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¡Mi Clase de Rango SSS es Monarca de Sangre! - Capítulo 157

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  3. Capítulo 157 - 157 Capítulo 157 El Caparazón de una Princesa Parte 3
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157: Capítulo 157: El Caparazón de una Princesa (Parte 3) 157: Capítulo 157: El Caparazón de una Princesa (Parte 3) Tras terminarse la última poción, se limpió la boca y miró a Arturo con una expresión de satisfacción en el rostro.

Su dolorido cuerpo recuperó una buena parte de energía y muchas de sus pequeñas rozaduras y moratones se cerraron.

No había vuelto del todo a la normalidad, pero la chica se sentía mucho mejor.

—…

Gracias —dijo finalmente tras mucho cavilar.

—No te preocupes.

Y ahora, ¿confías un poco más en mí?

—rio Arturo jovialmente.

—…

Quizá.

—¿Quizá?

—preguntó él, enarcando una ceja.

—…

Todavía no confío plenamente en ti.

No conozco tus intenciones —negó con la cabeza.

Aunque le estaba agradecida a Arturo por ayudarla, seguía sin poder confiar en este chico tan fácilmente.

Después de todo, ya había probado la amargura de confiar en alguien que quería hacerle daño.

No estaba dispuesta a cometer el mismo error otra vez con otra persona… Al menos, no hasta estar completamente convencida de que de verdad era una buena persona.

Arturo se percató de esas sutiles emociones y se quedó aún más confuso.

«Me pregunto por lo que habrá pasado para ser tan escéptica.

Bueno, tampoco es que yo fuera a confiar al instante en alguien si me diera ropa y pociones…

Tiene razón».

—Vale, ¿puedo al menos saber tu nombre?

Por cierto, soy Arturo —dijo mientras se daba unos golpecitos en el pecho.

—…

Sora —respondió ella.

—¿Sora?

Es un nombre interesante.

Entonces, ¿por qué te perseguía esa gente, Sora?

Su pregunta hizo que la chica bajara la mirada hacia el cadáver del hombre con el ceño profundamente fruncido.

La pura intensidad de su odio hacia ese hombre era evidente en sus ojos.

Definitivamente, los despreciaba hasta la médula.

—Esta gente me tenía prisionera…

Y escapé.

Iban a capturarme si no hubieras aparecido.

—¿Por qué te capturaron?

—…

Porque soy una inútil.

—¿Inútil?

—Los ojos de Arturo se abrieron un poco; de todas las posibles razones que se le ocurrieron, esa no era una de ellas—.

¿A qué te refieres?

—Mi familia se deshizo de mí porque soy una inútil…

Y esta gente me capturó —respondió mientras se levantaba lentamente—.

He intentado escapar varias veces, pero me capturaban cada una de las veces.

—Espera, un momento.

¿Que tu familia se deshizo de ti?

¿Qué clase de razón ridícula es esa?

«¿Su familia la abandonó porque es una inútil?

¿Qué significa eso siquiera?».

—En realidad no importa y no es asunto tuyo.

Muchas gracias por ayudarme, nunca lo olvidaré —dicho esto, la chica se dio la vuelta y empezó a alejarse.

—Oye, espera —Arturo salió de su ensimismamiento y la llamó—.

¿Tienes algún sitio a donde ir?

—…

Me voy de la ciudad.

No quiero quedarme aquí o podrían buscarme —respondió ella.

—Salir de la ciudad es una sentencia de muerte en tu estado actual —respondió Arturo.

No sabía por qué, pero Arturo no podía simplemente seguir adelante y olvidarse de esta chica.

Había algo en ella muy raro y, sin embargo, no lograba averiguar qué era.

«Rara vez me siento así por alguien.

¿Con quién me he topado?», murmuró Arturo.

—¿Una sentencia de muerte?

—La chica se detuvo y lo miró.

—El mundo exterior es muy peligroso.

Te atacarían monstruos o morirías por el clima extremo.

No te lo recomiendo a menos que sepas a dónde vas, y no parece que sea el caso.

—…

—Sora frunció los labios.

Ya tenía el presentimiento de que el mundo fuera de la ciudad era peligroso.

Ella misma nunca había salido de la ciudad, pero había oído hablar mucho de ello y de lo amenazante que era.

Aun así, eso no la hizo dudar demasiado.

—No tengo otra opción.

Si me quedo aquí, me atraparán tarde o temprano.

Preferiría morir fuera a que me capturen de nuevo.

—…

«Preferiría la muerte a que la atrapen…».

Arturo no sabía si reír o llorar ante esa afirmación tan simple pero profunda.

Le contaba una historia sobre lo horrible que debió de ser para la chica que la muerte fuera el mejor resultado.

«¿Debería siquiera detenerla a estas alturas?

En realidad, no hay ninguna razón para que lo haga», pensó para sí.

Pero, aun así, su corazón no estaba de acuerdo con eso en absoluto.

Debería haberle dado igual, pero no era así y no sabía por qué.

—Si no tienes nada más que decir, con tu permiso —dijo Sora y se dio la vuelta para marcharse.

—Espe…

[¡Ding!]
En ese momento, Arturo recibió una notificación.

[Luna Oscura te ha enviado un mensaje.]
—Mmm, ¿un mensaje de Isla?

—Arturo enarcó una ceja mientras pulsaba la notificación.

[¿Dónde estás?

Reúnete conmigo en la puerta.]
El breve mensaje era a través de la función de Mensajes Directos del juego.

Arturo la había descubierto recientemente en la opción de ajustes, donde también podía enviar solicitudes de amistad a otros jugadores.

La función era bastante útil en muchos casos, así que se aseguró de conectar con todo el equipo por si acaso.

—Mmm, ¿en la puerta, eh?

¡Oye, espera!

—volvió a llamar Arturo a la chica al darse cuenta de algo.

—¿Eh?

—Te llevaré a la puerta.

Ya voy para allá —se acercó a ella.

—…

¿En serio?

—Sí, no tengo nada que perder.

Mis amigos están esperando allí, puede que encontremos una solución a tu problema si podemos —respondió Arturo—.

Venga, vamos.

¿A qué esperas?

Él se adelantó, dejando a la chica un poco atónita.

«Qué raro…», pensó para sí.

Arturo era quizá la persona más rara que había conocido.

Nada en él era normal, y eso que apenas lo conocía desde hacía unos minutos.

Sin embargo, no podía sentir ni una sola emoción negativa hacia él.

Esto era algo que nunca había experimentado con otra persona.

Desconfiaba, pero su corazón nunca le dijo que huyera o que luchara, ya que para empezar no había ninguna amenaza.

Arturo no era una amenaza.

«…

No puedo dejar que mi cabeza divague por su cuenta.

A ver de qué está hablando».

***
Los dos caminaron en silencio por las calles de la ciudad.

Sora mantuvo una distancia prudencial entre ella y Arturo, al tiempo que se aseguraba de no alejarse demasiado por si alguien la encontraba.

Arturo lo entendió y decidió mantener sus sentidos alerta y tener cuidado.

Pocos minutos después, llegaron a su destino, donde encontraron a Isla y a los demás esperando pacientemente.

—¿Dónde te habías metido, tío?

Pensé que entrarías en el juego un poco más tarde —dijo Herculia.

—Jajaja, sí, estaba explorando la ciudad.

—¿Mmm?

¿Quién es esa niña que va contigo?

—preguntó Emmy.

—¿Esta?

Se llama Sora.

La perseguían un puñado de tíos, así que les di una paliza —dijo él.

—¿Qué?

¿Así sin más?

—Danny enarcó una ceja—.

¿Acaso conoces todo el contexto de la situación como para meterte de lleno?

—Mmm, parecían escoria, así que me limité a darles una paliza.

Es bastante simple, la verdad.

—…

Este tío…

—Danny se llevó la mano a la cara mientras luchaba por mantener la calma.

Ya sabía que Arturo era así de imprudente, pero aun así le desconcertaba cómo se buscaba problemas tan rápido por su cuenta.

Era como si fuera un imán para los problemas que no podía dejar de atraer desastres allá donde iba.

—Arturo, ¿puedo hablar contigo un momento?

—¿Mmm?

Al darse la vuelta, Arturo se dio cuenta de que Isla tenía una expresión seria en el rostro.

—Claro.

N//A: ¡No se olviden de darle al libro algunos boletos dorados para la buena suerte!

:3

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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