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¡Mi Clase de Rango SSS es Monarca de Sangre! - Capítulo 182

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  3. Capítulo 182 - 182 Capítulo 182- Armería Olvidada Parte 2
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182: Capítulo 182- Armería Olvidada (Parte 2) 182: Capítulo 182- Armería Olvidada (Parte 2) La mujer miró a Arturo en silencio durante unos segundos con la espada aún apuntando a su cuello, como si estuviera contemplando si cortarle la cabeza o no.

Arturo permaneció inmóvil, sin atreverse a hacer ningún movimiento brusco.

«La verdad es que no quiero morir ahora, sería muy inconveniente», pensó Arturo para sí mientras mantenía el contacto visual con la dama.

«No quiero perder mis objetos y niveles por un error tan estúpido.

¡Juro que no era mi intención enfadar a esta mujer!».

Toda la situación era culpa suya y tenía que admitirlo.

Si moría ahora, no podría culpar a nadie más que a sí mismo por ser entrometido y demasiado curioso por su propio bien.

Sin embargo, si existía la posibilidad de que le perdonaran la vida, entonces Arturo estaba dispuesto a hacer todo lo posible para conseguir esa oportunidad.

—¿Buscas una armadura nueva?

—preguntó la mujer mientras miraba el cuerpo de Arturo.

La armadura que llevaba puesta parecía maltrecha y vieja, con abolladuras y grietas.

No parecía que pudiera aguantar mucho más con todo el daño que había sufrido.

«…

No parece que esté mintiendo», pensó la mujer para sí mientras exhalaba un ligero aliento y retiraba lentamente la espada del cuello de Arturo.

—Tienes suerte de que no pude oler ninguna mentira en ti.

—¿Me has perdonado la vida?

—preguntó él.

—Por ahora —respondió la mujer.

Al oír eso, Arturo exhaló un largo suspiro de alivio.

Se sintió muy contento de haber esquivado una situación tan peligrosa.

«Esta dama no es ninguna broma… Esa velocidad es una locura.

Ni siquiera pude verla desenvainar la espada».

Arturo tenía bastante confianza en su propia agilidad y velocidad de reacción, ya que tenía casi 50 puntos en ella, así que era bastante rápido.

Pero, en comparación con esta dama aparentemente normal, se movía como una tortuga.

—Gracias por perdonarme la vida.

Estoy muy agradecido.

—No te molestes.

Simplemente estaba siendo precavida.

No iba a matarte de todos modos.

No mato a niños —respondió la mujer.

—Oh, jajaja, por supuesto que no matarías a niñ… —intentó reír Arturo con torpeza, pero la mujer lo interrumpió de nuevo.

—A menos que haya una buena razón para hacerlo.

—…
—Ahora, dime quién eres y de dónde vienes —dijo mientras se daba la vuelta y caminaba hacia su carruaje—.

Sígueme.

Arturo miró a la mujer por un segundo antes de mirar por encima del hombro.

«Realmente no tiene sentido huir ahora.

Si quisiera, podría atraparme y matarme fácilmente.

En fin…».

Tras decidir su siguiente movimiento, Arturo empezó a seguir a la mujer.

—Mmm, mi nombre es Arturo.

—¿Arturo?

Tienes un nombre bonito.

Tus padres deben de quererte mucho —dijo la mujer.

—… Sí, claro —respondió Arturo con una expresión vacía—.

¿Y tú?

¿Cómo te llamas?

—Merry.

Puedes llamarme Merry.

—Encantado de conocerte, Merry.

—No te sientas muy cómodo conmigo.

Podrías arrepentirte de eso —dijo Merry, levantando un dedo en el aire al detenerse frente al carruaje—.

Una cosa que debes saber: nunca confíes en alguien que acabas de conocer.

Especialmente si esa persona te acaba de apuntar con una espada hace unos segundos.

—… Pero no siento ninguna intención maliciosa de tu parte —respondió Arturo.

Aunque Merry parecía aterradora, no le daba a Arturo una sensación horrible como en muchas ocasiones anteriores.

De hecho, era bastante… pacífica.

La mujer miró fijamente a Arturo.

—¿Oh, oh?

¿Y cómo llegaste a esa conclusión?

—Mi instinto.

Nunca falla a la hora de juzgar a la gente.

«La verdad es que nunca me ha fallado y dudo que me falle ahora», pensó el chico para sí.

Durante todo este tiempo, Arturo había confiado mucho en su instinto para hacer las cosas y este nunca le había traído malos resultados.

Merry observó la pequeña sonrisa en el rostro de Arturo y solo pudo quedarse desconcertada por un momento.

Entonces, se dio cuenta de algo.

Aparte del susto que se llevó Arturo cuando ella apareció por primera vez a su lado, Arturo no había mostrado ni un solo ápice de miedo hacia Merry, ni siquiera cuando su espada apuntaba a su cuello.

«…

Parecía preocupado de que pudiera matarlo… Pero no pude oler ningún miedo en él», reflexionó.

«Qué chico tan extraño es…».

Era la primera vez que Merry conocía a alguien como Arturo y eso le causó cierta impresión.

—¿Merry?

—Entonces, ¿qué tipo de armadura quieres?

—dijo la dama, sacudiendo la cabeza para centrarse en el asunto en cuestión—.

La tuya parece bastante maltrecha.

—¿Mmm?

Oh, jajaja, sí, ha pasado por mucho —dijo Arturo.

«Esta armadura ha visto el infierno.

Realmente me ha servido bien todo este tiempo, salvándome la vida más de una vez».

En realidad, Arturo le tenía bastante cariño a esta armadura y a su hermoso diseño, pero sabía que era hora de un cambio, le gustara o no.

—¿Puedo echarle un vistazo a tu peto?

—preguntó Merry.

—¿Mmm?

Claro —asintió Arturo mientras se quitaba la armadura y la miraba.

Su dedo frotó las partes rotas de la armadura por un momento, observándola con cariño.

Luego, se la dio a Merry.

La mujer tomó la armadura y la miró fijamente, inspeccionándola a fondo con la vista.

Pasaron así unos segundos de silencio.

Arturo se dio cuenta de lo interesada que estaba Merry en la pieza de armadura, ya que no dejaba de mirarla.

—¿Pasa algo?

—… Esta armadura.

¿De dónde la has sacado?

—¿Eh?

¿Por qué lo preguntas?

—El material del que está hecha esta armadura… Hacía tiempo que no lo veía.

«Obsidiana del Reino de Dragones»… —murmuró—.

Esta es una pieza de artesanía bastante rara la que tienes aquí, chico.

«No he visto esta obsidiana en décadas, me pregunto dónde la habrá encontrado».

«Así que sabe lo de la Obsidiana del Reino de Dragones.

Bueno, tampoco puedo decirle de dónde la saqué».

—Lo siento, pero no puedo revelar eso —dijo Arturo, negando con la cabeza—.

Espero que lo entiendas.

Merry asintió levemente con la cabeza.

—Bueno, no hay problema.

Pero esto es ciertamente algo raro.

No creo que debas deshacerte de esta armadura, Arturo.

—¿Eh?

Entonces, ¿qué se supone que haga con ella?

Ahora es un trozo de chatarra —dijo Arturo, enarcando una ceja.

La mujer pensó por un momento mientras miraba la armadura antes de desviar su mirada hacia Arturo.

—Sígueme.

Tras decir eso, la mujer se dirigió a la puerta trasera de su carruaje y sacó una llave enorme de su bolsillo.

La llave parecía casi cómica de lo ridícula que era.

Metiéndola en la cerradura, la giró ligeramente hasta que hizo clic.

Entonces, lo que ocurrió simplemente dejó a Arturo alucinado.

*Clic*
Como si el carruaje hubiera cobrado vida propia, de repente empezó a moverse por sí solo, haciendo clics mientras los engranajes se movían en su interior.

La puerta cerrada se abrió lentamente por sí misma mientras las paredes del carruaje se transformaban en tiempo real.

Arturo observó la escena con una expresión de asombro en su rostro.

Las paredes se inclinaron lentamente hacia fuera y el techo del carruaje se expandió aún más, creando un espacio todavía más grande en el carruaje.

Luego, una escalera descendió hasta el suelo, conduciendo a la ahora elevada plataforma.

El carruaje se había transformado en una tienda.

N//A: ¡No olviden darle al libro algunos boletos dorados para la buena suerte!

:3

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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