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¡Mi Clase de Rango SSS es Monarca de Sangre! - Capítulo 127

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  3. Capítulo 127 - 127 Capítulo 127 Deshielo Parte 2
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127: Capítulo 127: Deshielo (Parte 2) 127: Capítulo 127: Deshielo (Parte 2) En cuestión de segundos, la situación dio un vuelco total.

De un encuentro amistoso con gente al azar que estaba dispuesta a ayudarlos, a una brutal pelea que estaba a punto de estallar.

Nadie podría haber esperado que esto ocurriera, al menos no de una forma tan extraña.

Arturo y los demás estaban confundidos por el cambio de actitud de los mercenarios al darse cuenta de que Finlay y Serko eran enanos.

La mirada de pánico y asco que apareció en sus rostros hizo que Arturo se cuestionara sus verdaderos pensamientos.

¿Qué pensaban de los enanos para asaltar al instante a dos niños de esa raza sin pensárselo dos veces?

«No es momento para tales preguntas.

Están dispuestos a luchar contra nosotros con tal de capturar a Finlay y a Serko.

Sea lo que sea que piensen de estos enanos, vale la pena luchar contra los primeros Jugadores Dotados en llegar a la Capital de Gloria…».

Los mismos jugadores que la familia real estaba esperando.

Mientras Arturo pensaba en eso, Van se levantó del hielo y alzó la vista con una mirada fría en el rostro.

La sangre se filtraba a través de su máscara.

El puñetazo de Arturo le había roto un diente.

—Retrocede, Finlay —dijo Arturo con seriedad, dándole un suave golpecito en la cabeza al niño—.

Esto no va a ser fácil.

—…

—El niño miró a su amigo por un momento antes de asentir y alejarse—.

Por favor, ten cuidado, Arturo.

Entonces, se levantó y recogió su martillo gigante.

Sin decir una sola palabra, se abalanzó hacia delante a una velocidad espantosa.

«¡Rápido!».

En un instante, Arturo se encontró con el mercenario justo delante de él, con el martillo gigante descendiendo, con el objetivo de aplastarlo de un solo golpe.

Con calma, Arturo esquivó el ataque y lanzó una estocada con su espada, apuntando a la garganta del hombre.

Quería acabar el combate en una fracción de segundo con un ataque espantosamente rápido que matara al mercenario en un instante.

«¡Este chico!».

Van sintió una sensación fría en la columna al darse cuenta de que la hoja de la espada del chico estaba a escasos centímetros de su garganta.

Instintivamente, el hombre canalizó su maná.

«¡Erupción de Magma!».

De repente, la cabeza de su martillo se encendió con una llama brillante.

Entonces, justo donde aterrizó, una gigantesca explosión de lava caliente estalló por todas partes, extendiéndose por la zona en una fracción de segundo.

«¿Hm?».

Los ojos de Arturo bajaron al darse cuenta de que el suelo bajo él se había agrietado ligeramente y la lava burbujeaba justo donde estaba su pie.

Sin dudarlo, el chico saltó hacia atrás con una velocidad de reacción demencial.

¡BUUUM!

La lava explotó alrededor de Van, derritiendo el hielo en un instante.

«Eso ha estado cerca.

Podría haber sido un golpe mortal.

Pero ahora sé que puede usar lava.

Tsk, esto va a ser…».

*Fiu*
«¡Detrás de mí…!».

De repente, Arturo sintió un escalofrío recorrerle la espalda al mirar detrás de él.

Allí, Uhl había aparecido sigilosamente de la nada y había lanzado una estocada con su espada, apuntando al punto ciego de Arturo.

El chico estaba a punto de reaccionar e invocar flechas, pero, en ese momento, se detuvo.

¡PUM!

«¡Le he dado!».

Antes de que Uhl pudiera siquiera celebrarlo, una silueta se interpuso delante de él, aplastó su arma contra el suelo de un pisotón y luego le lanzó una estocada con la espada, apuntando a su cara.

Este último apenas pudo esquivar el ataque a tiempo.

Sufrió un rasguño en la mejilla y un poco de sangre le corrió por la cara.

—Tu problema es conmigo —dijo Isla con frialdad, fulminándolo con la mirada.

«¡Mierda!».

Apretando los dientes, Uhl levantó la espada, haciendo que Isla saltara por los aires y aterrizara cerca de Arturo.

—Gracias —dijo el chico sin mirar atrás.

—Hablaremos más tarde —respondió Isla—.

Mátalos a todos.

—No tienes que decírmelo.

*Fiu*
Los dos desaparecieron como fantasmas mientras atacaban a los dos mercenarios.

Mientras tanto, los demás observaban asombrados hasta que se volvieron para mirar al último mercenario.

Ambas partes hicieron contacto visual y se dieron cuenta de que Serko seguía en el suelo.

¡CRAC!

—Bueno, es hora de darle una paliza a este cabrón —sonrió Herculia.

—No lo mates… demasiado rápido —dijo Danny, desenvainando su espada.

—Eh, más os vale apartaros, voy a hacer volar a ese cabrón.

El mercenario tragó saliva al darse cuenta de que estaba a punto de luchar contra tres Dotados al mismo tiempo y sintió que un pavor helado le invadía el corazón.

«Me van a matar… Pero si dejo que estos dos enanos se escapen, la familia real me hará cosas mucho peores».

Apretó los dientes.

Al final, el hombre decidió hacer lo único lógico.

—¡Si os movéis un solo centímetro, le aplastaré la cabeza!

¿¡Me oís!?

—gritó con fuerza, mientras levantaba a Serko y lo sujetaba por el cuello.

Inmediatamente, los rostros de los jugadores se ensombrecieron al darse cuenta de lo que estaba ocurriendo.

—¡Cabrón, suéltalo!

—gruñó Herculia furioso, fulminando con la mirada al mercenario.

—¡Si no lo queréis muerto, rendíos ahora mismo!

—amenazó el mercenario, apretando el cuello del chico, casi asfixiándolo.

—A-ayuda… —murmuró Serko mientras agarraba la mano del hombre, con los ojos llenos de lágrimas.

—Escoria… —murmuró Emmy con expresión de asco.

Apenas podía mantener la compostura mientras apretaba su báculo.

Toda la simpatía que pudiera haber sentido por aquellos tres mercenarios se desvaneció en ese mismo instante.

Usar a un niño pequeño como escudo era algo que solo un monstruo verdaderamente diabólico haría, no un ser humano.

—Danny…
—Sí, lo sé —respondió él con frialdad.

«Tenemos que acabar con él antes de que pueda hacerle algo al niño».

Un ataque rápido y veloz dirigido a la cabeza mataría al mercenario al instante y salvaría a Serko.

Pero la pregunta seguía en el aire… ¿Cómo?

***
¡BUUUUM!

Mientras tanto, no muy lejos de su posición actual, Arturo y Van estaban enzarzados en una brutal batalla.

Desde lejos, solo se veían grandes explosiones de lava y fuego mientras dos siluetas se movían a una velocidad espantosa, chocando varias veces en cuestión de segundos.

Como Arturo esperaba, Van era un enemigo muy fuerte.

No solo era muy rápido, sino que también era capaz de blandir con facilidad un gran martillo como si no pesara nada.

Sabía que si cometía el más mínimo error, el martillo lo convertiría en una pasta de carne.

Además, cada ataque provocaba la erupción de grandes cantidades de lava por todas partes, haciendo retroceder al chico aún más.

¡BUUUM!

Arturo esquivó el gran martillo saltando hacia atrás antes de lanzar una gran bola de llamas heladas a Van.

Este último levantó rápidamente su martillo y desvió el golpe.

El hielo cubrió el arma por un momento antes de derretirse por su demencial calor.

Pero Arturo no detuvo su asalto y continuó ese ataque con varias flechas de sangre.

Van blandió su martillo, destruyendo los proyectiles rápidamente mientras se abalanzaba hacia delante, saltaba por los aires y estrellaba el martillo contra el suelo.

«¡Qué molesto!

¡No puedo acercarme a él por culpa de la estúpida lava!».

El chico chasqueó la lengua antes de saltar a un lado en el mismo momento en que el martillo se estrellaba contra el suelo, enviando una onda de choque masiva por todas partes.

—Hah… hah… —jadearon los dos luchadores, mirándose fijamente mientras la batalla se volvía cada vez más intensa.

—Realmente no hay razón para que luchemos, Señor Arturo… No tenemos nada en su contra.

Solo queremos capturar a esos asquerosos enanos y devolverlos a donde pertenecen —dijo Van en un tono tranquilo, levantando su martillo.

Arturo frunció los labios, guardando silencio por un momento.

—¿Devolverlos adónde?

—A donde pertenecen.

¡Justo debajo del Muro!

¡Han sido sentenciados a ese lugar y si uno solo de ellos escapa, se desatará el infierno sobre nuestras cabezas!

—declaró Van en voz alta, con una expresión cada vez más agria con cada palabra.

«¿El muro?

¿De qué está hablan…?».

En ese momento, los ojos de Arturo se abrieron de par en par al recordar algo que uno de los enanos le había dicho hacía un tiempo.

Cuando se les preguntó a dónde se dirigían y qué decía la carta.

Dijeron un único lugar.

«El Muro de los Dioses», reflexionó Arturo.

De repente, las cosas empezaron a estar cada vez más claras.

Las piezas que había reunido hasta ahora empezaron a encajar.

Aunque todavía no lo sabía todo, las cosas empezaban a tomar forma.

—¿Qué les hizo merecer algo así?

—preguntó.

—¡Tienen que expiar sus pecados!

¡Esos demonios no pueden ser liberados en el mundo!

¡El día que eso ocurra, estaremos todos condenados!

—gritó—.

¡Tenemos que devolverlos allí lo antes posible!

¡Por favor, Señor Arturo, no me obligue a hacer esto!

Al oír el tono suplicante del hombre, Arturo se sintió aún más confundido.

¿Por qué le suplicaba por eso?

¿A qué se refería con «Condenados»?

¿Qué pecado cometieron estos enanos para ser encarcelados en un muro?

Mil preguntas surgieron en su cabeza en ese momento.

Sin embargo, todo se desvaneció cuando oyó que lo llamaban por su nombre.

—Arturo… —murmuró Finlay mientras observaba la silueta de su amigo con una mirada perdida en el rostro.

Eso hizo que Arturo mirara por encima del hombro al enano.

Por un momento, sus ojos brillaron con un extraño destello antes de volverse para mirar al mercenario.

—Bah, en realidad no me importa.

Esos dos son buena gente y no dejaré que los trates así por muy retorcida que sea tu razón.

Condenados o no, no voy a traicionarlos.

N/A: ¡No os olvidéis de darle al libro algunos tiques dorados para la buena suerte!

:3

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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