecido.
—Gracias, chicas.
— Mientras tanto, del otro lado de Kuoh, Alya caminaba sola rumbo a su casa.
Su corazón pesaba más que su mochila.
Las palabras de Hikari y Hibiki resonaban en su mente una y otra vez.
> “¿Quieres unirte al círculo de novias de Daniel?” La propuesta, tan descabellada como sonaba, era genuina.
Ella lo sabía.
Las hermanas eran sinceras… y por eso mismo no podía ignorarlas.
Por eso estaba más confundida que nunca.
Ya en casa, fue recibida por su hermana menor, Masha, una chica de cabello plateado hasta los hombros y ojos color lavanda, que llevaba puesto un delantal mientras salía de la cocina.
—¡Alya!
Llegas justo a tiempo para cenar.
¿Estás bien?
Pareces… apagada.
Alya se sentó en la mesa y suspiró profundamente, recostando su frente sobre sus brazos.
—¿Qué harías si estuvieras enamorada… y antes de siquiera confesarlo, te das cuenta que ese chico ya tiene dos novias?
Masha frunció el ceño.
—¿Eh?
¿Dos?
¿Al mismo tiempo?
¿Y no es famoso o millonario ni nada?
—No… es un chico normal.
Bueno… un poco especial —admitió—.
Se llama Daniel.
Masha se cruzó de brazos, apoyada en la mesa.
—¿Y cómo sabes que tiene dos novias?
—Ellas mismas me lo dijeron.
Se acercaron a mí… y me preguntaron si estaba interesada en él.
Porque si lo estaba, me darían la oportunidad de unirme a la relación.
Masha abrió la boca para responder… pero no encontró palabras.
—O sea… ¿es un harem?
¿Pero consensuado?
Alya asintió, con la cara aún oculta en sus brazos.
—Y el problema es que… lo quiero.
Me gusta estar con él.
Me hace reír.
Es gentil, educado, fuerte… pero también lo quiero solo para mí.
Masha se quedó en silencio, pensativa.
Luego se inclinó hacia su hermana mayor y acarició su cabeza con dulzura.
—Alya… el amor no siempre viene como una historia perfecta.
A veces llega de forma extraña.
Pero si de verdad te importa, no tienes que decidir de inmediato.
Solo pregúntate una cosa: ¿te dolería más compartirlo… o no tenerlo en absoluto?
Alya levantó lentamente la mirada, con los ojos algo brillosos, y asintió.
—Gracias… Masha.
—Para eso están las hermanas, ¿no?
Ambas sonrieron.
La comida estaba servida, pero ninguna tenía mucha hambre.
En cambio, siguieron hablando toda la noche.
Mientras tanto, en casa de Daniel, las cosas estaban tranquilas… por ahora.
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