Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

MI AMADO PRÍNCIPE - Capítulo 10

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. MI AMADO PRÍNCIPE
  4. Capítulo 10 - 10 Capítulo 10 – El Rumor de los Caminos
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

10: Capítulo 10 – El Rumor de los Caminos 10: Capítulo 10 – El Rumor de los Caminos El Despacho del Heredero de Dravendel El despacho de Magnus estaba iluminado por la luz rojiza que entraba desde los ventanales altos.

Las paredes estaban cubiertas de mapas, pergaminos con sellos reales y espadas ceremoniales colgadas como recordatorios silenciosos de la historia del reino.

Magnus había pasado la mañana entrenando con espada, pero su mente estaba inquieta.

Caminaba de un lado a otro, como si algo dentro de él buscara una salida.

Para su sorpresa, sus dos acompañantes más leales ya estaban esperando: Aldren, su guardia personal, un hombre alto, de ojos duros pero leales, siempre listo para interponerse entre él y cualquier peligro.

Lira, su escriba, de manos suaves y rápidas, siempre observando, anotando, archivando, organizando el mundo del príncipe en palabras.

Lira rompió el silencio.

—Mi príncipe… —dijo con delicadeza— ¿Está seguro de que quiere comenzar la planificación hoy mismo?

No hay prisa.

Magnus soltó un suspiro largo, profundo, como si contuviera semanas de cosas no dichas.

—Sí, Lira.

Es… necesario.

—Se giró a ver sus mapas—.

Si voy a representar a mi padre, tengo que hacer esto bien.

Aldren lo observaba desde la puerta, con los brazos cruzados.

—Nunca antes lo había escuchado decir eso —comentó con una media sonrisa—.

Siempre había entrenamientos, o batallas simuladas, o cualquier excusa para evitar los papeles.

Magnus no se ofendió.

Sabía que era verdad.

—Las cosas cambian —dijo, casi en un murmullo que ni él entendió por completo.

Lira tomó un pergamino nuevo, lo extendió sobre la mesa y esperó instrucciones.

Magnus respiró hondo.

—Necesito definir por dónde empezaré el recorrido.

Cinco ciudades, cinco gobernadores… cinco mundos distintos.

Y tengo que verlos uno por uno, en nombre de mi padre.

Aldren dio un paso al frente.

—¿Quiere que comencemos por la ruta más segura o por la más estratégica?

Magnus lo pensó unos segundos.

Pero su mente… no estaba en Dravendel.

Estaba lejos.

En otra tierra.

En otra voz.

En unos ojos de un gris frío que lo miraban en silencio desde la memoria.

Magnus parpadeó, regresando a la realidad.

—Empecemos por la más estratégica.

Lira inclinó la cabeza ligeramente.

—La ciudad de tecnología, mi príncipe.

Goldemere.

Según los informes, Lady Mariane tiene avances que podrían impulsar la frontera oeste Magnus no sabía por qué… pero en su pecho sintió un tirón extraño.

Algo le decía que sí.

Que ahí debía iniciar.

—Goldemere será la primera —dijo con firmeza.

Lira anotó rápidamente.

Aldren asintió.

Y sin saberlo… Al otro lado del continente, alguien decía exactamente lo mismo.

El Despacho del Heredero del Archiducado El despacho de Caius era lo opuesto al de Magnus.

Altas paredes blancas, limpias, ordenadas como su mente.

Una gran ventana dejaba entrar la luz azulada típica de Silvaris.

Todo estaba pulido, impecable… excepto él.

Caius tenía los guantes entre las manos, apretándolos sin darse cuenta.

Estaba inquieto.

Casi ansioso.

Sus acompañantes lo miraban con atención: Vaen, su guardia personal, un hombre silencioso, disciplinado, experto en detectar amenazas incluso en un suspiro.

Aryen, su escriba personal, más joven que Lira, pero con una memoria prodigiosa y una calma que equilibraba la frialdad del príncipe.

Aryen fue el primero en hablar.

—Mi archiduque heredero … he preparado los informes de las cinco ciudades.

Puede revisar cualquiera cuando desee.

Caius no los miró inmediatamente.

Tenía la vista fija en el mapa extendido.

—No… —susurró—.

No quiero revisar informes.

Quiero decidir.

Vaen arqueó una ceja.

—¿Decidir?

—preguntó con suavidad—.

¿Por dónde empezar?

Caius asintió.

Vaen y Aryen intercambiaron una mirada.

Era la primera vez que Caius mostraba interés por tareas que antes evitaba.

—Mi príncipe —dijo Aryen—, ¿prefiere empezar por la ciudad militar?

Thanwin podría requerir presencia inmediata.

—O por Gavrell —añadió Vaen—.

Lady Evelina está pidiendo supervisión desde hace meses.

Caius sacudió la cabeza.

—No.

Quiero empezar… —sus ojos se clavaron en un punto del mapa— aquí.

Aryen se acercó.

—¿Doralyn?

El distrito de tecnología.

Caius apoyó un dedo sobre el símbolo de la ciudad.

—Sí.

Doralyn.

La tecnología marca el avance del archiducado.

Y… no sé por qué, pero siento que es donde tengo que iniciar.

Vaen inclinó la cabeza en señal de aprobación.

—Como desee mí señor.

Aryen tomó nota con elegancia.

Caius respiró hondo, pero su mente no estaba en Doralyn.

Estaba en unas manos cálidas que lo sostuvieron en un caballo desbocado.

Unos ojos oscuros.

Una voz ronca.

Un nombre que intentaba no pronunciar: Magnus.

Sacudió la cabeza.

—Organicemos el resto de la ruta luego —ordenó—.

Pero Doralyn será el comienzo.

La Sincronía Invisible En Dravendel, Magnus observaba su mapa.

En Silvaris, Caius hacía lo mismo.

Sus dedos, sin saberlo, se posaban en ciudades equivalentes.

Sus corazones latían con un ritmo similar.

—Goldemere primero —dijo Magnus.

—Doralyn primero —susurró Caius.

Dos ciudades espejo: Ambas de tecnología, Ambas las más modernas, Ambas esenciales para el futuro de sus sus países, Ambas la elección perfecta… Pero lo más extraño era que ninguno sabía que el otro pensaba lo mismo.

Era como si un hilo invisible uniera sus decisiones.

El Consejo de Tres Dravendel Magnus se sentó finalmente, apoyando los codos sobre la mesa.

—Aldren, tú te encargas de la seguridad.

Lira, toma nota de todo lo que necesitamos antes de partir.

—Sí, mi príncipe —respondieron al unísono.

Lira comenzó a escribir rápidamente.

—Necesitará cartas selladas por su padre, permisos de inspección, escolta ligera y… —Y discreción —interrumpió Aldren—.

Goldemere no es una ciudad tranquila.

Magnus lo miró con sorpresa.

—¿Cómo que no?

—Los avances tecnológicos siempre atraen espías —explicó el guardia—.

Ha habido intentos de sabotaje desde Silvaris.

Magnus frunció el ceño… pero no sintió enojo.

Sintió preocupación.

No por su país.

Por una persona específica.

Sacudió la cabeza.

Necesitaba concentrarse.

—Está bien.

Aldren, formarás un equipo.

Lira, prepara los documentos.

Yo… hablaré con mi padre y madre esta tarde.

Lira sonrió, con una dulzura que Magnus pocas veces veía.

—Estoy orgullosa de usted, mi príncipe.

Aldren añadió: —Yo también.

Magnus se tensó, como si no estuviera acostumbrado a recibir elogios.

—Solo estoy… cumpliendo mi deber.

Pero Lira notaba la verdad: Ese deber no había nacido por obligación.

Había nacido por un cambio interno que aún no quería admitir.

En Silvaris Caius también se sentó, dejando los guantes sobre la mesa.

—Vaen, encárgate de la seguridad.

Aryen, prepara los permisos, las cartas del archiduque y el inventario de suministros.

—Sí, mi archiheredero —respondieron ambos.

Aryen abrió otro pergamino.

—Necesitará el sello del archiduque, el de comercio y el de supervisión interna.

Vaen tomó nota mental de cada detalle.

—Doralyn ha recibido amenazas externas —comentó—.

Algunas vienen incluso desde Dravendel.

Caius apretó la mandíbula… pero no sintió rabia por Magnus.

Sintió rabia por la política.

Por los extremos.

Por las fronteras que parecían más gruesas que el acero.

—Nos ocuparemos —dijo al fin.

Vaen lo miró por un largo segundo.

—Mi príncipe… usted ha cambiado desde Eridia.

Caius se quedó quieto.

Aryen levantó la vista.

Él también lo había notado.

Pero Caius solo dijo: —Estoy cumpliendo mi deber.

Nada más.

Era mentira, y los tres lo sabían.

El Eco de los Padres Dravendel Magnus salió un momento.

Su madre, Seraphine, estaba en el pasillo.

Lo vio y su sonrisa fue suave.

—Tu padre estará orgulloso, Magnus.

El príncipe bajó la mirada.

—No estoy seguro de hacerlo por él.

La reina lo miró con ojos sabios.

—Lo haces por ti.

Magnus quiso negarlo.

Pero no pudo.

Silvaris En el archiducado, la Archiduquesa Selena tocó la puerta del despacho.

Caius levantó la vista.

—Madre.

—Te ves… distinto —dijo ella con ternura—.

Como si hubieras despertado después de dormir demasiado tiempo.

Caius se quedó en silencio.

—Voy a Doralyn —dijo—.

A empezar mi deber.

Selena sonrió, con más orgullo del que él podía soportar.

Dos Herederos, Una Ruta Esa noche, en Dravendel: Magnus escribió su plan de viaje.

Goldemere primero.

Esa misma noche, en Silvaris: Caius escribió su plan de viaje.

Doralyn primero.

Dos ciudades espejo.

Dos decisiones idénticas.

Dos caminos que empezaban separados… …pero que tarde o temprano iban a cruzarse de nuevo.

Porque ningún destino podía evitarlo.

El Fin de la Primera Temporada Los dos príncipes apagaron las velas en sus despachos.

En Dravendel, la llama murió con un susurro suave, dejando el ambiente teñido de sombras rojizas.

En Silvaris, la luz se extinguió con precisión, como si incluso el fuego obedeciera al orden del archiducado.

Magnus se acercó a la ventana.

Apoyó una mano contra el marco frío y dejó que el aire nocturno rozara su rostro.

Las montañas de Dravendel dormían bajo un cielo profundo, salpicado de estrellas que parecían más lejanas de lo habitual.

Caius hizo lo mismo.

Se detuvo frente al vidrio pulido de su despacho, observando las torres blancas de Silvaris iluminadas por una luna pálida.

El viento helado se filtraba apenas, como un recordatorio constante de dónde estaba… y de todo lo que aún no comprendía.

Ambos estaban solos.

Y, sin embargo, ninguno se sentía completamente solo.

Casi al mismo tiempo, los dos bajaron la mirada.

Sus dedos tocaron el borde del pergamino extendido sobre la mesa.

El mapa.

La ruta.

La primera ciudad marcada con decisión… y con algo más que deber.

Magnus deslizó el pulgar sobre el nombre de Goldemere.

Sintió un leve nudo en el pecho, una inquietud que no tenía forma ni explicación.

No era miedo.

Tampoco ansiedad.

Era una certeza extraña, silenciosa, como si cada paso que estaba a punto de dar ya hubiera sido escrito en algún lugar que no conocía.

Caius sostuvo el pergamino entre sus dedos y observó el símbolo de Doralyn.

Su respiración se volvió lenta.

Pensó que debía sentirse satisfecho: había tomado una decisión firme, lógica, correcta.

Pero lo que sentía no encajaba del todo en esas palabras.

Era una expectativa distinta.

Más profunda.

Ambos exhalaron al mismo tiempo.

El aire pareció vibrar, apenas, como si el mundo contuviera la respiración con ellos.

Un murmullo, casi un pensamiento compartido, flotó en la distancia entre reinos, montañas y fronteras invisibles: “¿Por qué siento que estoy yendo hacia ti?” Ninguno pronunció esas palabras en voz alta.

No hacía falta.

En algún lugar del continente, Eridia descansaba en silencio.

La tierra neutral.

El punto de equilibrio.

El lugar donde todo había comenzado… y desde donde los hilos del destino empezaban a tensarse.

Dos rutas se extendían ahora desde palacios distintos.

Dos viajes se preparaban.

Dos herederos avanzaban sin saber que cada decisión los acercaba, paso a paso, hacia el mismo cruce inevitable.

Con dos mapas marcados.

Dos rutas elegidas.

Dos corazones inquietos que aún no se atrevían a nombrar lo que sentían… La Primera Temporada llegó a su fin.

No con una guerra.

No con una confesión.

Sino con una promesa silenciosa.

Y así, bajo el mismo cielo que los había visto encontrarse sin entenderse… dio comienzo el gran viaje.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES kiroblack Muchas gracias por acompañarme hasta aquí ¿Le gusta leerlo?

Agréguelo en favoritos

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo