¡Mi Clase de Rango SSS es Monarca de Sangre! - Capítulo 112
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112: Capítulo 112- Infierno Subterráneo (Parte 2) 112: Capítulo 112- Infierno Subterráneo (Parte 2) *GRAAA*
La sangre salpicaba por doquier mientras los monstruos caían muertos uno tras otro a un ritmo extremadamente rápido.
Destellos de explosiones y siluetas que se movían por todas partes, mezclados con la invasión de los monstruos, convirtieron el campo de batalla en una caótica escena de destrucción.
Los alaridos de los monstruos llenaron el mundo entero y sacudieron todo el bosque.
En cuestión de minutos, el lugar entero se convirtió en un infierno bañado en sangre.
Arturo, Isla, Danny, Herculia y Emmy luchaban con hasta la última gota de fuerza de sus cuerpos.
Mataban a cada monstruo que se atrevía a cruzar una línea determinada.
Tras el arduo viaje que habían superado, el fruto de su duro trabajo por fin empezaba a dar resultados.
Sus poderes habían alcanzado un nivel completamente nuevo, muy por encima de lo que eran capaces de hacer antes.
Se volvieron mucho más destructivos y letales.
Tenían más experiencia luchando contra monstruos y podían recuperarse mejor de las peores situaciones.
Cada uno, con sus propios puntos fuertes, era capaz de devastar las líneas enemigas a su manera.
—¡VENID AQUÍ, BASTARDOS!
¡OS APLASTARÉ HASTA MATAROS!
—.
Herculia se rio como un maníaco mientras arrasaba con un grupo de monstruos a pura fuerza.
Su cuerpo estaba fortificado con capas de defensa y potenciadores de fuerza que lo convertían en un tanque humano.
Su habilidad «Ira Tormentosa» era especialmente devastadora por su capacidad de anular el 90 % del daño físico durante 20 segundos, lo que le permitía arrasar y destruir todo a su paso sin preocuparse de que su salud disminuyera rápidamente por el abrumador número de monstruos.
*Zas*
Al mismo tiempo, no muy lejos de allí, Danny rebanó a varios monstruos en un instante.
Parecía como si su espada no se hubiera movido en absoluto.
«Hoja Fantasma», una de sus habilidades principales, le permitía mover la espada más rápido de lo que el ojo de su enemigo podía percibir, lo que hacía imposible que los enemigos más débiles la esquivaran o la desviaran.
—¡Haaaaah!
En la retaguardia, Emmy bombardeaba las líneas traseras del ejército de monstruos con hechizos de escala masiva que reducían la presión del enjambre continuo de enemigos sobre sus amigos.
Aunque mataba a muchos con cada ataque, su objetivo principal era simplemente detener a las líneas traseras para que sus amigos pudieran ocuparse de los monstruos que tenían delante.
El plan, aunque muy simple y fácil de desbaratar, era temporal y rápido, adecuado a la urgencia de la situación.
Después de todo, lo único que tenían que hacer era aguantar 5 minutos y luego escapar de este lugar.
—Devorador de Mundos.
Sin embargo, ese nivel de fuerza, comparado con el de Isla…, se quedaba corto.
Donde Isla luchaba, todo lo que se podía ver era simplemente aterrador.
Las habilidades gravitatorias de la chica convertían a cada monstruo en una plasta de carne.
Su espada, imbuida de ese poder gravitatorio, era como una bomba devastadora que mataba a varios monstruos con cada mandoble.
El poder de la gravedad no solo era extremadamente especial y raro, sino también muy potente contra enjambres de enemigos.
Si a eso se le sumaba el terrorífico talento de Isla, el resultado estaba justo delante de sus ojos.
—¡Agh!
—.
Arturo apretó los dientes al sentir el dolor de una fuerte mordedura en el hombro.
Agarrando al monstruo por la cabeza, lo lanzó hacia adelante, estrellándolo contra otros monstruos antes de congelarlos a todos con una sola bola de fuego helado.
«Hah…
Maldita sea, ¿todavía no han pasado los 5 minutos?», maldijo Arturo para sus adentros mientras miraba la hora por el rabillo del ojo.
Para su disgusto, desde que empezó la batalla…, solo habían pasado dos minutos y medio.
El tiempo pasaba lento…
Mucho más lento de lo que Arturo hubiera querido.
En la superficie, la situación estaba bajo control, ya que ningún monstruo había logrado atravesar esta barrera humana.
Pero, en el fondo, cada uno de los jugadores allí presentes sabía que…
solo era una fachada.
Con cada segundo que pasaba, se veían obligados a retroceder un paso, reduciendo la distancia entre ellos y la casa.
La realidad era que el grupo estaba siendo superado.
Los miles de monstruos eran, en efecto, algo contra lo que no podían luchar por mucho tiempo.
Poco a poco, el daño que recibían empezó a aumentar.
La lucha, que al principio era pan comido, se convirtió en un forcejeo y, luego, en una batalla en toda regla por la supervivencia.
Ninguno de ellos podía oír sus propias voces, ni los gritos de sus enemigos.
Todo lo que oían era el eco de la batalla.
No podían sentir el dolor de las mordeduras o las garras, pero sí sentían el sudor y la sangre goteando por sus cuerpos.
Fueron meros minutos, pero se sintieron como un infierno.
Algo que ni siquiera su anterior batalla en Adula pudo igualar.
Había algo en esta situación que les producía mucha más desesperación.
Especialmente a Arturo, que podía sentir las implacables oleadas de monstruos que no dejaban de abalanzarse sobre él.
Era como si estuviera intentando derribar un enorme muro de acero con un tenedor.
[¡Ding!]
[Has matado a un Jabalí de Roca de nivel 15.]
[¡Ding!]
[Has matado a…]
[¡Ding!]
[Has…]
[¡Ding!]
[¡Ding!]
[¡Ding!]
[Has ganado +1 de salud.]
Las notificaciones de cada muerte no dejaban de aparecer en su mente, aumentando sus estadísticas en un punto de vez en cuando.
Pero esas notificaciones no servían de mucho.
Se estaba volviendo más fuerte a medida que la lucha avanzaba, pero no se estaba volviendo más fuerte lo suficientemente rápido.
Su salud descendió a niveles peligrosos y ni siquiera tuvo tiempo de beberse una poción o de mirar el estado de su salud.
*BUUUM*
Rechazando a varios monstruos con un solo tajo de espada, lanzó varias flechas en todas direcciones, matando a aún más monstruos a su alrededor.
Luego, pateó a los monstruos que tenía detrás, enviándolos por los aires.
Al mismo tiempo, su brazo agarró la cabeza de otro enemigo y la estrelló contra el suelo antes de dar un salto hacia atrás.
«¡Mierda!
¡Estoy a punto de morir!
¡Estoy recibiendo demasiado daño!», pensó Arturo con un poco de pánico al ver el estado en el que se encontraba.
Había estado luchando como un maníaco, así que se había olvidado de que no era invencible.
Pero, en una situación así, ¿qué se suponía que debía hacer?
No había forma de que pudiera escapar o retirarse.
Estaba atrapado y el tiempo pasaba lentamente.
El tercer minuto pasó y quedaban dos más.
Se dio cuenta de que esta era quizás la peor situación en la que podría haber estado.
«Dadme un respiro».
*Zas*
«¿No sois ya suficientes bastardos?».
*Zas* *Zas*
«¡Morid!
¡Todos vosotros!».
*¡ZAS!*
El brazo se le entumeció de tanto blandir la espada sin descanso.
Ni siquiera se dio cuenta de que las grietas de su hoja habían aumentado considerablemente de tamaño.
La Espada Sanguínea sufría tanto como él.
—¡Arturo!
¿Estás bien?
—.
La única persona que se dio cuenta de la situación de Arturo fue Isla.
Lo había visto adentrarse aún más en las líneas enemigas, atacándolas por la espalda.
«¿Por qué abandona su posición?
Se va a matar.
Ese idiota».
Apretando los dientes, Isla se abrió paso entre el enjambre de monstruos que la rodeaba e intentó avanzar hacia Arturo.
Se percató del extraño comportamiento que Arturo exhibía.
Pero las implacables criaturas la detuvieron rápidamente.
A la propia Isla no le iba mejor que a Arturo.
Pero, como todavía estaba fuera del enjambre, seguía viva.
—¡Arturo!
—lo llamó por su nombre, pero él no respondió.
Todo lo que podía ver eran monstruos que salían despedidos por todas partes mientras la batalla alcanzaba un nivel completamente nuevo.
Desde lejos, pudo ver a Arturo, completamente bañado en la sangre de sus enemigos.
Con la armadura destrozada y una expresión espantosa en el rostro.
Nunca lo había visto en semejante estado.
Casi parecía un demonio…
Sus ojos carecían de cualquiera de los hermosos destellos que solía ver en ellos.
No sabía por qué, pero esa mirada…
le provocó un escalofrío.
Algo terriblemente malo le estaba pasando a Arturo.
—¡Oye, respóndeme!
—.
Mientras luchaba, intentó llamar su atención.
Pero no pudo conseguirlo.
Al mirar la hora, vio que quedaba un minuto y medio de batalla.
Mientras tanto, Arturo estaba en su propio mundo.
No podía oír ni ver nada más que a los enemigos que estaba matando.
Ni siquiera se daba cuenta de que estaba actuando de forma completamente extraña y de que se estaba sobreexigiendo.
Su salud estaba a solo unos pocos puntos de agotarse por completo.
Pero…
estaba tranquilo.
Algo en su cabeza hizo clic, y entonces toda la preocupación desapareció.
«Esto es en realidad…
bastante agradable.
Siento un poco de frío.
Pero sigo vivo».
[¡Ding!]
[La salud ha alcanzado el umbral.]
[Tu nueva clase «Berserker del Nuevo Mundo» ha sido activada.]
N/A: ¡No olvidéis darle al libro algunos tiques dorados para la buena suerte!
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